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   Capítulo 15 Trucos paradójicos

Atados Por El Destino Por T. CAMERINO Palabras: 11529

Actualizado: 2020-03-08 00:35


A Lily no le molestó el silencio inusual de la casa, pero cuando subió las escaleras y pasó junto a la habitación de Lucía, la oyó vociferando su ira.

"¡¿Todavía no la han encontrado?! ¡Qué inútiles son! ¡Ya llevan medio mes buscándola por todas partes y aún no han logrado encontrarla! ¡Todos son un montón de imbéciles!".

La chica se detuvo sin darse cuenta y alzó las cejas ligeramente al oír a su madrastra. Impulsivamente, se acercó a la puerta y se dispuso a escuchar a escondidas.

"Les doy diez días. ¡Si aun así me fallan, ya saben lo que pasará!", continuó la mujer.

¿Encontrar a alguien? Lily sintió una pizca de curiosidad. ¿Su madrastra estaba buscando a alguien? ¿Por qué parecía tan ansiosa por hallar a esa persona? De hecho, ya llevaba medio mes buscándola. De repente, cuando finalmente comprendió de qué se trataba todo, sus ojos se iluminaron. ¡Era su madre a quien buscaba!

"Mamá". Inesperadamente, una puerta se abrió, produciendo un crujido, y escuchó la voz de su hermana.

Sorprendida, se dio la vuelta, fingiendo que solo iba de paso.

"¡Vaya! ¡Qué tarde volviste!", dijo Claire. Un atisbo de burla brilló en sus ojos al ver su media hermana. No la dejaría ir sin hacerla pasar un mal rato.

"Sí", respondió la otra, con una expresión impasible. Luego sonrió y continuó: "Ya sabes que mi padre me dio permiso de volver a casa un poco tarde si me va bien en mis estudios".

Su tono era un poco hostil al hablar. De hecho, Dillon sí dijo eso, pero hacía mucho tiempo que lo había hecho. La única razón por lo que ahora lo sacaba a la luz era para molestar a Claire.

Esta entonces comprendió que sus ganas de burlarse de su hermana terminaron siendo contraproducentes. Mirándola, soltó en tono irritado: "Entonces ya no te seguiremos esperando. No olvides que no tenemos a otro chofer para recogerte solo a ti".

"No hay problema. Yo puedo tomar un taxi", espetó Lily, sonriendo. Luego se dio la vuelta y se alejó. Sin embargo, la sonrisa en su rostro desapareció apenas se giró, ya que temía que su hermana pudiera haber notado que estaba escuchando a escondidas frente a la puerta de su madrastra.

"¿Qué pasa?", Lucía escuchó a su hija, así que abrió la puerta rápidamente y la miró, alzando las cejas.

"Todo es culpa de esa pequeña perra. ¡Se está volviendo más arrogante ahora!", despotricó la chica con odio. Sus ojos estaban llenos de disgusto.

La mujer se detuvo un momento. Ignorando lo que su hija había dicho, preguntó en un tono nervioso: "¿Ella estaba aquí hace un momento?".

"Cuando salí, la vi subiendo las escaleras. Me presumió que le fue bien en sus estudios. ¿Y eso a mí qué me importa?". Claire tomó la mano de su madre y dijo: "Mamá, entremos. Tengo algo que decirte".

La mujer lanzó una mirada ansiosa hacia la habitación de su hijastra. Luego su hija la tomó de la mano y la obligó a entrar al cuarto.

De regresó en su dormitorio, Lily se sentía muy inquieta. No entendía por qué Lucía seguía buscando a su madre. Se preguntaba por qué no estaba dispuesta a dejarla en paz.

Su madre no se había llevado nada de la familia Qiao tras firmas los documentos de divorcio. De hecho, Dillon también la había ignorado por completo desde ese momento. ¿Por qué esta mujer seguía persiguiéndola?

Afortunadamente, no podría encontrarla durante un tiempo. Pero Tina estaba sola, sin nadie que la ayudara. ¿Y si la encontraban?

Lily estaba muy preocupada. No podía quedarse quieta. Tenía que pensar en una forma de ayudar a su madre. De repente, su rostro se iluminó cuando la solución llegó a su mente. Colin era la única persona en la que podía confiar. Inmediatamente, se puso de pie y se dirigió a la casa donde vivían los sirvientes.

