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   Capítulo 8 Randall Jia

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 8616

Actualizado: 2020-01-28 00:07


Sin dudar, Leona tomó la bandeja y caminó hacia la mesa que Olivia le señaló. Alrededor de la misma estaban sentados cuatro jóvenes, uno de ellos era Randall Jia, cuyos ojos brillaron al ver que la chica se les acercaba. Otro, que lucía como todo un casanova certificado, se encontraba a su lado. Este al notar la expresión en el rostro de Randall, dijo maliciosamente: "Oye, definitivamente es más hermosa que Joyce. No me digas...".

Antes de que pudiera terminar lo que quería decir, su amigo lo miró sonriendo con complicidad, asintiendo. Luego, justo cuando Leona estaba llegando a la mesa, Randall deliberadamente le tumbó la bandeja de las manos, provocando un estruendoso sonido que reverberó alrededor del bar producto del estallido de la botella de vino contra el suelo, salpicando los costosos pantalones del chico.

"¡Pero qué perra tan torpe! ¿Así atiendes a tus clientes? Mira lo que has hecho, no solo rompiste una botella muy cara, también ensuciaste los pantalones de Randall. ¿Sabes cuánto dinero es eso? Ni con el salario de dos años podrías pagarlos", dijo de una manera poco amable el amigo del afectado.

"Yo... Lo siento mucho, no quise hacer eso. Él empujó la bandeja y...", balbuceó ella, presa del pánico al no esperar que sucediera algo así.

"Espera, ¿además te atreves a culparlo? Necesito hablar con el gerente. ¡Ahora!", gritó el chico con euforia.

"Señor, de verdad lo siento mucho. No fue mi intención", soltó Leona, a punto de llorar. Sabía bien que la botella que rompió era importada y valía miles de dólares. Ni hablar de los costosos pantalones que llevaba el muchacho, eso estaba más allá de su capacidad de pago.

"Por favor, no seas tan malo con ella. Compórtate como un caballero, ¿de acuerdo?", intervino Randall de repente. Seguidamente, se volteó hacia la chica para proponerle: "¿Qué te parece esto? Si bebes esta copa de vino, no tendrás que pagar nada". Lo ella no sabía era que él ya había puesto unas pastillas dentro de la bebida. Entonces, fingiendo generosidad, suavemente le alcanzó la copa a Leona con una mirada lujuriosa completamente llena de deseo al detallar la perfecta figura de la mujer.

"Lo siento, señor. Pero yo no puedo hacer eso", contestó la chica con vergüenza. Pues dejando de lado el hecho de que no se les permitía tomar mientras trabajaba, ella realmente no tenía experiencia con el alcohol.

"Randall, ¿no crees que está siendo demasiado descortés? Aunque le estás diciendo que no tiene que pagar rechazó tu oferta", comentó el amigo incisivamente. Acto seguido, la vio con arrogancia para agregar: "Señorita, beba la copa. De lo contrario, tendrá que pagar la botella y los pantalones".

Mientras todo esto sucedía York había ido al baño, así que no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Al regresar se preguntó dónde estaba Leona. De pronto, escuchó un pequeño alboroto cerca. De modo que al girar la cabeza, vio a un joven tirando del brazo de la chica, intentando obligarla a beber de una copa. En vista de ello, acudió a su rescate sin pensarlo dos veces. "¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué la están molestando?".

"¿Y tú quién eres? ¿Acaso te crees un príncipe salvando a una doncella? En fin, esta chica nos debe mucho dinero. ¿Quieres pagar por ella?", espetó el amigo de Randall mirándolo con desdén.

"Soy su novio. ¿Qué quieres de ella?". York nunca les había tenido miedo a ninguno de los chicos en la mesa.

"Rompió una botella que pedimos y manchó los pantalones de Randall, no conforme con eso, lo acusó de que fue su culpa. Como no tiene dinero para pagar su deuda, se le pidió que bebiera una copa con nosotros a manera de disculpa, solo así será perdonada. Sin embargo, ella rechazó tajantemente la amabilidad de mi amigo. Asumo que siendo su novio te harás responsable. Pero si tampoco tienes dinero, será mejor que te hagas a un lado", continuó el joven.

Por su parte York inmediatamente sacó su billetera para arrojar sobre la mesa una faja de dinero efectivo. Aunque rara vez iba a ese tipo de lugares, ya había escuchado muchas historias de Samuel. Y según él, algunos hombres le ponían drogas a las bebidas para después obligar a las empleadas del bar a beberlo. Ya una vez que hiciera efecto, se llevaban a la mujer a algún lugar para aprovecharse de ella. Por suerte, York pare

ció detectar rápidamente las intenciones de Randall y sus amigos. No obstante, en la medida de lo posible, no quería que Leona se enterara de ese truco tan sucio. Es por eso que decidió hablarles amablemente.

