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   Capítulo 5 ¡Ni siquiera la toqué!

Resides En Mi Corazón Por Young Palabras: 8373

Actualizado: 2020-04-02 00:21


Conteniendo las lágrimas, Angela sacó las llaves que hace sólo medio mes, Christa le había dado felizmente. "¡Vamos! Aférrate a esto, ¡es la llave de nuestro nuevo hogar! Una vez que encuentres un buen trabajo, podemos dividir el alquiler", había dicho ella.

Sin embargo, sólo unos días después de eso comenzaron los problemas pues Angela se había encontrado con los mensajes que Christa había enviado a todos, diciendo que ella se había quedado allí sin pagarle un solo centavo.

Incluso después de ver eso, Angela no le había reclamado en absoluto. De hecho, pensaba que Christa debía estar bajo mucha presión, por lo que estaba decidida a encontrar una manera de conseguir dinero para apoyarla. Entonces pidió prestados dos mil dólares a sus amigos y se los dio a Christa para que pudiera pagar la mitad del alquiler a principios del mes en curso, no obstante, ella la echó sólo tres días después.

Cuanto más pensaba en esto, Angela se enojaba más ya que la que supuestamente era su amiga se había burlado de ella.

De repente miró su teléfono y se dio cuenta de que había recibido un mensaje de texto de Christa que decía: "El dinero que me diste fue suficiente para pagar a un acompañante masculino y la habitación del hotel".

Al leer eso, Angela sintió una punzada en el corazón, era como si esas palabras le hubieran bloqueado el pecho.

Ella apretó los dientes, se agachó y deslizó las llaves debajo de la puerta, después de eso, salió del edificio de apartamentos con su maleta y un futuro incierto.

Incluso de noche, las deslumbrantes luces de la Ciudad S eran tan brillantes como la luz del día.

Aunque caminaba entre una exorbitante multitud de personas en una gran urbe, Angela se sentía inexplicablemente sola y pensó mucho antes de decidir no llamar a ninguno de sus amigos para pedir ayuda pues no quería que la vieran en una condición tan miserable.

Era casi fin de semana, así que ella alquiló una habitación de hotel para pasar la noche y comenzar a buscar un apartamento la mañana siguiente.

Podría vivir bien incluso si estuviera sola.

El costo de vida en el distrito de LH, que estaba en el centro de la Ciudad S, era tan alto que una persona promedio no podía permitirse comprar una casa allí, incluso si trabajaba duro durante cien años.

Mientras tanto, dentro de Villa No. 23 de LH Garden, la mesa del comedor estaba ataviada con múltiples y exquisitos platillos.

"Kay, coloca los huevos revueltos con tomates frente a Edward, es su comida favorita. Por cierto, ¿ya está lista la sopa de nísperos? ¡Eso lo ayuda a mantenerse saludable!", dijo una mujer de mediana edad con una sonrisa radiante.

Kay, quien estaba vestida con un delantal, respondió respetuosamente: "Todo está listo, señora. Incluso he preparado la comida favorita de Hilda: papas al curry, tal como usted me lo pidió".

"¡Excelente!", Anna Chen exclamó satisfecha.

En ese momento, su teléfono sonó de repente.

"¿Hola?", ella dijo, respondiendo a la llamada.

"Mamá, no voy a ir a cenar", Edward comentó brevemente.

"¿Qué dices? ¿Hola? ¿Hola? ¿Hola?", como no obtuvo respuesta, Anna miró su celular con enojo.

De repente, la puerta se abrió de golpe y vio a su hijo entrar en la casa, ella se acercó alegremente a él y le dijo: "¡Cariño, has vuelto!".

Edward sólo la miró con desinterés, pero a pesar de su indiferencia, respetaba profundamente a su madre. Kay llevaba años siendo su ama de llaves y había sido testigo de su crecimiento, sin embargo, nunca lo había visto reaccionar con tanto desprecio hacia su madre.

Ella dio un paso adelante con una sonrisa y trató de romper la tensión en el ambiente: "¡Edward, tu mamá preparó todas tus comidas favoritas con mucho cariño!".

Edward siempre había respetado a Kay, no obstante, su mente seguía preocupada por lo que había sucedido la noche anterior y estaba un tanto molesto. A pesar de ello, él no se desquitó con nadie, en cambio, se giró hacia la mujer y dijo en un tono un poco más suave: "Gracias, pero no tengo hambre".

Luego se dirigió directamente al segundo piso, ignorando los gritos de Anna.

