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   Capítulo 25 Samuel

La dulzura de una noche Por María José Palabras: 9034

Actualizado: 2020-02-02 00:07


Ignorando el alboroto, Greg simplemente se apresuró a entrar al baño, con Wayne siguiéndolo muy avergonzado. Además, este último tampoco tenía tiempo para preocuparse por los gritos de las dos mujeres. De hecho, estaba preocupado por sí mismo. Ahora que Leona había desaparecido, no podía imaginar qué sería de él más tarde.

En ese instante, ayudó a su jefe a registrar todo el lugar, para comprobar que efectivamente no había nadie allí. Sin embargo, se dieron cuenta de la pequeña ventana sobre el inodoro y de las manchas que dejaron los zapatos de la chica sobre la tapa. Viendo esto, Greg adivinó de inmediato que esa fue su vía de escape, cosa que lo puso sumamente furioso, pues nadie se había atrevido a jugar con él de esa manera nunca antes. Se juró que Leona debía pagar por eso.

Entonces, mirando hacia el cielo a través de la ventana, dijo: "Está bastante oscuro, veamos qué tan lejos puede llegar". El hombre estaba seguro de que de cualquier manera, ella no tenía a dónde ir más que a la residencia de la familia Ling. Eso solo significaba que se volverían a ver muy pronto, y cuando llegara ese momento, definitivamente tomaría medidas.

Mientras tanto, la joven aún estaba muy nerviosa en el auto de Samuel. De modo que de vez en cuando miraba por espejo retrovisor temerosa de que Greg pudiera estar siguiéndolos.

Al darse cuenta de la situación, el chicho no pudo evitar levantar una ceja, al tiempo que la examinaba de arriba abajo, para notar finalmente que su cabello y su ropa estaban hechos un desastre. No fue hasta entonces que descubrió que Leona le mintió sobre su motivo para estar en el aeropuerto esa noche. Pero por más que quisiera preguntarle, no lo consideró apropiado. Honestamente prefería que ella le dijera la verdad sin presionarla.

Con esto en mente, Samuel condujo en silencio hasta que llegaron al centro de la ciudad, solo para descubrir que Leona se había quedado dormida para cuando él volteó a consultarle a dónde exactamente quería que la llevara. Allí, no pudo evitar observar fijamente su delicado rostro, parecía un adorable angelito durmiendo profundamente. Debía admitir que era una verdadera belleza, que aparte de ser muy hermosa, también lucía pura e inocente. Si bien él había estado con muchas mujeres, sentía que jamás había conocido a una como Leona. Sin duda sus conquistas siempre eran lobas disfrazadas de corderos.

En este punto podía entender que York se hubiera enamorado de ella. Ante este último pensamiento, Samuel suspiró. Ciertamente su amigo la adoraba, pero parecía que el destino no quería que estuvieran juntos. Él conocía muy bien a York y a su familia porque habían crecido juntos. Los Zhao eran muy ricos y poderosos, por lo que para York era imposible resistirse a lo que sus padres le pidieran que hiciera.

Incluso el propio Samuel también corrió con la misma suerte, pues sus padres ya habían decidido con quién iba a casarse por el bien de su compañía. Es por eso que intentó aprovechar al máximo su soltería, divirtiéndose con diferentes chicas. De todas maneras, casi todas las personas de alta sociedad sabían que muchas parejas adineradas tenían sus aventuras amorosas por fuera del matrimonio y no se entrometían.

Aún en el auto, Samuel se quitó el abrigo para cubrir a Leona con cuidado de no despertarla. Acto seguido, bajó las ventanillas y encendió un cigarrillo. El joven no tenía idea de dónde vivía ella, pero tampoco quería perturbar su sueño, así que solo esperaría a que abriera los ojos.

Pasado un rato, Leona finalmente despertó jadeando y sudando como si hubiera tenido una pesadilla. Eran pasadas las 12 de la noche cuando miró a su alrededor con el ceño fruncido al darse cuenta de que el entorno le resultaba extraño. Luego, volvió a cerrar los ojos, tratando de recordar todo lo que había sucedido. Fue así que se dio cuenta de que se había quedado dormida en el auto de Samuel.

Él de inmediato sintió sus movimientos, por lo que giró la cabeza para decir con una sonrisa: "Hola, qué bueno que despertaste".

Al escucharlo, la cara de Leona se sonrojó instantáneamente, regañándose a sí misma por haberse dormido allí. La avergonzaba pensar que quizás él tenía algo más que hacer y que le causó problemas al hacerlo esperar que se despertara. "Lo siento mucho. Debiste despertarme", dijo con suavidad. La joven estaba muy agotada por no haber dormido bien los últimos días, por eso cayó como un tronco sin importar que estuviera dentro de un auto.

