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   Capítulo 9 Reunión con Víctor

Nunca Es Suficiente Por H. NICODEMUS Palabras: 10433

Actualizado: 2020-02-22 00:14


Los rayos del sol atravesaron la fina cortina que cubría la ventana de la habitación e iluminaron al hombre que se encontraba allí, sentado en la silla. La luz era suave, no deslumbrante. Sus ojos estaban cerrados y el contorno lateral de su rostro parecía tan perfecto como una escultura realizada por el mismo Dios. Su delicado cabello estaba esparcido desordenado a ambos lados de sus cejas, su nariz era distinguida, sus delgados labios ligeramente elevados y su piel, sin duda, tan clara como la de un bebé.

Sofía creía estar viendo a un ángel.

Pero no. ¿Cómo podría ser un ángel? ¡Era un diablo desvergonzado!

Este pensamiento provocó que sus sentimientos de odio asomaran a sus ojos, que siempre se habían mantenido indiferentes.

"Ven aquí". De repente, una voz masculina, baja y ronca llegó a sus oídos y, sorprendida, miró a Víctor sin pensarlo.

Se había enderezado en la silla y la miraba con ojos penetrantes. Aunque él estaba sentado y ella de pie, Sofía sintió que su aura era tan abrumadora que apenas podía respirar.

Trató de fingir que no lo había escuchado y dijo: "Estoy aquí por el grupo JH...". Mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas, ¡la invadió una visible sensación de vergüenza!

Recordó los momentos que habían pasado en el hotel. ¡Esa noche, él también la miraba de aquella forma! La obligó a tener sexo con él a pesar de su resistencia y, además, ¡incluso le dijo su nombre con prepotencia!

¡Cómo iba a poder negociar con una persona así!

"¿Qué? ¿Tienes miedo de que te coma? Ven aquí si quieres salvar al Grupo JH", dijo Víctor, y la sonrisa que mostraba su mirada se transformó en burla.

Mientras tanto, Sofía hizo una mueca. ¡Ya no había vuelta atrás!

Se adelantó unos pasos y ocultó el odio que transmitían sus ojos. Su expresión se volvió firme y dijo secamente: "He hecho lo que pidió, Sr. Xiao. Debe mantener su palabra".

"Eso depende de lo que hagas en el futuro".

Sorprendida, frunció el ceño y preguntó: "¿Qué quiere decir?".

En la boca de Víctor asomó una sonrisa maliciosa. Bajó la cabeza y miró fijamente el cuello de Sofía con una mirada profunda e insondable.

"¡Debería darle vergüenza!", exclamó ella, mientras se cubría el cuello con la mano y sus ojos ardían de ira. "Me han dicho que le gustan los hombres. ¿Cuándo cambiaron sus preferencias?".

Una extraña sonrisa se vislumbró en el rabillo del ojo de Víctor mientras decía: "¿Ah sí? Entonces déjame decirte de nuevo lo que me gusta".

Estaba impactada y sintió que algo malo iba a suceder otra vez. ¿Acaso él quería... ¡Oh, no! ¡Otra vez, no!

"¡Estamos en la oficina, Victor Xiao! ¿Cómo se atreve…?", comenzó, pero, antes de que ella pudiera terminar la frase, él presionó sus labios contra los de ella, dominador.

Sorprendentemente, había un toque de ternura en sus ojos.

Sofía estaba totalmente aprisionada por sus brazos y, aunque trató de resistirse, fue en vano. Luchaba contra su violencia, pero sus movimientos parecían cooperar lentamente, como si la hubieran hipnotizado. El frío de sus labios, mezclado con el olor a tabaco, la hizo sentirse inexplicablemente cautivada.

"¡Cierra los ojos!", le ordenó él, mientras la miraba.

Según iba cerrando los ojos dócilmente, lo escuchó reír. Pero, como si de repente se despertara de un trance, abrió los ojos y levantó la mano para abofetearle.

