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   Capítulo 8 Si estás dispuesta

Quererte Una Vez Más Por LUCÍA DE AVILA Palabras: 6999

Actualizado: 2020-04-03 00:27


"No, no necesitas hacer esto", dijo Julia con tono burlón alejándose de Terence bruscamente. "¿Tu nueva novia no está esperando por ti? ¿Por qué habrías de molestarte en volver con tu ex esposa? Creo que ni siquiera me reconoces como tu ex, por lo que no tienes por qué entrometerte en mis asuntos, no es tu problema", dijo Julia sonriendo con ironía.

En realidad, antes cuando Terrence apareció, Julia estaba muy emocionada y agradecida.

Pero por alguna extraña razón, las palabras de agradecimiento no salían de su boca.

La mirada de Terrence era muy seria y expresaba frialdad, al tiempo que le decía: "No quiero decir lo mismo una vez más. Si no te importa hacer una escena, te puedo llevar en hombros hasta el auto".

"¿Qué me estás queriendo decir?", preguntó Julia incrédula. "Firmamos los papeles de divorcio ayer. Y a estas alturas no puedes fingir ser un caballero y querer ayudarme. ¿Por qué? ¿Qué te pasó? ¿Te arrepentiste de firmar los papeles?".

"Deberías saber que es demasiado tarde para arrepentirte, no hay vuelta atrás", continuó la mujer un poco alterada. Mientras lo miraba desafiándolo, agregó: "Ahora soy una mujer soltera y puedo tener al hombre que yo quiera, cuando quiera. Y ya no vale la pena que te lamentes".

Evitando que la mujer continuara hablando, Terence la alzó en sus hombros para llevarla al auto, y como si de un objeto se tratase, la dejó en el asiento del copiloto.

Terence era un hombre con mucha fuerza y Julia no pudo liberarse de él; pero seguía intentándolo, lo que molestó a él y exclamó: "Basta, ¡quédate ahí!".

De paso levantó la cabeza para dejarle una mirada exasperada y, justo en ese momento sus miradas se encontraron, y se creó un ambiente confuso en el sofocante espacio del copiloto.

Los ojos de Julia se expandieron por un momento pero al instante apartó la mirada.

Estaba aterrada de mirarle por mucho tiempo a los ojos. Al conocerse lo primero que le cautivó de él fueron sus oscuros y hermosos ojos, estos eran tan profundos que le daban la sensación de estar cayendo a un abismo del cual no iba a poder salir.

El hombre notando la manera en que su ex esposa lo miraba, tan solo pudo sonreír.

Fue un gesto tan natural y espontáneo que no lo notó.

Luego de abrocharle el cinturón de seguridad a la mujer, condujo al antiguo hogar en el que alguna vez lo llamaron su casa, sin embargo, él no tenía idea de que ella ya se había mudado.

Furiosa, la mujer se durmió durante todo el trayecto.

La belleza de la mujer mantenía distraído al hombre, y él solo quería eliminar la rabia de su rostro. Pero él pensaba que aun con esa expresión, seguía siendo la mujer más linda.

La luz del amanecer despertó a Julia, iluminando la habitación desierta en la que se encontraba.

Las cortinas se movían con la brisa de la mañana, al adaptarse a la luz del lugar y notar dónde se encontraba, los recuerdos y la nostalgia se hicieron presente.

Su cabeza estaba tratando de reconstruir los eventos de la noche anterior. Mientras detallaba la habitación, pudo notar que su celular, lleno de llamadas perdidas de Vanessa, se encontraba sobre la mesita de luz.

"Esto no puede estar pasando...". Rápidamente apartó el edredón para levantarse de la cama, y descubrió con sorpresa la completa desnudez de su cuerpo.

"Por fin despertaste", expresó Terence mientras entraba a la habitación.

"¡Sal de aquí", dijo la mujer sonrojada y avergonzada, aún sabiendo que habían tenido sexo durante toda la noche e

n esa cama.

"¿Desde cuándo te volviste tan reservada?", expresó Terence sin entender la reacción de Julia. El hombre tenía muy presente su comportamiento desmesurado de tan solo unas horas antes.

Julia envolvió su cuerpo de nuevo con el edredón en un intento por querer ocultarse. No pudo evitar sentirse triste por las palabras de su ex esposo.

"¿Dónde quedó mi ropa?", preguntó Julia mordiendo sus labios con nerviosismo.

"En el lavarropas, recuerda que vomitaste todo anoche", respondió él. Durante los tres años que estuvieron casados, fueron muy pocas las veces que durmieron juntos en la misma habitación, de hecho, él casi nunca llegaba a casa.

No obstante, la noche anterior Julia no hacía más que llorar, él sintió mucha pena por ella y no quiso dejarla sola en ese estado.

Al amanecer recibió una llamada importante del trabajo, así que decidió levantarse y atender en el pasillo para no despertarla. No esperaba que al regresar ella estuviera ya despierta.

Ansiosa, la mujer abrió la puerta del armario, buscando alguna prenda con la que pudiera vestirse. Encontró una camisa blanca de Terrence y se la puso. Era bastante cómoda y grande para cubrir sus delgadas caderas.

Él no pudo evitar mirar sus hermosas piernas, que eran largas y definidas.

Ella no pudo adivinar los pensamientos del hombre. Por su mente solo pasaba que debía irse de ese lugar de una vez por todas, tan pronto como encontrara su ropa, podría salir de ahí. Evitando que se fuera, Terence la tomó del brazo.

Ella lo miró enojada por su acción. "Suéltame, me estás lastimando", dijo sin más.

"¿En serio te estoy lastimando?", preguntó él, arrancándole con fuerza la camisa a Julia, y tirándolo al suelo. Impactada, cubrió su delgado cuerpo con sus manos al tiempo que le preguntaba gritándole: "¿Te volviste loco?".

Sin emitir palabra alguna, Terence la besó. La rabia y la frustración se fundieron en aquel beso. El cuerpo de la mujer se estremeció al sentir los cálidos labios del hombre.

Fue entonces cuando notó la baja temperatura de la habitación.

Reunió todas las fuerzas que pudo y lo apartó de ella. "¿Qué crees que haces?", preguntó ella, haciendo notar su furia. ¿Qué tan vulgar pensaba que era ella para hacerle eso? ¿Acaso pensaba que era solo una más del montón?

"Ambos sabemos lo mucho que disfrutas esto". De manera despectiva, la tomó por el brazo con firmeza. "¿Por qué me provocas vistiéndote de esa manera? Sabes que lo hiciste para seducirme, así que, voy a darte lo que tanto quieres".

"No, yo no quería…", dijo Julia siendo interrumpida abruptamente por el hombre que la tiraba a la cama. Los ojos de él emanaban ira y deseo al mismo tiempo.

Ella estaba profundamente enamorada de él, pero le parecía una tortura el hecho de tener relaciones con su ex esposo.

Terence se vistió y actuó como si nada hubiese pasado, al instante de haber terminado aquel encuentro. "Al salir, termina de llevarte tus cosas. Jean vendrá muy pronto", le dijo sin importancia. "No quiero que dejes nada. Ella no tiene por qué sentirse ofendida".

"¿Es verdad eso?", preguntó Julia plasmando una sonrisa en su rostro para ocultar su dolor. Su corazón comenzó a latir con fuerza mientras preguntó calmada: "¿Crees que será feliz si yo muero? Puede que sea la única manera en que seamos realmente libres".

Terence se sorprendió ante las palabras de Julia. Pero al girar a verla su rostro estaba sin expresión alguna.

"Entonces hazlo si estás dispuesta".

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