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   Capítulo 25 Sentimientos extraños

Atados Por El Destino Por T. CAMERINO Palabras: 11138

Actualizado: 2020-03-12 00:15


Esa noche, cuando Eric llevó a Lily a un callejón remoto, ella finalmente comprendió lo que él había querido decirle antes.

Yasmin y Sheena estaban en el suelo, atadas de manos y pies, con los ojos vendados y amordazadas. Sus ropas estaban rasgadas y sucias.

"¡Oye! ¿Vas a ordenarles a tus hombres que...? Ya sabes a lo que me refiero", comenzó. Quería preguntarle al chico si obligaría a los otros a violarlas, pero era demasiado vergonzoso pronunciar esa palabra. Preguntar algo así era incómodo y espeluznante. Se limitó a mirarlo, como si buscara la respuesta en su rostro.

"¿Qué quieres decir? ¿De qué estás hablando?", respondió el joven, claramente sin entender lo que ella quiso preguntarle.

El callejón estaba oscuro, lo que les impedía ver bien las expresiones faciales del otro.

"Me refiero a esto...", la chica usó sus manos para hacer un gesto, tratando de expresar lo que quería decir.

El otro se rio de ella y, dándole unas palmaditas en la cabeza, dijo: "¡Qué mente tan sucia tienes!".

"Yo...", Lily se sonrojó al instante, sin saber cómo responder. Señalando a sus compañeras de escuela, agregó: "Fíjate bien en esa imagen. Cinco o seis hombres están rodeando a esas dos chicas y les están arrancando la ropa. ¿Qué más podrían estar haciendo si no eso?".

"Creo que deberías ver más cuidadosamente", comentó el chico.

Era difícil de ver bajo la tenue luz de la calle, pero los matones golpeaban a las chicas.

"Oye, ¿no están ejerciendo demasiada violencia?", preguntó la otra, al darse cuenta. Ni siquiera en su vida anterior, habría considerado tratar a Frank y Claire con tanta violencia como la que estaba presenciando ahora, incluso con todo el mal que ellos le hicieron.

"Por supuesto que no", respondió Eric en un tono algo frío. "Estos hombres están entrenados y tienen un buen control de su fuerza. Ellas no sufrirán ningún daño grave. Solo tendrán algunos moretones menores".

"No entiendo cómo puedes hablar de esa manera. ¿Acaso vienes de la mafia?", preguntó Lilly, volviéndose hacia él. Debido a que estaban demasiado cerca el uno del otro, casi se tocaron narices y labios cuando se giró.

De repente, ambos sintieron que el tiempo se detuvo.

La joven se percató de que su corazón había comenzado a latir como nunca antes lo había hecho.

Todo el ruido externo parecía haber desaparecido. Eric no podía oír nada más que el sonido de su propio corazón latiendo. Sus ojos negros brillaban mientras su mirada descansaba en los labios rosados de la otra. Inconsciente, tragó saliva.

Lily fue la primera en volver a sus sentidos. Ella estaba bastante familiarizada con los ojos apasionados y fogosos del otro.

Aunque él aún era joven, ya estaba en la pubertad, una etapa en la que el amor comenzaba a florecer en su corazón.

Tosió y retiró su mano de la de Eric, dando unos pasos hacia atrás para distanciarse de él.

Cuando el chico salió de su ensimismamiento, se sintió avergonzado y trató de ocultar sus sentimientos.

"¿De dónde sacas que vengo de la mafia?", preguntó. Aunque hizo todo lo posible por sonar tranquilo, todavía había rastros de inquietud en su voz.

"Bueno, entonces, ¿dónde encontraste a esta gente? Además de eso, ¿por qué Terence, quien me golpeó la última vez, te llama jefe?".

"Bueno, eso...", comenzó el otro, pero se detuvo. Después de pensarlo un rato, respondió: "Él y yo vamos al mismo centro de artes marciales, y me llama 'jefe' porque no ha podido derrotarme. En cuanto a los demás hombres, si tienes dinero, otros estarán dispuestos a hacer cualquier cosa por ti".

