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   Capítulo 10 Un hombre terco

Padre Por Sorpresa Por LUCINDA JOAQUIN Palabras: 7440

Actualizado: 2020-03-20 00:26


"¡Charles!", gritó Nancy enojada, nunca había conocido a un hombre tan terco.

El hombre la miró salvajemente, mostrando en su expresión que no cedería y

su porfía irritó tremendamente a la joven, quien en respuesta sacudió los brazos y corrió hacia la puerta.

Él no la dejó ir, por el contrario, tiró de su brazo con más fuerza.

Nancy era una chica delgada y él, un hombre corpulento, por lo que ella fue arrastrada a sus brazos.

De repente, la puerta se abrió y apareció Jessie, "Lo siento, yo no vi nada. ¡Ustedes dos continúen, por favor!", dijo con una sonrisa difícil de descifrar.

La joven se sonrojó de inmediato y luchó para soltarse, pero Charles la abrazó con más fuerza, como para avergonzarla deliberadamente.

"Doctora Jessie, ¡no es lo que usted piensa!", Nancy quería explicar, pero sus palabras sonaban como si estuviera tratando de encubrir algo.

"No, yo no pienso nada; no te preocupes, ya te dije que no vi nada, ¿o no?". Jessie miró al hombre amablemente, pero

despreciaba a la otra desde lo más profundo de su corazón;

no era de extrañar que Hobart fuera tan amable con la nueva médica, porque resultaba ser que se aferró a Charles para recibir su apoyo.

"Sí, muy bien. Otra cosa, doctora, ¿podría decirle al director Hobart que Nancy será la médica privada de Bobby durante los días que esté en el hospital? Y en lo que concierne a los otros pacientes, ¡quedan en sus manos!", dijo el hombre cortésmente, pero con un tono duro y frío.

"Oh... ja, ja, ja", rio ella. "De acuerdo...", al sentir que Charles la observaba intensamente, Jessie se asustó y no se atrevió a decir nada más; se dio la vuelta y se fue a toda prisa, sintiéndose molesta de haber presenciado esa escena y deseando ser ella en los brazos de ese hombre en vez de aquella joven.

Todas las chicas de la ciudad soñaban con estar con él y ella era no era la excepción, pero desgraciadamente Nancy fue la afortunada en conseguirlo.

"¡Charles, te juro que Dios te envió a castigarme!", dijo la chica, que ya no sabía qué hacer con ese hombre. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la cama de Bobby.

"Entonces, de ahora en adelante, tienes que ser una buena chica", dijo el otro, encogiéndose de hombros.

Al día siguiente, Bobby se despertó.

Cuando vio a Nancy, sus grandes ojos se iluminaron y dijo:

"¡Mami, sabía que te vería!". Estiró su manito para acariciar la cara de la joven y

su cálido tacto hizo que el corazón de ella se ablandara.

"Bobby, ya no puedes resfriarte, ¿entiendes?", le dijo mientras le limpiaba la nariz.

Frunciendo el ceño, el pequeño dijo melancólico: "Resfriándome es la única forma en que puedo verte. ¿Sino, qué hago?".

"Bobo...", le respondió ella sin saber qué decir en realidad.

"Mientras no te resfríes, te prometo que puedes verla cuando quieras", dijo Charles, y al escucharlo, los ojos del niño se tornaron brillantes como las estrellas.

Nancy estaba completamente confundida. '¿Qué diablos querían de ella?

¿Es que acaso estaba pagando una deuda de sus vidas pasadas?

¿Sería posible que alguna vez encontrara a alguien con quien pasar el resto de su vida?'.

"Mami, yo te agrado, ¿verdad?", le preguntó el pequeño, inclinando la cabeza.

'¿Cómo podría decirle que no?', además, a ella realmente le gustaba ese niñito; si tan solo pudiera dejar de llamarla "mami"... le gustaría aún más.

"Oh... Claro que sí...", le contestó con una sonrisa.

"Mami, me dio hambre, quiero comer algo", dijo el pequeño estirando sus suaves y tiernos bracitos.

"¿Qué te gustaría comer?", ella preguntó.

"Comeré lo que sea que me hayas traído, mami".

