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   Capítulo 5 Se ve tranquila sola

Mi Adorable Ex-mujer Por Star Palabras: 4867

Actualizado: 2020-02-13 14:01


Diez minutos después, la sopa para que a Jeremy se le pasara la borrachera estaba lista.

Era común que, después de beber, él entrara en un estado de letargo. Sin embargo, esa vez, mantuvo la mente despejada todo el tiempo y se sentó en el sofá. Aunque sus ojos evidenciaban que seguía un poco borracho, también se podía ver pasión en ellos.

Ambos permanecieron en silencio. Sherry llegó con un plato de sopa y lo colocó en la mesita del té, por lo que él lo tomó y bebió obedientemente.

La sopa estaba un poco dulce y cálida, al igual que esa mujer agradable a la vista que estaba de pie frente a él, inclinando la cabeza.

Aunque se terminó el gran plato de sopa, los dos seguían sin hablarse.

La mujer se puso en cuclillas, tomó el plato y limpió las manchas de azúcar de la mesa con una servilleta. Cuando estaba a punto de levantarse, sintió que la abrazaba.

"¡Ay!", ella no pudo evitar soltar un grito debido a la gran sorpresa, pero enseguida se quedó en silencio.

El plato que tenía en la mano cayó al suelo y rodó por la alfombra.

Su cuerpo estaba suspendido en el aire, lo cual hizo que su corazón latiera aún más rápido. Pero cuando se dio cuenta, ya estaba acostada en el sofá, con Jeremy sobre ella.

Su mirada era mucho más ardiente y sus labios delgados exhalaban constantemente aire caliente en su cuello.

Él besó su piel blanca como la nieve y le dejó algunos chupetones.

Sherry sintió que el cuerpo del hombre se presionaba sobre ella e incluso pudo sentir su calor.

La muchacha no había tenido un contacto tan cercano con él desde hacía mucho tiempo y, a pesar de que llevaban tres años casados, no pudo evitar sonrojarse, así que bajó la vista con timidez. Antes de que alcanzara la felicidad, un fuerte olor a perfume la desorientó por completo, ya que dicho olor no era el suyo.

"¡Achís!", Sherry estornudó, y su rostro se puso pálido. La muchacha trató de aguantarse el estornudo, pero no pudo.

De repente, él se puso rígido y un poco enojado, pero pronto bajó nuevamente la cabeza para seguir besándola y hacer valer su derecho de esposo.

El perfume que invadió su nariz se hizo cada vez más fuerte y ella trató de soportarlo, pero todavía sentía el corazón destrozado, como si una bestia se lo hubiese hecho pedazos.

"No me siento bien. ¿Qué tal otro día?", le preguntó ella.

De repente, recordó cuando Jeremy se alejó para contestar el teléfono en la antigua m

ansión. Sherry iba a complacerlo, pero en ese momento dejó de estar de humor.

Al escucharla, el muchacho quedó atónito y se enfureció, pues nunca pensó que ella lo rechazaría, mucho menos cuando se trataba de ese asunto.

Ella era su esposa y, anteriormente, era normal que tuvieran sexo siempre que él lo quisiera. ¿Acaso no era su turno de rechazarlo?

"¡Voy a darme una ducha!", le dijo él con la sangre hirviendo, lo cual hizo que su tono de voz sonara enfurecido. Jeremy se levantó del sofá y miró fríamente a la mujer, quien obviamente le tenía afecto. Luego, entró al baño y utilizó la puerta para desahogar su ira, golpeándola con fuerza.

Al verlo desaparecer, la muchacha sintió repentinamente un fuerte dolor en el corazón. Se cubrió el pecho y subió las escaleras hacia su habitación.

Después de una simple ducha, se tumbó en la gran cama y observó la oscuridad frente a ella, con la mente en blanco.

Ella quería complacerle, pero ¿cómo podía tolerar lo que había sucedido ese día?

¡Pum!

La puerta del primer piso se cerró tan fuerte que cualquier persona en la casa pudo escucharlo.

A pesar de que todas las paredes tenían un efecto de aislamiento acústico, igual se escuchó claramente el sonido del auto saliendo de la casa.

¡Finalmente salió!

Sherry sabía que el hombre no le permitiría salirse con la suya cuando lo había rechazado.

Resultó que su venganza era continuar con su fría violencia y tener sexo con otra mujer aquella noche.

No se escuchaba ningún ruido en la gran casa, ni siquiera una respiración. Ella no pudo evitar reírse con amargura.

Cuando se casó con este, se hizo cargo de todas las tareas de los sirvientes con el fin de cultivar una relación cercana a su esposo.

La mujer aprendió a hacerse cargo de todas las tareas del hogar y dejó de ser la niña mimada que era.

Sin embargo, parecía que no había ganado nada.

Encendió la lámpara de la mesita de noche, salió de la cama y subió al estudio con los pies descalzos.

La tarea más agotadora del mundo no era nada si se comparaba con pretender ser feliz, y ya no quería seguir sintiéndose así.

Una vez en el estudio, ella encendió la luz y abrió el único cajón que no tenía seguro, el cual estaba vacío, excepto por una carpeta.

Con las manos temblorosas, abrió la carpeta y sacó el archivo que había dentro.

En la portada blanca solo se podían leer tres palabras: Acuerdo de divorcio

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