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   Capítulo 20 Lucha por la comida

Atados Por El Destino Por T. CAMERINO Palabras: 10666

Actualizado: 2020-03-10 00:26


Al día siguiente, Lily se levantó una hora antes de lo habitual, hizo la cama y fue directamente a la cocina para preparar la comida que llevaría ese mismo día a Eric y a Becky.

Jane se sorprendió al ver a Lily en la cocina tan temprano por la mañana, era la primera vez que la veía cocinar. Abrió los ojos de par en par y le preguntó: "¿Cuándo aprendió a cocinar, señorita Lily?".

Esta la miró por un instante, bajó la cabeza rápidamente y continuó picando verduras. "Mi madre me enseñó a cocinar una vez", mintió.

"Está bien", respondió escuetamente Jane asintiendo con la cabeza. De hecho, la antigua señora de la casa prefería cocinar ella misma antes que dar órdenes, pero ahora las cosas habían cambiado. Lucía se limitaba a indicar a los sirvientes lo que tenían que cocinar sin tan siquiera echarles una mano.

Lily terminó de preparar tres platos, dos de carne y uno de verduras, los colocó en fiambreras térmicas y finalmente los metió en la bolsa que tenía preparada.

Justo después, Claire y Eden bajaron a desayunar.

"¡Mira quién está aquí!", exclamó Claire al ver a la otra, mirando su bolso con desdén.

Lily prefirió ignorarla, no quería arruinarse el día poniéndose a su nivel. Eso tan solo lograría empeorar las cosas.

Después de un desayuno rápido, fueron a la escuela. Normalmente Eden se sentaba en el asiento del pasajero, pero ese día fue Claire quien se sentó allí, sin su permiso.

El joven se limitó a fruncir el ceño y se sentó junto a Lily en la parte trasera.

Lily ni se inmutó, parecía tranquila y feliz. Miró por la ventana y pensó en Frank. Aunque estaba avergonzado por los rumores de infidelidad, resultaba irónico para la familia Qiao, especialmente para Claire. Por lo que entendía que pudiera sentirse tan enojada.

Cuando entraron a clase, la chica le contó a Becky que había preparado el almuerzo y esta sonrió alegre y sorprendida, y le preguntó en voz baja: "Lily, ¿cuándo aprendiste a cocinar? ¿Cómo no sabía yo eso?".

"No preguntes, solo agradece que te haya traído el almuerzo", dijo la otra sin ganas de más explicaciones, y seguidamente le entregó la fiambrera.

"¿Por qué hay tres loncheras?".

"La otra es para Eric".

"¿Quién es Eric?", preguntó Becky con curiosidad, entrecerrando los ojos.

"Él fue quien me ayudó la última vez," le susurró Lily al oído.

"Está bien", asintió su amiga con una sonrisa. "Al mediodía te acompañaré para conocerle, te hizo un enorme favor y quisiera agradecérselo personalmente también".

"Bueno".

Siguieron hablando hasta que sonó el timbre.

Lily se había olvidado de preguntarle a Eric dónde se encontrarían ese día, así que agarró su teléfono celular para enviarle un mensaje, pero pronto se dio cuenta de que no tenía su número. Se enojó consigo misma. ¿Cómo pudo olvidar pedirle su número de teléfono?

Suspiró y se metió el teléfono de nuevo en el bolsillo. Tendría que ir en su busca otra vez.

Después de clase, Becky y ella se dirigieron al aula de Eric y lo encontraron encorvado en su silla. Al ver a Lily, el chico esbozó una leve sonrisa, pero cuando vio entrar a Becky, un destello de malestar apareció en sus ojos.

Lily sonrió y caminó hacia él con una lonchera en la mano. "Veo que estás aquí y que hoy no faltaste a clase", dijo.

"Sí", respondió brevemente, después miró a su alrededor y se puso en pie. Luego añadió: "Vayamos a otro lugar", y salió del aula rápidamente.

