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   Capítulo 20 El hombre controlador

Nunca Es Suficiente Por H. NICODEMUS Palabras: 10906

Actualizado: 2020-02-26 00:34


"¡Eso no es tu problema!", gritó Sofía enojada. "Acepté ser tu amante, pero eso no quiere decir que puedes meter tu nariz en mis asuntos privados e interferir con mi libertad!". Sofía hizo un puchero y abrazó la cobija contra su delicado cuerpo.

"¡¿No es mi problema?!", repitió Víctor sarcásticamente, una sonrisa maliciosa se asomó en sus labios. De repente, agarró la maleta de Sofía y caminó hacia la ventana abierta.

"¿Qué estás haciendo?", preguntó la chica, entrecerrando los ojos hacia él. '¡¿Va a tirar mi equipaje por la ventana?!'. Antes de que dijera algo que lo provocara, cerró la boca. ¿Cómo iba a salir si no tenía ropa que ponerse?

Miró desesperadamente alrededor de la habitación y vio que solo habían algunos trajes de hombre colgados en el armario ¡No podía usar eso!

Por supuesto, era normal. ¿Por qué un hombre como Víctor guardaría ropa de mujer?

"¿A dónde vas?". Víctor le dirigió una sonrisa cruel, provocándole un escalofrío a Sofía a lo largo de su columna.

Se transformaba en una persona vengativa cuando no obtenía lo que quería. No le sorprendió para nada que él fuera tan dominante.

"Yo…". Sofía empezó a decir con los dientes apretados: "¡Voy a buscar trabajo!".

"¿Eh?", refunfuñó el hombre. Nunca se imaginó que eso era lo que tramaba la chica. '¿Está corta de dinero?', se preguntó a sí mismo. Luego, dijo en voz alta: "Te daré dinero".

"No, gracias", respondió Sofía con indiferencia y una sonrisa amarga. "Preferiría morirme de hambre antes que usar tu dinero".

'De seguro piensa que soy una chica materialista y codiciosa', pensó.

"¿No estás buscando un trabajo para ganar dinero?", preguntó Víctor, estaba desconcertado con su respuesta. No la entendía, si solo quería algo de dinero extra, ¿por qué no se lo pedía? ¿Por qué insistía en conseguir un trabajo? ¡Qué chiste! No había manera de que permitiera que su chica trabajara para otros.

Inconscientemente, Víctor había considerado a Sofía como una de sus pertenencias.

"Tú…". La chica puso los ojos en blanco exasperada. Por supuesto que no la entendía. Víctor no sentía respeto por nadie más que por él mismo.

"¡Fuera de aquí", gritó. "Necesito vestirme". Sofía decidió dejar el tema de lado y no seguir discutiendo con él. Al fin y al cabo, él había nacido en cuna de oro. Era normal que no entendiera las dificultades de la gente común.

Incluso peor, usaba su dinero para intimidar a los demás. Sofía no quería seguir perdiendo su tiempo tratando de hacerle entender.

Víctor frunció el ceño. Se sintió incómodo ante la idea de dejarla sola. Soltó su equipaje y se fue arrastrando los pies en completo silencio hacia el estudio.

Sofía suspiró al verlo alejarse. '¡Nunca estaremos de acuerdo! ¡Ánimo, Sofía!', se consoló a sí misma. 'Son solo tres años. Pronto terminarás con esto y finalmente serás libre'.

Suspiró una vez más, se quitó la cobija y procedió a vestirse. Después se detuvo frente a la ventana, en el mismo lugar donde hacía un rato había estado Víctor. Corrió las cortinas y la luz del sol entró a la oscura y sombría habitación.

'Soy como la luz del sol en esta habitación', reflexionó silenciosamente. 'Tan diferente de este lugar, casi incompatible; solo se queda por un rato y luego se va'.

Después de lavarse la cara y de maquillarse, se examinó en el espejo. "¡Vamos, Sofía! Tú puedes".

Sin perder más tiempo, salió de la habitación de Víctor y se dirigió al comedor para desayunar. Allí, estaba sentado Víctor, mirando fijamente la pantalla de su computadora.

