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   Capítulo 24 Leona se escapó

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 7975

Actualizado: 2020-02-01 00:27


"Bueno, tengo una amplia colección de autos, así que no me importa si ensucias este. Cuando quiera puedo pedirle a alguien que nos traiga otro", dijo Greg.

En ese momento Leona lamentó lo que había dicho a causa de ese ataque de rabia. Sabiendo lo difícil que era ganarle a Greg, consideró que debió haberle dado un enfoque distinto. De todas formas, lo que importaba ahora era su seguridad, de modo que necesitaba hacer algo para mantenerse alejada de él. Y como ya había empezado a elaborar la excusa del baño, tenía que continuar con su acto. Por lo tanto, aunque estaba mortificada, continuó: "Por favor, realmente no puedo aguantar más. Sé que tienes la capacidad para poder comprar cuantos autos te provoque, pero no quiero que malgastes tu dinero por mi culpa. Vamos, solo dame un par de minutos. No tardaré demasiado, lo prometo".

Ante la súplica, Greg resopló, mirando el rostro lastimero de la chica. No debería dejarse engañar. Él creía firmemente que los hombres debían ser duros con las mujeres o estas nunca sabrían cómo comportarse. Aun así, asintió levemente para darle permiso a Leona de ir, por lo que la joven corrió al baño tan rápido como pudo. Tanto así, que hasta pudo haber superado sus récords de cuando corría en el equipo de atletismo. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció detrás de la puerta.

Greg le ordenó a Wayne, que estaba sentado a su lado: "Vigílala, si se llega a escapar, espero que no te atrevas a aparecer frente a mí jamás".

Al escucharlo Wayne hizo una mueca de desacuerdo. ¿Cómo podía un hombre como él pararse en la puerta de un baño de mujeres? 'Señor Wei, si hago eso, la gente va a pensar que soy un pervertido', pensó, sin decir ni una sola palabra. Tal como su jefe le ordenó, no tuvo más remedio que dirigirse hacia allá. Definitivamente la expresión en la cara de Greg hizo que su corazón se inquietara.

Por otro lado, apenas Leona entró al baño, le echó un vistazo a su alrededor buscando por dónde escapar. Si bien no había una puerta trasera, sí existía una pequeña ventana sobre su cabeza, a la que podía llegar si se paraba sobre el inodoro, posiblemente podría trepar.

Por ende, sin pensarlo dos veces, lo hizo. En vista de que la ventana estaba un poco alta, le costó alcanzarla. Adicionalmente, para su mala suerte, sus pies resbalaron y cayó al suelo. Estuvo a punto de gritar al el sentir un fuerte dolor en las caderas, pero no disponía de tiempo para preocuparse por eso, pues esta era su única oportunidad de huir, y si fallaba, estaría condenada.

Con esto en mente, Leona se armó de valor para ponerse de pie y volverlo a intentar. Tras caer unas cuatro veces, finalmente se subió con éxito. Allí, a pesar del dolor que sentía, saltó hacia el otro lado. Sabía que esta vez estaba más golpeada, pero eso era lo de menos siempre y cuando pudiera huir.

Una vez liberada del yugo de Greg, suspiró aliviada. Acto seguido, corrió a toda velocidad. Como ya era de noche, no era sencillo poder tomar un taxi fuera del aeropuerto.

Sin embargo, eso no impidió que huyera, ya que si no podía conseguir que alguien la sacara de ahí, tenía pies para correr. Luego, se sintió muy avergonzada por andar caminando a un lado de la carretera. No solo había llamado la atención de algunos transeúntes, también estaba muy nerviosa de que Greg pudiera pasar a su lado en cualquier momento.

De pronto, escuchó el ruido de un auto detrás de ella, por lo que instintivamente se apartó para evitar ser atropellada. Acto seguido, el conductor se detuvo a su lado para que un apuesto joven asomara la cabeza por la ventanilla. "¡Hola hermosa! ¿Qué haces caminando sola por aquí estas horas de la noche? Es peligroso, súbete y te llevo a dónde vayas".

Ante la oferta, Leona se negó haciendo un gesto con la mano. Obviamente sabía que no era seguro para ella ir sola por ahí, aun así, la presencia de este tipo la inquietaba todavía más. "Gracias por la oferta, pero estoy bien, gracias. Puedo caminar".