Una vez que estuvo en su habitación, Edward empacó algo de su ropa y

la puso cuidadosamente en una maleta. Temiendo que se fuera a ir de la casa, su madre irrumpió en su alcoba, le arrebató la maleta de las manos y exclamó nerviosamente: "¡Hijo! ¿A dónde vas?".

"¿Y todavía preguntas?", Edward espetó sin rodeos.

"¡Está bien, está bien, es culpa mía! Tienes más de treinta años y sigues soltero, ¿cómo quieres que no me preocupe por ti?", Anna no podía evitar sentirse frustrada. Siempre que sus amigas ricas hablaban de las bodas de sus hijos, ella se sentía celosa y molesta, no había problema con que su primogénito no estuviera dispuesto a casarse, pero ni siquiera salía con nadie, lo cual la molestaba bastante. De hecho, él siempre estaba solo, por lo que la gente dudaba de que fuera asexual e incluso se decía que le gustaban los hombres.

Edward era su único hijo, si fuera homosexual, ¿cómo continuaría con el legado familiar?

Cada vez que Anna pensaba en ese asunto, un escalofrío le recorría la espalda y no podía evitar comportarse precipitadamente.

"¡Lo juro! No era mi intención emparejarte con esa chica. Sólo la envié para ver si te gustaban las mujeres o no. Por fortuna sí te gustan, ¡y ese es un alivio para mí!", Anna suspiró orgullosa, sin darse cuenta de que el semblante de Edward se había endurecido.

"¿Así que me estabas poniendo a prueba? ¿Enviaste a esa clase de mujer para comprobar mis preferencias? ¿Hiciste eso con tu propio hijo?", él preguntó indignado.

La verdad era que Anna no sólo había enviado a esa mujer, sino también a algunos hombres para "probarlo", les había dado dinero a todos y les había pedido que sedujeran a Edward. Sin embargo, y por suerte para ella, su hijo no había tocado a ninguno de los hombres. Al verlo tan enojado, la mujer pensó que era mejor si no mencionaba esto último para evitar más problemas.

Ella no se dio cuenta de que estaba cruzando una línea cuando se acercó a él y le preguntó: "Esa chica era hermosa y tenía un cuerpo perfectamente voluptuoso, yo misma la elegí para ti, así que dime... ¿Cómo se sintió anoche? ¿No fue asombroso?".

¿Asombroso?

Al escuchar esa palabra, Edward se puso furioso, levantó su maleta y gruñó: "Siento decepcionarte, ¡pero no me acosté con ella!".

Con eso, salió furioso de su alcoba. Anna corrió tras él mientras gritaba: "¿Cómo es posible? ¡Ella dijo que eras increíble en la cama!".

Si no fuera su madre, Edward ya la habría abofeteado por decir esas palabras tan vulgares.

"¡Ni siquiera le toqué un dedo!", él dio un paso adelante y le advirtió, "Y sobre esos hombres... ¡no quiero que vuelvas a intentar eso conmigo!".

Como era culpable de todo, Anna ni siquiera intentó replicar, de hecho, estaba tan aterrada que tampoco se molestó en detenerlo. Mientras lo veía irse lleno de rabia, algo más comenzó a preocuparla, entonces sacó su teléfono del bolsillo y llamó a esa mujer que había contratado.

Con una sonrisa fingida y una voz suave, ella la saludó: "¡Hola, señorita Li! Me gustaría hacerte algunas preguntas sobre anoche, espero que no te moleste".

"Claro que no Sra. Chen, por favor adelante", respondió la mujer.

"Acerca del Sr. Yan, el hombre con el que te acostaste anoche, ¿tenía una marca de nacimiento roja debajo de la cintura?", cuestionó Anna.

"¿Por qué lo pregunta?", la mujer dijo un poco nerviosa.

"Es sólo que me temo que te hayas acostado con el hombre equivocado", Anna pronunció seriamente.

"¡Ya veo! Así es, sí vi una marca de nacimiento roja en su trasero", la chica respondió de la manera más casual que pudo.

Pero de pronto, Anna dejó de sonreír y dijo con severidad: "No me mientas, sé que no te acostaste con mi hijo anoche, él no tiene allí ninguna marca de nacimiento".

Al darse cuenta de que la habían atrapado, la mujer de la otra línea se disculpó rápidamente: "Admito que mentí Sra. Chen, le di la droga pero él se negó a acompañarme y se fue corriendo, lo seguí a su habitación y escuché los gemidos de una mujer en el interior. ¿No me dijo usted misma que mientras averiguara si era heterosexual, mi trabajo estaría hecho? Debería estar bien siempre y cuando su hijo se acueste con una mujer, independientemente de quién sea ella, ¿cierto?".

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