"¿Por favor, cómo podría un cab

allero como yo interrumpir el dulce sueño de la bella durmiente?", bromeó. Sin embargo, al notar que estaba tan roja como un tomate, agregó: "Está bien, no me burlaré de ti. Dime dónde vives para poder llevarte".

En la medida de lo posible, ella no quería que Samuel supiera que era una miembro de la familia Ling. No obstante, casi era la una de la mañana y no tenía idea de dónde estaba. Adicionalmente, en vista de que vivía en una zona residencial privada, no habían autobuses que llegaran hasta allá. Entonces, sin más remedio, tuvo que darle su dirección.

Al escucharla, Samuel arqueó las cejas asombrado. "¿Tú vives ahí? Sólo los ricos pueden permitirse tener villas en ese lugar", exclamó con incredulidad. Al igual que York, él tampoco esperaba que Leona perteneciera a una familia acomodada. A decir verdad, la chica había ocultado bastante bien su identidad. Y es que, ¿quién no se sorprendería? Leona tenía dos trabajos nocturnos, por lo que cualquiera creería que provenía de una familia pobre. Nadie se habría imaginado que viviera en un lugar tan lujoso.

Por fortuna, la joven tuvo la suficiente rapidez mental como para inventar una historia. Así que de la nada sacó que era hija de una de las domésticas, y que en realidad vivía con su madre en el barrio de los sirvientes. Samuel creyó de inmediato esa explicación, mientras ella le indicaba que la dejara en la puerta trasera para no molestar a nadie.

Allí, Leona sacó las llaves de su bolso para entrar por la pequeña puerta. Sinceramente estaba bastante familiarizada con esa parte de la villa porque esa era su rutina cada vez que volvía a casa del trabajo. De hecho, la única diferencia era que en esta oportunidad no llegó en su bicicleta porque la había dejado en el bar cuando York fue por ella. Pasaría buscándola la mañana siguiente.

Por otro lado, después de asegurarse de que Leona realmente se había escapado, Greg regresó a su auto enfadado, tanto así, que condujo a toda velocidad para salir del aeropuerto. Incluso Wayne y el chofer, que tuvieron que subirse al otro auto, se quedaron muy atrás. Greg estaba seguro de que Leona regresaría a la residencia de la familia Ling, así que fue directamente hasta allí.

Al llegar, uno de los sirvientes le abrió la puerta e inmediatamente informó a Jonson, que todavía estaba despierto.

Cynthia y Jasmine también bajaron las escaleras cuando se enteraron que Greg estaba allí, por lo que los tres se sentaron frente a él escrupulosamente. Totalmente adrede, Jasmine vestía un pijama traslúcido que hacía que su perfecta figura fuera parcialmente visible para el hombre.

"¿Qué te trae por aquí a esta hora? Debiste haber llamado antes, así habríamos preparado algo para ti", dijo Jonson. Era obvio que Greg acababa de bajar del avión, por lo que este estaba encantado al pensar que se preocupaba tanto por Jasmine. Debió haberla extrañado mucho para haber ido a visitarla justo después de aterrizar. Con esto dando vueltas en su cabeza, Jonson no pudo evitar pensar que la pareja se casaría antes de lo esperado.

"Oh, Greg, ¿acabas de bajar del avión? Sé que la comida allí no es tan deliciosa como la casera. Ya vuelvo, les pediré a los sirvientes que te cocinen algo delicioso", dijo Cynthia, al tiempo que se levantaba para dirigirse a la cocina. En seguida, les ordenó a los cocineros que prepararan rápidamente la cena para Greg mientras ella supervisaba.

En ese instante, Jasmine también se levantó y se sentó junto a su prometido, mirándolo tímidamente, esperando que él notara su cuerpo de ensueño. De no ser así, la ropa que usaba sería en vano.

Luego, trató de verse lo más bella y seductora posible cuando agarró la taza de té que les llevó uno de los empleados, antes de decir: "Ya que acabas de llegar, ¿por qué no tomas un descanso? Te despertaré cuando la cena esté lista". Aunque fingió verse tranquila, su corazón estaba rebosante de alegría.

Ante la sugerencia, él solo frunció ligeramente el ceño sin decir nada, podía percibir el irritante perfume de la mujer. Cómo odiaba a las mujeres que usaban perfume. Unos segundos después, silenciosamente tomó un sorbo de té mientras sus ojos recorrían secretamente el patio trasero.

Sabía bien que esa era la ruta habitual de Leona, incluso parecía que su habitación también estaba en esa área. Así que después de la cena, se puso de pie y se excusó, diciendo que necesitaba hacer una llamada telefónica, de modo que caminó hacia el sitio antes mencionado para inspeccionar más de cerca.

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