'Este bastardo se atrevió a darme órdenes. Y lo que es peor, ¡le obedecí!'.

"¡Eres la primera mujer que se ha atrevido a pegarme!", dijo Víctor, mientras le agarraba la mano y trataba de averiguar qué estaba pasando.

"¡Debería darle vergüenza!", decía ella. Pero, luego, Víctor la obligó a acostarse en el sofá.

La ira que sentía Sofía en aquel momento enrojeció su rostro.

"¡Si te mueves aunque sea un poquito, se acabó para siempre el Grupo JH!", jadeó Víctor, tratando de reprimir el sonido de su voz. Después, la miró fijamente hasta que su lucha decayó y su respiración se volvió rápida.

Sofía recordó el motivo por el que había ido hasta allí. Quería quedarse con el Grupo JH y recuperar la foto de su madre. Ese grupo era el resultado de los meticulosos esfuerzos de su supuesto padre.

Cerró los ojos de mala gana, pero sus uñas seguían profundamente incrustadas en la ropa de Víctor y era evidente lo enojada que estaba.

En el rostro de Víctor apareció una fría sonrisa. La levantó y la llevó al salón dentro de la oficina del Director Ejecutivo.

Mientras tanto, fuera todo estaba en silencio. ¡Nadie más se había quedado dentro de la oficina de Víctor durante tanto tiempo! Aunque los empleados tenían curiosidad, nadie se atrevió a comentarlo a menos que la persona que hablara no quisiera sobrevivir en la ciudad.

Sofía se arregló la camisa, pero el chupetón rojo de su cuello no se podía ocultar. Si se marchaba así, todas las personas del Grupo YS sabrían lo que había pasado.

Sentado en el sofá, él se reía mientras observaba sus movimientos y le dijo: "¿Sigues teniendo dudas de mi orientación sexual?".

Ella se sintió abrumada por sus propios sentimientos. Levantó la cabeza y miró al hombre, allí sentado con los ojos llenos de disgusto y repulsión. Ya no quería hablar con él.

"Señorita,

por favor no se preocupe. Le daré una respuesta satisfactoria sobre el Grupo JH", dijo Víctor, acercándose a ella y acariciando su cabello con una mirada de satisfacción.

Ella lo miró con intensa frialdad, como si fuera un demonio que devora a los demás en silencio.

"Espero que mantenga su promesa", contestó ella y, a continuación, salió y cerró la puerta.

Víctor mostró una sonrisa siniestra y la miró fijamente por la espalda hasta que se perdió de vista.

De nuevo, frente a los extraños ojos del Grupo YS, Sofía no tuvo tiempo de pensar demasiado y salió corriendo del edificio de inmediato.

"¿Viste eso? ¡En su cuello! ¡Parecía un chupetón! ¿Verdad?".

"¡Así lo parece! ¡Nuestro Director debe estar muy feliz ahora mismo! ¿Ellos han...".

"¡Cállate! No preguntes demasiado acerca del jefe. ¡Ahora, a trabajar!".

Afortunadamente, Sofía estaba demasiado lejos para escuchar los chismes. No tenía ni idea de que Víctor se había asegurado deliberadamente de que todos supieran que ella era suya.

En su oficina, este se sentó en su silla giratoria con una sonrisa maliciosa. Familia Jian.

Apenas había entrado en la habitación cuando escuchó la voz de Stella.

"¿De verdad quieres que Sofía vaya a la empresa? No sabe nada. ¡No es útil para ella trabajar aquí!".

Al escuchar esto, Sofía se puso de pie. Quería saber qué tipo de actitud adoptaría Casper. Le había prometido que podría trabajar en la empresa e incluso ocupar un puesto importante, con el objetivo de salvar al Grupo JH. ¡Ahora, quería ver si mantendría su palabra!

"Por supuesto que lo hará. Si realmente puede proteger al Grupo JH, sería genial", respondió Casper.

