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   Capítulo 16 Su verdadera madre

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 7349

Actualizado: 2020-01-30 00:27


Tras una relación de varios meses, Leona se había acostumbrado a tener a York a su lado la mayor parte del tiempo. Debido a esto, la repentina desaparición del chico la tenía muy deprimida. Adicionalmente, ella se había convertido en el tema de conversación en la escuela a causa de que el rumor del compromiso de Joyce con su novio se había extendido.

"¿Escuchaste que York está por comprometerse? Es que realmente él no puede estar con una chica como Leona. No son para nada compatibles".

"Sí, en eso tienes razón. Al ser de una familia humilde, es solo un juguete para York. A decir verdad, solo una mujer como Joyce es digna de él". A pesar de que el chisme corría a toda velocidad por el campus, Leona trataba de no prestarle atención siguiendo su vida como de costumbre. Iba a la escuela durante el día y trabajaba en el bar por la noche.

Si bien no podía negar el hecho de que lo sucedido le rompió el corazón, no había nada que pudiera hacer al respecto. Sinceramente, desde el principio esperaba que algo así pasara tarde o temprano, pues era consciente de que ella y York pertenecían a mundos diferentes. Sin embargo, había hecho la vista gorda a sus diferencias por el amor y la alegría que había estado sintiendo. Pero ahora, necesitaba volver a pisar tierra. Si él estaba por comprometerse, no tenía sentido esperarlo, lo único que quería era que fuera lo suficientemente hombre para decirle la verdad.

Obviamente, todo este estrés la había hecho perder peso en los últimos días. Era notorio para todos que algo estaba pasando dentro de su cabeza. No obstante, la joven no contaba con ningún amigo con quien pudiera compartir su dolor, por lo que tuvo que lidiar con su miseria sola. Y aunque estaba tratando de verse bien por fuera, definitivamente estaba destruida por dentro.

Una mañana, antes de entrar a la universidad, Leona conoció a una mujer de mediana edad en la puerta de la misma. Esta señora, aunque tenía unos cuarenta años, aún conservaba una hermosa figura que se podía notar fácilmente con la elegante ropa que llevaba puesta. De pronto, Leona sintió una extraña sensación de familiaridad en su corazón cuando la vio a los ojos.

Además, la mujer caminó rápidamente hacia ella, para preguntarle con voz temblorosa: "¿E...eres tú, Leona?". Incluso parecía que algunas lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.

"¿Quién es usted?", replicó la chica sorprendida por la emoción en el rostro de la mujer, tanto, que inconscientemente dio un paso atrás para esquivarla cuando se acercó a tocarla.

"Estoy... lo siento. Es que estoy un poco emocionada. ¿Te importaría charlar unos minutos? Si tienes una clase ahora, puedo esperar hasta la hora del almuerzo o la de salida. Solo necesito hablar contigo. Y no te preocupes, no quiero hacerte daño", dijo la mujer mientras se limpiaba las lágrimas.

Al escucharla, Leona asintió sin decir nada. En vista de que faltaba un rato para su primera clase, fue por un café en compañía de la desconocida.

Una vez allí, la mujer pidió casi todos los postres del menú para ofrecérselos todos a Leona. Seguidamente, con ternura en sus ojos, comentó: "No sé qué te gusta, así que los ordené todos. Si te provoca algo más, díselo al camarero. Por favor, debes comer bien, estás muy delgada".

Por su lado, aun confundida, la joven observó fijamente la mesa repleta de dulces sin saber qué hacer. Finalmente, miró el rostro de la mujer y dijo: "Señora, ¿podría decirme qué quiere de mí? Si tiene algo que decir, dígalo ya. Tengo una clase dentro de poco y no quiero llegar tarde".

De repente, las lágrimas volvieron a brotar de los ojos de la extraña, provocando que Leona entrara

en pánico. De modo que inmediatamente sacó un par de toallitas para entregárselas, preguntando: "¿Qué es lo que pasa? ¿Se siente bien? ¿Tiene alguna herida? Tal vez debería pedirle a su chófer que la lleve al hospital".

Al cabo de unos segundos, después de secarse suavemente las lágrimas, la mujer respondió: "Disculpa, es que sencillamente no puedo contener mi felicidad. No te he visto en mucho tiempo y realmente te he extrañado muchísimo. Mi nombre es Bess Shen. Leona, yo soy tú madre".

Ante esta revelación, la joven se le quedó viendo boquiabierta. Ciertamente sabía que ese era el nombre de su mamá, pero mencionarlo siempre había sido un tabú en la familia Ling. Pues Cynthia y Jonson enloquecían cada vez que lo escuchaban.

Es por ello que inconscientemente Leona también había aprendido a odiarlo. No conforme con eso, ella la había abandonado, así que por su culpa creció pensando que jamás contaría con el amor de una madre. De hecho, en su mente su mamá era solo un nombre, ya que para ella Bess Shen no existía. Sin embargo, de la nada apareció esta mujer frente a ella, presentándose como su madre. ¡Qué ironía! Aparecer ahora que ya era mayor y no la necesitaba.

Ante la reacción indiferente de la chica, a Bess se le encogió el corazón. De todos modos no podía culparla, pues su hija debía pensar que la había abandonado. En realidad, la señora también sintió pena por dejarla, pero en aquel entonces sufrió una serie de dificultades que no le dejaron otra opción.

Bess era demasiado joven e ingenua cuando se enamoró de Jonson. Pensó erróneamente que había encontrado su verdadero amor, para al final descubrir que él realmente solo la quería para que le diera un hijo.

Después de dar a luz a Jasmine, Cynthia ya no pudo quedar embarazada. Aun así, Jonson tenía muchas ganas de tener un hijo. Por lo tanto, cuando conoció a Bess aprovechó la oportunidad para enamorarla y cumplir su cometido. Si bien cuidó de ella durante el embarazo, apenas dio a luz a una niña las cosas cambiaron radicalmente. Jonson ya tenía una hija, así que no quería otra. Por ende, las abandonó en el hospital.

Allí, Bess y Leona permanecieron internadas un mes, en el que el hombre nunca las visitó. En aquel entonces, la compañía de Jonson se enfrentaba a una gran crisis de la que culpó a Bess, diciéndole que ella era una maldición con la que ya no quería tener nada que ver.

La mujer sabía que evidentemente eso era solo una excusa barata para deshacerse de ella. La verdad era que no podía divorciarse de Cynthia y no quería aceptar a Leona en su familia. No obstante, como en ese momento Bess era solo una jovencita de veintidós años sin una familia que la respaldara, no podía criar a su hija sola. Sinceramente a ella no le importaba morirse de hambre, pero no podía permitir que Leona sufriera lo mismo. A raíz de ello, no tuvo más remedio que dársela a Jonson. Ya que aunque seguramente la niña no sería feliz con la familia Ling, al menos no estaría pasando hambre sin un techo sobre su cabeza.

Entonces, sabiendo que el hombre se negaría a aceptarla, Bess comenzó a difundir la noticia de que él tenía una hija fuera de su matrimonio. Por lo que para proteger su reputación, Jonson terminó quedándose con Leona.

La mujer sabía que dejar a su bebé estuvo mal, pero la idea de verla morir de inanición la llevó a tomar esa decisión. Entre sollozos, Bess le contó a su hija toda la historia. Luego, agregó: "Lo siento mucho, querida. Sé que todo es culpa mía y estoy dispuesta a asumirla. También sé que no merezco ser tu madre. Créeme que si tuviera la oportunidad de retroceder el tiempo, te habría llevado conmigo sin importar qué".

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