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   Capítulo 5 Sola en el bar

Quererte Una Vez Más Por LUCÍA DE AVILA Palabras: 7640

Actualizado: 2020-04-02 00:25


Cuando Julia se dio la vuelta, Terrence todavía estaba allí. Con una sonrisa, le preguntó: "¿Por qué no te has ido? ¿No me digas que te da pena irte?".

El hombre resopló en respuesta y le preguntó: "Entonces, ¿cuándo te mudarás?".

"Lo antes posible", respondió Julia con una sonrisa encantadora, y riéndose entre dientes, prosiguió a explicar: "He vivido aquí durante tres años, así que tengo muchas cosas que empacar. Pero no te preocupes. Tu novia no tendrá que esperar demasiado para que me vaya".

Sin molestarse en responder, Terrence salió de la habitación.

La puerta se cerró detrás de él, y unos minutos después Julia escuchó el sonido de su auto arrancando. Una vez que estuvo segura de que estaba sola en la casa, se derrumbó abruptamente en el suelo y rompió a llorar.

Siempre pensó que casarse con Terrence era una de las decisiones más felices de su vida. Realmente no le importaba lo que él sintiera por ella o si la detestaba. Mientras estuviera con él en todo momento, estaba dispuesta a sufrir cualquier agravio.

Así mismo, vivía esperando el día en que él finalmente se enamorara de ella.

Pero ahora, Jean estaba de vuelta, y su única opción era abrirle paso.

Finalmente, iba a ponerle fin a este matrimonio que no debería haber empezado desde un principio.

Después de liberar sus frustraciones y tristezas, Julia abrió su maleta y comenzó a empacar sus cosas. Cuando llegó a esa casa por primera vez hacía tres años, llevaba una maleta grande y se llenó de alegría al pensar que junto con Terrence formarían la familia que siempre había deseado.

Sin embargo, ahora no tenía más opción que despertarse de su fantasía, y en lugar de Terrence y una familia, lo único que obtuvo fue más equipaje.

Sentada tranquilamente frente a sus maletas, Julia decidió llamar a Vanessa.

Cuando esta llegó, se sorprendió enormemente al ver el equipaje. "Julia, ¿qué estás haciendo? ¿Y estas maletas? ¿Qué sucede? ¿Acaso te vas de viaje a trabajar o algo? ¡Pero si no has tenido trabajos nuevos en un tiempo!".

"¿Quién te dijo que iba a trabajar?", respondió Julia a su vez. Después de una noche tan difícil, finalmente pudo controlar sus emociones. En ese instante, tomó un profundo respiro. No quería mostrarle a Vanessa su tristeza.

'Vanessa me ha ayudado y cuidado como si fuera su propia hermana, no puedo permitir que se preocupe más por mí...', pensó.

"Vamos, llevemos estas cosas al auto. Voy a vivir contigo durante un tiempo, ¿qué te parece?", dijo Julia forzando una pequeña sonrisa.

"¿De verdad? ¿De nuevo?", Vanessa puso los ojos en blanco ante lo que acababa de escuchar.

Durante los últimos tres años, cada vez que Julia y Terrence se peleaban, ella empacaba y se iba con su agente por un tiempo. Julia pensaba que separarse temporalmente ayudaría a su esposo a darse cuenta de la gravedad de sus problemas.

Pero para su consternación, él nunca se molestó en buscarla ni en solucionar sus problemas ni una sola vez, por lo que siempre era Julia quien, una vez se calmaba, buscaba una excusa para volver felizmente con él.

Por eso, en esta ocasión, Vanessa no pudo evitar burlarse. "Julia, vas a volver de todas formas. ¿No podías empacar menos? ¡Siempre haces lo mismo! Déjame decirte una cosa, si a ti no te cansa, pues a mí sí...".

"Vanessa, esta vez no volveré", murmuró Julia en voz baja.

"¿Qué dijiste?", preguntó Vanessa después de una breve pausa.

"Nada", respondió la otra mirando a su amiga con indiferencia. Luego, suspiró y le contó lo que había sucedido: "Terrence y yo hemos firmado un acuerdo de divorcio, así que ya no puedo vivir aquí".

