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   Capítulo 24 Un lugar remoto

Nunca Es Suficiente Por H. NICODEMUS Palabras: 10775

Actualizado: 2020-02-28 00:14


Las palabras de Leon sobresaltaron a Rita, pero se esforzó por mantener la compostura. "¡Gracias, Grupo YS, por poner a prueba las habilidades de mis guardaespaldas!".

Leon frunció el ceño, confundido por su reacción. Sin embargo, la arrogancia de la mujer hizo que su enojo superara su confusión. Necesitaba controlar su temperamento, por el bien del Grupo YS. Asintió levemente y luego se dio la vuelta para irse.

Pero eso no significaba que Rita lo dejaría ir. La mujer extendió su brazo, agarró la manga de su camisa y jaló hacia ella. "Quiero preguntarle algo", dijo con seriedad, ignorando la expresión de molestia del hombre. "¿Qué tipo de comida le gusta al CEO?".

Una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de Leon. Y en un falso tono de disculpa, dijo: "Lo siento, señorita. No soy el asistente del CEO, así que no sabría decirle".

Los ojos de Rita brillaron al escuchar la palabra "asistente". Luego, entrecerró los ojos, miró al hombre frente a ella y preguntó: "¿Sabe algo acerca de la chica que comparte oficina con el CEO? ¡Creo que hay algo entre ellos!". Rita miró fijamente a Leon y apoyó sus manos en la cadera. ¡Estaba decidida a averiguar quién era realmente Sofía!

Por otro lado, su pregunta hizo que Leon se molestara aún más. La sonrisa se desvaneció de su hermoso rostro y le respondió con mesura: "Tampoco soy el asistente de esa chica, así que no sabría decirle cuál es su relación".

Una vez más, él se dio la vuelta abruptamente para marcharse. Pero Rita no había terminado con él, por lo que caminó rápidamente para bloquear su camino. Estaba enojada y lo apuntó con el dedo. "¡No se vaya, aún no he terminado!".

"Señorita, basándome en nuestra breve conversación, me atrevo a decir que el CEO no está interesado en usted". Los ojos de Leon la miraron con indiferencia. Él se hizo a un lado rápidamente y entró en el ascensor, con la esperanza de no seguir escuchando la arrogancia de esa mujer.

Rita había sido malcriada por su familia desde muy pequeña. Nunca nadie la había tratado de esa manera. Tan pronto como el hombre entró en el ascensor, ella se deslizó entre las puertas que estaban a punto de cerrarse.

"¿Algo más, señorita He?", preguntó Leon con un suspiro. Él observó detenidamente a la pequeña mujer, cuya altura le llegaba a los hombros.

Al mirar su rostro, se dio cuenta de que tenía una peca en la esquina de su ojo izquierdo. En ese momento, fue consciente de lo cerca que estaban y su corazón se sobresaltó. Tragó saliva con nerviosismo y comentó torpemente: "Tiene una peca".

Al escuchar la palabra "peca", las fosas nasales de Rita se ensancharon, miró a Leon y gritó: "¿Está ciego? ¡Es una marca de sensualidad, no una peca!". Era evidente la decepción que sentía, y su labio inferior sobresalió, haciendo un puchero de niña malcriada.

"¿Soy ciego o usted es una ignorante?", respondió Leon. "¡Es obvio que es una peca!". Él se inclinó levemente hacia adelante para detallar más de cerca la supuesta marca de sensualidad. De repente, sus ojos se abrieron en shock.

"¿Qué carajos está mirando?", demandó ella, tapándose la cara inconscientemente. "Solía jugar baloncesto", comenzó a explicar.

"Una vez, derribé a una chica y cayó al suelo. Se lastimó y luego le salió una cicatriz en el rabillo del ojo, como la de su cara". Él negó con la cabeza al recordar con nostalgia la historia. Esa chica era linda, pero no tanto como la mujer arrogante que estaba frente a él en ese momento.

