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   Capítulo 19 Un encuentro en el aeropuerto

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 8728

Actualizado: 2020-01-31 00:17


York acompañó a Leona a casa de la familia Ling. Ella le indicó al taxista que se dirigiera al camino de atrás. Mientras York esperaba en el taxi, la chica atravesó la pequeña puerta del patio trasero. Sabía que era seguro y que nadie la vería porque siempre iba por ahí cada vez que llegaba a casa por la noche. Como era de esperar, no tardó en llegar a su habitación. Una vez dentro, comenzó a empacar apresuradamente sus cosas.

Terminó en poco tiempo. La verdad era que no tenía muchas. Solo tomó un par de prendas, los documentos y las tarjetas de identificación. Antes de salir, Leona se volvió y echó un último vistazo. Esa habitación había sido su refugio durante diecinueve años. Tenía muchos recuerdos, aunque la mayoría de ellos no valía la pena recordarlos. Jonson y Cynthia nunca le habían dado la más mínima importancia. Puede que incluso ni notaran que se había ido. O en caso de que sí lo hicieran, quién sabe si se pondrían contentos.

La chica respiró hondo, se dio la vuelta y salió cautelosamente de la casa. Cuando volvió al taxi, el conductor puso en marcha el auto y se fue. Sentado en el asiento trasero con Leona, York tomó su bolso y manifestó de repente: "Ya no necesitas esta ropa. Vamos a comprar ropa nueva cuando lleguemos a nuestro destino".

Ella no pudo evitar sonrojarse por la vergüenza. Su novio había hurgado en su bolso y había visto su ropa vieja que no era de marca. Entonces, agarró su bolso y dijo: "Todavía se puede usar. No necesitamos derrochar dinero en ropa. Recuerda que estamos a punto de comenzar una nueva vida juntos. Deberíamos ahorrar". Leona tuvo una vida difícil, y sus principios y puntos de vista eran diferentes a los de York.

Ante ese comentario, él no le rebatió. El taxista los llevó al aeropuerto. Tan pronto como bajaron, el joven dijo: "¿Tienes tu pasaporte? Compraremos nuestros boletos de avión aquí. Veamos qué país tiene el primer vuelo. No importa a cuál vayamos. Lo más importante es irnos de aquí lo antes posible. Planearemos nuestro próximo movimiento cuando lleguemos al destino".

Fue entonces cuando Leona recordó que no tenía pasaporte. Ella nunca fue tratada como miembro de la familia Ling y nunca había ido al extranjero con ellos. Por lo tanto, no tuvo ningún motivo para sacarse el pasaporte en el pasado. "Yo-yo... No tengo pasaporte", tartamudeó ella.

Para sorpresa de Leona, York se dio una palmada en la frente y se reprendió por ser tan tonto. La chica tenía que ir a la escuela durante el día y trabajar en dos lugares diferentes por la noche. Era imposible que le quedara tiempo de viajar al extranjero. En ese momento, York se perdió en sus pensamientos. Como su novia no podía ir al extranjero, la única opción era viajar a otra ciudad. Era posible que sus padres ya lo estuvieran buscando. Definitivamente, no podían quedarse en esa ciudad ni un minuto más. "Está bien. Si no podemos ir al extranjero, vayamos a otra ciudad. Espérame aquí. Iré a comprar los boletos", dijo él.

Mientras tanto, Greg se bajó del avión que acababa de aterrizar. Estuvo en un viaje de negocios en Estados Unidos y regresó hoy. Con su traje habitual de Armani, cargaba una maleta de camino a la salida del aeropuerto. Destacaba entre la multitud y llamaba la atención de casi todas las mujeres por su apariencia: era alto, guapo y se veía espectacular.

Greg había estado tomando vuelos de ida y vuelta de la Ciudad C a los Estados Unidos para una asociación empresarial. Normalmente no necesitaba ir allí en persona. Pero surgieron algunos problemas en las obras en Estados Unidos y los trabajadores estaban en huelga. De modo que no tuvo más remedio que ir, a pesar de su apretada agenda.

Esta vez se quedó allí unos meses. Cuando al fin las cosas se solucionaron, pudo regresar a la Ciudad C. Mientras permaneció en EE.UU., Jasmine lo había llamado todos los días. Cada vez que lo hacía, él solía decirle solo un par de palabras y colgaba. La chica ya estaba bajo su control, así que no quería desperdiciar mucha energía reconfortándola.

De hecho, ni siquiera le avisó de que estaba de vuelta en la Ciudad C porque, sencillamente, no quería que lo molestara. El asistente de Greg estaba esperándolo en la salida. Tan pronto como lo vio, se acercó apresuradamente a él y le dijo: "Señor Wei, bienvenido. ¿Le gustaría ir directamente a la villa a descansar?".

