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   Capítulo 3 Una chica en su corazón

La Doble Vida de Mi Amada Por Abigail Palabras: 6896

Actualizado: 2020-04-27 00:32


"Creo que te he visto en alguna parte", le dijo Miguel.

El corazón de Leena comenzó a latir imprevisiblemente por sus palabras y acciones. '¿Quiere decir que se acuerda de mí?'. Ella era una estudiante de secundaria en ese momento y vivía en la casa contigua a la de él. La verdad es que siempre estuvo secretamente enamorada de él, aunque este la trataba más como a su hermana menor.

El día de San Valentín en su último año, le pidió que fuera de compras con él. Ella imaginó que iban a ir con otros amigos, pero después se dio cuenta de que solo estaban ellos dos. Había muchos enamorados con flores en la mano que veían al pasar por la calle. Trató de adivinar su intención en esos momentos, pero él solo la llevó a HD Hot Pot en el que ella siempre había querido comer desde que abrió.

Recordó haber estado muy confundida esa noche. Lo había invitado a este lugar varias veces pero, ¿por qué eligió él ese día para hacerlo? ¿Por qué no lo acompañó su novia? "Sabes que hoy es el día de San Valentín, ¿verdad?", ella le preguntó.

Él asintió. "Entonces, ¿por qué no estás con tu novia ahora?". Sorprendido, el chico se rio. Aun en la actualidad, la chica seguía recordando la brillante sonrisa en su rostro. Era tan cálida como la primavera. "No tengo". Sus ojos brillaban. Leena no estaba de acuerdo. 'Tienes muchas amigas'. No obstante, una parte de ella estaba encantada de escuchar eso. Tal vez después de todos estos años, ella realmente tenía una oportunidad.

De repente, Miguel sacó una caja de chocolates. "Aquí tienes tus chocolates. Es un regalo por el día de San Valentín".

La tensión entre ellos era una locura. El corazón de ella comenzó a latir tan rápido que pensó que explotaría en cualquier momento, y sus dedos temblaban cuando tomó la caja. Después, el chico le pasó los dedos por el pelo. "Bien", comentó, y sin decir nada más, se dio la vuelta y se fue.

Cuando llegó a casa, Leena revisó inmediatamente la caja para ver si había alguna nota adjunta, y frunció el ceño cuando no vio nada. Sin embargo, los chocolates eran suficiente razón para pensar que él también estaba interesado en ella. Esa noche, cientos de pensamientos pasaron por su mente. ¿Le gustaba ella también? '¿Y si le gusto? ¿Y si no le gusto?'.

Desafortunadamente, algo trágico le sucedió a su familia y no pudo averiguar la respuesta. A partir de entonces, todo fue diferente. Ella se mudó y nunca lo volvió a ver. Hasta ahora, la pregunta había permanecido sin respuesta durante nueve años.

"Es muy amable de su parte, señor Miguel. Pero, ¿cómo puede conocerme?". Ella sonrió fácilmente. "Es un honor tener a un huésped tan estimado en nuestro hotel".

Ella quería dejar que la olvidara. ¡Sería muy vergonzoso que la reconociera! Trabajando en un hotel como este, ya le resultaba incómodo que él la mirara.

Decepcionado, Miguel retiró su mano como si estuviera atascado en sus propios pensamientos.

Después de que Leena y el señor Lu resolvieron sus dudas, un camarero se acercó a ella. Por el aspecto de su ropa, parecía que alguien lo había vomitado. Disculpándose, ella arregló el asunto.

El señor Lu la llamó justo después. Le informó que Miguel la había estado buscando, enfatizando que se parecía mucho a alguien que él conocía.

Ante sus palabras, su corazón dio un vuelco. ¿Aún la recordaba? ¿Realmente la reconoció? "Hay una chica en el corazón de Miguel. ¡La ha estado buscando durante años! Parece que na

die puede reemplazarla", afirmó.

Ella apretó los puños y una sonrisa amenazó con dibujarse en sus labios. "¿A quién está esperando?".

Él dio un gran suspiro. "Está buscando a su amada. De hecho, ya se ha esforzado mucho por encontrarla".

Cuando entraron juntos en la habitación, Miguel ya se había dormido en el sofá. No importaba qué tan ruidoso se pusiera el ambiente, aun así no se despertaba. Debió haber bebido mucho. De pie a su lado, las manos de Leena temblaban. '¿De verdad me estás buscando? ¿De verdad? ¿Te gusto? En el día de San Valentín, cuando me diste esa caja de chocolates, ¿lo hiciste porque me querías?'.

Sin embargo, incluso entonces, solo podía reprimir sus sentimientos en su corazón y su mente por mucho que quisiera preguntarle. Ahora estaban en dos mundos distintos, y no podían estar juntos.

Antes de que Carlson se fuera del hotel, le pidió a ella que lo acompañara. Ella se apresuró hacia él, inclinando la cabeza y le dijo: "¡Esperamos volver a verlo, señor Carlson!".

Él era un hombre increíblemente guapo, especialmente cuando estaba entonado. Aunque su aspecto volviera locas a otras mujeres, en la chica no tenía ningún efecto. "¿De verdad no saldrá conmigo, señorita Yang?", le insistió él.

Ella se rio en respuesta. "Me halaga demasiado, señor Carlson. No lo merezco".

"Algún día estarás dispuesta", dijo él.

La sonrisa en el rostro de esta se paralizó cuando él se acercó. "No te hagas la dura la próxima vez, ¿de acuerdo?", le susurró antes de alejarse.

Por su intuición, le pareció que el hombre no estaba bromeando. Aunque sonreía, ella conocía la amenaza que había bajo su mirada. Pero se contuvo. Mientras trabajara en el hotel, tenía que lidiar con este tipo de situaciones.

Era un trabajo muy peligroso, especialmente en el Hotel Heaven, donde conocía a una gran variedad de huéspedes. Si ella fuera el objetivo, las consecuencias serían terribles. Ella pensó que era muy amable con todos los invitados delicados. Mantenía un equilibrio entre endulzarlos y mantener la distancia. Sin embargo, ¡Carlson no quiso dejarlo!

Incluso cuando salió del trabajo, no pudo evitar pensar en lo que él estaba planeando hacer. Al salir del hotel, estaba demacrada. Llevaba un par de zapatillas informales mientras sostenía su bolso fuertemente en sus brazos. Su cabello estaba atado en una cola de caballo y su hermoso rostro estaba oculto por unas gafas de montura negra. Cualquiera que la mirara no la reconocería como la directora Yang, pero aun así, sintió como si alguien la estuviera siguiendo.

Por las acciones y los pasos del hombre, ella podía decir que era un experto en ocultarse. Mucha gente habría caído en sus trucos, pero Leena no era cualquiera. Había estado en el negocio de la hotelería demasiado tiempo, y siempre estaba atenta a su entorno.

A la entrada del baño, llamó rápidamente a su mejor amiga, su compañera de universidad, Rena, para que la recogiera. La familia de esta era rica, por lo que tenía su propio automóvil. Además, ella también era la única que conocía su secreto. Cada vez que Leena se metía en problemas, era a su amiga a la primera que llamaba.

Mientras se dirigía al interior del baño, se encontró con alguien. La chica estaba a punto de disculparse, pero se detuvo cuando vio quién era. Era Miguel. Él también se detuvo, y la observó como si estuviera mirando a una amiga que perdió hace mucho tiempo. Y, tal vez ella lo era.

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