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   Capítulo 2 El hombre del antifaz

Un Regalo Billonario Por Magdalena Palabras: 7333

Actualizado: 2020-01-15 00:31


Las luces titilaban y la noche era extraordinariamente bulliciosa en la Ciudad A.

Era el día de San Valentín, y había muchas parejas caminando por la calle, algunas sonriendo y otras jugueteando.

Pero Mandy, que caminaba sola a su casa después de descubrir a su novio engañándola, se sentía muy triste y sola.

Hoy no solo era el aniversario de ella y Daniel.

El mismo día hace cuatro años perdió a alguien muy importante para ella, su mejor amiga, que falleció en un accidente automovilístico.

De repente, Mandy comenzó a odiar mucho este día porque sentía que estaba maldito.

Sopló una ráfaga de viento, y la mujer tiritó involuntariamente.

No llevaba nada más que un vestido bordado con los hombros descubiertos, pero en ese momento no quería irse a casa ni hablar con nadie: solo quería estar sola.

La verdad era que no estaba para nada triste por la traición de Daniel, solo estaba un poco decepcionada y no iba a aceptar el hecho de que su novio la engañara a sus espaldas.

No entendía por qué lo había hecho. Lo más importante era que ella no sabía desde cuándo empezó Daniel su aventura con Celine.

Hace unos años, ella y su pareja habían estudiado juntos en el extranjero. En aquel entonces, Daniel era muy considerado y la trataba como a una reina. Después de graduarse, él regresó al país, mientras que ella se quedó estudiando en Inglaterra un año más.

Tal vez había algún problema en su relación debido a la distancia, ya que, después de todo, los hombres no pueden resistirse a la tentación sexual.

Mandy parpadeó. Tenía los ojos secos, y le entraron ganas de llorar.

Sin darse cuenta, había estado caminando en dirección a la calle de los bares más populares de la ciudad.

Mirando las brillantes luces de neón, Mandy sacudió la cabeza con una sonrisa impotente, y luego entró en el bar más cercano, el Queen Bar. La música era ensordecedora, como si intentara que todos se olvidaran de sus problemas y se divirtieran, y había muchas y muchos jóvenes atractivos bailando al ritmo que sonaba.

De repente, la música dejó de sonar. Todos en la pista de baile se detuvieron y miraron expectantes al DJ.

"Muy bien, hoy encontraremos a la dama más afortunada de la noche. Cámara, por favor gira en el piso. Tres, dos, uno, ¡miren a la pantalla!", anunció el anfitrión con una voz aguda.

En la pantalla grande detrás del DJ, se veía el rostro de Mandy en primer plano.

Ella quedó sorprendida, ya que no esperaba que le sucediera algo así.

Sin hacer nada, se había convertido en el centro de atención: todas las miradas se habían posado en ella, y sentía que se moría de vergüenza.

La multitud se separó espontáneamente para abrirle paso, como si fuera el camino que le abren a las princesas en los cuentos de hadas.

"La hemos encontrado, ella es la dama más afortunada de esta noche. Con una ronda de aplausos, ¡la invitamos al escenario a cantarnos una canción!", agregó el anfitrión, echando combustible al fuego.

Mandy se frotó el vestido con vergüenza, y se preguntó qué estaba pasando, ya que era una coincidencia que la invitaran a cantar una canción justo la primera vez que iba a un bar en su vida. ¿Acaso había aceptado?

"¡Vamos!", le gritaron.

"Sí, ¿qué estás haciendo? ¡Apúrate!", continuó el público a su alrededor, cada vez más ansioso.

Mandy no tuvo más remedio que subir al escenario con la cabeza gacha, y se detuvo frente al anfitrión. Al ver la confusión en su rostro, el hombre supo de inmediato que era una novata, así que le explicó las reglas del juego.

La mujer que era seleccionada recibía bebidas gratis toda la noche solo si cantaba una canción frente al p

úblico.

Mandy era un poco tímida y no le gustaba cantar en público, pero se le ocurrió una idea brillante cuando vio el piano negro de tres patas delante del escenario.

Con el micrófono en la mano dijo: "No soy buena cantando, ¿puedo tocarles una canción en el piano?".

La gente intercambió miradas de sorpresa y luego asintió con ansias.

Al escuchar la respuesta positiva del público, el anfitrión también estuvo de acuerdo.

Mandy se sintió un poco aliviada y caminó hacia el piano con gracia.

Comenzó a tomar clases de piano cuando tenía tres años y llegó a tocar como una profesional cuando estaba en tercer grado. Sus padres siempre habían querido educarla para que fuera una pianista profesional, pero hace cuatro años tuvo un accidente inesperado y nunca más volvió a tocar. Sin embargo, cada nota y cada tecla del piano estaban profundamente arraigadas en su mente.

Presionó suavemente las teclas con sus delgados dedos y tocó un agradable preludio. El público se enamoró de su música.

La verdad era que Mandy había pensado que ya no podía tocar el piano, e incluso no quería volver a hacerlo. Sin embargo, no le molestaba hacer una excepción para tocar Estrella, una canción que había compuesto cuando tenía quince años y se la había dedicado a su mejor amiga.

A la izquierda del bar, había un hombre vestido con un traje italiano hecho a mano que la miraba de cerca. No había nada más que frialdad en su rostro excepcionalmente guapo, pero parecía esconder un secreto detrás de sus ojos.

El hombre se preguntó cómo era posible que alguien estuviera tocando esa canción.

De repente, levantó la mano hacia el gerente del bar y le hizo señas para que se acercara. Este llegó al instante y se le paró adelante de manera obediente.

"Llévala a mi habitación, y si está inconsciente, mejor", dijo el hombre, sin emociones en el rostro, y frunció levemente sus delgados labios después de hablar.

Mandy era como una presa que había estado tratando de cazar durante mucho tiempo.

"Sí, señor", respondió el gerente asintiendo al instante, ya que se había acostumbrado a ese tipo de peticiones.

Cuando la melodía llegó a su fin, el público estalló en un aplauso eufórico y elogió a Mandy, quien sonrió e hizo una reverencia antes de bajar del escenario para encontrar un lugar tranquilo para beber.

Habían pasado cuatro años desde la última vez que había tocado el piano, por lo que no esperaba que todavía pudiera hacerlo tan bien sin equivocarse ni una vez. Esta canción tenía un significado especial para ella, y se la estaba regalando a esa persona en este día especial.

Después de beber unas copas de vino, Mandy comenzó a sentirse mareada. Estaba muy confundida, y de repente comenzó a ver borroso hasta que se desmayó.

Mandy se despertó de repente un largo rato más tarde. Sentía frío en todo el cuerpo y se dio cuenta de que estaba sumergida en una bañera.

Miró a su alrededor con miedo y saltó del agua fría a toda prisa. Cuando salió del baño, vio a un hombre fuerte sentado en la cama vestido nada más que con una bata y un antifaz. Todavía tenía el cabello mojado y le caían las gotas de agua sobre sus seductoras clavículas. Este dejó al instante su copa de vino tinto y miró a la mujer con una expresión indescifrable en los ojos.

Después de compartir tan solo una mirada con él, Mandy sintió su cuerpo paralizado. Se mordió los labios y se preguntó qué pasaba. Aquel la miraba con una expresión tan inquietante que podría asustar a cualquiera a miles de kilómetros de distancia.

De repente, Mandy sintió un poco de calor y su bello rostro se sonrojó al instante del color de una langosta.

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