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   Capítulo 22 Recuerdos perdidos

Mi Querido General Por Rosario Palabras: 10314

Actualizado: 2018-11-08 00:17


Fede se levantó rápidamente del asiento y caminó hacia la puerta.

Cuando abrió la puerta, vio a Marina de pie, a su alrededor había cristales rotos. Sus manos estaban roja por la quemadura.

Fede se acercó rápidamente, cogió las manos de Marina y preguntó, "¿Te has quemado?".

Marina ni siquiera levantó la cabeza, empujó a Fede a un lado y se agachó para recoger los cristales del suelo.

"No toques, cuidado con los cristales." Fede dijo enseguida.

"Déjame, ahora mismo no debes preocuparte por mí." Marina levantó la mirada. No se sabía desde cuándo las lágrimas se le empiezan a caer.

Fede al verla así le dolía mucho el corazón, sabía que era porque había escuchado la conversación y por eso estaba así.

Derek estaba tan asustado que ni siquiera se atrevió a hablar.

Marina no quería seguir así ante Derek, porque no quería que él se burlara de ella.

Ella respiró hondo, se levantó del suelo como si no hubiera pasado nada, se giró y se marchó hacia la habitación.

Al oír el portazo de la puerta de la habitación, Derek se acercó a Fede y preguntó, "¿Ahora qué hacemos? Parece que la cuñada ya lo sabe todo."

Las miradas de Fede todavía estaban fijadas en la puerta de la habitación, se sentía muy mal ya que no sabía lo que podía hacer.

Sara había vuelto, en teoría debería ir a buscarla de inmediato y preguntarle dónde había estado durante todos estos años y cómo se lo había pasado todos estos años, si necesitaba ayuda o si necesitaba algo que él podía ofrecer. Pero, la acción de Marina hizo que él no supiera qué hacer. Ya que también amaba muchísimo a Marina.

"Espérame en el coche, iré ahora" Fede respondió fríamente.

Derek sabía perfectamente cómo se sentía Fede ahora mismo, no dijo nada más, sólo asintió con la cabeza y se marchó.

Fede caminó hacia el cuarto, empujó la puerta y vio a Marina sentada en la cama.

Fede se acercó, se puso en cuclillas ante Marina. Luego cogió su mano y descubrió que su mano estaba hinchada, le preguntó, "¿Te duele?"

Marina no quiso mirarlo, tampoco respondió a su pregunta.

Fede sabía que Marina estaba enfadada, no quiso obligarla a responder y dijo, "Acuérdate de usar hielo para que no te inflamen más las manos."

Luego, se giró y se marchó.

Mirando que se alejaba cada vez más, Marina lloró, "Al fin y al cabo has ido a buscar a esa mujer".

Por la noche, Marina no podía dormir, estaba sola en la cama. Esta noche la habitación estaba más fría de lo normal.

Toda su mente estaba pensando en su marido, "Fede, ¿Donde estás ahora?". Pensaba Marina mirando al techo. "Esa mujer llamada Sara. ¿Estará en la cama contigo diciéndote palabras amorosas que estos años no podía decir?" Marina volvió a pensar.

Ella se estaba controlando para no pensar en esto, pero no lo consiguió. Estaba muy confusa y perdida, el dolor de la mano le impedía dormir con tranquilidad, pero eso no era nada comparado con el dolor del corazón.

Por la madrugada, en un chalet alejado de la ciudad, Fede estaba enfrente de una mujer. Ella, estaba más guapa que antes y parecía también más madura.

"Fede, ¿Me echas de menos durante estos años?" Sara preguntó con una voz dulce. Aquel día, cuando ella se escapó, ya estaba esperando reunirse con Fede algún día. Sin embargo, tampoco esperaba que la próxima vez que se veían ya fuera unas docenas años después.

Fede no sabía cómo responder su pregunta. Él quería decir que sí siempre le estaba echando de menos, pero no lo podía, porque en el momento en que vio su cara, Fede se dio cuenta de que ya no insistía en ella. Parecía que los recuerdos de la infancia se habían desaparecido. Sara era más madura que antes, también más linda, pero él ya no mantenía ningún sentimiento especial hacia esta chica, que ahora no tenía ganas de protegerla ni enamorarse de ella. Lo único que esperaba era que esta chica pudiera estar salvo y vivo.

"¿Cómo te lo has pasado estos años?" Fede cambió de tema.

A sara ya le pareció raro al ver a Fede, sintió que Fede ya no la quería tanto como antes. Ahora Fede tampoco le contestó su pregunta, a lo mejor era que no echó de menos a ella, o ya a Fede no le importaba.

"Estoy bien, vivo en la casa de un familiar lejano. Aunque no tengo una vida de lujo pero estoy muy tranquila y muy feliz." Sara respondió a Fede.

"De acuerdo. Estaba muy preocupado por tí, ahora te veo bien, estoy más tranquilo." Fede dijo con una voz normal. La escena parecía que ambos eran la primera vez que se vieran, y no era un reencuentro entre dos personas muy íntimas.

Sara al verlo así no entendía lo que estaba pasando. ¿Por qué se comporta así conmigo? ¿Por qué se comporta de forma tan sosa conmigo?

Numerosas preguntas aparecieron en la mente de Sara. Sin pensar más, ella se acercó a Fede y lo abrazó por la cintura, se pegó la cabeza en los pechos de Fede y dijo, "Fede, ¿sabes qué? Estos años, te he estado pensando todos los días. Te quiero muchísimo, incluso más que a mí misma. Sé que has tenido que suplicar a tu abuelo por nuestra cosa. Estos años me he quedado en el lugar donde vivo tranquilamente, pero siempre me da ganas de volve

r a verte. Antes no me atrevía a regresar, porque siempre temía que te trajera problemas. Pero no puedo controlarme bien, y no puedo menos que volver a verte. Fede, te echo de menos, te quiero, y quiero estar contigo para siempre."

