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   Capítulo 11 Mami tonta

El CEO y Su Encantador Hijo Por E. CASTELLON Palabras: 7736

Actualizado: 2020-02-22 00:10


Jay, quien era muy sensible, ya había percibido que Nicole emitía un ligero olor a medicina; y alzó la mano para tocar su rostro, pero ella la esquivó.

"Mamá, ¿fuiste a buscarme un papá?".

Hasta donde el pequeño sabía, él era diferente de los demás, ya que solo tenía a su madre, y aunque Baron lo trataba muy bien, no era su padre. Él quería ser parte de una familia completa, siendo eso uno de los deseos más puros y genuinos que puede haber en el corazón de cada niño.

Sin embargo, tampoco quería que su madre fuera infeliz, y que terminara perjudicada por su culpa.

Al escuchar eso, la imagen del rostro inexpresivo de Kerr y su crueldad hacia el bebé nonato cruzaron por la mente de Nicole, provocando que ella sacudiera su cabeza involuntariamente:

"No digas tonterías. Fui a trabajar".

La madre puso a su hijo en la cama y lo cubrió con una sábana, luego se arrodilló junto a él y miró su delicado rostro.

Nunca antes había notado esa extraña expresión en el rostro de su hijo, pero ahora, tras mirarlo con más detenimiento, había algo diferente en la forma que fruncía las cejas, pareciéndose cada vez más a su padre.

"Mamá, no quiero un papá. Con tenerte a ti es suficiente", Jay la miró con sus grandes y serios ojos.

"Mi niño tonto, no pienses tanto en esas cosas. Anda, duérmete ya, recuerda que mañana por la mañana tienes que ir a la escuela".

Nicole le dio a su hijo unas palmadas suaves y regresó a su habitación cuando lo vio ya dormido.

Al encender la luz para mirarse en el espejo, ella descubrió que su mejilla ya no estaba tan roja e hinchada como al principio, pero al pensar en su jefe se sintió un poco incómoda; él era como una bomba de tiempo enterrada en su corazón.

Sentado en el auto, Kerr miró la luz que acababa de encenderse mientras se encontraba perdido en sus pensamientos; Nicole le resultaba familiar pero no podía recordar de dónde venía esa sensación.

Era consciente de lo hábil que era Jared para rastrear personas, pero ni este último pudo encontrar nada sobre ella, lo que solo indicaba que alguien la estaba ayudando a ocultar algo. ¿Quién sería?

"Volvamos ya", al parecer, Kerr solo quería asegurarse de que ella llegara a salvo a casa.

En realidad, este complejo residencial pertenecía a la familia Gu, lo cual significaba que, además de considerarse un lugar lujoso, toda la zona se encontraba cercada y no cualquiera podía entrar, algo que era bastante conveniente para proteger la seguridad de los residentes.

Nicole, por su parte, se perdió durante toda la noche en innumerables fantasías y posibilidades; le preocupaba tanto que Kerr pudiera llevarse a su hijo que no se durmió hasta muy tarde. A la mañana siguiente, ella no se despertó temprano, y cuando sonó la alarma, ni se inmutó y siguió durmiendo. Jay ya estaba parado a su lado, y al ver que su madre fruncía el ceño, el pequeño extendió la mano para apagar el despertador, suspiró suavemente y reprogramó la alarma para más tarde.

Después, puso una nota y una pomada en el buró, y tras darse la vuelta para tomar su pequeña mochila, salió para dirigirse a la escuela.

De hecho, con lo inteligente que era y lo mucho que sabía, no necesitaba ir a la escuela primaria, pero solo lo hacía para no asustar a su madre. En consecuencia, a diario tenía que soportar a un grupo de niños ingenuos, a pesar de que él también seguía siendo un crío.

Cuando el despertador volvió a sonar, Nicole estiró la mano y lo apagó. Estaba a punto de volver a dormir cuando sus ojos fueron deslumbrados por la luz del sol, y en el momento que se cubrió con una mano, sintió que definitivamente algo andaba mal.

Abriendo los ojos de golpe, echó un vistazo al reloj de pared; eran ya las ocho y media. Tenía que llegar al trabajo a las nueve en punto, y a esa hora su hijo ya debería estar tomando su primera clase.

