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   Capítulo 19 Nuevo hogar

Nunca Es Suficiente Por H. NICODEMUS Palabras: 9846

Actualizado: 2020-02-26 00:24


Víctor no presentó a Sofía a las dos personas, pero ellos comprendieron su estatus.

Sofía negó con la cabeza y entró a la casa. Desde afuera, pudo ver lo enorme que era la villa. Sin embargo, no fue hasta que puso un pie adentro que se dio cuenta de lo realmente hermosa que era.

Lo primero que pudo apreciar fue la sala más elegante y lujosa de toda la ciudad. La enrevesada iluminación emanaba una luz fría. Las paredes altas proyectaban una sombra sobre el suelo alfombrado que bordeaba el espacioso y silencioso pasillo. A su vez, habían retratos colgados en esas mismas paredes que intentaban cautivar el corazón de las personas. Aun así, ni el lujoso interior ni la costosa decoración podían mitigar la desolación de la casa.

Tras apreciar el interior del lugar, Sofía no pudo evitar suspirar. No era un hogar porque no se sentía la calidez de uno. No obstante, el estilo era compatible con la personalidad de Víctor.

Los únicos en la enorme sala de estar eran ella y Víctor.

"Necesito mi espacio". Era obvio que Sofía no quería dormir en la misma habitación que él.

"¡No olvides nuestro acuerdo!". El hombre arqueó las cejas. Sus breves palabras devolvieron a Sofía a la realidad.

Ella se forzó a sonreír en respuesta. '¡Sí! Solo soy su amante. ¿Cómo se me ocurre pensar que tengo voz y voto en esta relación?', pensó.

Al ver que Sofía permanecía callada, Víctor la miró de reojo. Ella se dio cuenta y bajó la cabeza para que él no pudiera ver sus emociones.

"No te preocupes, si te portas bien, haré lo posible por cumplir con tus exigencias", añadió el hombre. Él se acercó a ella, lentamente levantó su mentón con el pulgar y el índice y la miró fijamente a los ojos.

"¡Por favor compórtate, señor Víctor!. Solo somos amantes". Sofía sacudió la cabeza y se soltó.

Su suave rostro escapó del agarre de Víctor. El hombre miró su expresión indiferente y descubrió que no le gustó para nada su actitud.

'Con que solo amantes, ¿no? Nada más y nada menos. En ese caso, te mostraré cuán complicado es ser mi amante'.

Víctor reprimió su inquietud y se dirigió al comedor. No entendía por qué se esforzaba por parecer amable con Sofía ni mucho menos por qué se molestaba con ella.

Como Sofía apenas y tocó su plato en la casa de Casper, sentía un poco de hambre. Aunque Víctor no se molestó en invitarla, ella de igual forma lo siguió hasta la mesa.

Web acababa de bajar las escaleras cuando los vio cenando tranquilamente. Verlos juntos hizo que su rostro se iluminara de alegría.

Zelda le guiñó el ojo discretamente y salieron hacia el pasillo.

"¡Web, esta es la primera vez que trae a una chica a la casa!", susurró Zelda una vez que salieron del comedor.

"¡Sí! Nuestro jefe nunca trae a nadie. ¡Es la primera vez que llega acompañado de una dama!". Web conocía a Víctor mejor que Zelda.

"¡Sí! ¡La señorita es hermosa, incluso me sonrió cuando llegó! Y el jefe te pidió que dejaras su equipaje en su habitación". La mujer era astuta. Sabía perfectamente lo que eso significaba.

"Dile a tu gente que sean respetuosos con la señorita. ¡No permitas que la traten mal!", le ordenó Web a Zelda con un destello en sus ojos.

"¡Está bien!", respondió la mujer educadamente.

Web era el mayordomo de la mansión. Él le había servido a Víctor durante muchos años. Víctor no solía regresar a casa, así que Web se encargaba de la villa y de los criados. A juzgar por sus palabras, la señorita debía ser alguien muy importante para él.

Después de cenar, Víctor sacó una servilleta desechable y se limpió los labios. Miró fijamente a Sofía al otro lado de la mesa y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.

Tan pronto ella se percató de su mirada, sintió que un escalofrío le recorría el cuerpo.

"¿Qué quieres?". Sofía se levantó de su asiento y miró a Víctor con recelo.

"Que cumplas tu parte del acuerdo". Víctor se puso de pie, caminó hacia donde estaba ella y la cargó entre sus brazos.

La muchacha se sorprendió. Se esforzó por liberarse de su agarré, pero él la levantó y la puso sobre sus hombros. Sabía que en esa posición, si seguía luchando, se caería. Ahora le sería imposible escapar.

Su cara estaba en la espalda de Víctor y se sonrojó con timidez.

"¡Desgraciado! ¡Bájame!". Golpeó sus hombros con las manos, pero sin importar lo mucho que lo intentó, él no la soltó. En cambio, aceleró el paso hacia la habitación.

¡Chiir! Cuando escuchó el crujido de la puerta al abrirse, su corazón se aceleró. Ella lo golpeó con toda su fuerza en el hombro y levantó los pies para patearlo.

Sorprendió a Víctor con la guardia baja y él la lanzó hacia adelante.

No esperaba que la arrojara; miró el suelo gélido de mármol, cerró los ojos involuntariamente y suspiró. ¡Una caída como esa debía ser bastante dolorosa!

"Eres tan…". Víctor se inclinó con unas leves gotas de sudor en su cara. Al parecer la patada de Sofía lo había hech

o usar mucha fuerza.

