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   Capítulo 11 Pendejo

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 6964

Actualizado: 2020-01-29 00:07


El corazón de Leona latía con tanta fuerza que sintió que se le iba a salir de su pecho. De pronto, su cuerpo se puso rígido al escucharlo. Nadie nunca la había llamado "gatito salvaje" aparte de Greg. Pero, ¿por qué él estaba ahí?

Antes de que Leona pudiera siquiera reaccionar, Greg la jaló hacia él e inhaló su fresco aroma mientras caía en sus brazos. No podía entender por qué de repente se sentía tan emocionado. Si Leona era una mujer fácil y de mal vivir ante los ojos de Greg, ¿por qué parecía estar flechado de ella? ¿Sería porque no había tocado a una mujer en mucho tiempo?

Leona incluso se veía tan pura con esos ojos inocentes, que no irradiaban ni un rastro de impureza. No parecía que fuera el tipo de mujer que deambulara con toda clase de hombres. Pero aun así, Greg trató de convencerse a sí mismo de que debía ser uno de los trucos que tenía ella para hacer que los hombres se enamoraran de ella. Debía ser realmente hábil para ligar con cualquier hombre.

Asustada, Leona intentó liberarse de los fuertes brazos de Greg, pero no pudo. Sus grandes y temerosos ojos se inundaron de lágrimas y se preguntó por qué Greg, el novio de su hermana, siempre la trataba así.

"¿Qué haces? ¡Suéltame ya o pediré ayuda!", gritó Leona en estado de pánico. Seguía intentando escapar con todas sus fuerzas, pero su fuerza no se equiparaba a la de Greg.

"Ay, ay, ay. Me hieres. ¿Cómo me olvidas tan rápido, gatito salvaje? Yo, en cambio, me acuerdo de ti siempre. ¿Ya olvidaste lo que me hiciste la última vez? Eres la única mujer que se ha atrevido a golpearme en toda mi vida, y te dije que lo pagarías. ¿Ahora sí lo recuerdas?", dijo Greg y, en seguida, presionó la cabeza de Leona hacia abajo y la envolvió en sus brazos.

"¡Por Dios, Greg, suéltame! Fuiste tú quien empezó... De lo contrario, no te hubiese golpeado. ¡Aléjate de mí!". Leona estaba tan asustada que casi se muerde la lengua. No podía entender por qué su futuro cuñado le hacía eso.

Sentado junto a ellos, Evan sostenía a Olivia en sus brazos y, de hecho, estaban por irse. Pero cuando escuchó lo que Greg dijo, se quedó muy sorprendido. No pudo evitar mirar a Leona con una cara de incredulidad absoluta. Nunca se le pasó por la mente que ella podría atreverse a abofetear a Greg, quien era cinturón negro en karate e infundía miedo incluso en los hombres.

Por lo que Evan podía recordar, excepto por una en particular, Greg solo había conocido dos tipos de mujeres en toda su vida. Por un lado, estaban las mujeres que amaban perseguirlo, la clase de mujeres que harían de todo para congraciarse con Greg, hasta estaban dispuestas a intentar lo que sea con tal de acostarse con él. Después de todo, era bien sabido que Greg era generoso con las mujeres que lo rodeaban.

Por otro lado, estaban aquellas mujeres que inmediatamente se intimidaban con solo ver su cara de póquer. Se asustaban fácilmente y no se atrevían a moverse ni a acercarse a él. Sin embargo, era la primera vez que Evan conocía a una mujer que se atrevía a abofetearlo, y no podía evitar mirarla con nuevos ojos.

"¡Dime! ¿Qué te hice la vez pasada?", dijo Greg con una sonrisa juguetona en su rostro. Aunque parecía estar sonriendo, sus ojos no decían lo mismo, ya que en ellos se reflejaba una mirada fría.