Sofía bebió un vaso de leche y comió un pedazo de pan. Ambos ignoraron la presencia del otro. Una vez que terminó, caminó rápidamente hacia la puerta.

"¡Detente ahora mismo!". Escuchó una voz detrás de ella. "Irás a la empresa conmigo". Víctor ni siquiera apartó la mirada de su computadora mientras hablaba.

"¿Por qué?", preguntó Sofía con el ceño fruncido.

"Para trabajar, por supuesto", se burló. En ese momento, desvió la mirada de la pantalla hacia la chica. Cuando vio su atuendo, su burla se convirtió en desagrado.

Sofía llevaba el cabello suelto, la larga y elegante melena rizada le caía a los hombros y enmarcaba su rostro ovalado. Además, llevaba también un maquillaje ligero, que hacía que sus ojos lucieran mucho más brillantes y atractivos.

Vestía una blusa blanca y una falda negra formal, que contorneaba sus curvas a la perfección. Las medias de seda no podían disimular lo suaves y delgadas que eran sus piernas, y sus tacones de cinco centímetros le agregaban la altura perfecta a su figura.

Víctor no dejaba de mirarla de arriba abajo mientras ella respondía: "No quiero trabajar en el Grupo YS". A medida que hablaba y lo miraba, sus pensamientos fueron arremolinándose en su cabeza. '¡Qué chiste! Ya de por si debo verlo todas las noches, ¿cómo puede siquiera pensar que le permitiré controlarme incluso durante el día? ¡No hay forma de que pueda resistir tres años enteros viviendo así!'.

"Cámbiate de ropa", dijo Víctor en un tono autoritario. Decidió ignorar el rechazo de la chica y suprimió su enojo.

Escuchar repentinamente su voz controladora hizo que Sofía temblara. Ella desvió la mirada hacia su atuendo, no entendía cuál era el problema. ¿No se suponía que eso era lo que se usaba para ir a una entrevista de trabajo?

"¡De ninguna manera!", dijo obstinadamente. Si bien se había dado cuenta de que Víctor comenzaba a hervir de la rabia, no terminaba

de entender por qué le insistía en que se cambiara de ropa. ¡Se había visto varias veces en el espejo!

Víctor permaneció callado y se frotó las sienes, como si Sofía le provocara un fuerte dolor de cabeza. Decidió dejarlo pasar; después de todo, él sería el único que la vería en la empresa, "Si quieres trabajar", dijo en voz baja. "Me acompañarás al Grupo YS".

"¿Y qué pasa si no quiero?". Ella lo miró con desafío. '¡Este hombre es demasiado controlador!', pensó.

"¡Ninguna empresa de Ciudad S se atrevería a contratarte!", soltó Víctor con un brillo en sus ojos. Parecía que la estaba retando a desafiarlo.

Sofía se encogió de hombros, impotente. Ella sabía que él tenía razón. Víctor era un canalla que usaba su dinero y su poder para amenazar a la gente.

"Entonces, ¿cuál es tu propuesta?". Normalmente, cualquier persona a la que le ofrecieran la oportunidad de trabajar en el Grupo YS estaría eufórica. Sofía, por otro lado, sintió lo opuesto. Lo único que quería era alejarse de Víctor.

"Sé mi asistente especial", dijo Víctor con calma. Le pareció que ella se adaptaría muy bien a ese cargo.

Dejó entrever una leve sonrisa de autosatisfacción y su mente divagó un poco. Se imaginó exigiéndole una taza de té a ella y recibiendo su respectiva mirada de mala gana. ¡Era tan hermosa!

"¿Ya no tienes un asistente, ese tipo John?". Todo el mundo conocía a ese caballero, el señor John, era el asistente de Víctor.

"¡Necesito dos!", dijo, sin pestañear.

Sofía puso los ojos en blanco con incredulidad. No podía creer que el CEO del Grupo YS fueran tan infantil.

"¡Aprenderás mucho en el Grupos YS", añadió.