Escuchando las palabras de Sara, Fede apenas sentía pena por ella.

Él también se había imaginado esta escena, pensando que un día Sara apareciera ante él y los dos se declararan el amor mutuamente, después se casaría con ella y la acompañaría durante el resto de su vida.

Pero ahora, Fede no dijo nada, las palabras que él tenía pensado en la mente durante unos años ya no se atrevió a decirlas.

Fede la quitó de encima suavemente, mirando a Sara dijo, "Sara, lo siento, ya estoy casado."

Al decirlo, toda la mente de Fede estaba llena de la imagen de Marina.

Sara no se lo podía creer "¿Qué...? ¿Qué dices?"

Fede sabía que se asustó, a lo mejor todavía no podía aceptar esta realidad.

"Estoy casado", Fede volvió a decirlo.

Sara sacudió la cabeza fuertemente, estaba muy nerviosa. "No, no puede ser. ¿Cómo es posible que te hayas casado cuando yo no estoy.? Me dijiste que te casarías conmigo, me prometiste. ¿Cómo es posible que estés casado ya? ¿Cómo es posible eso?"

Fede al verla tan alterada, comenzó a consolarla "Sara, no seas así"

"No, no, no, Fede. ¿Sabes qué? Cada vez que me lo pasaba mal, siempre pensaba en ti. Creía que te casarás conmigo, estaremos muy felices, y me protegerás toda tu vida. ¿Sabes cuánto he aguantado para poder verte? La última palabra, Sara la dijo casi gritando, estaba descontrolada totalmente.

"Sara, lo siento, lo siento de verdad." Fede no sabía qué decir.

Sara no sabía qué hacer, cogió las manos de Fede y dijo furiosamente. "Fede, vas a divorciarte con esa mujer, y casarte conmigo, estaremos juntos para siempre, quiero estar contigo."

Fede sintiéndose impotente, dijo, "Sara, no me divorciaré."

Estas palabras parecían que lo habían dejado todo claro.

Sara se quedaba atontada por completo, en el corazón de Fede, ahora solo le importaba su mujer actual.

"Fede, ¿estás enamorado de otra mujer?" Acababa de decirlo, Sara cerró los ojos y se desmayó.

Fede al verla caer, la aguantó rápidamente, su cuerpo parecía más débil que antes.

En el cuarto, Fede estaba cuidando de Sara, pero el corazón no paraba de pensar en Marina. ¿Habrá puesto hielo? ¿Se enojará sola en casa?

Estos días, Marina dormía sola, entonces por la noche no podía conciliar el sueño. Durante el día no sabía qué hacer, solo mantenía sentada en el suelo mirando al techo. Durante estos dos días apenas había comido nada, cuando tenía hambre solo bebía el agua.

Por la tarde, la luz del sol entró al salón. Marina, que estaba sentada en el suelo pegada al sofá, se levantó de repente, subió a su cuarto, se cambió de ropa y se marchó hacia el bar para buscar a Emily, ya que era la única persona que la podía hacer de compañía.

Marina entró al bar, vio que Emily estaba en la barra.

"Emily" Marina la llamó, apenas tenía ganas de sonreír.

Cuando Emily la vio sabía que a Marina le pasaba algo, "Mari, ¿qué tal? ¿Al fin te ha dejado Fede para que vengas a verme?" Dijo Emily sonriendo.

Cuando lo decía, Emily cogía la mano de Marina, justamente era la mano que tenía la quemadura.

Marina gritó, "Ah".

"Mari, ¿qué te ocurre?" Emily preguntó seriamente, bajando la cabeza para mirar la mano y se sorprendió al ver las ampollas de la mano. "¿Qué ha pasado? ¿Cómo te lo hizo?"

Marina no dijo nada.

Emily sabía que a ella le pasaba algo, porque tenía la cara pálida. Parecía que apenas había comido, además tenía la mano llena de herida.

Emily miró a su alrededor, y sabía que no era un lugar adecuado para hablar. Le dijo con una voz baja, "Ven conmigo".

Al decirlo, Emily cogió el brazo de Marina y se la llevó.

Fueron a una sala de trabajadores, Emily miraba la mano de Marina y preguntó, "¿Qué es lo que ha pasado? "¿Quién te hizo eso?"

"Yo misma" Dijo Marina.

"¿Pero eres tonta o tus padres son primos? ¿Por qué no has usado hielo para bajarte la inflamación?" Emily criticó, sintiendo mucha lástima por ella.

Marina no dijo nada.

En este momento, Mario se acercó y vio a Marina.

"Señor An" Emily al verlo saludó rápidamente.

"Marina, ¿qué tal?". Mario preguntó mirando a Marina.

"Hola" Marina lo saludó y asintió con la cabeza.

Mario se dio cuenta de la mano de Marina, frunció el ceño y preguntó, "¿Cómo te lo ha hecho?"

Emily comenzó a criticar "Ella es muy descuidada y la tonta no sabe ni siquiera ponerse hielo."

"No pasa nada." Marina explicó, no quería que más gente sintiera pena por ella, tampoco quería que más gente supiera el tema.

Mario sabía que Marina estaba mintiendo. Al ver su cara pálida, sabía que no se lo estaba pasando bien en casa.

"Vamos, hay crema para quemaduras en mi despacho, ven conmigo", dijo Mario y agarró el brazo de Marina.

Emily dijo enseguida, "Señor An, entonces por favor acompañe a ella un poco, cuando termine el trabajo iré a buscarla."

"Vale", Mario ni siquiera se dio la vuelta para responderla.

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