"Creo que esta cantidad es más que suficiente para pagar cualquier daño que creas que mi novia te ha causado", dijo, antes de arrastrarla lejos de ellos.

En su posición, cuando la camarera vio el montón de efectivo, se sintió culpable. Aun así, también estaba agradecida con York por salvarla una vez más. Incluso se prometió a sí misma devolverle el dinero en el futuro.

"¡Alto! ¿Les dimos permiso de que se fueran?", los detuvo el chico.

"¿Qué más quieres? ¿No te parece suficiente?", replicó York, viéndolo esta vez con un poco de ira. Si seguía molestándolos, se vería obligado a darle una lección.

"Ella trató de echarle la culpa a Randall de lo sucedido, así que debería disculparse". A pesar de que su plan inicial falló, evidentemente no quería darse por vencido así de fácil.

"Bien, yo me disculparé en su nombre". En este punto, a York se le hizo imposible contener su furia. En consecuencia, apenas se dio la vuelta, lanzó un puñetazo directamente a la nariz del joven.

¡Pam! Ante el impacto el chico cayó al suelo, sinceramente no vio venir ese repentino ataque.

Luego, cuando otro de los integrantes del grupo se apuró a ayudarlo, York le propinó una patada que también lo desactivó, al tiempo que con otro puñetazo se deshizo del tercero. Acto seguido, tomó una botella de una mesa cercana para estrellarla contra la cabeza del último. En solo unos segundos derribó a los cuatro hombres. Después agarró la bebida que querían darle a Leona, se acercó al que intentó intimidarla, le abrió la boca con fuerza y vertió el contenido de la copa.

"¡Argh!". Sin importar cuánto luchó, el chico se vio obligado a beberlo todo, haciéndolo comportarse erráticamente con el pasar de los minutos. De hecho, parecía que se sentía tan caliente que ya no podía controlarse. Así que comenzó a quitarse toda la ropa. "Oh, hace mucho calor aquí. Me siento sofocado...". exclamó con el rostro sonrojado, claramente drogado.

Esta escena hizo que Leona finalmente entendiera por qué Randall le hizo esa propuesta. De modo que el miedo se apoderó de su corazón de inmediato. Pues de no haber sido porque York llegó a tiempo, no podía ni imaginarse lo que le pudo haber pasado en manos de estos cuatro delincuentes.

"Si los vuelvo a ver intentado hacer algo tan horrible de nuevo, les daré una paliza", les advirtió York mirándolos fijamente. Dicho esto, tomó a Leona del brazo y salió del bar.

A su vez, con una mirada hosca, Randall los observó en silencio mientras se retiraban. En seguida, sacó su teléfono para hacer una llamada. "Amigo, soy Randall. Necesito que me hagas un favor".

Por su lado, York acompañó a Leona al camerino del bar para que se cambiara de ropa. Pues ya eran las once de la noche, lo que significaba que terminaba su turno, así que decidieron salir de allí.

"Gracias por ayudarme. De verdad lamento haberte causado tantos problemas esta noche. Te prometo que te pagaré cada centavo", dijo vacilante, agachando la cabeza. Sinceramente no podía expresar con palabras lo agradecida que estaba con él.

"Por favor, no necesitas devolverme nada, pero espero que no vengas a trabajar más a este lugar, es demasiado peligroso. Solo imagínate lo que te hubiera pasado hoy", dijo él con seriedad, tomándola de la mano.

"Es que realmente necesito el empleo. No te preocupes, seré más cuidadosa la próxima vez. En serio, no dejaré que esto me vuelva a pasar. Además, el gerente me dijo hace un momento que no permitirá que esos tipos vuelvan a entrar en nuestro bar. Así que a partir de esta noche, tienen prohibido venir". Aunque ciertamente todavía se sentía temerosa, no podía permitirse perder ese buen remunerado trabajo. Dijo eso intentando consolarse a sí misma, pensando que lo que pasó fue solo un accidente del que había aprendido y se aseguraría de que no volviera a suceder.

"Bueno, no hablemos más de eso. Hoy es tu cumple... ¡Ahh!". Antes de que York pudiera terminar la oración, alguien lo golpeó con un bate en la espalda. De modo que se agachó de dolor, sin olvidar abrazar a Leona para protegerla antes de caer al suelo.

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