C

omo el casanova que era, el joven se sorprendió al ser rechazado por primera vez por una mujer. '¿No sabrá que está a decenas de kilómetros de la ciudad? Le va a tomar toda la noche llegar', pensó él.

Sin ganas de rendirse, el auto la siguió al tiempo que ella continuaba caminando. Luego, cuando las luces le permitieron verla mejor, el asombro se apoderó de él al darse cuenta de que era una cara conocida. "¿Leona?", dejó escapar.

Al escuchar su nombre, ella hizo una pausa para observarlo dubitativa, tratando de recordar si lo conocía. No obstante, realmente no podía asociar su rostro con nadie, lo que la llevó a preguntarse por qué sabía su nombre. "¿Quién eres tú?", dijo confundida.

"Mi nombre es Samuel Chi, soy el mejor amigo de York. Por eso te conozco, ¿a dónde vas? Vamos, yo te llevo, me puedes contar en el camino", dijo el chico, abriendo la puerta del lado del copiloto para que ella se subiera.

Entonces, al saber que se trataba del mejor amigo de York, finalmente se subió al auto sin ningún tipo de inhibición.

Seguidamente, Samuel pisó el acelerador para alejarse a gran velocidad. Estuvieron callados un rato hasta que el chico rompió el silencio. "No sé qué pasa con York. Hoy era su fiesta de compromiso, pero desapareció de repente. ¿Lo has visto? Me enteré de que Arthur lo tuvo encerrado un tiempo en el que ni siquiera a mí se me permitió verlo. Me tiene muy preocupado porque realmente no sé dónde está".

Leona de inmediato se mordió los labios, para no decirle que York planeaba huir con ella pero que fue atrapado por su padre. Tal vez era cierto que no estaban hechos el uno para el otro. De todos modos, Samuel no podía hacer nada para ayudarlos si le contara la situación.

"Por cierto, ¿qué estás haciendo aquí y ahora? Menos mal que yo venía del aeropuerto. De lo contrario, habrías tenido que caminar hasta mañana para llegar a la ciudad", le dijo el joven.

"Nada importante, es solo que una compañera se fue del país, entonces la acompañé para despedirla", respondió Leona distraídamente. Pensando en cómo le estaba yendo a York en ese instante.

Mientras tanto, Wayne seguía junto a la puerta del baño, asomando un poco la cabeza de vez en cuando para ver cómo estaba Leona. No hacía falta mencionar que tuvo que soportar las miradas de desprecio que le dirigían todas las mujeres que entraban y salían de allí. Incluso escuchó a dos de ellas susurrarse: "Este tipo es repugnante. ¿Qué hace espiando en el baño de mujeres? ¿Llamamos a la policía?".

Ante toda esa presión, el hombre se sintió tan avergonzado que no pudo evitar replicar: "Lo siento, señoras. Lo que pasa es que mi novia no se siente bien y me temo que se desmaye allí adentro. Solo estoy preocupado por ella, es por eso que estoy aquí parado".

Con ese intento de excusa, las mujeres se miraron obviamente confundidas, antes de voltearse a ver hacia el baño y decir con desprecio: "Ahí no hay nadie, mentiroso. Tendremos que llamar a la policía, pues quizás tengas malas intenciones".

"¿Qué? ¿No hay nadie adentro? ¡Eso es imposible! Mi novia entró hace un rato y aún no ha salido", exclamó Wayne, que empezó a sudar frío. Ya que si su jefe descubría que Leona había huido, definitivamente lo despellejaría vivo.

Por su parte, Greg comenzaba a aburrirse, pensando en que Leona ya llevaba mucho tiempo dentro del baño. Posteriormente, al ver a su empleado hablando con las dos mujeres, caminó hacia ellos para preguntar: "Wayne, ¿qué está pasando aquí?".

"Señor Wei, la señorita Ling desapareció. He estado monitoreando la puerta todo el tiempo y ella nunca salió. Sin embargo, ellas dos aseguran que no hay nadie allí dentro", balbuceó el hombre, incapaz de verlo a los ojos.

"Eso es imposible, ¿estás seguro de lo que dices?", espetó Greg mientras entraba al baño sin dudarlo. Ante la escena, las dos mujeres gritaron:

"¡Hay un hombre entrando al baño de mujeres!". Esta alarma inmediatamente atrajo mucha atención hacia el lugar.

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