"La otra vez, tú...". Leona estaba demasiado asustada como para decir una palabra más. ¿Cómo podía decir frente al amigo de Olivia y Greg que este último la besó? Entonces, apretó sus labios con fue

rza sin saber cómo continuar.

En toda su vida nunca había sido acosada por un hombre como ahora. Se sentía avergonzada y enojada al mismo tiempo pero, de repente, a Leona se le ocurrió una forma de zafarse de Greg. Así, ella bajó la cabeza e inesperadamente le mordió el brazo con todas sus fuerzas.

Tan pronto sintió la sangre de Greg en su lengua, pensó que era el momento oportuno para escapar de él. Pero no fue así. Para su mala suerte, Greg no tenía ninguna intención de dejarla ir.

Con una mano, Greg tiró del cabello de Leona y, con la otra, agarró sus mejillas para que ella soltara su brazo. Parecía que él no sentía ningún dolor en absoluto.

"Gatito salvaje, ¿crees que este método te va a funcionar siempre? No actúes tan inocente frente a mí. Jugar a hacerte la difícil no te va a funcionar conmigo", dijo Greg enojado y mordió a Leona.

"¡Ay! ¡Duele! ¡Pendejo, suéltame! Sino yo... ¡Se lo diré a Jasmine!". Después de reflexionar un rato, a Leona no se le ocurrió ninguna otra amenaza. Ellos estaban en una habitación privada insonorizada y, como era un bar, había demasiado ruido afuera también. Incluso si gritaba a todo pulmón, nadie la oiría pedir ayuda y, al parecer, a Olivia tampoco le importaba lo que le sucediera, así que, como no tenía otra opción, usó a su hermana para amenazarlo. Leona pensó que él no tenía idea de cuál era su relación con ella, por lo que no mencionó que Jasmine era en realidad su hermana.

Greg la miró y dibujó una sonrisa diabólica en su rostro. Ella se sentía muy indefensa, pero aun así no quería admitir que era miembro de la familia Ling. Leona era demasiado inocente como para amenazarlo en serio con contarle a Jasmine y también demasiado ingenua para creer que él no sabía de su relación. Pero ya que ella no quería revelar su identidad, él le seguiría el juego.

"Está bien. Dile a Jasmine entonces. Veamos si te cree o no, o si incluso piensa que me estás seduciendo intencionalmente". En ese momento, Leona miró a Greg con unos ojos sedientos de sangre.

"Déjame ya. Me estás haciendo daño. Eres un pendejo, ¡Jasmine nunca te creerá a ti!". Leona sonaba firme al gritarle pero, en el fondo, ella no creía en sus propias palabras. Aunque no esperaba que Greg simplemente ignorara su amenaza. Era como si él supiera que Jasmine siempre le creería. Quizás incluso si estuviera en ese momento viendo la situación, le creería a él sin importar lo que dijera.

"Llama a Jasmine ahora y pídele que venga aquí. Déjala ver lo que está pasando con sus propios ojos. ¿Qué te parece?", dijo Greg desafiándola. "Y recuerda que mi nombre es Greg Wei. No me importa con cuántos hombres has ligado. De ahora en adelante, yo seré tu único hombre". Obviamente, Greg quería proclamarse como su dueño. La mantendría a su lado como su mujer mientras que, al mismo tiempo, estaría en una relación con Jasmine. Cuando Leona se quedó inmóvil, Greg sacó su teléfono y estaba a punto de llamar a Jasmine en frente de ella.

De inmediato, el rostro de Leona palideció de miedo. No podía dejar que Jasmine supiera lo que estaba pasando. Jasmine era la única persona de la familia Ling que había sido amable con ella y no quería herir sus sentimientos. Presa del pánico, Leona trató de quitarle el teléfono a Greg, pero sus manos estaban fuertemente sujetas detrás de su espalda, así que no podía moverse libremente.

Estaba tan preocupada que dijo con una voz desesperada: "Te lo ruego, por favor, no llames a Jasmine".

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