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   Capítulo 17 La llamada de York

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 8193

Actualizado: 2020-01-30 08:30


En ese instante Leona se sintió muy triste al observar los ojos llorosos de Bess. Se podía imaginar todo lo que le tocó enfrentar, no sería nada fácil criar a una niña teniendo apenas 22 años y sin nadie que la ayudara. No obstante, tampoco pudo evitar sentir enojo por el hecho de que la abandonó. Pensó que si Bess no estaba preparada para ser madre, no debió salir embarazada en primer lugar. Como consecuencia de sus actos, Leona había sufrido innumerables abusos tanto verbales como físicos a manos de Cynthia durante sus 19 años de vida. Aparte de eso necesitaba trabajar duro para mantenerse, por lo que básicamente no era muy diferente a una huérfana.

"Leona, no espero que me perdones ni que me llames mamá. Sé que no me lo merezco. Honestamente no quiero complicarte las cosas. De hecho, solo planeaba observarte desde la distancia, pero no pude contenerme. Tenía muchas ganas de hablar contigo, de escuchar tu voz y abrazarte. Por favor, no es mi intención hacerte sentir mal. A partir de ahora tengo pensado venir a verte con regularidad, de todos modos puedo mantenerme al margen en caso de te sientas incómoda. Espero que al menos me puedas permitir eso. Quiero estar ahí para ti, y haré todo lo posible por ayudarte en cualquier momento que lo necesites", dijo Bess mirándola expectante.

Después de dar a luz a Leona, descubrió que no podía volver a quedar embarazada. Esa información no pareció importarle cuando era joven. Realmente no estaba ansiosa por tener otro hijo. Sin embargo, a medida que envejecía se daba cuenta de lo solitaria que era su vida, anhelando el amor de su hija. Fue entonces cuando se dio a la tarea de encontrarla. A estas alturas, Bess no estaba segura de si Leona la perdonaría.

Por su parte, la joven estaba envuelta en un torbellino de emociones. Pues desde que era niña le guardaba rencor. Pero ahora que la tenía en frente no podía negar que su corazón la reconocía como su madre. Con esto en mente, pensó que quizás era cierto aquello de que la sangre prevalecía. Incluso se sintió devastada ante la imagen de Bess, que parecía no poder dejar de llorar. Sencillamente no podía soportar ver la tristeza en los ojos de la mujer.

Seguidamente, Leona se sensibilizó después de entender las razones por las cuáles su madre tuvo que hacerse a un lado en su vida. Aun así, todavía no sabía cómo lograría llamarla "mamá". Entonces, tartamudeó: "Yo... Sí, no hay problema, puedes venir cuando quieras. Solo deja de llorar, por favor".

Ante esa reacción, la mirada de la señora se llenó de sorpresa. "¿En serio? ¿No te importa? Leona, ¿crees que en el futuro puedas perdonarme?".

Tras escuchar la pregunta, la chica suspiró levemente antes de contestar: "Ya soy una adulta. Así que es inútil seguir pensando en el pasado. Admito que te he guardado rencor porque nadie me había contado esta historia, pero ahora todo está claro. Necesito apreciar que cuento con una madre de verdad, por lo que quedarnos en cosas del pasado solo nos atormentará".

"Gracias", asintió Bess. "Sé que has pasado por muchas dificultades por mi culpa. Por ende, me dije a mí misma que no debería esperar tu perdón. Por eso escucharte decir eso me hace muy feliz, Leona. He estado esperando toda mi vida el momento en el que finalmente pueda convertirme en una madre para ti. Toma, este es mi número de teléfono. Llámame cuando quieras y vendré inmediatamente. Si necesitas algo, no dudes en pedírmelo".

Luego, estuvieron charlando un poco más, causando que Leona no llegara a su primera clase del día por primera vez desde que ingresó a esa universidad.

De todas maneras pareció darle igual. En esos últimos días había estado tratando de llamar a York, pero su teléfono siempre estaba apagado. En vista de que esto nunca había sucedido, se sentía verdaderamente desconsolada. Si él no quería volver a verla, al menos podría habérselo dicho antes de desaparecer repentinamente.

