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   Capítulo 18 Pasando un buen rato

El CEO y Su Encantador Hijo Por E. CASTELLON Palabras: 8172

Actualizado: 2020-02-24 00:21


"Cuando lo veas, dile que se lo agradezco", Jay le echó un vistazo al regalo, y cuando descubrió que se trataba de un auto de control remoto, simplemente perdió todo interés en ello. Siempre que cumplía años o se presentaba alguna festividad especial, Baron le enviaba muchos regalos, pero ninguno de ellos lograba conmover al niño;

esa clase de juguetes infantiles solo eran adecuados para niños inmaduros, no para él.

"Jay, quiero hablar contigo", Nicole pensó que debería decirle a su hijo que había estado mal lo que había hecho con Kerr, así de se olvidó de su postura relajada y lo miró con una expresión seria.

"Pero el señor Gu me agrada mucho. En comparación con Baron, creo que el señor Gu es más adecuado para ser el novio de mamá. ¿O a ti no te gusta el señor Gu?".

Nicole sabía que su hijo era muy inteligente, ya que además de leer libros sobre temas que otros niños ignoraban, también se preocupaba por las decisiones que ella tomaba en su vida. Sin embargo, debía reconocer que le hacía falta vivir una verdadera relación entre padre e hijo.

"Jay, no se trata de si me gusta o no el señor Gu. Él ya tiene su propia vida, su familia y sus hijos, así que no debemos entrometernos y perturbar su vida y la de sus seres queridos, ¿de acuerdo?".

Cuando vivía en Manhattan, una de sus amigas le organizó varias citas a ciegas, pero debido a que no quería que eso afectara a Jay, ella las rechazó todas, incluso cuando su hijo estaba de acuerdo con ello.

Al escuchar las palabras de su madre, en el delicado rostro de Jay se formó una expresión de decepción, pero aun así asintió con la cabeza.

"Mamá, ya estoy lleno. Iré a darme una ducha".

Mirando la espalda de Jay y la pizza casi intacta, Nicole suspiró;

pudo percibir que su hijo estaba muy decepcionado, pero por ahora no tenía más remedio que ignorarlo.

'¡Todo es culpa de Kerr! ¡Es un maldito bastardo!', pensó ella.

Cuando regresó a su habitación, se quedó sentada en el borde de la cama perdida en sus pensamientos. Por pura casualidad, Nicole vislumbró el joyero que estaba en la cabecera de su cama, el cual contenía un arete negro. Su madre se lo había dado, y aunque debería tener un par, ahora solo le quedaba una pieza. Nicole puso el joyero en el último cajón de su buró, y después de guardarlo, de repente sonó el teléfono, interrumpiendo los pensamientos de la mujer.

El auto de Kerr avanzaba por la carretera mientras el viento nocturno soplaba a través de la ventana. Él se sentía muy satisfecho; la paz que le dieron Nicole y Jay era lo que había estado buscando todo este tiempo.

Cuando sonó el teléfono, Kerr alzó la mano para activar los auriculares inalámbricos que llevaba ocultos en el oído.

"Kerr, todos estamos aquí pasando un buen rato. ¿Dónde estás? Tienes que venir ahora mismo", declaró Ken Qin con una voz seductora.

Antes de responderle, el hombre miró el reloj para revisar la hora: "No, más tarde tendré una videoconferencia".

El hombre ya había retrasado un día entero de actividades debido a la visita que le hizo a Nicole y a su hijo.

"Anda, ven aquí. Tengo una sorpresa que quiero darte. Te juró que es algo que te va a gustar. Te arrepentirás si no vienes", Ken trató de llamar su atención, y mientras portaba una expresión misteriosa, le echó un vistazo a la chica que tenía enfrente.

"Solo puedo quince minutos, no más", dicho esto, Kerr colgó el teléfono y pisó el acelerador. El Rolls Royce negro era como un fantasma que deambulaba en la oscuridad de la noche, pero encajaba perfectamente con el ambiente de este lugar. La ciudad A era famosa por sus lujos excesivos y el derroche de dinero, además, comparado con otros lugares de ocio, no todos tenían el dinero suficiente para divertirse aquí;

las personas que frecuentaban este lugar no solo eran de familias ricas, sino que también poseían un estatus social alto.

Como Kerr tenía una habitación privada en el edificio donde se estaba llevando a cabo la fiesta, él pudo llegar directamente a la habitación 168 sin que le tuvieran que dar indicaciones.