"¡Ah

!", su grito resonó por todo el apartamento, y en cuanto sus pies tocaron el suelo, vio la pomada en el buró y una nota que había debajo.

"Mami, no llegues tarde al trabajo. Yo ya me tengo que ir a la escuela. Te dejé el desayuno en la mesa. P.D. Recuerda usar la pomada. Mami tonta, no vuelvas a lastimarte".

Las palabras infantiles escritas en el papel consolaron mucho a Nicole;

y aunque había pasado por algunas dificultades, Jay era definitivamente el mejor regalo que Dios le pudo haber dado.

Entonces se vistió rápidamente y solo tardó diez minutos en tener todo preparado, incluyendo agarrar el emparedado que le había dejado su hijo sobre la mesa. Cuando Nicole llegó a la compañía, faltaba solo un minuto para que dieran las nueve en punto.

Ya una vez sentada en su oficina, suspiró aliviada.

Después de quitarse el sombrero, comenzó a aplicarse maquillaje haciendo uso de un pequeño espejo de bolsillo.

"Señor Gu, la señorita Ning acaba de llegar a la compañía", anunció Jared, quien se encontraba parado frente a su jefe mirándolo. Al escuchar estas palabras, la tristeza en el rostro de Kerr se desvaneció un poco.

"Ve y pídela que venga", él habló sin alzar la cabeza ni apartar los ojos de la carpeta que tenía en sus manos.

Cuando Jared llegó a la puerta de la oficina de Nicole, alzó la mano para llamar, pero al ver que la puerta no estaba cerrada, la abrió ligeramente;

y al hacer esto, presenció cómo ella se llevaba a la boca un emparedado.

Al escuchar que se abría la puerta, la mujer de repente alzó la cabeza y vio a este último parado en la entrada con una expresión vacía en su rostro; conmocionada, se tragó de inmediato el trozo que tenía en la boca y habló de forma atropellada:

"¿Qué pasa?".

"El señor Gu quiere verla".

Era la primera vez que, dentro del Grupo Gu, alguien se atrevía a desayunar en sus horas de trabajo;

como una de las compañías más importantes del mundo, el Grupo Gu se regía bajo normas muy estrictas y de eficacia máxima. Sin embargo, Nicole Ning, la Directora General, se había convertido en la primera en romper esas reglas.

Cuando ella escuchó lo que le dijo Jared, se levantó y caminó hacia la puerta; cuando pasó junto a él, le dijo con un cargo de conciencia:

"No me atrasé en mi trabajo, así que por favor, no le diga al señor Gu sobre lo que acaba de ver, ¿de acuerdo?".

Cuando el asistente vio la sonrisa congraciante en el rostro de la mujer, le asintió inconscientemente y le hizo un gesto con la mano para indicarle que no debía preocuparse. Nicole, sin darle al hombre la oportunidad de hablar, caminó directamente hacia la oficina del señor Gu.

Cuando Jared volvió en sí la vio entrar en la oficina de Kerr, y en ese momento no pudo evitar sentir lástima por ella.

"Señor Gu, ¿me estaba buscando?", dijo ella caminando hacia el escritorio de su jefe y mirándolo con mucha cautela.

"Esta es toda la información sobre nuestra cooperación. Por favor, entrégame un plan lo antes posible", él le lanzó una carpeta y la miró.

En un principio, la llamó con la intención de ver cómo estaba su rostro, pero en ese momento Kerr descubrió algo mucho más grande.

Se puso de pie, y sin apartar los ojos de la parte lateral de su cara, se acercó a ella.

"¿Qué pasa?", la mujer se sintió muy confundida al percibir la manera en la que el hombre la miraba.

"Nicole, ¿cómo te atreves a desayunar aquí en la compañía? ¿Qué estabas comiendo?".

Al escuchar lo que decía este, los ojos de Nicole se abrieron de par en par por la sorpresa. ¿Cómo lo supo?

"Un emparedado".

"Dámelo", sentado en el sofá, su jefe parecía estar preparándose para el interrogatorio.

Al no tener alternativas, ella tuvo que regresar a su oficina para tomar el otro emparedado que aún no se había comido y colocarlo frente a su jefe.

"¿Tú lo preparaste?".

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