"¿Qué dijiste?", Vanessa repitió su pregunta, como si hubiera escuchado una noticia bomba. De repente, la forma en que miraba a Julia cambió.

Siempre había pensado que ella estaría

enamorado de Terrence ya para el resto de su vida y por lo que no esperaba que pudiera tomar una decisión tan drástica.

"¿Qué? ¿Estás sorprendida?", dijo Julia con una sonrisa cansada, y continuó: "No soy la mujer para él, así que dejarle ir es lo mejor".

"¿Cuándo te volviste tan comprensivo y razonable?", Vanessa preguntó con curiosidad. Sabiendo que su amiga estaba triste, sonrió e inmediatamente cambió de tema. "No importa, es solo un hombre. No te preocupes, te ayudaré a encontrar alguien que sea cien o mil veces mejor que él. ¡Te prometo que haré que se arrepienta!".

"¡Vamos, Vanessa! ¿Eres mi agente o mi alcahueta?", dijo Julia burlándose de ella.

Vanessa había sido una muy buena amiga, preocupándose por ella y cuidándola siempre; ahora, todo lo que quería era ser más considerada con ella, y consigo mismo.

Además, tenía otras preocupaciones. Ahora que era una mujer divorciada, si no hacía bien su trabajo se moriría de hambre.

"En esencia, ser agente y alcahueta es lo mismo. Depende de cómo lo veas...", dijo Vanessa, charlando alegremente mientras ayudaba a Julia a llevar el equipaje.

El apartamento de su agente no era demasiado grande, pero tenía suficiente espacio para que ambas vivieran cómodamente. Una vez allí, Vanessa le preparó a Julia una abundante cena para celebrar su divorcio.

Sorprendida por tal gesto, Julia miró a su amiga y supo que quería hacerla feliz. Sin embargo, en el fondo sabía que no sería feliz, no por un tiempo.

Al día siguiente, Vanessa planeó otra cena, pero esta vez invitó al productor para que comiera con ellas. Le contó a Julia sobre sus planes y le ordenó que se quedara en casa, a lo que esta accedió sin dudarlo.

Durante esa tarde, Julia permaneció en su habitación viendo un programa de comedia, pero no pudo reír ni una sola vez.

De repente, comenzó a sentir que la habitación estaba mal ventilada y que le era imposible estar allí otro segundo más. Entonces, decidió que la mejor manera de olvidar la tristeza era salir a beber.

Enseguida, se puso las gafas de sol y el sombrero y se dirigió al bar más cercano.

El establecimiento olía a una mezcla de cigarrillos, comida y vino; la música era tan fuerte, que Julia pensó que se iba a quedar sorda.

Pero eso no importaba mucho, ya que hombres y mujeres movían locamente sus cuerpos sudorosos en la pista de baile. Mujeres hermosas se reían entre la multitud y se burlaban de los hombres con palabras frívolas que les hacían perder el control.

Julia encontró un asiento en la esquina más cercana y se sentó. Su temperamento frío estaba fuera de lugar y atrajo muchas miradas en su dirección, sin embargo, nadie se atrevió a coquetear con ella.

Pidió una selección de una docena de cervezas y bebió una botella tras otra.

Al mismo tiempo, pensó en la mirada despiadada de Terrence antes de irse, y en cómo se preocupaba por Jean. No pudo evitar maldecir entre dientes: "¡Terrence, cabrón!".

Algunas personas que estaban cerca de ella escucharon lo que dijo, entre ellos un hombre llamado Nelson Xu quien, a su vez, llamó a un hombre que estaba a su lado. "¡Oye Terrence, mira! ¿Quién es ella?".

Sin querer darle la menor importancia, Terrence lanzó una rápida mirada a Julia, quien ya estaba bastante embriagada, al punto que sus ojos lucían nublados e idos.

Por alguna extraña razón, Terrence se quedó mirándola por un rato, y su rostro pálido y ligeramente enrojecido en las mejillas le pareció tierno y encantador. Como hipnotizado, el hombre se fijó en los gruesos labios que tocaban la botella.

Terrence frunció ligeramente el ceño. Esta versión de Julia le parecía imparable y atractiva, lo que le hizo querer acercarse a ella.

De repente, por el rabillo del ojo, se dio cuenta de que un par de hombres estaban acercándose a ella.

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