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   Capítulo 23 Una persona de vital importancia

El CEO y Su Encantador Hijo Por E. CASTELLON Palabras: 6546

Actualizado: 2020-02-25 10:53


Nicole no quería que la inyectaran otra vez, pero no dijo nada. Sin embargo, la presencia de Kerr la puso tan nerviosa que ni siquiera sintió cuando la enfermera le clavó la aguja.

Después de eso, su jefe sacó un poco de pudín e insistió en que comiera.

Ante esto, ella no protestó; simplemente abrió la boca obedientemente, sintiendo cómo ardían sus mejillas.

Esta era la primera vez que alguien le daba de comer en la boca desde que dejó de ser una niña.

Como quería terminarlo lo antes posible, no pudo evitar masticar más rápido sin preocuparse por cómo se vería.

Siendo la hija mayor de la familia Ning, siempre tuvo a alguien que la cuidara; pero todo eso terminó cuando se mudó a Manhattan, y tuvo que valerse por sí misma, además de trabajar a medio tiempo mientras estudiaba.

Después de eso, una vez que nació Jay, pasaba la mayor parte de su tiempo cuidándolo a él, por lo que a menudo se olvidaba de comer. No fue sino hasta que su hijo se volvió mayor que él comenzó a cuidar de ella.

"Tómate tu tiempo, nadie te va a arrebatar la comida", bromeó el CEO al verla comer con tanta ansiedad.

La verdad era que la mujer no había comido nada la noche anterior, así que el delicioso platillo le hizo agua la boca, provocando que se olvidara de mantener su imagen de dama; además, no le importaba la impresión que él pudiera tener de ella.

De hecho, se estaba esforzando en hacer que perdiera el interés en ella. Lo que no sabía era que su plan terminaría siendo contraproducente...

Él se limitó a observar su comportamiento con un toque de aprecio en la mirada.

En ese momento, ella no estaba usando maquillaje y todavía se veía adormilada. Además, ni siquiera intentaba mantener la compostura, lo cual era muy inusual pues, por lo general, las personas siempre hacían su mayor esfuerzo por impresionarlo.

"Mami, ¿está rico?", en cuanto Jay entró en la habitación, pudo ver a Kerr alimentando a su madre, lo que hizo que una sonrisa de satisfacción apareciera en su rostro.

'Parece que él cuida muy bien a mamá', pensó para sí mismo.

"No está mal. ¿Tú ya comiste?", ella preguntó, después de tragarse el bocado que tenía en la boca.

"Por supuesto que no", el niño caminó hacia la cama y comenzó a subirse sin ayuda.

Esa cama era un poco más alta de lo normal, por lo que resultaba todo un desafío para un niño como él trepar en ella.

Al ver esto, Kerr inmediatamente dejó la cuchara que sostenía en el tazón para ayudarlo a subir sin caerse.

No trató de cargarlo, sino que simplemente lo ayudó a llegar hasta donde quería pues, a pesar de que no había convivido mucho con él, sabía que le gustaba ser independiente.

Sin embargo, el niño sabía que lo sujetaría así que se sentó directamente en sus brazos antes de mirarlo con inocencia.

"Señor Gu, yo también quiero comer", dijo con una voz adorable;

al fin y al cabo, no era más que un niño.

O, más bien, desde el día en que conoció a ese hombre, se había vuelto cada vez más infantil.

Al escuchar esto, él tomo una cucharada de pudín y se la dio de comer.

"¡Qué rico!", exclamó el pequeño, aplaudiendo con sus pequeñas manos como si hubiera recibido una gran sorpresa.

Ken, que estaba parado en la puerta, se quedó atónito al ver esto;

de

no ser porque conocía muy bien a su jefe, habría jurado que las tres personas frente a él eran una familia feliz.

Además, el comportamiento del CEO no fue lo único que lo sorprendió. En todo el camino hasta allí, él había hecho todo lo posible por complacer al niño, pero este lo había ignorado.

Y ahora, con Kerr, se comportaba como un niño muy educado.

El empresario alternaba entre darle una cucharada al niño y otra a su madre, hasta que el pudín finalmente se terminó.

Después de eso, la criatura se volvió hacia su madre y le preguntó: "Mami, ¿por qué estás herida de nuevo?".

Luego acomodó la cabeza en sus brazos, con los ojos llenos de tristeza. Esta era la segunda vez que su madre se lesionaba después de regresar de Manhattan, y ahora era más grave.

"No te preocupes. Fue solo un accidente", respondió ella con voz suave mientras lo miraba con ternura.

Sabía que su hijo se sentía culpable por no haberla protegido adecuadamente pero, después de todo, no era más que un niño y no quería que tuviera demasiada presión.

"Es mi culpa. No protegí bien a mamá", lloró, enterrando el rostro en su hombro para que ella no viera lo triste que estaba.

"Tontito, todavía eres muy pequeño. Cuando seas grande, podrás hacerlo, pero ahora, soy yo quien debe protegerte a ti", lo consoló la mujer, conmovida por sus palabras.

Sentía que por su culpa, él estaba bajo una carga psicológica que arruinaba su infancia y le impedía ser feliz.

Al observar este dulce intercambio de palabras de amor y cuidado, el corazón de Kerr se suavizó.

Luego extendió la mano por instinto y apartó con suavidad al niño de los brazos de su madre.

"Yo te protegeré a ti y a tu mamá hasta que seas grande", les aseguró el hombre.

Por alguna extraña razón, solo con ellos dos sentía el calor de un hogar; algo que nunca había sentido con su propia familia.

"¿De verdad? Señor Gu, debes cumplir tu palabra. Hagamos un juramento".

Mientras Jay lo miraba a los ojos, parecía como si hubiera encontrado una nueva esperanza, así que estiró su manita y esperó a que el hombre confirmara su juramento.

Su intuición le decía que él era un tipo duro que definitivamente podría ayudarlo a proteger a su madre.

Al mirar la mano extendida del niño, Kerr imitó sus acciones con un poco de torpeza. Entonces, el pequeño envolvió su dedo meñique alrededor del de él para sellar simbólicamente el trato.

La escena aturdió un poco a Nicole;

parecía que a veces no podía consolar a su propio hijo, pero este hombre lo lograba con facilidad. ¿Era este el poder del amor de un padre?

Sabía que no era apropiado que él se acercara tanto al poderoso hombre, pero no quería decepcionarlo, porque era evidente lo feliz que estaba cuando veía a Kerr.

Ken, que se había quedado mirando todo, simplemente curvó los labios, sacudió la cabeza y salió de la sala.

¡Era tan increíble que por un momento creyó estar alucinando! Ahora resultaba que hasta el frío e indiferente CEO tenía un lado dulce.

Justo en ese momento sonó su teléfono. Mirando el número en la pantalla, frunció el ceño antes de contestar:

"Padre, no me casaré con la hija de la familia Wen. No vuelvas a tocar el tema. Aunque me quites todos mis privilegios, nunca lo aceptaré".

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