Al día siguiente, después de ducharse, Lucía comenzó a hurgar en la cómoda en busca de joyas. Sin embargo, su rostro se contrajo cuando notó que faltaba la pieza que estaba buscando.

"Dillon, ¿has visto el collar de perlas que me regalaste la última vez?", preguntó en un tono impaciente.

"¿Cómo voy a saber yo dónde lo pusiste?", el hombre, quien ya estaba listo en su traje, la miró y respondió en un tono que demostraba que su pregunta le parecía absurda.

Ella entonces decidió buscar en su armario, en los joyeros y en los cajones, pero aun así no logró encontrar el collar. Enojada, salió de la habitación y le preguntó a una criada, quien estaba ocupada limpiando el piso de abajo: "Jane, cuando estabas limpiando nuestro dormitorio, ¿viste mi collar de perlas?".

"No, no lo vi", respondió la mujer, negando con la cabeza.

La otra adoptó una expresión taciturna de inmediato y, en un tono agresivo, espetó: "Ese collar vale ochocientos mil dólares. ¿Cómo pudo desaparecer de repente? Alguien debe haberlo agarrado. ¡Pídeles a todos que busquen en cada rincón de la casa!".

"Sí, señora". Nadie se atrevía a desobedecerla desde su llegada al hogar de la familia Qiao.

Cuando Lily se levantó, la casa estaba sumergida en un caos. Todos estaban ocupados buscando el collar, por miedo a que Lucía desahogara su ira sobre ellos.

Cuando terminó de arreglar su cama y estaba a punto de salir de su habitación, un grupo de sirvientes entró repentinamente y le pidió permiso para registrar el lugar.

"Señorita, tenemos que registrar su dormitorio por órdenes de la señora Lucía", comentó una criada, con la cabeza gacha y en un tono respetuoso.

"¿Por qué tienen que hacerlo? ¿Qué están buscando?", la confusión estaba plasmada en el rostro de la joven.

"El collar de perlas de la señora está perdido. Se nos ordenó registrar todas las habitaciones hasta encontrarlo".

"Bueno, entonces adelante", respondió Lily con seguridad y agarró su mochila. Sin embargo, cuando pasó junto a los sirvientes, una extrañ

a sonrisa se formó en las comisuras de sus labios.

Cuando bajó las escaleras, vio a su madrastra dirigiendo furiosamente al personal de la casa para que buscaran su joya perdida. Claire también estaba haciendo lo mismo detrás de ella. Al otro lado, lejos de ellas, estaba Eden en silencio, indiferente ante toda la situación.

"¡Búsquenlo bien! ¡No pude haberlo perdido en mi casa!", la ira parecía haberse apoderado de Lucía; sus ojos ardían como fuego. No se dio cuenta de Lily en absoluto.

Todos los sirvientes caminaban por los pasillos y las habitaciones. La casa estaba hecha un desastre, parecía como si unos ladrones la hubieran saqueado.

"Lo encontré, señora".

Mientras todos seguían ocupados buscando, el mayordomo se acercó a Lucía con un collar de perlas en la mano, seguido de Colin, a quien dos sirvientes sostenían.

"Señora, ¿esto es lo que está buscando?", preguntó el hombre, levantando la joya.

"¡Sí, eso es!", la ira en el rostro de la mujer desapareció de inmediato. Mirando al mayordomo, le preguntó: "¿Dónde lo encontraste?".

Este señaló a Colin y dijo: "Lo encontré en su habitación".

"Señora Lucía, no, yo no fui. Yo no lo hice, yo no lo robé", dijo el hombre con una voz ligeramente temblorosa. No se atrevía a mirar a las personas frente a él.

"Si no lo robaste, ¿cómo estaba en tu habitación?", la mujer dio un paso adelante y lo miró entrecerrando los ojos.

"Yo... yo...", tartamudeó Colin. No sabía qué decir. Solo dio unos pasos hacia atrás.

"Es imposible". En ese momento, Lily se paró frente a él y, mirando directamente a los ojos de su madrastra, dijo: "No creo que él sea ese tipo de persona".

