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   Capítulo 27 Su apartamento

Finalmente Te Encontré Por Tatiana Palabras: 9581

Actualizado: 2020-05-11 00:11


Andrew conocía esa reacción lo suficientemente bien como para no mentirse a sí mismo. Cualquier hombre que pasara por la misma situación habría reaccionado de manera similar. Si bien su respuesta era la esperada, su corazón contaba una historia diferente.

Bien podría haber sido la primera vez y aún así lo habría tomado por sorpresa.

Siempre era él quien era frío y distante, especialmente cuando se trataba de mujeres que intentaban seducirlo, que intentaban llegar a él. Siempre era él quien las frenaba, pero nunca esperó encontrarse con una mujer a la que no pudiera resistirse.

Después de todo, aquella era una nueva experiencia para Andrew. ¿Habría algo de malo si se dejaba llevar por la curiosidad esta vez? Quería ceder.

Después de apoyarse en su pecho, Ashley asintió con la cabeza a Andrew y lo miró a los ojos, gritándole con un ceño fruncido muy encantador y seductor: "¡Es ruidoso!".

No podía evitarlo. La voz suave, sexy y alegre de Ashley parecía seducirlo aún más.

Andrew nunca la había visto así. Era una chica tan entrañable que lo estaba excitando mucho. Sentía que su corazón se le iba a salir del pecho, el momento era el correcto y apostaba que ella también se sentiría bien.

Los húmedos labios de la chica parecían un imán, era todo lo que Andrew podía ver. Ansiaba presionar sus labios contra los de ella, probar aquella dulce boca que tanto deseaba.

Se preguntaba si todavía se sentirían iguales.

Andrew deseaba poseerla de nuevo. Después de aquel momento que habían compartido en el hotel, Andrew sabía que quería más.

Acarició la cara de Ashley. Quería sentir las curvas que delineaban su semblante inocente pero juguetón. Respiró hondo y se tranquilizó. ¿En qué estaba pensando? No podía dejar que sus sentimientos se apoderaran de él.

Inquieta, Ashley se acercó más a los brazos de Andrew. Estaba mareada por el alcohol y el sonido parecía ahogar sus pensamientos por completo.

Se acercó, aferrándose al cuerpo del hombre, tratando de detener el sonido que se cernía sobre la noche, el latido de su corazón.

Luchaba contra el licor y el ruido ensordecedor al tiempo que la hacían sonrojarse. El tono rosado de sus mejillas y sus ojos seductores atrajeron la atención de Andrew y desviaron su atención de sus labios a su rostro. Andrew se dio cuenta de lo bella y sexy que se volvía cuando se emborrachaba.

Haciendo todo lo posible para luchar contra sus emociones, Ashley se apretó más a él, creyendo que así podría detener el sonido.

Pero este seguía allí, con su ritmo, clamando, tronando y resonando. La chica sentía que su cuerpo reverberaba en respuesta

y él parecía haber sentido lo mismo. Se estremecía ante la sensación de las manos de Ashley presionadas tan cerca, contra él. Su cuerpo anhelaba corresponder. Su cuerpo y alma parecían estar bajo el hechizo de los dedos de Ashley.

Ambos salieron de Harkim, la brisa fría del verano les trajo consuelo de lo que de otra forma sería una noche caliente de pasión.

Levantando la cabeza, la sensación del aire frío pareció darle ánimo a Ashley, quien sonrió sin siquiera darse cuenta. Su cara no podía ocultarlo. Su sonrisa llamó nuevamente la atención de Andrew.

Aunque el hombre había estado obsesionado con ella todo ese tiempo, ese momento parecía haber sido el definitivo.

Mientras Andrew quería hacer que el momento durara, sabía que era hora de irse.

La llevó al área de estacionamiento, la condujo a su auto y se preparó para dejarla entrar. Había sido una noche maravillosa, más de lo que Andrew hubiera podido imaginar o pedir. No siempre podía estar con la mujer que deseaba, una mujer como Ashley. De repente, sintió una resistencia en su manga.

Inconscientemente, ella parecía haber agarrado su camisa, su expresión mostraba claramente que no estaba lista para que él se fuera. Andrew estaba feliz de que la noche no hubiera terminado, así que le dio unas palmaditas en la cabeza, y se dirigió al asiento del conductor, sentándose al lado de Ashley.

No le importaba conducir con una sola mano en el volante, mientras que la otra sostuviera algo que él quisiera tanto. Con una mano en el volante y la otra envuelta alrededor de Ashley, la condujo fuera del estacionamiento.

Ashley miró a Andrew con atención, con propósito, con pasión.

Fue muy oportuno que Johnny no estuviera presente para ser testigo de la escena.

Andrew estaba seguro de que su empleado lo habría juzgado si hubiera sabido que había decidido, sin ninguna duda, llevar a Ashley a su propio apartamento en lugar de llevarla al de ella.

Él le había dicho a Andrew que la llevara a casa.

Y claramente había malinterpretado lo que había dicho.