"Kerr, ¡

aquí!", Ken estuvo todo el tiempo pendiente de las personas que iban entrando, por lo que saludó a Kerr en cuanto este entró.

Como el heredero del Grupo Qin, Ken tenía fama de ser el típico mujeriego, pero solo aquellos que realmente lo conocían podían decir que no solo es bueno para la parranda.

Kerr vio que Ken llevaba puesta una camisa rosa y le pareció una prenda que lucía demasiado extravagante; y aunque ya sabía que su amigo acostumbraba a vestirse así, seguía aborreciendo su aspecto.

"¡Qué fea ropa!".

Luego se sentó junto a su amigo, y como no quería que nadie lo molestara, recostó la cabeza en el asiento y cerró los ojos. En la habitación había varios jóvenes ricos que a menudo asistían a sus fiestas, pero al ver que Kerr lucía algo serio, decidieron no ir con él.

"Pues a mí me gusta", le respondió Ken con satisfacción después de echarle un vistazo a su camisa.

"¿Qué es esto?", en cuanto le entregaron el vaso, Kerr percibió un olor peculiar en él, así que de inmediato se giró para mirar a Ken.

"¿Acaso quieres que te mate?".

Nadie se atrevía a conspirar contra él, y como Ken llevaba mucho tiempo siendo su amigo, era imposible que no supiera que no debía sobrepasarse con él; y sin importar lo mucho que bromearan entre ellos, él jamás había intentado provocar su ira.

"Ah, eso no es para ti. Forma parte del regalo que hoy te quiero dar. Más tarde sabrás para qué sirve", Ken le quitó el vaso que tenía en la mano, y después de servirle en otro, chasqueó los dedos en dirección a la puerta.

"Señor Qin, aquí está su vino", una camarera con uniforme de marinero entró con una bandeja en las manos; la minifalda que llevaba puesta era apenas lo suficientemente larga para cubrir su parte íntima, y bajo la tenue luz de la habitación se veía realmente seductora.

La chica tenía la cabeza ligeramente agachada, se veía un poco tímida y no se atrevía a mirar a las personas directamente a los ojos; era obvio que se estaba comportando de una manera poco natural, ya que además de eso, todo su cuerpo lo tenía rígido.

Kerr en un principio creyó que era la nueva novia de su amigo, así que lo miró con los ojos entrecerrados, como si quisiera que le explicara qué estaba tramando.

"Bébelo", Ken le dio a la chica el vaso que su amigo tenía inicialmente, y después miró a este último con las cejas levantadas.

Con un poco de vacilación, la chica miró el vaso. Era la primera vez que iba a ese lugar, y lo hizo porque Ken se lo pidió, diciéndole que solo se dedicaría a servirle vino a los invitados. Sin embargo, las otras chicas sabían que era un hombre con mucho dinero y que pagaba muy bien cuando pedía ciertos trabajos especiales.

Cuando la chica se enteró, se sintió un poco molesta, pero tras pensarlo bien, sabía que debía aprovechar esta oportunidad, después de todo, ¿de qué otra manera podría ganar tanto dinero? Si de verdad tuviera otra alternativa, ni siquiera habría aceptado hacerlo.

La chica finalmente tomó la decisión, y mientras sus manos temblaban, echó todo el líquido amarillo en su boca. Su cara se sonrojó de inmediato.

"¡Ejem!".

Al ver lo pura e inocente que era la chica, Ken se levantó, y después de ponerse detrás de ella, le asintió y sonrió a Kerr.

"Los dejaré a solas", y había algo más saliendo de los delgados labios del hombre:

"Bueno, tómate tu tiempo. Por cierto, por este favor, ahora me debes dar tu nuevo yate", este era su verdadero propósito. Ken se dirigió a la salida y le dijo a todos los demás que salieran de la habitación; y cuando caminó hacia la puerta, a escondidas dejó una rendija para que se pudiera ver el interior.

Pronto, la ruidosa habitación quedó en silencio.

Con los codos apoyados sobre las rodillas, Kerr analizó a la chica frente a él; bajo la tenue luz, él no podía ver su rostro con claridad, pero su largo cabello negro colgaba sobre su pecho, haciendo que su rostro luciera indistinto.

"Ven aquí".

La niña volvió en sí al escuchar la voz de Kerr; y cuando ella alzó la vista hacia el hermoso rostro del hombre, quedó atónita.

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