MoboReader> Ciencia Ficción > Cuando los administradores de sistema gobernaron la Tierra

   Clásico 2 No.2

Cuando los administradores de sistema gobernaron la Tierra By Cory Doctorow Palabras: 8108

Updated: 2018-11-14 00:03


-Ni siquiera son PEETYS esta vez -dijo Van. Problema Existente Entre Teclado y Silla. Los troyanos de correo electrónico estaban en esa categoría… si las personas fueran lo bastante listas para no abrir adjuntos sospechosos, los troyanos de correo electrónico serían cosa del pasado. Pero los gusanos que comían los ruteadores Cisco no eran un problema de los usuarios… eran por culpa de ingenieros incompetentes.

-No, es culpa de Microsoft -dijo Felix-. Cada vez que me veo trabajando a las dos de la mañana o es PEETYS o es Microsloth.

***

Terminaron desconectando los putos ruteadores de Internet. No Felix, por supuesto, aunque se estaba muriendo por hacerlo y reiniciarlos después de cerrar sus interfaces IPv6. Lo hicieron dos bastardos tecnicuchos operadores del infierno que tuvieron que girar dos llaves al mismo tiempo para acceder a su celda, como si fuesen guardias de un silo de misiles. El noventa y cinco por ciento del tráfico de larga distancia de Canadá pasaba a través de ese edificio. Tenía mejor seguridad que la mayoría de las bases de misiles.

Felix y Van pusieron de vuelta en línea sus gabinetes Ardent simultáneamente. Estaban recibiendo el bombardeo de los muestreos del gusano; al poner los ruteadores de nuevo en línea directa exponían a las celdas que seguían en la red a continuación de esas. Todas las cajas en Internet estaban inundadas de copias del gusano, o estaban creando ataques de gusano, o ambas cosas. Felix logró llegar a NIST[5] y a Bugtraq[6] luego de unas cien interrupciones, y descargó algunos parches de kernel que reducirían la carga que le causaban los gusanos a las computadoras a su cargo. Eran las diez de la mañana, y estaba bastante hambriento como para comerse el trasero de un oso muerto, pero recompiló los programas de sus núcleos y puso las computadoras otra vez en línea. Los largos dedos de Van volaban sobre el teclado de administración, sacando la lengua mientras ponía instrucciones de carga en cada máquina.

-Greedo tenía doscientos días de servicio -dijo Van. Greedo era el servidor más viejo del soporte, de la época en que les ponían a las cajas los nombres de los personajes de Star Wars. Ahora les ponían nombres de pitufos, y como se estaban quedando sin pitufos habían empezado a usar los nombres de McDonald, comenzando con la laptop de Van, McCheese Gigante.

-Greedo renacerá -dijo Felix-. Tengo una 486 allá abajo con más de cinco años de servicio. Me va a romper el corazón reiniciarla.

-¿Para qué eterna mierda usas una 486?

-Para nada. ¿Pero quién apaga una máquina luego de un servicio de cinco años? Es como hacerle eutanasia a tu abuela.

-Me voy a comer -dijo Van.

-¿Sabes qué? -dijo Felix-. Activaremos tu caja, luego la mía, entonces te llevaré a Lakeview Lunch a desayunar pizzas, y luego puedes tomarte el resto del día libre.

-Vale -dijo Van-. Hombre, eres demasiado bueno con nosotros los peones. Deberías meternos en un hoyo y golpearnos, como todos los otros jefes. Es todo lo que nos merecemos.

***

-Tu teléfono -dijo Van.

Felix se apartó de las tripas de la 486, que se había negado rotundamente a encender. Había rapiñado una fuente de repuesto a unos tipos que hacían una operación antispam y estaba tratando de colocarla. Dejó que Van le pasara el teléfono, que se había caído de su cinturón mientras se retorcía para llegar a la parte posterior de la máquina.

-Hey, Kel -dijo. Se escuchaba un extraño resoplido al fondo. ¿Estática, tal vez? ¿2.0 chapoteando en el baño?-. ¿Kelly?

La línea quedó en silencio. Trató de devolver la llamada, pero no consiguió nada; ni sonido ni correo de voz. Su teléfono llegó al tiempo máximo y mostró un cartelito: ERROR DE LA RED.

-Maldita sea -dijo con suavidad. Sujetó el teléfono a su cinturón. Kelly quería saber cuándo volvía a casa, o quería que recogiera algo para la familia. Le habría dejado un mensaje hablado.

Estaba probando la fuente de la computadora cuando su teléfono volvió a sonar. Lo tomó y respondió.

-Kelly, hey, ¿qué sucede?

