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   Capítulo 5 Fiebre

Finalmente Te Encontré Por Qing Han Palabras: 12496

Actualizado: 2020-04-27 00:08


Tomando en cuenta que a Ashley recientemente le habían pasado muchas cosas, Ellie decidió tomarse unos días de descanso para hacerle compañía.

A la mañana siguiente, esta última se levantó temprano, y sin despertar a su amiga, cocinó gachas de arroz.

Salió a trotar un rato por los alrededores del barrio para despertar sus sentidos; el aroma y la sensación de un nuevo día refrescaron tanto a ella como a su espíritu. Antes de regresar a casa, tomó un desvío a su tienda favorita para comprar dos botellas de leche de soya y varios bollos rellenos al vapor junto con algunos churros fritos. 'Esta es la comida favorita de Ashley', pensó para sí misma, a quien además le daba gracia el gusto culinario de su mejor amiga. Con varias bolsas de plástico en la mano, se dirigió hacia su casa.

Al llegar, respiró hondo, dado que esperaba que Ashley ya estuviera despierta considerando que ya había pasado un buen rato afuera; sin embargo, ese no fue el caso. Con una expresión de resignación, Ellie sacudió la cabeza y entró en la habitación de su mejor amiga.

"Ash, levántate", le susurró con entusiasmo mientras se ponía de cuclillas y se sentó en el borde de la cama. "Hice tus gachas favoritas", continuó Ellie mientras empujaba a la chica que seguía dormida. El magnífico aroma de la comida llenaba el aire de toda la casa.

"¡Qué bien!", respondió Ashley con una voz nasal. Todo su cuerpo estaba envuelto fuertemente con una colcha, y era evidente que todavía no estaba del todo despierta.

Ellie no pudo evitar pensar que esta escena era divertida. '¿Por qué de repente y tras lo que sucedió anoche, ha estado actuando de una manera tan infantil?', se preguntó ella.

Sin embargo, a pesar de que todo esto le daba mucha gracia, quería que Ashley ya se levantara, dado que las gachas que le había preparado se estaban enfriando. La empujó varias veces, pero ella no reaccionó; parecía que no tenía ganas de moverse. Ellie tuvo el presentimiento de que algo andaba mal con su amiga, así que decidió quitarle la colcha y destaparla.

"¡Ashley, tu cara está muy roja!", exclamó ella en cuanto la vio, y rápidamente tocó su frente. "¡Y aparte estás ardiendo! ¡¿Qué está pasando?!".

El pánico de inmediato se apoderó de todo el lugar. '¿Cómo voy a llevarla sola al hospital?', pensó Ellie con ansiedad.

Hasta donde podía recordar, ella y Ashley siempre habían estado juntas, y nadie más se había involucrado en sus vidas; en consecuencia, no tenían otros amigos. Completamente desconcertada y sin la más remota idea de qué hacer, Ellie se mordió el labio, sacó su teléfono y marcó el número de Raymond.

Desde el otro lado de la línea, él contestó la llamada rápidamente. "Raymond, necesito que vengas rápido. ¡Ash está muy enferma!", dijo ella en un santiamén, con la preocupación reflejada en toda su cara.

Pasaron varios segundos, pero el hombre al otro lado de la línea aún no había respondido, lo que provocó que Ellie creyera que quizás le había llamado a la persona equivocada. Con una expresión de incredulidad, revisó la pantalla y vio que sí estaba llamando al número de Raymond.

'¿Qué demonios?', pensó Ellie. '¿Qué le pasa a este tipo?', el pánico que sentía rápidamente se convirtió en ira. Cuando estaba a punto de colgar el teléfono, escuchó que desde el otro lado de la línea una mujer reía con desprecio, y con un tono sarcástico, la mujer habló de manera burlona: "¿Qué? ¿Ashley está enferma?", la mujer dejó escapar una risa siniestra y continuó: "Entonces deberías llevarla al médico. ¿Por qué le llamaste a Raymond? ¡Él no es médico!".

Ellie nunca esperó que Lena contestara el teléfono, pero al percibir de inmediato el tono despectivo y sarcástico con el que habló, lamentó su decisión y se sintió avergonzada. Después de una larga pausa, Ellie pudo armarse de valor para volver a hablar, y con voz débil y temblorosa, se disculpó: "Lo siento mucho. ¡Adiós!".

"Oye, espera", dijo Lena.

"¿Sí?", respondió Ellie, quien seguía sosteniendo su teléfono.

