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   Capítulo 7 Problemas por todos lados

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 9342

Actualizado: 2020-01-27 00:07


Leona ignoró a las estudiantes que cotilleaban detrás de ella y siguió caminando. Sin embargo, dos chicas del lado opuesto se le acercaron y le bloquearon el paso. Una de ellas era Joyce Shen, que provenía de una familia acomodada. La otra era una buena amiga de esta, Edith Li. Joyce era la niña de los ojos del presidente del Grupo Shen. Y como era una de las pocas chicas cuya familia era muy rica, muchos chicos de su universidad iban detrás ella.

No obstante, Joyce siempre se había mostrado indiferente hacia los chicos de su campus. A ella solo le gustaba York. Y ahora que York había anunciado públicamente que Leona era su novia, no podía aceptarlo. Por eso le pidió a su amiga Edith que la ayudara a provocar a Leona.

Detuvo a esta última, que estaba a punto de entrar en el aula, la miró de arriba a abajo y dijo: "York debe estar bromeando. ¿Cómo puede gustarle una chica ordinaria como tú? Debes haberle hecho algo. Si crees que puedes conquistarlo, deja de soñar. Las personas como tú no tienen lugar en su familia. Definitivamente no te aceptarán. Antes de que acabes lastimada, será mejor que te rindas".

"Así es. El padre de York es un buen amigo del padre de Joyce. Incluso están tratando de emparejarlos. En resumen, la esposa del futuro presidente del Grupo Zhao es Joyce. Debes ser consciente de esa realidad", intervino Edith mientras miraba a Leona con desdén.

Teniendo en cuenta que le habían bloqueado el camino, esta no tuvo más remedio que mirarlas. Entonces suspiró impotente y se dirigió a Joyce: "Me temo que estás hablando con la persona equivocada. Quien quiera que le guste a York, no tiene nada que ver conmigo. ¿Y qué acaba de decir tu amiga? ¿Que eres la futura esposa del futuro presidente del Grupo Zhao? Ven a verme cuando te conviertas oficialmente en la esposa de York". Tras pronunciar esas palabras, Leona se volvió y se alejó sin mirar atrás.

Nunca se le había pasado por la cabeza tener una relación con York. Ella sabía que la diferencia entre ellos era demasiado grande. Y, además, aunque pudieran estar juntos, no tendrían un final feliz. Por mucho que se supiera que Leona era una chica tímida y gentil, eso no significaba que ella permitiera que cualquiera la intimidara. También sabía defenderse cuando se encontraba en una situación comprometida.

"¿Quién te crees que eres? ¡Cómo te atreves a hablarme así! ¡Te daré una lección!". Joyce no esperaba que alguien como Leona le respondiera y le diera la espalda sin más. Siempre pensó que era una debilucha. Sintiéndose avergonzada ante la reacción de la chica, se puso furiosa. Leona, por su parte, se limitó a ignorarla. Todo lo que pudo hacer la estudiante fue quedarse mirando la espalda de Leona.

"Joyce, debes darle una lección a esa chica. Por cierto, el señor Jia te ha estado persiguiendo últimamente, ¿verdad? Estoy segura de que puede ayudarte a hacer que Leona pague por lo que te ha hecho. No se negará ante ninguna cosa que le pidas". Edith era muy buena echando leña al fuego.

Después de su clase, Leona se fue a la puerta trasera a buscar su bicicleta. Nada más llegar vio algo que la enojó mucho. Por lo que recordaba, su bicicleta estaba en perfectas condiciones cuando la estacionó allí por la mañana. Sin embargo, ahora estaba destrozada. En ese momento se preguntó quién podría haber hecho tal cosa. Su bicicleta valía un salario suyo de un mes. Aunque estaba un poco vieja y algunas partes ya estaban estropeadas, era su único medio de transporte para ir a la escuela, al trabajo y a casa. Ahora que estaba rota, ¿qué usaría?

La chica no pudo evitar sentirse preocupada porque llegaría tarde al trabajo. De repente, escuchó unos pasos acercándose. Cuando se dio la vuelta, vio a York caminando hacia ella.

"Leona, ¿por qué no me esperaste? Fui a tu salón de clases hace un momento, pero ya te habías ido". Desde que Renzo y Dillon la acosaron en la puerta trasera, York estuvo preocupado por ella. Es más, insistía todos los días en acompañarla a la puerta trasera después de las clases. También era su forma de pasar más tiempo a solas con ella. Incluso la siguió hasta el restaurante de comida rápida donde trabajaba.

Cuando York se enteró hacía un momento de que Leona ya había salido de su salón de clases, fue tras ella apresuradamente hasta la puerta trasera. Allí, la vio parada frente a su bicicleta rota y también se preguntó quién podría haberlo hecho. De alguna manera, él se sintió aliviado de que esta vez no le hubiera pasado nada malo a la chica. Pero entonces preguntó: "¿Quién crees que hizo esto?".

