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   Capítulo 5 Es un placer conocerte.

La Doble Vida de Mi Amada Por Abigail Palabras: 8145

Actualizado: 2020-04-28 00:22


Leena toqueteó la puerta con sus dedos. Después de dudar por un rato, finalmente se decidió a abrirla.

Miguel estaba recostado al sofá cuando escuchó la puerta abrirse. Se volteó solo para mirar fija y silenciosamente a la intrusa.

Tomó aire y le sonrió alegremente. "¡Es un gusto conocerlo, Sr. Miguel! Parece estar de muy buen humor el día de hoy. Dígame, ¿hay algo en que pueda ayudarle?".

Acomodó su posición y le dio unos golpecitos al lugar que había hecho a su lado. Invitándola a sentarse. "Señorita Yang, si es tan amable, por favor, siéntese a mi lado y hablemos", insistió.

Se mostró complacida y enseguida se sentó a su lado. "El señor Miguel muy poco nos visita. ¿Quiere que ordene un poco de vino?".

"Gustosamente aceptaré el vino siempre y cuando pueda conversar con usted. Es más, hasta podría ayudar a mejorar su desempeño en este hotel". Tocó el intercomunicador y le ordenó vino al camarero. A pesar de ser una persona de poco beber, pidió una botella completa.

Leena no supo cómo interpretar las palabras de Miguel, pero al ser un cliente importante, dejó de pensar en ello rápidamente. "Es muy chistoso, Sr. Miguel. ¿Se encuentra solo?".

De forma apática, el joven la miró y le respondió: "¡Llevo los últimos tres días esperando por usted!".

Lo miró a los ojos y notó que lo que le decía era cierto. Se sintió contrariada por un momento. Tomó aire y recuperó la compostura. Se dirigió a él y le dijo: "¿Por qué? ¿Qué es lo quiere de mí?".

"Me parece que está usando demasiado maquillaje. ¿Le permiten usar tanto aquí?", le preguntó en vez de responder a la pregunta que Leena le había hecho antes. La miró con gran atención. Como si hubiese encontrado algo curioso en su rostro.

Leena se volteó, alejándose de la mirada penetrante de Miguel. Era cierto que a las trabajadoras no se les permitía usar una gran cantidad de maquillaje, pero ella debía hacerlo, de lo contrario, la reconocería.

Para distraerlo, tomó la botella de vino y le sirvió una copa. Mientras ella se tomaba todo el contenido de su copa, él solo tomó un pequeño sorbo.

Miguel miró perplejo la forma en la que Leena bebía mientras dejaba su copa sobre la mesa. "Tal parece que es muy buena bebiendo. ¿Es requerido en su puesto de trabajo?".

"Supongo. Es algo que deben hacer todos los directores de este hotel". El tono de su voz era bastante firme, pero en el fondo se sentía tensa y nerviosa. No podía anticipar ninguno de los pensamientos de Miguel. Lo más seguro es que no haya venido hasta acá para divertirse, sino más bien para husmear en la vida privada de Leena. ¿La habrá reconocido? La angustia la carcomía por dentro. ¿Pudo él darse cuenta de quién era ella a pesar de que intentó pasar desapercibida? "¿De qué quiere hablar conmigo?". Cambió el tema.

"¿En qué consiste su trabajo en el hotel?", preguntó.

"Me encargo de entrenar al personal nuevo".

"¿Qué hay de sus pasatiempos? ¿Hay alguna cosa que le guste hacer?".

"No", respondió en tono monótono.

Al escucharla, Miguel se quedó mudo. Después de un rato en silencio, cambió de tema y le preguntó, como para romper tensión: "¿Hace mucho que trabaja aquí? Quiero saber por qué trabaja en este hotel".

"La verdad es que no recuerdo desde cuándo estoy trabajando acá. Tengo muy mala memoria. Lo único que sé es que han sido varios años ya y que empecé a trabajar aquí simplemente porque quería".

"¿Tiene intenciones de quedarse aquí el resto de su vida? Supongo que tiene algún plan aparte de esto".

"Quizás, aún no lo sé. Por el momento intento seguirle la corriente al destino hasta ver qué me depara". Leena estaba por tomar su copa, pero se detuvo cuando vio la expresión de desaprobación de Miguel. La puso incómoda, así que decidió que no sería bueno seguir bebiendo frente a él.

Él le dio un suave vistazo y sonrió. "Su ambición se ha visto afectada por esto que llamamos vida. ¿Está dispuesta a dejar todo eso y quedarse aquí por el resto de su vida?".