"Va

yamos primero a la empresa", respondió este de inmediato. Siempre había sido una persona muy activa en su negocio y prefería hacer las cosas él mismo. De hecho, no confiaba en su asistente ni en sus empleados.

"Pero señor Wei, acaba de regresar de un largo viaje...". El asistente se calló al ver la mirada de su jefe. Conocía muy bien el temperamento de Greg, así que sabía que era mejor que se callara de inmediato. Después se limitó a seguirlo. El conductor ya había aparcado el auto en el estacionamiento fuera de la salida.

Mientras Greg salía, vio una figura familiar. Era una mujer joven que llevaba en la mano un pequeño bolso raído y miraba con inquietud a los transeúntes. La reconoció al instante, era la pequeña gatita salvaje de la familia Ling. El hombre frunció el ceño sin poder evitar preguntarse qué estaba haciendo allí.

Con esa pequeña bolsa en la mano, conjeturó que estaba huyendo. Pero con quién. Lo que sucedió en el bar aquel día pasó por la mente de Greg.

York ya había comprado los boletos y se dirigía a Leona a toda prisa. Llevaba un traje blanco, que contrastaba con la camiseta y los vaqueros gastados de la chica.

"Leona, compré dos boletos de avión para la Ciudad W. Iremos allí primero y luego te ayudaré a solicitar el pasaporte. Después de eso, podremos irnos al extranjero". York parecía inmensamente feliz. Estaba muy agradecido de que ella hubiera aceptado ir con él.

La decisión estaba tomada. No se casaría con otra mujer que no fuera Leona. Al principio, su plan era no apresurar las cosas entre ellos. Quería mostrarle poco a poco su lado bueno hasta que ella lo amara por completo y le fuera leal.

Sin embargo, las cosas no salieron como él quería. Teniendo en cuenta que sus padres intervinieron, no le quedó otra que convencer a su novia de que se fuera con él. El joven podía sentir que el amor de ella por él no era muy profundo, pero eso no importaba ahora. Mientras pudieran estar juntos, podría hacer que ella se enamorara más de él.

La intervención de los padres de York hizo que las cosas entre la pareja progresara muy rápido. La idea de vivir junto a ella llenaba su corazón de emoción. Nunca había estado tan emocionado en toda su vida.

Leona, por otro lado, seguía sintiendo que todo era muy surrealista. Al mirar los dos boletos que llevaba su novio en la mano, sintió un gran pesar. Aunque no encontraba un motivo para quedarse en la ciudad, era un poco reacia a irse.

En realidad, estaba preocupada por York. Provenía de una familia prestigiosa y era el futuro heredero del Grupo Zhao. Dejar la ciudad significaba que repudiaría a sus padres y su lujosa vida. York no estaba acostumbrado a pasar por dificultades. Nació con un pan bajo el brazo y era el joven amo de su casa. Ahora, sin el dinero de sus padres, se vería obligado a trabajar duro y ganar dinero por sí mismo. ¿Podría hacerlo?

Leona quiso asegurarse una última vez de que York estaba decidido. Ella debía confirmar que había tenido en cuenta todos los posibles problemas que se podrían presentar en el futuro antes de tomar la decisión. Si no, sería mejor que se quedaran y volvieran a sus vidas. La chica apretó suavemente los labios y lo miró. Luego dijo: "York, ¿estás seguro de esto? Salir de esta ciudad significa renunciar a todo lo que tenemos aquí. Estaremos por nuestra cuenta. Empezaremos a preocuparnos por la comida, la ropa, las facturas y otras cosas. Tendremos que hacer todo nosotros solos".

Con una mirada severa en su rostro, él tomó la mano de la chica y expuso con sinceridad: "Leona, no pienses que soy un joven rico que solo puede vivir de la riqueza de su familia, por favor. A partir de ahora usaré mis propias manos para ganar dinero. Trabajaré duro para que lleves una vida cómoda. Confía en mí. Sé que puedo hacerlo".

Al ver la seriedad en los ojos brillantes de York, ella disipó el último rastro de duda de su corazón y asintió. "Bueno. Vayamos entonces".

El joven llevó a Leona a la sala de espera para esperar su hora de embarque. Allí estuvieron charlando y riéndose un rato. Él hizo todo lo posible para que ella se olvidara de sus preocupaciones.

La chica, por su parte, trató de parecer tranquila. Sin embargo, se sentía incómoda en el fondo de su corazón. No sabía por qué, pero tenía el presentimiento de que algo desagradable estaba a punto de suceder.

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