A Sofía le consoló escuchar esto. A pesar de que su padre no la trataba bien, cumplía sus promesas.

"Pero Jenny nunca ha trabajado antes en la empresa". Se escuchó de nuevo decir a Stella, con gran descontento.

¡Eh! Cuando la empresa tenía problemas, ¡Jenny estaba jugando con Peter! Sofía estaba de pie fuera, en la puerta, decepcionada, pero no se movió. ¡Quería saber cuánto favorecería su padre a su hermanastra!

"Sé lo que estás pensando. Le pedí que trabajara en la empresa solo para consolarla. En el futuro, encontraré un motivo para echarla. No te preocupes. Ya sé lo que debo hacer". Y así de fácil fue para Casper tomar esa decisión.

Al escuchar las risas provenientes del interior de la habitación, Sofía sintió una profunda amargura. Después de todo, no importaba lo que hiciera por la familia, todo era razonable y normal ante sus ojos. ¿Debería permitir que siguieran exprimiendo el resto de su valía?

Volvió a tener la idea de huir de casa.

"¿Cómo va todo? ¿Qué dijo Víctor? ¿Estuvo de acuerdo en liberar al Grupo JH?", preguntó Stella de inmediato, tan pronto como Sofía entró en la habitación.

"Sí".

Su padre exhaló un suspiro de alivio al recibir las noticias de su hija.

"¡Eso es genial! ¡Gracias a Dios, el Grupo JH finalmente se salvó! Ahora puedo jugar mis cartas a gusto", exclamó su madrastra, sonriendo mientras juntaba las manos.

Nadie en la familia se preocupaba por Sofía y en ningún momento le preguntaron qué había hecho para conseguirlo.

Mientras tanto, su supuesto padre se preparaba para ir a una reunión en la empresa con una mirada emocionada en su rostro.

"¿Me la vas a devolver?", preguntó Sofía con frialdad mirando a Stella, quien estaba pletórica como si hubiera sobrevivido a un desastre.

La miró con desdén, sacó una foto de su bolso y la puso en sus manos. Luego, miró a Casper, que parecía no enterarse de lo que estaban haciendo, y dijo en voz baja: "Oh, es solo una foto. ¿A quien le importa? ¡Tómala!".

Ella la tomó y la sostuvo. Luego se dio la vuelta y subió las escaleras de inmediato. Cuando finalmente estuvo sola en su habitación, miró fijamente al techo, inexpresiva. En este momento, las lágrimas que habían estado contenidas durante mucho tiempo comenzaron a resbalar por su rostro. Al mismo tiempo, hundió la cara en la cama y ahogó un grito.

"Mamá, te echo mucho de menos. ¡No quiero seguir aquí por más tiempo!", sollozó, mientras tocaba la cara de su madre en la foto.

La mujer de la foto sonreía feliz, como si estuviera mirando a su amante.

"Mamá, a papá no le gusto en absoluto. Aquí no puedo sentir ninguna ternura. Quiero marcharme ahora mismo", decía mientras lloraba, hablando con su madre como si aún estuviera viva.

"Hoy, incluso... le ofrecí mi cuerpo a ese hombre para proteger la empresa de mi padre. Pero él no me preguntó nada al respecto". Y al recordar lo que había sucedido en la oficina, se sintió sucia e impura.

Había vivido con su madre cuando era niña. Sufrieron mucho, pero fueron las dificultades las que fortalecieron su mente.

Las hojas crujieron con el soplido del viento y, para ella, fue como el consuelo de su madre desde la lejanía.

En esta familia, su padre no mostraba ninguna emoción, su hermanastra era una egoísta y su madrastra era una mujer dominante. Y todos ellos la asfixiaban. Solo podría ser libre si escapaba de allí. De esa manera, nadie volvería a controlarla nunca más.

Se secó las lágrimas, se arregló la ropa y, una vez que tuvo todo listo, abrió la puerta y salió.

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