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   Capítulo 4 ¿Será suficiente con la mitad de YS Group

Trampas Amorosas Por LUISINA PENARANDA Palabras: 4119

Actualizado: 2020-03-12 00:08


Tracy se quedó paralizada, como si alguien le hubiera arrancado el corazón del pecho, pero decidió secarse las lágrimas y seguir a Ben.

Le temblaban las piernas y sentía como si su cuerpo se debilitara por momentos. Sin embargo, apenas entró en un lujoso salón privado, sus ojos se abrieron de par en par y su ánimo cambió de repente, recuperando al instante su estado natural.

Poco a poco, la habitación fue quedando en silencio fruto de la tensión, mientras todos los jugadores se devanaban los sesos pensando en su próxima apuesta.

Tracy miró a Ben con el ceño fruncido y dijo: "Yo no tengo dinero".

Ben pensó que se trataba de una broma y sus ojos se iluminaron al torcer su sonrisa. "¿Me vas a decir que no tienes mil millones de dólares en tu cuenta?".

Tracy negó enérgicamente con la cabeza. "¡No, no puedo hacerlo! No con mi dinero".

Ben ensanchó su sonrisa. "De hecho, deberías tener dos mil millones ahora mismo. Acabas de ganarme mil millones, ¿recuerdas?".

Esa chica tenía la clara intención de apostar, aunque solo si su dinero permanecía intacto. Tuvo el presentimiento de que Tracy era más inteligente de lo que había imaginado.

"No me interrumpas cuando te hablo," siseó Tracy entre dientes.

"He dicho que ya no voy a jugar más con mi dinero. No pienso arriesgarme a perderlo todo. No puedo hacerlo".

"Pero yo tampoco tengo dinero".

"¡Tú lo que eres es un tacaño!", dijo Tracy mientras agitaba las manos presa de la exasperación.

Ben frunció el ceño. "¡Está bien! ¿Será suficiente con la mitad de YS Group?".

"¿Y si pierdo?". Tracy parecía visiblemente nerviosa.

Apostar la mitad de las acciones de YS Group era algo muy arriesgado.

"Si no estás segura de ganar, ¿te harías cargo de la mitad de YS Group?", preguntó Ben arqueando una ceja.

Los labios de Tracy dibujaron una sonrisa. Entendía perfectamente lo que estaba insinuando.

Y entonces se dio cuenta de todo.

Tracy aprendió a apostar con tan solo cuatro años y desde entonces nunca había perdido una sola apuesta.

Ben permaneció

en silencio mientras observaba como Tracy desaparecía entre la multitud. En sus ojos brillaba la confianza, como si la victoria estuviera al alcance de su mano.

De repente, su corazón dio un vuelco al reparar en las consecuencias que su decisión podría acarrear.

'Apostar la mitad de YS Group es un auténtico disparate. Estoy poniendo mi vida en riesgo por esta chica'.

Tracy se hizo un hueco entre la multitud y decidió seguir su técnica habitual: esperar a que todos los jugadores hicieran sus apuestas antes de adivinar el resultado.

Hizo una mueca con los labios. Estaba totalmente concentrada en el juego.

Nadie más había apostado una cantidad tan exorbitante de dinero. A Tracy siempre se le había dado bien el juego mental y la manipulación como estrategia para ganar. Su descomunal apuesta no pretendía otra cosa que encender los ánimos entre los apostantes y de paso desahogar la frustración que anidaba en ella.

Era hora de que Tracy revelara sus cartas.

Fijó la mirada en las manos del camarero.

"¡Espere!", dijo una voz profunda y fría. Un escalofrío recorrió toda su espalda.

Tracy giró la cabeza para ver quién era y su corazón dio un vuelco al ver un rostro familiar.

¿Qué estaba haciendo Brody allí?

Su mano fuerte apretó los dedos blancos del camarero y este lo miró con sorpresa.

Brody iba ataviado con un traje negro ceñido a su robusta figura. Su rostro afilado no mostraba expresión alguna. Observó a los jugadores con altivez y luego miró fijamente al crupier.

"Señor, lo siento, estamos a punto de mostrar la última carta. Podrá apostar en la próxima ronda", le instó formalmente. "¡No!". Brody lanzó su mirada hacia la caja de monedas que brillaba bajo la luz de los focos.

"Ahora la banca soy yo, pagaré por ella el doble de lo que hay en esa caja".

"¿Qué?". El camarero arrugó la frente y estudió el rostro de Brody. Pensaba que aquel hombre se había vuelto loco, pero no se atrevió a replicarle.

"Podrás pagar por una apuesta, pero jamás podrás pagar por convertirte en banquero".

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