MoboReader, bring tons of novels with you.
Free toDescargar Manobook

Procuró evitar un tono que sonara a irritación en su voz. Se sentía culpable: hablando en sentido técnico, había terminado sus obligaciones con Ardent Financial LLC en cuanto los servidores Ardent estuvieron de nuevo en línea. Las tres horas siguientes habían sido puramente personales; aunque pensara facturárselas a la compañía.

Escuchó un sollozo en la línea.

-¿Kelly? -Sintió que la sangre se le iba de la cara y los dedos de los pies.

-Felix -dijo, de modo apenas comprensible entre los sollozos-. Está muerto, oh, Jesús, está muerto.

-¿Quién? ¿Quién, Kelly?

-Will -dijo.

¿Will?, pensó. Quién demonios es… Cayó de rodillas. William era el nombre que habían escrito en la partida de nacimiento, aunque siempre lo habían llamado 2.0. Felix hizo un sonido de angustia, como un ladrido enfermo.

-Estoy enferma -dijo ella-, ya ni siquiera puedo estar de pie. Oh, Felix. Te amo tanto.

-¿Kelly? ¿Qué está ocurriendo?

-Todos, todos… -dijo-. En la tele hay sólo dos canales. Cristo, Felix, parece la noche de todos los muertos en una ventana… -Escuchó su arcada. El teléfono empezó a fallar, repitiendo los ruidos de su vómito como un eco.

-Quédate allí, Kelly -gritó mientras la línea moría. Marcó el 911, pero el teléfono dijo ERROR DE LA RED una y otra vez tan pronto tocaba ENVIAR.

Tomó la McCheese Gigante de Van y la enchufó en el cable de red de la 486, entró en el Firefox por la línea de comandos y buscó el sitio de la Policía Metropolitana. Con rapidez, sin desesperarse, buscó una planilla de contacto en línea. Felix jamás perdía la cabeza. Su función era resolver problemas y ponerse frenético nunca ayudaba.

Localizó una planilla en línea y escribió los detalles de su conversación con Kelly como si estuviera guardando un informe de errores, dedos rápidos, descripción completa, y luego le dio a ENVIAR.

Van había leído por encima de su hombro.

-Felix… -empezó.

-Dios -dijo Felix. Estaba sentado sobre el piso de la celda; se irguió con lentitud. Van tomó la laptop y probó algunos sitios de noticias, pero todos estaban fuera. Era imposible decir si era porque ocurría algo terrible o porque la red estaba cojeando a causa del súper gusano.

-Debo volver a casa -dijo Felix.

-Te llevaré -dijo Van-. Puedes seguir llamando a tu esposa.

Se abrieron paso hasta los ascensores. Allí estaba una de las pocas ventanas del edificio, una abertura de vidrio grueso y reforzado. Espiaron por ella mientras esperaban el ascensor. No mucho tráfico para ser miércoles. ¿Había más patrulleros de lo habitual?

-Oh, mi Dios… -señaló Van.

Hacia el este se veía la Torre CN, la gigantesca aguja de un enorme edificio. Estaba torcida, como una rama inserta en arena húmeda. ¿Se estaba moviendo? Sí. Se estaba inclinando, despacio, pero ganaba velocidad, cayendo hacia al noreste, sobre el centro financiero. En un segundo más se deslizó fuera de su centro de gravedad y se vino abajo. Sintieron la conmoción, luego la escucharon, y todo el edificio se meció por el impacto. De los restos se levantó una nube de polvo, y se escucharon más truenos mientras la estructura más alta del mundo chocaba un edificio tras otro.

-Se está cayendo el Centro de Transmisión -dijo Van. Así era; el altísimo edificio de la CBC se estaba desplomando en cámara lenta. La gente que corría por todos lados resultaba aplastada por la mampostería que caía. Visto a través de la portilla era como observar un prolijo truco CGI descargado de un sitio de archivos compartidos.

Los adminsis se estaban apiñando a su alrededor, abriéndose paso a empellones para ver la destrucción.

-¿Qué ocurrió? -preguntó uno de ellos.

-La torre CN se vino abajo -dijo Felix. Sonó lejano a sus propios oídos.

-¿Fue el virus?

-¿El gusano? ¿Qué? -Felix enfocó sus ojos en el tipo, un joven administrador de tipo dos con apenas un poco de grasa alrededor de su zona central.

-No el gusano -dijo el tipo-. Recibí un correo electrónico que decía que toda la ciudad fue puesta en cuarentena por un virus. Arma biológica, dicen.

Free toDescargar Manobook
(← Keyboard shortcut) Previous Contenidos (Keyboard shortcut →)

Similar Ciencia Ficción Ebooks to Cuando los administradores de sistema gobernaron la Tierra

 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Back to Top