La chica frunció el ceño, permaneció atónita por un momento y luego salió tras él. Becky salió en último lugar, apresuradamente.

Aunque ya era la hora del almuerzo, aún había muchos estudiantes en el aula. Cuando vieron a las dos chicas salir detrás de Eric, se miraron con sorpresa y empezaron a cuchichear sobre ellos.

Los tres buscaron un pabellón al lado de la escuela donde estar tranquilos. Eric se sentó en un banco de piedra y miró a Lily en silencio, como si estuviera esperando a que abriera la lonchera para ofrecérselo.

Sin embargo, esta no se percató de su expresión, pero procedió a abrir las loncheras con total naturalidad. De pie a su lado, Becky la observaba de forma inexpresiva, ya que le sorprendió lo experta que parecía su amiga en preparar los táperes.

Eric estaba tranquilo como siempre, aunque su comportamiento resultaba impredecible.

"Adelante". Lily colocó bien los táperes, pasó unos palillos a los otros dos y luego se sentó al lado de su amiga.

Tras observarla, el joven bajó la cabeza y empezó a comer.

"Vaya, está delicioso", exclamó Becky con el primer bocado. El plato estaba muy bueno. "¡Menuda cocinera estás hecha, Lily!".

"¿Lo dices en serio?". Esta pestañeó mientras notaba cómo se le aceleraba el corazón. Recordaba perfectamente lo críticos que habían sido Jade y Frank con sus platos, porque los encontraban salados o demasiado sosos, ninguno era de su agrado, y aun así la obligaban a cocinar.

"Sí, sí. ¡Está muy bueno!", afirmó la amiga y luego añadió: "Esto está mucho más bueno que lo que cocina mi madre".

Lily no pudo evitar sonreír al ver que lo disfrutaba tanto e inclinó la cabeza para tomar un bocado. Sin embargo, a ella no le supo tan bien, le sabía igual que la comida que había cocinado en su vida anterior.

¿Habría sucedido algo con su sentido del gusto para que no le supiera delicioso? Levantó la cabeza p

ara mirar a Eric, que seguía comiendo sin decir nada, y se preguntó si le estaría gustando.

"¡Lily, tengo una idea!", exclamó Becky de repente y luego añadió con emoción: "¡Te llevaré a mi casa todos los fines de semana para que cocines para mí!".

La otra se rio entre dientes ante su comportamiento infantil y dijo: "Está bien, cocinaré para ti si quieres".

No quería rechazar su petición, pues aún se sentía culpable por lo que le había hecho en su vida anterior.

En ese momento, Eric levantó la cabeza y frunció el ceño. Parecía algo contrariado y acercando la lonchera vacía hacia Lily, dijo: "Tengo más hambre".

"¿Cómo?".

Lily paró de comer y se quedó mirando la lonchera vacía con las mejillas sonrojadas por un repentino rubor.

"Toma la mitad de la mía", dijo ella mientras transfería parte de su comida a la lonchera del chico.

Seguidamente, Becky siguió el ejemplo de Eric y dijo: "Mmmm, Lily, yo también quiero más".

Esta se ruborizó de nuevo. Era normal que un hombre como Eric comiera tanto, pero Becky, ¡nunca la había visto comer de esa manera!

Eric la cortó antes de que pudiera contestar: "Todavía tienes mucha comida en el plato, Becky", y, empujando su lonchera, añadió: "A Lily solo le queda la mitad, si la comparte contigo, ¿qué esperas que coma?".

"¿Y tú sí que puedes comer su otra mitad?", replicó la otra con dureza enarcando las cejas.

"Sí, porque yo no estoy lleno todavía", tras lo cual bajó la cabeza y empezó a comer de nuevo como si nada.

"¡Oye tú!", gritó Becky, enojada. No estaba para nada contenta con la respuesta de él. "¡Eres un cerdo!".

"Está bien, Becky, no te pongas así", intentó calmarla Lily, y luego añadió: "Si te apetece, la próxima vez cocinaré solo para ti".

