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   Capítulo 2 Qué bueno sería si ella fuera mi madre

Padre Por Sorpresa Por LUCINDA JOAQUIN Palabras: 5980

Actualizado: 2020-03-18 00:16


Al paso de los años, Nancy ya era reconocida como una pediatra talentosa en todo el país por sus excelentes habilidades de medicina.

No pudo evitar regresar, incluso con todo lo que había sucedido, este seguía siendo el lugar al que llamaba "hogar".

"¡Nancy!", una voz familiar la llamó desde la multitud.

"¡Llegaste temprano!", sonrió y se acercó a abrazarla, había pasado tanto tiempo desde la última vez que había visto a Doris He.

La chica volteó los ojos y le dijo: "Obviamente, soy tu mejor amiga, ¡salí corriendo de mi trabajo apenas me dijiste que vendrías!".

Nancy sonrió con sinceridad, "¡gracias!".

Durante los cinco años en que su madre estuvo enferma y ella pasando por las malas rachas, Doris siempre estuvo allí para ella, en las buenas y en las malas.

"Vámonos, querida". Agarrada al brazo de la joven, su amiga se dirigió hacia su escarabajo de segunda mano.

"Señorita, ¿podría darme algo de dinero?, tengo hambre", una pequeña mano sucia agarró el borde de la camisa de Nancy, ella se detuvo, miró hacia abajo y vio que era un niño.

Sintió una punzada en el corazón, debía tener aproximadamente la edad del suyo.

"¿Dónde están tus padres?", le preguntó mientras se agachaba, pero

el chico solo sacudió la cabeza.

"Nancy, eres demasiado amable. Por lo general, los padres hacen que sus hijos mendiguen en su lugar, ¿acaso no lo sabes?, es lo que hacen ahora. Así que guarda tu simpatía", Doris resopló.

"¡Yo no soy así!, ¡basta!", pisoteó el niño con frustración, mirando con ira a la joven He.

Es muy difícil decirles que no a los pequeños, normalmente la gente siente más cariño por ellos, pero a Doris le importaba muy poco.

"No tengo mamá ni papá, señorita", lo decía mientras le hacía ojitos a Nancy, y tirando de su brazo le pidió: "Por favor, ¿podría llevarme a comer?".

"Está bien", ella siempre era buena con los niños.

"Solo eliges a los que parecen amables, ¿verdad?", resopló su amiga, sacudiendo la cabeza. Ella nunca se confiaba de esas personas, mucho menos después de ver todos los trucos que guardaban.

El pequeño le hizo una mueca en respuesta.

"Es solo una comida, Doris", espetó, sosteniendo la mano del jovencito cariñosamente, y le preguntó: "¿Cómo te llamas?".

"Mi nombre es Bobby", se quedó pensando por un momento antes de hablar, pues no podía decirle su nombre completo porque estaba siendo buscado.

"Es un buen nombre", contestó la chica mientras revolvía el cabello del niño.

"¿Se llama Nancy, señorita?", preguntó.

"¿Cómo lo sabes?", saltó su amiga justo antes de que ella pudiera responder.

"Es muy tonta, acabo de escuchar que usted la llamó por su nombre".

"Qué... Escucha, soy la persona más inteligente de este país, tal vez del mundo, ¡¿por qué no vienes aquí para que pueda patearte un poco el trasero?!", Doris levantaba la mano, como si estuviera a punto de golpearlo.

Enseguida, Bobby se escondió detrás de Nancy y le sacó la lengua a su amiga.

Mientra

s correteaban, la pantalla de un centro comercial mostraba un aviso. 'El señorito Bobby, joven amo de la familia Fu, lleva doce horas desaparecido, aquí está su foto, si lo ve, llame al número que figura a continuación, a cambio, recibirá millones en efectivo', se leía.

"¿Qué es eso en la pantalla?", Doris frunció las cejas, tratando de prestar atención. Sin embargo, el chico le gritó antes de que ella pudiera ver bien la noticia, "debes amar el apestoso tofu, ¿no?, ¿eh?".

"¿Qué?", la joven se giró hacia él, con las manos en las caderas, perdiendo el interés de la proyección.

"Bueno, escuché que a la gente gorda le gusta comer tofu apestoso, y tú eres muy gorda, así que supongo que te debe gustar mucho", decía el jovencito mientras miraba disimuladamente a la pantalla. Vio que el aviso ya no estaba, y que afortunadamente, no pudieron verlo.

"¡Mocoso! Estoy gorda porque... porque... ¡bueno, no es por el tofu!", dijo algo avergonzada.

Siempre había sido gordita, y realmente era porque comía de todo, también le gustaba el tofu, ¡pero no lo admitiría delante de ese niño!

Nancy sonrió, bromeando: "Bueno, tiene razón en algo, ¡te encantó durante años!".

Su amiga se cruzó de brazos, resoplando, "acabas de conocerlo y ya estás de su lado, le tratas como si fuese tu hijo propio".

"¿Qué tonterías dices?", se rio, evitando su mirada, ese siempre había sido un tema que mantuvo oculto durante años, nunca habló de eso. Se volteó hacia el pequeño y le preguntó: "Dime, qué te gustaría comer".

"Abulón... gachas de abulón, langosta australiana... y...", siempre lo habían alimentado con ese tipo de comida, realmente no había probado otras cosas, aunque ya se había cansado de comer siempre lo mismo, hambriento, no podía pensar en otro tipo de alimento.

Antes de que pudiera terminar, Doris lo interrumpió: "Niño, ¿estás bromeando?, ¿abulón?, ¿langosta?, ¿acaso crees que somos ricas o algo así? Mira, o es panes al vapor o bollos rellenos, ¡nada más!".

"Señorita, no se preocupe, como buen chico lo acepto". Nunca pensó en lo difícil que era pedir dinero, y ahora que finalmente había encontrado a alguien tan bondadoso como Nancy, no quería dejarla ir.

Además, no entendía bien la diferencia entre bollos rellenos y abulón, ambos eran comida, incluso habiendo nacido en cuna de oro, no entendía las diferencias entre esos platos.

"Está bien, puedo llevarte a comer gachas de abulón y langosta australiana, también son mis favoritos", dijo Nancy sonriendo.

"¿De verdad?", se le iluminaron los ojos, cómo le gustaría que ella fuese su madre.

El cielo se estaba oscureciendo poco a poco, y aunque era verano, en la villa de los Fu el ambiente era tan frío como el hielo.

En el interior, Angelina se encontraba en la sala caminando de un lado para el otro. "Charles, ¿no vas a decir nada?", dijo ella, desesperada y nerviosa. "¿Qué le habrá sucedido?, ¿crees que pudo haber sido secuestrado y vendido por traficantes de personas?".

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