Eso era cierto. El Grupo YS también cotizaba en bolsa. No solo tenía sucursales en todo el país, sino que también tenía sucursales en el extranjero. Valía la pena aprender tanto su sistema de gestión como su capacidad para operar en la práctica. Después de todo, esa era su meta principal: perfeccionar sus habilidades y ponerlas a prueba.

"Y te pagaremos bien", continuó.

Esas simples palabras bastaron para que Sofía se sintiera asqueada. ¿Por qué seguía insistiendo en que ella solo quería trabajar por dinero? De cualquier manera, todo lo que había dicho sobre el Grupo YS era cierto. Pagaban muy bien y la experiencia valía la pena.

Después de una larga pausa, Sofía finalmente suspiró con resignación. "¡Está bien! Iré".

"Muy bien entonces, está decidido". Víctor sonrió con autocomplacencia. Agarró su maletín y caminó con seguridad hacia la puerta.

Sofía lo siguió de cerca, caminando con la cabeza erguida. Al final, no había sido difícil convencerla. Pero ella también tenía sus propios motivos. Al dejar a la familia Jian, se quedó sin nada más que los 200.000 dólares que le dio su padre. Quería comenzar de cero en un lugar donde nadie la conociera, y sabía que algo así requería dinero.

Además, había tomado la decisión de seguir estudiando en Estados Unidos desde que los ejecutivos del Grupo JH cuestionaron sus habilidades.

Por supuesto, Víctor no tenía idea de cuáles eran los planes de Sofía y muy probablemente, ni siquiera le importaban. El simple hecho de que pudiera verla durante el trabajo lo excitó mucho.

"Web, la señorita se fue a la empresa con el jefe". Luego de que Víctor y Sofía se fueran, Zelda habló con Web, quien seguía de pie junto a la entrada.

"Esa señorita, se me hace familiar… Se parece mucho a alguien que conozco, pero no puedo recordar a quién". Web miró fijamente a las dos figuras mientras se alejaban en la distancia. Murmuraba para sí mismo y sacudía la cabeza con frustración.

"¿Por qué no puedo recordarlo? ¿Me estaré poniendo viejo?".

"¡Web!", gritó Zelda. Al ver al anciano tan absorto en su propia conversación, se preocupó.

"¿Qué?". Web volvió a la realidad, el grito de la mujer hizo que se sobresaltara. Permaneció boquiabierto, sin haber escuchado ni una palabra de lo que Zelda le había dicho hacía un momento.

Ella negó con la cabeza con resignación. Web era demasiado viejo para escuchar todo.

"Antes de irse, el señor Víctor me pidió que preparara la cena para él y para la señorita. ¡Me pondré manos a la obra!". Zelda habló tan alto que estaba a punto de gritar.

"Bien. ¡Parece que el señor Víctor volverá a casa más a menudo!". Web sonrió con regocijo. Nadie sabía lo que en realidad estaba pensando.

Zelda negó con la cabeza, luego se dio la vuelta y se fue. Web no tenía hijos. Había vivido con la familia Xiao toda su vida, y amaba al señor Víctor como si fuera su propio hijo. Estaba muy feliz de ver a Víctor llegar a casa con una mujer.

Mientras tanto, en el edificio del Grupo YS.

Víctor no usó su Ferrari elegante y deportivo; en cambio, eligió un Rolls Royce mucho más discreto y cómodo.

Muy pocas veces manejaba él mismo al trabajo, pues generalmente tenía un chófer a tiempo completo. Pero ese era un día diferente. Y por si no era lo suficientemente inusual, decidió estacionarse en la entrada del Grupo YS.

Víctor siempre había mantenido un perfil bajo en la empresa. A menudo usaba el ascensor privado desde el estacionamiento subterráneo hasta su oficina. El comportamiento de ese día era bastante inusual.

Los ejecutivos del Grupo YS no sabían lo que estaba pasando, pero estaban demasiado confundidos y cohibidos como para bajar y averiguarlo. En cambio, solo se pararon junto a los ventanales a mirar a su jefe desde lejos. ¿Qué le pasaba al jefe ese día?

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