"¿En serio? ¡Gracias, Lily!", la chica dio un brinco en su asiento y añadió: "Mañana es sábado. ¡Ven a mi casa!".

"Está bien, como desees".

"Iré contigo", la interrumpió Eric, como un niño que no quiere ser excluido.

"¡De ninguna manera!", Becky se enojó de nuevo y no dudó en rechazar su propuesta.

El chico arqueó las cejas e insistió: "Quiero ir contigo".

"¡De ninguna manera! Y no se hable más".

El sábado por la mañana, tras el consentimiento de Dillon, Lily desayunó algo rápido, y justo cuando se disponía a salir para ir a casa de su amiga vio entrar a Simon y Frank, conducidos por el mayordomo.

"Señor Dillon, el señor Simon y el señor Frank están aquí", anunció el mayordomo a Dillon, que se encontraba leyendo el periódico en el salón.

Este dejó su periódico y se levantó a saludarlos calurosamente, "¡Oh, ya están ustedes aquí, bienvenidos!".

"La verdad es que me siento muy avergonzado por venir a verte", dijo Simon con apuro.

Dillon entendió perfectamente a lo que se refería, le sonrió y le contestó con voz serena: "Frank es un niño y los niños cometen errores. Vengan aquí y siéntense con nosotros".

"Señor Dillon, traemos unos reconstituyentes especialmente preparados para usted y la señora Lucía. Es bueno para la salud", dijo Frank entregándole la caja de regalo.

"Pronto seremos una familia unida, no tienes que ser tan formal", dijo Dillon cariñosamente. A pesar de sus palabras, hizo una seña al mayordomo para que se llevara los regalos. Luego, se volvió hacia Jane y dijo: "Jane, pídale a la señorita Claire que venga".

"Está bien, señor Dillon", respondió ella cortésmente y subió las escaleras.

Lily hizo una mueca de desprecio mientras observaba la escena y la falsedad de esos hombres. Cuando Simon y Frank entraron, nada más verla, el padre cambió su sonrisa por una mirada de asco hacia ella. El hijo, por su parte, no podía mirarla directamente a los ojos.

"Lily, ¿no tenías que ir a casa de tu compañera de clase? Pídele a Tom que te acompañe", dijo Dillon de forma severa volviéndose repentinamente hacia su hija.

"No, padre, puedo ir yo sola", dijo con una sonrisa y añadió cortésmente: "Señor Simon, señor Frank, tengo una cita con mi compañera de clase, ruego que me disculpen. Adiós".

"No pasa nada, que se la pase usted bien", dijo Simon fingiendo una sonrisa.

Frank la observó sin decir palabra.

Justo antes de irse, ella escuchó la voz de Claire, "Lily, ¿vas a salir?".

Aunque hubiera preferido ignorarla, se giró hacia ella y respondió escuetamente: "Sí".

"Entonces cómprame una caja de antialérgicos", dijo Claire bajando las escaleras.

Lily arqueó las cejas, algo confundida pues no recordaba que su hermana hubiera tenido alguna alergia recientemente.

Claire se volvió repentinamente hacia su padre, lo tomó del brazo y le dijo con voz dulce y angelical: "Papá, dile a mi hermana que no se haga la tonta y que me compre mis medicinas".

"Lily, por favor, compra una caja de medicinas para Claire cuando regreses", dijo Dillon con calma tras acceder a la petición de su hija sin vacilar.

En ese momento Lily pareció entender las intenciones de su hermana, mostrarles a esos dos hombres quién era la preferida de su padre.

"Sí, padre", respondió con indiferencia y se dio la vuelta para irse.

La otra, no contenta con eso, se apresuró a gritar: "Lily, tráemela rápido por favor, la necesito urgentemente".

Lily la miró y curvó los labios, sin molestarse en decir nada. Cuando se dio la vuelta, se quedó completamente pasmada. ¿Qué hacía Eric allí?

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