Ya que Johnny se había referido a que debía llevar a la chica a su propia casa y no a la de él, y

Andrew fue tan desvergonzado que se llevó a Ashley a su propio apartamento.

Mientras conducía por la familiar avenida, Andrew se veía feliz pasando por los carriles habituales y conduciendo a un lugar que conocía bien: el Palacio Dorado.

El motor se detuvo, las luces se apagaron y todo lo que quedaba era la pálida luz de la luna que brillaba en la cara de Ashley. Estaba profundamente dormida, tranquila y seguía siendo igual de hermosa. Andrew respiró aliviado.

Pasó unos minutos más observando su cara y luego, finalmente la tomó en sus brazos y la llevó a su apartamento.

Cuando llegaron al piso, Andrew abrió la puerta con cuidado y delicadeza. La entrada daba paso a un área grande y espaciosa, sencilla, de diseño minimalista, el ejemplo perfecto de la casa de un hombre soltero.

Con solo unos cuantos artículos aquí y allá, el apartamento de Andrew era rudimentariamente hermoso. Un clásico piso europeo que solo tenía los artículos indispensables.

La sala de estar tenía pocos muebles y una gran televisión en el centro. Todo era blanco o negro, demostrando la obsesión del hombre por cosas que eran simples pero sofisticadas, mientras que los tonos hacían que el apartamento se viera apagado y oscuro.

Andrew amaba cómo se veía su departamento, cómo se sentía vivir en él. Pero, en un repentino golpe de comprensión, se dio cuenta de que le faltaba algo.

No estaba seguro, tal vez todo había cambiado debido a Ashley. Había algo en ella, que con simplemente estar cerca, lo hacía sentir muy feliz.

Después de encontrarse sumido en sus pensamientos, se sacudió la idea y llevó a Ashley adentro. Subieron a la habitación de Andrew, donde la acostó en su cama.

La fisonomía de su apartamento ahora emanaba paz y serenidad. Ella continuaba profundamente dormida. Andrew la miró y se sintió tranquilo.

Sus amigos se habrían sorprendido al ver la expresión de su rostro.

Que Andrew se enamorara era algo que valía la pena presenciar.

Había olvidado lo obsesivo que se volvía cuando estaba con ella. Por lo general, mostraba una gran atención a los detalles, la limpieza y el orden, pero se volvía diferente en presencia de la chica.

De repente pensó en Johnny y en cómo este solía ayudarlo a repeler a las mujeres que no le gustaban.

Andrew parecía imposible de tratar, siempre molesto cuando los demás cambiaban el orden perfecto de sus artículos. Odiaba el olor a perfume fuerte de algunas mujeres, y no quería que nadie tocara sus cosas.

Pero Ashley era diferente. Era delicada y gentil, e incluso llevaba el más sutil aroma.

Para Andrew, un olor fuerte y sugerente era algo insoportable, más aún cuando este podía permanecer en su cama. Pero con Ashley acostada en su cama, todo parecía ser cosa del pasado.

Como era tan obsesionado con mantenerse limpio a sí mismo y a su habitación, incluso los miembros de su familia tenían que pedir permiso antes de entrar en ella.

Ashley, por otro lado, era una excepción.

Había estado cerca de ella por un momento y el olor a vino se había impregnado en él lentamente.

Normalmente, Andrew tendría que haber eliminado de inmediato el olor deshaciéndose de su camisa y yendo rápidamente al baño para ducharse y quitarse el desagradable aroma.

Pero en ese momento, no podía soportar irse y mucho menos mover un músculo y arriesgarse a despertarla.

Sin poder apartar los ojos de ella, se quedó allí congelado. El baño estaba a solo unos pasos de su cama, pero perder un tiempo precioso lejos de ella sería insoportable.

Parecía que no iba a poder tolerar el olor por mucho tiempo. así que Andrew se alejó para relajarse. Se metió en el baño para cambiarse y tomar una ducha.

Cuando salió con solo una toalla atada a su cintura, estaba goteando agua de su cabello.

Tenía el cuerpo de un atleta, un físico que era rival de las antiguas estatuas griegas. Su rostro, cincelado a la perfección, hacía que cualquier mujer se rindiera fácilmente y se enamorara de él en cualquier momento.

Tenía una figura madura y esculpida que representaba al macho alfa.

Andrew amaba entrenar. Con frecuencia hacía ejercicio y sus piernas lo mostraban.

Se acercó con cuidado a Ashley y se dio cuenta de que el olor a vino en su ropa, en su cuerpo, no era tan malo. Recordaba la buena y sutil personalidad de la chica, haciendo que el inquietante aroma comenzara a menguar.

Mientras estaba allí, mirándola, comenzó a hundirse nuevamente en el cautivador trance. La aversión ya no era una opción.

Andrew vio la ropa de Ashley, manchada y sucia. Quería cambiarla por otras nuevas, así que se dirigió hacia su armario. Sin pensar en lo que sucedería después de ver lo que había debajo de su ropa.

No hizo caso. Todo lo que quería era hacer que Ashley se sintiera cómoda.

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