Encima, resulta que su madre apareció inesperadamente. Estos dos hechos la tenían hecha un lío sin saber cómo pensar con claridad. Con esto dando vueltas en su cabeza, la chi

ca estaba sentada en un banco, totalmente sumergida en sus pensamientos cuando Joyce la vio. Esta última se le acercó para decir condescendientemente: "¿Qué te pasa? Sé que hace mucho que no ves a York. ¿Lo extrañas?".

Entonces, al Leona darse cuenta de quien le habló, inmediatamente se levantó para irse. Sabía bien que no le agradaba a Joyce, así que prefería ir a la biblioteca a leer que perder el tiempo discutiendo con ella.

Sin embargo, Joyce le bloqueó el camino. Acto seguido, con una sonrisa de suficiencia en su rostro, añadió: "Vaya, parece que tengo razón. Despierta, niña. No esperes su regreso, él no quiere estar contigo. ¿Sabes por qué no ha venido más? Es porque está ocupado preparándose para nuestra fiesta de compromiso, ya todo está arreglado. Bueno, no digas que no te lo advertí. ¿Cuántas veces te he dicho que a York no le gustan las chicas pobres? Tú fuiste solo un juguete para él. ¡Ah! Pero en tu arrogancia no quisiste escucharme. En fin, será mejor que sigas adelante. ¡La vida continúa!". Dicho esto, se fue sonriente antes de que Leona pudiera replicar.

Ya habían pasado un par de semanas desde que York desapareció. De modo que aunque todavía se sentía confundida, Leona hizo todo lo posible por continuar con su vida, tratando de mantenerse siempre ocupada para no tener tiempo de pensar en eso.

Ese día, como sus clases ya habían terminado, se preparaba para irse al bar a trabajar. De salida, vio a Joyce dirigiéndose en su dirección, y a pesar de que por instinto quiso evitarla, la futura esposa de York la chocó deliberadamente para proferirle algunos insultos antes de alejarse triunfalmente.

Ya Leona estaba acostumbrada a que le hiciera eso, pues desde que el chico no fue más a la escuela, ella se le atravesaba todos los días para humillarla. Si bien la situación la hacía sentir mal, aprendió a lidiar con sus emociones. Superado el episodio, estaba por subirse a su bicicleta cuando Bess se le acercó, preguntando con ternura en su mirada: "¿Qué quiso decir esa chica?".

Obviamente, escuchó todo lo que dijo Joyce. "Nada, no me preguntes sobre eso", espetó su hija. Tal vez era el cansancio de los últimos días, o la prisa por irse al bar que la hizo casi perder los estribos.

Fuera lo que fuera, su respuesta entristeció un poco a Bess, que con lágrimas en los ojos, dijo: "Lo siento. No quise entrometerme en tu vida privada, es solo que me preocupo por ti".

Ante su llanto, la chica volvió en sí, por lo que intentó consolarla de inmediato: "Perdón, he estado de mal humor recientemente. Pero no tiene nada que ver contigo, no te lo tomes personal, por favor".

Por su experiencia, Bess se podía imaginar cuál era la situación actual de su hija tras escuchar las palabras de Joyce. Por lo que después de dudarlo por unos segundos, comentó: "Creo que lo mejor es que te concentres primero en tus estudios. Así, cuando alcances el éxito, podrás demostrarles de lo que eres capaz. No podemos negar el hecho de que el mundo es cruel a veces. Hay que entender que muchos jóvenes de familias ricas tienden a volverse prácticos cuando se trata del matrimonio, sin importar que amen a otra persona. Puedes tomarme como ejemplo de ello".

Después de escuchar a su mamá, Leona reflexionó sobre lo que le dijo para pronto darse cuenta de que tenía mucho sentido. De hecho, cuando aceptó a York en su vida, ella misma era consciente de que no tendrían un final feliz. Aun así sus sentimientos la cegaron, lo que la llevó a olvidarse temporalmente de la realidad.

Finalmente, Leona tomó una decisión. Concluyó que ya no se torturaría a sí misma. York había tomado su elección, así que ella también tenía que hacer lo mismo. No era sencillo, pero sabía que podía hacerlo.

Esa noche, una vez que culminó su turno en el trabajo, su teléfono sonó de repente con una llamada de un número desconocido. Se quedó viendo la pantalla dudosa, pero al final respondió. Allí, una muy ansiosa voz habló desde el otro extremo de la línea. "Leona, soy yo, York. ¿Estás en el bar? Por favor, espérame ahí. Tengo muchas cosas que contarte".

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