Ella se sorprendió cuando no cayó al suelo, sino que en cambio, aterrizó sobre la cama. Lentamente abrió los ojos, perpleja. Solo entonces detalló seriamente toda la habitación.

El cuarto de Víctor era bastante sencillo. A pesar de que los colores negro y marrón le daban un toque elegante, se veía bastante deprimente. Su cama destacaba por ser el único objeto blanco en la habitación.

Sofía ladeó su boca. Lo único que había era una cama en un cuarto tan espacioso, ¡era un desperdicio imprudente del espacio de la habitación!

Si bien los comentarios se arremolinaron en su cabeza, no se atrevió a decir nada. Mientras tanto, Víctor tenía una sonrisa maliciosa en su rostro.

"Mujer, ¿sabes cuáles son las consecuencias de fastidiarme?". El hombre se abalanzó sobre ella de inmediato, sin darle tiempo de reaccionar.

Su repentino comportamiento tomó por sorpresa a Sofía. Aunque estaba desconcertada, había logrado esquivarlo. La cama era grande, pero no tenía otro lugar donde esconderse.

Cuando Víctor probó finalmente la dulces labios de Sofía, su ira se fue desvaneciendo. El suave y agradable aroma a jazmín que emanaba el cuerpo de Sofía lo calentó, y su molestia desapareció por completo.

Ella luchó por levantarse, pero Víctor sujetaba sus manos con fuerza. La apretó contra la cama para que no pudiera moverse.

Mientras la besaba en los labios, ella mantuvo los ojos abiertos. Estaban llenos de rechazo y desprecio.

"¡Mujer, tus esfuerzos son inútiles!", clamó Víctor.

El deseo que sentía se evidenciaba en sus ojos y cuando la miraba, se sentía excitado.

Sofía se sonrojó de vergüenza. Mientras lo miraba, ella gritó: "¡Eres un canalla!".

"¡¿Canalla?! ¡Tú accediste a ser mi amante, así que ahora serás la responsable de calmar mi deseo!", respondió.

Sofía quería taparse, pero no podía moverse en absoluto.

Al ver su hermoso cuerpo, Víctor perdió la cabeza.

"¿Qué?". De pronto, Sofía sintió un leve dolor que la hizo fruncir el ceño.

Había sido una noche larga para ambos. Incluso la luna se había escondido tímidamente detrás de las nubes.

Había sido una noche difícil para Sofía. Él la había poseído una y otra vez. Se arrepintió de no haberlo pateado con todas sus fuerzas cuando tuvo la oportunidad.

Víctor tenía el hábito de levantarse temprano. Se despertó mucho antes que Sofía, lo que le permitió observarla mientras dormía. No pudo evitar sonreír al ver su rostro tan pacífico.

Anoche, le había hecho el amor una y otra vez.

Él se frotó la cabeza. Desde que había conocido a esa chica, su autocontrol prácticamente había desaparecido y no podía saber si eso era algo bueno o malo.

Sofía respiró profundamente en sus brazos. Sus cejas curvadas y sus largas pestañas temblaron levemente. Era de tez clara y perfectamente rosácea. A simple vista, sus labios eran delgados y se veían tan delicados como los pétalos de una rosa.

De repente, sus párpados temblaron; abrió sus ojos morados y se esforzó por enfocar el gran rostro frente a ella.

"¡Ah!". Sorprendida, se sentó y se cubrió con la cobija.

A medida que ella jalaba la cobija, el cuerpo de Víctor fue quedando descubierto.

"¡Ah! ¡Canalla!". Sofía no pudo evitar gritar al ver su cuerpo desnudo y se tapó los ojos.

Víctor sonrió.

"¡Mujer, anoche viste esto!". Él sacudió su cabeza, se levantó de la cama y se dirigió hasta su armario. Rápidamente se puso su ropa interior.

Sus palabras hicieron que ella se sonrojara al recordar lo que había sucedido la noche anterior. Con los recuerdo en su mente, quería que la tierra la tragara.

Ella bajó la cobija y lo miró con los ojos entrecerrados, pero él ya se había vestido.

Víctor medía más de 1 metro 80 centímetros de altura. Su tez era clara y el traje negro ajustado que vestía, mostraba su perfecta condición física. Tenía el cabello negro oscuro, y a pesar de que era un poco rebelde, lo hacía lucir increíblemente elegante. Además, su rostro era terso y cuadrado. Era innegablemente guapo.

Sofía no pudo evitar mirarlo con asombro. ¿Cómo ese demonio podía tener un rostro y un cuerpo tan perfectos? Como mujer, se sintió celosa.

Quería volver a vestirse, pero su ropa estaba esparcida por toda la habitación. Además de eso, la ropa había quedado tan destrozada que ya no podía volver a usarla.

"Iré a trabajar. Mientras no estoy, puedes deambular por toda la villa. Si quieres ir a algún lado, pídele a Web que te facilite un chófer", dijo Víctor, dándole la espalda.

"No necesito un chófer. ¡Puedo salir yo sola!". Ella estaba ahí para ser su amante, no para ser su prisionera.

"¿De verdad? ¿Cómo así?". Víctor se dio la vuelta y arqueó las cejas. Parecía como si Sofía hubiera dicho algo increíble.

"¿A dónde piensas ir? No creo que tengas otro lugar adonde ir". Víctor apoyó las manos en la cama y fue acercándose lentamente a ella con una mirada seductora.

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