"No vuelvas a llamar a Raymond. Y otra cosa, por favor, mantente alejada de él. Es un hombre que acaba de comprometerse, entonces, si sigues haciendo esto y vuelves a ponerte en contacto con él, eso me hará enfadar mucho".

Si bien Ellie en ningún momento esperaba que Lena hablara con amabilidad y dijera cosas agradables, aun así sus amenazas la dejaron sin palabras. '¿Acaso ella cree que yo quería llamar a Raymond? ¡Realmente es la última persona en este mundo a la que querría pedirle ayuda!', espetó ella por dentro, y antes de que pudiera decirle a Lena lo que en verdad pensaba, esta última colgó la llamada, por lo que Ellie no pudo hacer nada más que concentrar toda su furia en un puño que formó con su mano; el enojo que estaba sintiendo la hizo querer arrojar el teléfono al suelo.

De repente, escuchó que alguien llamó a la puerta, así que Ellie corrió rápidamente hacia la entrada y la abrió. Afuera se encontraban dos hombres vestidos con trajes muy formales. Mirándolos con asombro, ella analizó a los extraños y después preguntó confundida: "Mmm, lo siento, pero ¿quiénes son ustedes?".

"Hola, amable dama. ¿Nos podría decir si la señorita Mu se encuentra en casa?", preguntó uno de ellos, Johnny Cheng, quien portaba una sonrisa amistosa.

Desconcertada, Ellie asintió con la cabeza y preguntó: "¿Y qué asunto desean consultar con ella?".

"Mi jefe quería verla", tras decir esto, Johnny Cheng se movió hacia un costado para abrirle paso al hombre que se encontraba detrás de él.

El hombre que dio un paso adelante medía aproximadamente un metro con ochenta y ocho centímetros de altura; la autoridad que emanaba era sobrecogedora e imponente. 'Tal vez se deba a su traje negro de tres piezas', pensó Ellie mientras tragaba saliva.

El hombre tenía un cabello negro y sedoso, con un estilo alborotado. Además, fue bendecido con un rostro encantador y libre de imperfecciones, con el cual podía atraer la atención de mujeres de todas las edades. Las personas que llegaban a hacer contacto visual con él, definitivamente quedaban perdidas en sus brillantes y penetrantes ojos. Por último, también notó que tenía los labios delgados y sensuales.

Ellie rápidamente lo estudió de arriba abajo, llega

ndo a la conclusión de que no era un hombre común y corriente, ya que él irradiaba cierto aire de nobleza y elegancia.

'¿Cuándo fue que Ash conoció a este tipo?', se preguntó ella internamente.

"Lo siento", comentó Ellie mientras les mostraba a los dos hombres la mejor sonrisa cordial que pudo formar. "No puedo dejarlos entrar. Hoy Ash no está pasando por un buen momento y no puede recibirlos", mientras hablaba, sus labios comenzaron a temblar: "Si hay algo importante que necesiten revisar con ella, por favor, vengan otro día", para enfatizar aún más su cortesía, Ellie amplió su sonrisa. 'Estos dos definitivamente pueden esperar', pensó ella. 'Como Ashley está enferma y postrada en cama, no está de humor para atender a estos dos extraños'. En su mente, Ellie ya había planeado cómo iba a llevar a Ashley al hospital para que recibiera el tratamiento correspondiente. Después de que pasaran algunos segundos, Ellie interpretó el silencio de los hombres como una señal de que habían accedido y se irían, así que siguió con su plan y comenzó a cerrar la puerta; sin embargo, justo cuando estaba a punto de hacerlo, el imponente hombre irrumpió en la casa.

"¡Oh, rayos! ¡¿Qué está haciendo?!", le gritó al hombre mientras se ponía en estado de alerta y corría hacia el hombre para intentar detenerlo, pero Johnny Cheng se paró frente a ella y le bloqueó el paso.

"Por favor, no se preocupe", comentó Johnny sin siquiera voltear la mirada a Ellie. "¡Mi jefe no lastimará a la señorita Mu!". Por muy tranquilizadoras que pudieran sonar sus palabras, la chica seguía viéndose muy nerviosa.

De hecho, él también se sorprendió al ver a su jefe comportarse de una manera tan grosera. 'Esta chica nos pidió que nos fuéramos, pero él irrumpió en la casa sin que ella le diera permiso', pensó Johnny mientras suspiraba internamente, ya que era la primera vez que veía a su jefe actuar de esta manera. Hoy le había ordenado que dejara su trabajo para investigar a una mujer, por lo que después de averiguar la dirección de esta persona, le proporcionó la información a su jefe. Entonces, Andrew le mandó que lo llevara allí, así que lo trajo a este lugar de inmediato.