Lily lo miró con sorpresa al oír esa respuesta, pero no hizo más preguntas, ya que sabía que él no le diría toda la verdad.

Cuando la golpiza de Yasmin y Sheena terminó, los hombres comenzaron a irse.

"Déjame llevarte de regreso", dijo Eric.

Ella asintió. Ya se estaba haciendo tarde y ambos tenían que regresar a casa.

"¿Así que esto es todo? ¿Con golpearlas aseguras que ya no habrá más problemas?", preguntó Lily mientras caminaba junto a él.

"¿Crees que eso es posible?", respondió el otro, inclinando la cabeza hacia ella.

"Bueno, ¿qué pretendes hacer entonces?".

"Tus heridas ya se curaron. Deberías ir a la escuela mañana", él cambió de tema, sin ánimos de continuar la conversación, y aceleró el paso.

Lily intentaba llevarle el ritmo, todavía confundida por lo que acababa de pasar.

Al día siguiente, Becky y ella se fueron juntas a la escuela. Sin embargo, apenas entró a su aula, el decano la llamó a la oficina.

Se sorprendió al ver a Yasmin y Sheena allí también, quienes estaban en silencio con las cabezas gachas. Tenía que aceptar que los hombres que Eric había contratado eran profesionales, ya que las chicas no tenían ni una cicatriz en las zonas visibles.

"Buenos días, señor", saludó al hombre al entrar en la oficina.

"Bueno, Lily, este ha sido un giro sorprendente de los acontecimientos", el decano ni siquiera podía mirarla a los ojos. "Parece que, después de todo, sí fueron víctimas. Yo no lo sabía y les acusé injustamente".

"Eso ya no importa. Lo importante es que todos tengan claro lo que realmente sucedió", exclamó la chica, sonriendo.

"¿Cómo podemos dejar que las cosas sigan como si no hubiera pasado nada?", intervino Eric repentinamente. Entró a la oficina con su actitud desinteresada y perezosa de siempre, con las manos metidas en los bolsillos. "¿Sabes? Como decano, deberías asumir la responsabilidad de tus acciones. Nos hizo daño al creer lo que otras personas dijeron sin siquiera investigar el

asunto".

El hombre no pudo evitar sonrojarse. "La verdad ya salió a luz. La publicación en el foro de la escuela fue eliminada y se publicó un anuncio aclarando el malentendido".

"Quiero que ellas se disculpen", el otro se volvió hacia Yasmin y Sheena.

"Vengan aquí, chicas", el decano cambió su tono de voz, sonando más severo que antes. Debido a que las clases aún no habían comenzado, todavía había algunos profesores en la oficina. Él ya se sentía muy avergonzado por todo lo sucedido y por no haber confirmado nunca la veracidad de los hechos, así que solo quería terminar con este asunto lo antes posible.

Las otras se acercaron a él, todavía con las cabezas gachas.

"Lo... Lo sentimos", dijeron ambas chicas al mismo tiempo.

"Eso no es lo que quiero", replicó Eric con tranquilidad.

"Ya... Ya nos disculpamos", soltó Yasmin, mirándolo como una cobarde llorona.

"¿Tú estás satisfecha con sus disculpas?", le preguntó el otro a Lily, en un tono que claramente expresaba que quería que estuviera de acuerdo con él.

Ella se sorprendió, ya que no esperaba esa pregunta. Estaba a punto de responder cuando, de repente, el chico volvió a hablar: "¿Lo ven? Obviamente, no estamos satisfechos con sus disculpas a medias".

"¡Eric!", el decano estaba tan avergonzado que no podía mantener una expresión calmada.

"Señor...", el otro lo miró. "Nosotros solo somos gente sencilla, al igual que nuestra pequeña petición. ¡Quiero que ambas se disculpen frente a toda la escuela!", demandó con firmeza, sin dejar espacio para la negociación. Luego miró a Lily. No podía evitar sentirse mal cada vez que recordaba su rostro hinchado ese día.

"Haremos lo que él diga. ¡Lo haremos!", respondieron Yasmin y Sheena, temblando y asintiendo con la cabeza lo más rápido que podían. Lo que les pasó el día anterior las había llenado de terror.