Leena se dio cuenta de que su pregunta era más seria de lo que debería. Nerviosa

, se levantó y tomó un micrófono. "Creo que mejor le canto una canción, Sr. Miguel".

Este notó la evasiva y lo dejó pasar. Le pidió que cantara alguna canción de Fish Leong. Mientras la canción se hacía más nostálgica y profunda, Miguel inesperadamente se levantó y la abrazó por la espalda.

Leena dejó de cantar y se quedó inmóvil. Estaba en shock. Trató de zafarse de sus manos, pero él cada vez la tomaba con más fuerza. Bajó la cabeza y le cantó al oído un pedazo de la canción: "Es una pena que no seas tú quien esté conmigo hasta el final. Ya nos perdimos el uno al otro en esa encrucijada…".

Miguel haló su cuerpo hacia el suyo, hasta que quedaron muy juntos. "¿Por qué deberíamos dejar que esa pena exista? ¿Por qué no pude ser yo el que estuviese a tu lado hasta el final? ¿Por qué tener que perdernos el uno al otro en algún punto?", preguntó.

Solían estar juntos siempre. Aunque no existía una adjetivo para definir su relación o lo que eran, se trataban muy íntimamente. Pero fueron separados. Fueron separados por el cruel destino cuando a los 16 años ella quedó atrapada en un dilema. Luego de eso, la brecha entre ellos fue cada vez más grande.

Leena sentía como el corazón le latía muy fuerte. Quería calmarse, pero simplemente no podía. Estar tan cerca de él se le hacía tan difícil que no podía seguir cantando.

Miguel la abrazó aún más fuerte y le dijo: "Me eres familiar. Te pareces mucho a una de mis amistades. Así lo niegues, sé que no estoy equivocado. Han pasado muchos años, pero sigues cantando la misma canción y de la misma manera. No. No has cambiado en nada…".

Leena luchó con todas sus fuerzas para apartarlo. "Señor. Miguel, yo...".

Él la volteó y empezó a besarla apasionadamente. Le dejó saber todo lo que sentía por ella a través de esos besos. Quería hacerle recordar la época a su lado mientras la castigaba por fingir que no lo conocía. Odiaba que ella decidiera cambiar la belleza que lo volvía loco.

Cuando ya estaba corto de aire, la soltó. A ella también le faltaba el aire y su cara estaba totalmente roja. "¿Por cuánto tiempo piensas seguir huyendo de mí?".

La expresión llena de pérdida y dolor en la cara de Miguel hizo que a Leena se le llenaran los ojos de lágrimas. Fue como si esos besos despertaran toda la pasión que había estado dormida en ella todos estos años. ¿Aún se preocupaba tanto por ella como antes?

"Miguel... Lamento haber huido". Con tan solo estar ahí con él, todos los muros que había construido a lo largo de su vida empezaron a desmoronarse. Lo extrañaba demasiado como para seguir ocultándose detrás de una máscara. Si él aún tenía sentimientos por ella, entonces no tenía por qué contener los suyos hacia él. Leena estuvo todo este tiempo conteniendo todo lo que sentía por él y ya no quería seguir haciéndolo.

"Realmente eres tú", le dijo en voz baja y casi aliviado.

A ella se le hizo un nudo en la garganta y sintió hasta dolor en el pecho. Lo abrazó muy fuerte y puso su cara en su pecho. Había olvidado lo segura que se sentía en ese lugar. "¿Cómo es que nunca me olvidaste? Dímelo".

Leena lloraba como una niña pequeña y él la mantenía cerca de su pecho, jugando con su cabello dulcemente. "¿Cómo podría olvidarme de ti así nada más?".

Lo seguía abrazando y se aferraba a su camisa aún más fuerte. Lo único que importaba en todo el mundo era él. Leena sabía que ahora eran dos personas totalmente distintas y que quizás tendrían al mundo en su contra, pero no iba a dejar que Miguel se separara de ella nunca más. Se dio cuenta de que lo seguía amando igual que el primer día, aunque estuvieron tantos años separados. No podía seguir engañándose, había sido desdichada todo este tiempo. Siempre sintió que algo le faltaba. Ahora lo tenía de vuelta a su lado y la felicidad era tanta, que nunca lo dejaría ir otra vez.

Mientras él la abrazaba, le decía la oído: "Siempre tendrás en mí un hombro en el cual llorar. No tienes que fingir ser fuerte conmigo, mi amor. Eres mi todo. Mi Leena. La persona más importante que tengo en la vida…".

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