"¡Ash está enferma!", gritó Ellie con desesperación, y con todas sus fuerzas que pudo reunir, empujó a Johnny a un lado y corrió rápidamente hacia la habitación de Ashley.

'¿Qué?

¿La chica se enfermó?', exclamó Johnny en silencio.

'Oh, eso no es bueno', decidiendo que era lo mejor, dejó que Ellie siguiera a Andrew al lugar adonde este último se dirigía.

Ellie lo halló agachado a un lado de su amiga, la cual seguía durmiendo. Con los ojos fijos en la cara enrojecida de Ashley, Andrew rápidamente se dio cuenta de que algo andaba mal con ella, y mientras se mordía el labio inferior, preguntó en voz baja: "¿Qué le pasa a ella?".

"Ash tiene fiebre. ¿Podría ayudarme a llevarla al hospital?", respondió Ellie con un semblante que reflejaba su preocupación.

Al escuchar esto, Andrew de inmediato cargó a la paciente y la sostenía contra su pecho. "Trae el auto y llama al hospital para avisarles. ¡Vamos para allá!", le ordenó a su asistente mientras lo miraba con seriedad.

Era la primera vez que Johnny veía a su jefe invadido por el pánico. Por curiosidad, le echó un vistazo a la chica que Andrew llevaba en brazos. 'Ella es hermosa', pensó él, quien de alguna manera entendió por qué su jefe estaba actuando de esta manera. Cuando este último salió de la habitación, Johnny corrió hacia el exterior de la casa para preparar el auto.

Ellie tomó su teléfono celular y su bolso para acompañar a los dos hombres;

en cuanto subió al auto, fueron a toda prisa hacia el hospital.

"¡Apresúrate!", le ordenó Andrew a Johnny con una voz tan helada que podría congelar el aire dentro del auto.

El asistente puso una expresión de impotencia: 'Jefe, ya estoy manejando a la máxima velocidad posible', se quejó él desde lo más profundo de su corazón. '¿Que no ha visto que ya nos viene persiguiendo la policía de tránsito?', continuó en su mente sin decir ni una sola palabra, ya que por mucho que quisiera expresar su opinión, no tenía las agallas para hacerlo.

En el hospital, un grupo de médicos e incluso el director del hospital ya los estaban esperando, y en el momento en que llegaron, todos acudieron con Andrew.

"¡Señor Lu!", dijeron todos al unísono.

...

...

Había tanta gente que Ellie ya no pudo seguir acompañando a Andrew.

En un movimiento rápido, este último llevó a Ashley a una sala VIP, colocándola con mucho cuidado sobre una cama, y sin apartar los ojos de la paciente, ordenó con una voz ausente de sentimientos: "¡Revísenla!".

Esta fue la primera vez que los médicos presentes vieron a Andrew preocuparse tanto por alguien, y que era más inusual al tratarse de una mujer.

Al instante, uno de los médicos tomó la iniciativa y examinó a la paciente con detenimiento;

mientras trabajaba, el médico podía sentir la mirada asesina de Andrew. Después de terminar su chequeo, se limpió el sudor de la frente con nerviosismo: "Señor Lu, la paciente tiene fiebre; sin embargo, no hay que preocuparse, ya que definitivamente se aliviará", dijo él con cautela.

"Mmm", respondió Andrew fríamente, sin ninguna expresión facial.

Una enfermera se acercó a Ashley para aplicarle una inyección, pero no logró hacerlo debido a que la chica movió su mano, provocando que la aguja rasgara su piel y varias gotas de sangre se derramaran.

Al ver la sangre escurriendo por la blanca y suave piel del brazo de Ashley, Andrew se puso furioso, y con una expresión que reflejaba su ira, pateó una silla. Fulminando con la mirada a la enfermera, resopló: "¡¿Qué demonios te pasa?!".

La inocente enfermera estaba tan asustada por su reacción, que su mano comenzó a temblar y volvió a causar todo un desastre por todo el lugar;

al sentir la mirada aterradora de Andrew, ella estaba tan asustada que incluso tenía ganas de llorar. Por mucho que quisiera terminar su labor, ni siquiera podía mover su mano, dado que temía que volviera a cometer otro error.

Entonces, un médico experimentado decidió socorrer a la pobre enfermera, y después de quitarle la jeringa, le aplicó la inyección a la paciente.

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