La historia de Leon pareció haber tocado la fibra más sensible de Rita. Ella dio un paso atrás con recelo y lo miró de arriba abajo. "¡Fue usted!", lo señaló, horrorizada. "¡Usted es ese chico que casi arruina mi cara!".

Por culpa de esa herida no pudo volver a la escuela por un tiempo. Y el responsable desapareció de la escuela sin más.

"¿De verdad es usted esa chica?". Él la miró con incredulidad. ¡Imposible! Se veían tan diferentes…

"¿Qué le parece?". Ella apoyó las manos en su cadera con indignación. Sus emociones se alzaron por todo el lugar. Si lo hubiera conocido en cualquier otra circunstancia, hubiera pensado que era un hombre bastante honrado. Pero ahora lo conocía mejor.

"Se ve tan diferente". Leon frunció el ceño. "¿Se hizo cirugía plástica?".

"¡Jum!". '¿Cirugía plástica?', repitió para sí misma, horrorizada. "¿No sabe que las mujeres cambian radicalmente con el tiempo?".

"No", respondió.

Rita se quedó sin palabras.

Ambos salieron del ascensor aturdidos y buscaron un lugar para sentarse.

Rita quería interrogar a Leon. ¿Por qué desapareció? Aunque la llevó a la enfermería, fue muy descortés de su parte el haberse desaparecido sin decir una palabra.

De pronto, pensó que podía aprovechar esa oportunidad para preguntarle sobre Víctor y Sofía.

"¡Me abandonó!", gritó lastimeramente. "Fue como un accidente de auto, me atropelló y se dio a la fuga. ¿No debería pedirme que lo disculpe por lo que hizo?".

"Lo siento", respondió el hombre débilmente.

"Si las disculpas funcionaran, ¿por qué necesitamos a la policía?", preguntó Rita adrede.

Leon sostenía una taza de café en su mano y no pudo evitar estremecerse al escuchar las palabras de la mujer. "¿No me pidió una disculpa? Pero ahora, intenta decirme que no quiere mis disculpas. ¿Qué es lo que quiere realmente?".

"Ya basta", dijo Rita con un gesto despectivo. "Si de verdad quier

e compensar el trauma que me provocó, dígame todo lo que sabe sobre Víctor y Sofía".

Ella estaba ansiosa por saber la verdad. Si bien podía aceptar el hecho de que el hombre al que pensaba seducir tuviera una amante, estaba decidida a deshacerse de ella.

"¿Qué tienen que ver ellos con usted?". Sus palabras estaban llenas de veneno. No pudo evitar verla como una idiota.

"No es su problema", dijo Rita con impaciencia. "Solo dígame cuál es su verdadera relación". Hubo una larga pausa. Leon permaneció callado y se limitó a mirarla. "¡Dígamelo de una vez!", exigió.

Él suspiró resignado. Hablar con esa mujer tan incesante era agotador. Señaló la frente de Rita, y cantó: "Escuche, el sonido del mar, llorando…". Leon no compartiría nada sobre la vida privada del CEO. Solo un verdadero idiota haría algo así, pero el idiota más grande era el que preguntaba al respecto.

Una vez más, Rita se quedó sin palabras. La ira se apoderó de ella. Sin tener idea de qué decir, vio como Leon se ponía de pie para irse.

¡Este hombre era la persona más irritante que había conocido!

Después de que Víctor la echara de su oficina, Sofía se dirigió a la azotea. Mientras caminaba, los empleados la miraban con desprecio. Esto hacía que se sintiera mucho más triste. Seguramente, ya se habían esparcido rumores sobre ella.

Cuando finalmente llegó a la azotea, dejó escapar un largo suspiro. La fuerte brisa la hacía entrecerrar los ojos y apenas podía mantenerlos abiertos. Miró el horizonte melancólicamente, no pudo evitar sentir lástima por ella misma.

Sofía apoyó la cara entre sus manos. Su corazón estaba agobiado por la tristeza. Se preguntó por qué Víctor la había tratado de esa forma.

