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   Capítulo 7 Una llamada de un extraño

Un Regalo Billonario Por Magdalena Palabras: 6309

Actualizado: 2020-01-18 00:22


Él consiguió lo que quería, pero la felicidad superficial que sentía era algo temporal.

En el fondo de su corazón, no estaba tan satisfecho y feliz como pensó que estaría.

La innegable decepción de Mandy y su clara expresión de disgusto lo habían hecho sentir incómodo.

"Daniel Zhao, no estoy de humor para hablar contigo ahora, así que no trates de forzar la situación y dejarte en evidencia". Mandy cerró la puerta de su habitación con fuerza, provocando un sonido reverberante, mostrando sus emociones negativas.

Después, la cerró con llave inmediatamente.

Se acomodó la ropa, dándose unas palmaditas en las partes arrugadas, como si al hacerlo fuera a quitarlas.

Entonces respiró hondo, se enderezó y le dijo a su madre que estaba lista para marcharse.

Sin mirar atrás, madre e hija se fueron con cuatro enormes maletas.

Mandy tuvo que dejar, en contra de su voluntad, todas sus valiosas posesiones, pues según la decisión de Spencer, estas formaban parte de la promesa de venta con el banco.

Ella estaba llena de rabia, indignación y arrepentimiento por amar al hombre equivocado durante todos estos años.

Aunque se sentía deprimida, trató de contener todas sus emociones y levantó la cabeza para afrontar su nueva vida. Después de salir de la enorme casa, el cual solía ser su hogar, Mandy se sentía triste y perdida en la Ciudad A.

Ella no tenía amigos íntimos en la zona y tampoco consideró buscar la ayuda de sus compañeros del hospital. Sin tener otra opción, decidió alquilar un viejo apartamento para poder quedarse mientras tanto.

"Mamá, siento mucho haberte metido en este problema. Perdón por hacerte sufrir con este desastre", expresó ella en un tono triste y con ojos llorosos.

No estaba pasando por su mejor momento.

Madeline sostuvo las mejillas húmedas de su hija, las limpió con los pulgares y dijo suavemente: "Cariño, no digas eso, por favor. Es nuestra culpa, nosotros te hicimos sufrir".

"Mamá, yo estoy bien. Esto no es fácil para mí, pero no guardo rencor. Estoy contenta y me siento afortunada de tenerles a ti y a papá". Aún con los ojos llorosos, Mandy sorbió la nariz y mostró una leve sonrisa.

Ella estaba acostumbrada a llevar una vida llena de lujos. Sin embargo, no se dio cuenta de la grandeza, ya que era tan natural para ella que no creía que lo que tenía fuera para tanto. Sin embargo, cuando se mudó del barrio lujoso en el que vivía, se dio cuenta de lo que era una vida humilde.

"Estás cantando delante de una multitud para ganarte la vida...".

Estando sensible por el desasosiego en el que se encontraba, Mandy dio un salto, sorprendida, cuando sonó su teléfono.

Un número desconocido apareció en la pantalla.

Antes, no contestaba números que no tuviera registrados, pero esta vez respondió la llamada, esperando que pudiera tener algo que ver con su padre.

"¿Hablo con la señorita Zhou?", una voz profunda vino desde el otro lado de la línea, probablemente pertenecía a un hombre de mediana edad.

Al escuchar su voz, ella tuvo la sensación de que la llamada era de suma importancia, así que asintió, desconcertada, y confirmó con confianza: "Sí

, soy yo".

"El señor Jin tiene algo importante que decirle. ¿Está disponible ahora?", preguntó Fred Zou al otro lado de la línea con un tono de demanda.

"Lo siento, no conozco al señor Jin. Se ha equivocado de número". Mandy frunció el ceño, haciendo que su irritación fuera bastante obvia.

La verdad era que no estaba de humor, y la extraña llamada la había molestado fácilmente.

Fred percibió la impaciencia en su tono, suspiró con una sonrisa torcida ante su molestia y continuó: "¿Recuerda la máscara de la noche anterior?".

Su voz era mucho más profunda y seria, como si le recordara algo importante.

"El señor Jin le solicita que le lleve la máscara a JS International antes de las 2 p.m.".

Al escuchar eso, Mandy recuperó el sentido y su corazón dio un vuelco.

Entonces pensó para sí misma: '¿El hombre de la máscara de anoche quiere verme?'.

Se sorprendió tanto, que de repente se quedó sin palabras.

Ella decidió rechazar esa especie de invitación.

¿Era una orden?

Quizá un engaño.

Mandy no tomaría ese riesgo por un hombre que todavía era extraño para ella.

Justo cuando estaba a punto de decir algo, el hombre cortó la llamada.

Ella se quedó en silencio, guardando sus palabras para sí misma.

En ese momento tenía la mirada perdida y el ceño fruncido en respuesta a la gran confusión que sentía.

Madeline vio el horrible estado de su hija, acortó la distancia que había entre ellas a paso rápido y le tocó antes de preguntarle:

"¿Qué ocurre?".

Mandy no pronunció una palabra y se limitó a sacudir la cabeza sin mirarla.

La voz preocupada de su madre llenó la habitación. "¿Qué fue lo que pasó?".

Delicadamente, le estaba exigiendo una respuesta. "Nada, mamá", respondió Mandy de manera seca.

No quería que su madre se preocupara, así que se las arregló para sonreír y asegurarle que estaba bien.

Después se giró rápidamente para ocultar su propia angustia y simplemente miró su reloj.

Al darse cuenta de que ya era la una y media y solo le quedaba media hora, entró en pánico, pero consiguió tranquilizarse.

"Dime algo, Mandy. Cuéntale a mamá lo que está pasando", tanteó Madeline, quien, inquieta por el extraño comportamiento de su hija, sabía que algo andaba mal.

"Mamá, tengo que encargarme de un asunto urgente. ¿Podrías quedarte aquí y ocuparte del apartamento por ahora?". Mandy se dio la vuelta rápidamente y se fue a toda prisa sin esperar la respuesta de su madre.

Con su ejemplar portafolio y su rendimiento conocido, JS International era una de las compañías más famosas de la Ciudad A.

Era una empresa de alto nivel y estaba considerada como la mejor de la ciudad, liderando varias industrias como bienes raíces, joyería, red de información, alimentos y televisión.

Aunque ella había regresado al país recientemente, sabía un par de cosas sobre esa empresa.

Cuando era más joven, Stanley había mencionado algo sobre Jason Jin, el fundador de JS International.

Se había hecho famoso y era muy respetado en los círculos empresariales. Era un caballero y una persona estricta, tenía tanta reputación que algunas personas le tenían miedo.

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