"¿Le crees?", preguntó Lucía, alzando la voz y señalando a Colin. Estaba claro que su impresión sobre él no cambiaría. Bruscamente, soltó: "Por lo que recuerdo, él simplemente era un sirviente de la familia An que vino aquí con tu madre. Entiendo por qué le proteges, pero la verdad ya salió a la luz. ¿Cómo te atreves a defenderle?".

La chica trató de contener su paciencia un poco más y explicó: "Debe ser un malentendido. Colin es un hombre honesto. Nunca se atrevería a robar".

"¡No le conoces en absoluto!", replicó la mujer. "Ya no puedes seguir viviendo aquí".

"Señora, por favor, no me eche", Colin se soltó del agarre de los dos sirvientes. Arrodillándose frente a Lucía, le suplicó: "Por favor, no me eche de esta manera. No he estado bien económicamente, así que por eso robé su collar. No volveré a hacer algo así. Deme otra oportunidad".

"¡Por favor, Lucía, dale otra oportunidad!", repitió Lily. Con los ojos llorosos, tomó la mano de su madrastra y rogó: "¡Por favor, no eches a Colin! Es el anciano más cercano a mí en la familia Qiao".

"¡De ninguna manera!". Claire dio un paso adelante e interrumpió a su hermana: "¿Crees que nosotros estaremos a salvo viviendo con un ladrón? Podría robar cosas más valiosas la próxima vez".

"¡Ya basta! Dejen de discutir". En ese momento, Dillon se acercó y les dijo: "No es para tanto. El collar ya apareció, así que el problema está resuelto".

"Dillon", Lucía lo miró con desaprobación y lo tomó del brazo. Luego le dijo: "Sí, encontramos la joya, pero no podemos permitir que un ladrón siga viviendo en nuestra casa. No le perdones solo porque era miembro de la familia An".

"Padre, ¡no hagas esto!". Antes de que su padre pudiera decir algo, Claire habló indignada: "Si insistes en que permanezca aquí, llamaremos a la policía y haremos que reciba un castigo de acuerdo con la ley".

"No, señorita Claire. Por favor, no llamen a la policía", aterrado, Colin negó con la cabeza y se levantó del suelo rápidamente. Sus ojos estaban llenos de preocupación. "Me iré ahora mismo. Por favor, no llamen a la policía", repitió.

"Colin...", Lily le miró con simpatía, mientras las lágrimas comenzaban a fluir por su rostro.

"Señorita Lily, es mi culpa. No debí robar. Pero no quiero terminar en la cárcel. Ya estoy agradecido de que la señora Lucía no haya llamado a las autoridades. Además, no puedo ser tan descarado como para pedir que me permitan seguir viviendo aquí". Dicho eso, miró profundamente a la chica y se inclinó ante Lucía y Dillon. Luego salió por la puerta de la casa de la familia Qiao con el corazón apesadumbrado.

"Papá...", Lily se volvió hacia su padre llorando y estaba a punto de rogarle que permitiera que Colin se quedara. Sin embargo, él la interrumpió de inmediato: "Hija, no podemos permitir que personas como él sigan viviendo con nosotros".

Ella sabía que, por más que suplicara, no lograría que él cambiara de opinión, así que solo se encogió de hombros y sollozó.

Claire, por su parte, sonrió complaciente y alzó las cejas.

"Bueno, me iré a la escuela primero". Lily se secó las lágrimas y se dio la vuelta. Pero nadie vio la sonrisa triunfante en su rostro cuando bajó la cabeza. Nadie tenía idea de lo que estaba haciendo.

Ella conocía muy bien a su madrastra y a su media hermana, y sabía que cuanto más suplicara por algo, menos permitirían ellas que lo consiguiera.

"Muy bien, ya es suficiente. Todos pueden irse ahora. Si algo así vuelve a suceder en el futuro, ¡todos serán severamente castigados!", Lucía advirtió a los sirvientes.

Finalmente, la farsa había llegado a su fin. Debido a todo el caos de la mañana, nadie quiso desayunar. Los jóvenes se fueron a la escuela y los que tenían que trabajar se fueron a la empresa. Todos se ocuparon de sus propios asuntos.

Cuando estuvo lejos de la vista de todos, Lily envió un mensaje en secreto y lo borró de inmediato. Luego se subió al auto y esperó a Claire y a Eden.

Para su desgracia, tenía que soportar ir a clase con ellos todos los días, pero sabía que algún día podría deshacerse de ellos.

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