Podía ser muy guapo, pero si se comportaba de esa forma, ¿qué más daba?

Sofía estaba tan abstraída en sus emociones, que no se dio cuenta de que John también había subido a la azotea. Su suave voz la devolvió a la realidad. "¿Estás bien?", le preguntó. "¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?".

Ella levantó la cabeza y vio la expresión preocupada en su rostro. Ese hombre era tan simpático y adorable. Su simple compañía reconfortaba.

"No importa", respondió con un suspiro. Sofía apoyó la barbilla en su mano y continuó mirando el horizonte.

John se encogió de hombros. Luego, en absoluto silencio, sacó su celular y puso música alegre de fondo. Sabía que no podía obligar a la chica a que hablara si ella no quería.

"Si pudiera ir a cualquier parte de este despreciable mundo, elegiría un lugar remoto y viviría una vida libre de preocupaciones". Sofía habló sin ánimos.

John sonrió, divertido. '¿Un lugar remoto?'. Esta chica era demasiado ingenua. "No existe un lugar así", dijo en broma. "Los humanos han invadido cada centímetro de este mundo, incluso han profanado las tumbas más antiguas. Me temo que todo se ha vuelto industrial".

Sofía se volvió lentamente y lo miró con impotencia. "¿Viniste a fastidiarme?". Si no podía un encontrar un lugar remoto para vivir, buscaría una montaña desolada, o una isla en medio del océano, o un espacio en lo profundo del bosque, ¡cualquier lugar lejos de allí!

"Bueno, al parecer soy experto en eso", dijo tímidamente. "Ya nadie me invita a sus reuniones".

"Tus amigos tomaron la decisión correcta".

John sonrió y no respondió nada. Después de charlar un rato con Sofía, se dio cuenta de que ella no era como los rumores la describían. Era una persona fácil de tratar, de mente abierta y agradable.

"Dijiste que querías irte a un lugar remoto", repitió sus palabras lentamente. "Pero en realidad, solo quieres ser libre, ¿cierto?". Su pregunta la tomó por sorpresa.

'¿Libre?'. Miró fijamente a John por un rato y luego dijo: "La libertad no es más que saltar de una atadura emocional a otra. ¿Cómo puede alguien ser verdaderamente libre? A excepción de los niños, las personas que creen que existe la libertad plena son unos ingenuos". Sofía creía firmemente que ella no era tan tonta como para buscar la libertad.

"Tienes toda la razón". John se rio entre dientes. "Supongo que subiste hasta aquí para evitar a nuestro CEO, ¿cierto?". Cuando los vio juntos por primera vez, notó que su relación no era tan sencilla como aparentaba.

A diferencia de los jefes y empleados comunes, el ambiente entre Sofía y Víctor se sentía tenso y complicado. Él incluso pensó que había algún tipo de acuerdo secreto entre ambos.

"Tienes razón en parte. Pero la razón principal es…". Ella bajó la cabeza y su expresión era difícil de interpretar, Sofía quería decir algo pero dejó que su voz se apagara. Lo pensó mejor y decidió mantenerse callada.

John no pudo evitar soltar una risita otra vez. Se sentó en las escaleras a esperar pacientemente a que ella terminara de hablar. Se preguntó por qué se sentía tan intrigado por esa mujer.

¡Ese pensamiento lo hizo sentir como un degenerado!

"¿Estás seguro de que quieres saberlo?", preguntó Sofía al ver la mirada expectante en su rostro.

"Sí, solo dilo", respondió John con una sonrisa persuasiva.

La muchacha lo miró con timidez. "Estoy esperando mi período, así que es completamente normal que esté tan inquieta estos días, ¿comprendes?".

John se sonrojó desde las mejillas hasta la punta de las orejas. Esta vez era Sofía quien reía. Le dirigió una sonrisa traviesa y se dio cuenta de que a ella también le gustaba hacer bromas.

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