"No lo sé. Estaba así cuando llegué". Leona no pudo ocultar la irritación de su rostro mientras m

iraba su bicicleta. En realidad, salió del salón de clases antes de lo habitual para escapar precisamente de York. Quería mantenerse alejada de él para evitar más malentendidos con las otras estudiantes de su escuela. Pero no esperaba que algo así ocurriera. Ahora, en lugar de huir de él, el chico tuvo la oportunidad de acercarse a ella.

York no dijo nada más, tomó la mano de Leona y la llevó a su auto deportivo, que también estaba estacionado en la puerta trasera. Luego dijo: "Ya que tu bicicleta está rota, te llevaré a tu trabajo".

"Pero yo...". La chica quiso negarse. No estaba acostumbrada a ir en un coche deportivo tan lujoso. Además, si se montaba en su auto, sus esfuerzos por trazar una línea clara entre ellos serían en vano. Si alguien los viera en ese momento, ella sabía qué tipo de chismes se difundirían por la escuela al día siguiente por la mañana.

"Vas a llegar muy tarde al trabajo, ¿no? Si no me dejas llevarte, estoy seguro de que tu jefe te llamará la atención. O, como ya vas a llegar tarde, ¿qué te parece si pides permiso y cenamos juntos?". Mientras hablaba, el chico volvió la cabeza y miró a Leona con una sonrisa. Aunque no estaba bien, no pudo evitar agradecer para sus adentros a la persona que le había roto la bicicleta por la oportunidad que se le había presentado de pasar tiempo con ella.

"Yo...". La chica seguía vacilante. Sin embargo, al cabo de un rato, dijo: "Está bien, llévame, por favor". York tenía razón. Ya era demasiado tarde. Y tampoco quería faltar al trabajo. No le quedaba otra opción que seguir a York hasta su auto deportivo.

Este abrió con cuidado la puerta y dijo con una sonrisa: "Mi querida princesa, súbete al caballo, por favor".

Leona no pudo evitar reírse al escucharlo. "Es un auto. ¿De qué caballo me estás hablando?".

"Imagínate que estás montando a caballo. Pero si quieres montar un caballo de verdad, puedo llevarte a montar uno blanco en otra ocasión", expuso York con una radiante sonrisa en su rostro.

La chica terminó de trabajar en el restaurante de comida rápida a las ocho en punto. Tan pronto como salió, vio que el auto de York seguía allí. Cuando el chico la vio, corrió feliz hacia ella y le dijo: "¿Ya terminaste? ¿Puedo invitarte a cenar ahora?".

Leona vio un brillo de esperanza en sus ojos. Debía estar esperando que ella dijera que sí. Sin embargo, la chica respondió tímidamente: "Lo siento, York. No puedo cenar contigo todavía porque tengo que ir a mi otro trabajo ahora".

"Pero ya son las ocho. ¿No vas a cenar primero? No me extraña que estés tan delgada. No comes bien", dijo él con incredulidad. Se sintió un poco abatido cuando ella rechazó su invitación.

"Pero yo... Llegaré tarde", dijo la chica titubeando.

"Bueno. Te llevaré allí". Al ver el cansancio en su rostro, York no quiso forzarla más.

Cuando detuvo su auto frente al bar, él la miró con los ojos abiertos de par en par y le preguntó: "¿Realmente tienes que trabajar en este tipo de lugar?".

Leona asintió y le dio las gracias. Luego corrió hacia el bar, temiendo llegar tarde.

Una de sus compañeras de trabajo la vio salir del auto deportivo de York y le preguntó inmediatamente: "Leona, ¿dónde encontraste un novio tan rico? Te traen en un coche deportivo. ¿Por qué sigues trabajando?". Era Olivia.

Leona simplemente la ignoró y se apresuró a entrar. Sus compañeras de trabajo podían decir lo que quisieran. De todos modos, ella no podía evitar que hablaran.

York llevó a Leona al bar porque quería ver cómo era su trabajo. Sabía que ella debía estar ocupada, pero no esperaba que lo estuviera tanto. Sentado en el sofá, el chico la observó moverse de un lado a otro con un atuendo muy revelador. Sus ojos no se apartaron de su delgada figura.

Ella usaba una camiseta y un jean todos los días, así que le sorprendió verla tan hermosa esa noche. El traje de conejito rosa que llevaba puesto revelaba su perfecta figura. Esta estaba sorprendentemente hermosa. Su escote estaba expuesto y las medias negras hacían que sus piernas se vieran más delgadas. Cuando él se dio cuenta de que muchos hombres la estaban mirando, una sensación de celos surgió en su corazón. Quería sacarles los ojos a todos.

La chica, por su parte, estaba ocupada atendiendo los pedidos de los clientes. Ella no se dio cuenta de que un cliente de otra mesa le dijo unas palabras a Olivia y le puso un montón de billetes de cien dólares en el escote. Con una sonrisa halagadora, esta tomó una botella de vino, se acercó a Leona y se la dio mientras le decía: "Leona, ayúdame a servir esta botella de vino en esa mesa, por favor. Me duele el estómago. Voy a ir al baño primero".

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