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   Capítulo 5 Aparentando ser rico y guapo

El Uno para el Otro Por Orange Palabras: 4803

Actualizado: 2020-01-16 23:48


"Gracias por tu ayuda, Zac. ¿Te parece bien si dejamos los procedimientos para mañana después de la fiesta de compromiso?".

"Como tú quieras", replicó este encogiéndose de hombros, pues le daba igual si lo aplazaban un día.

"Gracias", respondió ella con un suspiro de alivio, necesitaba su apoyo para mantener en alto su reputación el día siguiente.

Luego, ella le ofreció ir a almorzar juntos.

Al entrar al restaurante que estaba al lado de la comunidad, ella ordenó los fideos agrios más baratos con cuajada de soja estofada y pagó su parte respectiva de la factura.

"Déjame pagar", insistió Zac sacando su billetera, aunque Essie no pareció escucharlo y simplemente entregó el dinero.

Una vez que tomaron asiento, ella sonrió y dijo: "Nos conocimos por casualidad, y después de todo este malentendido del matrimonio no nos volveremos a ver. Lo justo es que cada uno pague su parte".

El hombre estuvo de acuerdo y asintió ante sus palabras.

El mesero trajo los fideos muy pronto, así que Essie le ofreció una porción de frijol seco a Zac. "Adelante. La comida de aquí es barata y muy rica. Y, sobre todo, usan aceite fresco".

Zac levantó sus hermosas cejas y replicó: "¿Cómo sabes que utilizan aceite fresco siempre?".

"Mi estómago es muy sensible. Así que, si reutilizaran el aceite durante días o semanas, me daría diarrea con solo probar un bocado", respondió ella con picardía.

'Debería trabajar en la FDA con ese talento', elogió mentalmente Zac.

Ambos comían tranquilamente cuando Essie se detuvo de repente y tomó un sorbo de agua. Luego levantó la cabeza para mirar al hombre frente a ella y le preguntó: "Entonces, ¿a qué te dedicas?".

Ella quería conocerlo un poco más, después de todo, ante la ley, él era su esposo. Además, si fuera un criminal o estuviera metido en algún negocio turbio, de una u otra manera, ella terminaría siendo su cómplice.

"Solía hacer trabajos de arquitectura, pero ahora no tengo trabajo", respondió Zac desinteresadamente, pues no quería que ella se entrometiera demasiado en su vida.

'¿Arquitectura? ¿Habrá construido casas o algo así?

Bueno, al menos era un trabajo'.

Essie se sintió aliviada ante su respuesta, pero seguía ávida, así que continuó preguntando: "¿Dónde vives ahora?". Saber esto era muy importante porque si algo ocurría y no contestaba al teléfono, sabría dónde encontrarlo.

"En un hotel"

, respondió Zac superficialmente mientras pensaba: '¡Esta mujer pregunta demasiado!'.

"No es buena idea vivir en un hotel barato. Cuando me mudé a Yang City, estuve a punto de ser víctima de estafadores", explicó bajando la voz y cubriéndose la boca con las manos. Prácticamente, se refería a él como un mendigo que venía de otra ciudad sin dinero en el bolsillo que tenía que quedarse en moteles baratos porque el precio de un hotel económico decente le era impagable.

"Soy un hombre. ¿Quién podría engañarme?", replicó Zac encogiéndose de hombros, con la esperanza de terminar la discusión sobre su estadía.

A Essie le bastaron sus palabras; después de todo, solo era un hombre pobre y atractivo. Un perfil no muy llamativo para los ladrones. Además, percibió la molestia en su voz, así que decidió dejar hasta ahí su interrogatorio.

Después de almorzar, cada uno tomó su propio camino. Por otra parte, Essie todavía tenía en mente una tarea muy importante: conseguir un buen traje para Zac. Como un vagabundo desempleado, debía tener solo harapos de ropa que la expondrían frente a los invitados si la llevase, así que se fue al mercado de East Gate de compras toda la tarde. Al día siguiente, cuando llegó Zac, vio un traje a medida y una camisa que combinaba perfectamente.

"¡Pruébatelo!", propuso Essie con una sonrisa.

Él era difícil de complacer; si algo no le gustaba, era basura para él. Nunca lo aceptaría, ni personas ni cosas.

Sin embargo, ella tenía buen gusto y la ropa le pareció muy hermosa, así que se los probó.

La talla era perfecta.

Ella se quedó viéndolo, admiraba la simetría de su cuerpo: tenía una proporción muscular ideal, no muy excesiva, y unas medidas que cualquier modelo envidiaría.

De hecho, hasta la ropa de mendigo que traía puesta podría calificarse como una nueva moda.

Era una bendición para una diseñadora como ella tener un modelo con un cuerpo tan perfecto. Aunque se le agoten las ideas, la inspiración llegaría con solo mirarlo.

Mientras reflexionaba todo aquello, Zac la interrumpió: "¿Cómo sabes mi talla?".

"Tengo buen ojo", respondió ella con una sonrisa engreída y una ceja levantada. Con solo ojear a sus clientes, podía determinar las medidas con sorprendente precisión.

Zac dibujó en su rostro una sonrisa malévola y se inclinó hacia ella preguntando: "¿Me observaste durante el día o durante la noche?".

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