Charles no daba crédito a sus oídos, Bobby era muy mañoso y comía poco aunqu

e el menú fuera variado, pero sí quería comer lo que esta mujer le trajera. 'Es muy Insólito.

¿Tanto la quería?', se preguntó él.

"¿Qué tal bollos al vapor?", le preguntó ella, porque eran su merienda favorita.

A Nancy le encantaban y creía firmemente que a todos le encantaban igual.

"¡Genial!", aceptó Bobby sin dudarlo.

"¿Qué hay de ti? ¿Necesitas que te traiga algo para comer?", ella le preguntó a Charles en mal tono.

"¡Sí, claro!", respondió él.

Nancy extendió la mano.

"¿Qué?", preguntó el hombre, sin entender su gesto.

"Yo pago la comida de Bobby, pero no la tuya", desde su regreso, había gastado casi todo el tiempo con ellos, no iba a gastar también su dinero.

"No tengo efectivo, solo tarjetas", decía eso Charles mientras sacaba su negra billetera de cuero.

Nancy suspiró con irritación, "Guárdalo, ¡ya me lo devuelves más tarde!".

"De todo lo que has dicho hoy, y eso que es bastante, esa frase es la única sensata. ¡Me gusta!", guardó la billetera y sonrió.

La joven estaba extremadamente molesta, pero se dio cuenta de que era su propia culpa, '¡Qué rabia!', pensó.

Charles, por el contrario, se sentía encantado al ver la expresión de enojo en el rostro de ella.

El padre y el hijo estaban felices porque Nancy se encargaba de todo, pero ella solo deseaba darle el alta al pequeño para recuperar su pacífica vida e ir a trabajar.

De hecho, Bobby se recuperó al día siguiente, pero el pequeño bribón tenía planes propios.

Así es que, de vez en cuando, tosía, para que Nancy le buscara un vaso de agua y le lavara la fruta.

Los dos hombres se miraban en sonriente complicidad.

Charles no estaba para nada preocupado, ya que podía trabajar desde cualquier parte y en lo que concernía a los clientes, dejó a su asistente a cargo.

Por la mañana, cuando Nancy estaba terminando de lavarle la cara a Bobby, la llamó Doris.

"Chica, ¡realmente eres muy astuta! ¡No nos hemos visto en unos pocos días y ya saliste con Charles! ¡Bien hecho!", su tono rebosaba de celos y de sarcasmo.

"Doris, más vale que cuides tus palabras. ¿Desde cuándo me convertí en una mujer superficial?", contestó la otra mientras dirigía su mirada hacia el hombre, que se afeitaba relajadamente.

"Venga, ya sabes que él es muy codiciado, encima ustedes salen en las redes sociales, no hay razón para que finjas", insistió Doris con una sonrisa cínica y continuó: "Para serte franca, nunca me esperé que ese niño fuera hijo de la familia Fu. Tienes un excelente gusto, si cuidas bien al pequeño, puedes quedarte con el grande".

"¡Déjate de estupideces!", respondió Nancy enojada.

"Bueno, bueno, no te pongas así, es algo muy bueno; excelente, diría yo. Deberías aprovechar la oportunidad y hacer todo lo posible para convertirte en parte del clan Fu, así podrás vivir cómodamente por el resto de tu vida, y yo podría aprovecharme algo de ti igual, jajaja...", rio la amiga. La voz de Doris era estridente como un petardo, así que temerosa de que Charles la escuchara, Nancy colgó tan pronto como pudo.

Luego se puso a revisar las noticias en su teléfono, y se ofuscó aún más.

"¿Por qué estas personas se inventan barbaridades sobre mí?", comentó en voz alta. En una de las noticias se leía: "...doctora famosa apareció en el hospital municipal...". '¿De dónde demonios había aparecido todo eso?', se preguntó. "El hijo ilegítimo de la doctora Nancy ha sido descubierto", leyó. "¿Qué?", exclamó con furia. Mientras más leía, más se alteraba. "¿De qué diantres están hablando? ¡Todo esto es basura!...".

Charles le quitó el teléfono de la mano y comenzó a leer, entrecerrando los ojos con un gesto analítico.

"¿Te importa que digan eso?", preguntó.

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