El resto de los profesores que aún estaban en la oficina las miraron conmocionados. Si ellas se disculpaban frente a todos, estarían condenándose a sí mismas al rechazo de parte de todos los demás.

Las chicas cumplieron con su promesa, aunque no se disculparon dando la cara. Simplemente reconocieron su culpa en la radio de la escuela y le pidieron perdón a Eric y Lily. Después de eso, fueron castigadas por la escuela.

Aunque el asunto ya estaba terminado y resuelto, Lily todavía se sentía un poco incómoda.

"Oye, ¿algo te sigue molestando? ¿No estás feliz de que todo ese problema ahora sea cosa del pasado?", le preguntó Eric mientras caminaban por un sendero de la escuela.

"Yo... No lo sé. Realmente no entiendo bien qué me sucede. Solo tengo un mal presentimiento".

"Bueno, no pienses demasiado en eso", el chico le dio unas suaves palmaditas en la cabeza. "Vete a casa y descansa bien hoy. No tienes que preocuparte por nada más. Tienes clases mañana".

Ella no le prestó mucha atención a las acciones del chico. Solo suspiró, reconociendo que tal vez sí estaba pensando demasiado las cosas.

Esa tarde, recibió una llamada inesperada de la antigua casa de la familia Qiao. Solo había una persona allí que la llamaría, y ese era su abuelo, Joe.

Este, en un tono de voz ligeramente infeliz, le pidió que fuera a su casa. Tras colgar la llamada, ella se preparó de inmediato y se fue.

Una vez allí, encontró a su abuelo descansando en una silla en el patio trasero, apreciando las hermosas rosas del jardín. Al verlo, no pudo evitar sentir un nudo en la garganta.

"Lily, ¡llegaste!", dijo el anciano, tenía la voz ronca.

"¡Abuelo!", la chica se acercó a la tumbona, se acuclilló junto a él y comenzó a masajearle las piernas.

"¡Ah! ¡Gracias!", suspiró el otro, extendiendo la mano para acariciarle la cabeza. "Lamento que hayas tenido que sufrir tanto estos últimos días".

Al oír esto, ella sintió ganas de romper en llanto, pero mantuvo la compostura con una sonrisa. "Estoy bien, abuelo. Estoy comiendo bien y viviendo bien".

"Por favor, dime la verdad, Lily", Joe la miró con preocupación. Podía sentir que llevaba días afligida. "Estoy atrapado en esta vieja casa, pero igualmente me enteré de lo que te pasó. Tu padre fue hechizado por esa mujer. Ya ni siquiera sabe distinguir entre lo que está bien y lo que está mal".

"Abuelo...", dijo la chica, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

"Hace unos días, tu padre me visitó y me pidió que dejara que Eden se involucrara en los negocios de la compañía lo antes posible. Reflexioné al respecto. Al final acepté, ya que él es el único chico joven de nuestra familia", continuó el hombre. "No soy tan viejo y senil. Sé que esa petición debe haber surgido por culpa de esa mujer. Seguramente, ella le persuadió. Sin embargo, también quiero que tú te involucres en la empresa lo antes posible".

"Abuelo, ¿de qué estás hablando?", Lily lo miró sorprendida, sin saber cómo reaccionar.

"No quiero obligarte a hacerlo, pero me gustaría saber si estarías dispuesta a ayudarme a administrar la compañía", el anciano le dio una mirada llena de esperanza.

Fue entonces cuando las lágrimas finalmente cayeron de sus ojos. Ahogada en sus sollozos, asintió vigorosamente y respondió: "Ya que ese es tu deseo, cuenta conmigo".

Joe sonrió y volvió la mirada hacia las rosas en el patio, con afecto en sus ojos.

La chica hizo lo mismo que él, sintiendo una mezcla de tristeza y añoranza. Las rosas eran la flor favorita de la abuela cuando todavía estaba viva. Ella ya no estaba, pero las rosas seguían allí, dejando al anciano solo con los recuerdos de todo lo que había vivido junto a ella.

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