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   Capítulo 2 La chica que conoció en el bar

El Señor Poderoso De Los Soldados Por Jump Palabras: 8644

Actualizado: 2020-05-13 00:16


Gracias a sus reflejos, Peter logró tomar la mano del atacante, la que estaba sosteniendo el arma. Luego, lo abofeteó con su propia mano libre.

Como el otro no pudo esquivarlo, terminó con la cara ensangrentada.

Furioso, Peter arremetió contra el ladrón y comenzó a propinarle golpe tras golpe, hasta que el rostro del tipo quedó enrojecido e hinchado por todos lados.

¡ZAS! ¡ZIS, ZAS! ¡ZIS, ZAS!

Peter lo golpeó y lo pateó con todas sus fuerzas.

Pensó en todo lo que le había sucedido aquel día —la ruptura, la imposibilidad de encontrar un trabajo—, y canalizó toda esa frustración en sus golpes. No se sentía mal por el ladrón.

"Hoy estás de suerte, pero la próxima vez que vuelvas a causar problemas, te juro que te mataré. ¡Vete!", espetó Peter para echar al joven malhechor.

Al entender que había perdido, el tipo se marchó con las manos sobre su maltratado rostro. En su huida, ni siquiera se atrevió a tomar la motocicleta. No obstante, le lanzó una mirada vengativa a Peter, mientras pensaba: 'Pagarás por esto'.

El otro hombre lo ignoró. Si el tipo tenía las agallas para vengarse, ¡no le tendría piedad!

La pelea había hecho que Peter se sintiera bien: era la liberación que necesitaba por toda la tensión que lo había acompañado ese día. Estaba a punto de irse, cuando escuchó a Elaine tropezarse detrás de él.

El hombre se volteó con rapidez para evitar que terminara en el suelo.

"¿Se encuentra bien?", le preguntó, sosteniéndola. Apenas sintió la piel de la mujer contra la suya, su corazón se puso a latir con más prisa. Su belleza resultaba tentadora.

"Me torcí el pie", respondió ella, sintiéndose avergonzada. Tan pronto como él la hubo tocado, el rostro de Elaine se calentó.

Con pasos lentos y cuidadosos, Peter la sostenía mientras caminaban hacia un restaurante cercano.

Él no pudo evitar sentirse un poco mejor con el dulce perfume y el suave toque de la mujer.

Mientras tanto, la cara de ella se enrojecía y se calentaba más debido a la proximidad del hombre.

Los comensales miraron con curiosidad a la pareja cuando entró al restaurante, especialmente por el traje que ella llevaba puesto. Los ojos siguieron a los nuevos clientes, mientras ambos se movían para hallar una mesa.

Después de ayudar a Elaine a sentarse, Peter tomó asiento y dio un gran suspiro de alivio.

Aunque en verdad había disfrutado de la pelea; por dentro, el hombre sabía que se le había ido de las manos. La adrenalina se había sentido bien, pero no era suficiente como para despojarlo del dolor y la frustración que llevaba dentro de él.

"Por favor, deme un plato de sus fideos más caros, y carne extra", le pidió Peter al camarero.

Ja, ja.

A su alrededor, las personas comenzaron a intercambiar sonrisas y miradas burlonas.

Sentían pena por Elaine: pensaban que el tacaño de su novio la había llevado a una cita en aquel humilde restaurante, cuando era claro que la mujer pertenecía a la clase alta.

"Lamento no haber podido llevarla a un mejor sitio, pero he tenido problemas para encontrar trabajo. Me estoy quedando sin dinero", confesó él, ignorando los murmullos. Como realmente no tenía dinero, no fingió ser un hombre rico.

"Está bien, yo pagaré", dijo Elaine, sintiéndose cada vez más curiosa sobre Peter.

Si el hombre lo hubiese querido, podría haberse aprovechado de ella mientras caminaban porque estaba demasiado débil como para defenderse. Sin embargo, no lo hizo. Además, era genuino y honesto sobre su situación.

Ella prefería a esta clase de hombres, en lugar de los ricos e hipócritas.

De repente, a Elaine se le ocurrió una idea, por lo que habló: "Ha mencionado que tiene problemas para encontrar trabajo, ¿verdad? Usted es rápido y fuerte, nuestra empresa necesita un guardaespaldas. ¿Por qué no intenta postularse allí?".

"¿Qué? ¿De verdad? ¡Claro, por supuesto!", respondió él, emocionado.

Peter había estado toda la semana buscando trabajo. No supo lo difícil que era encontrar uno hasta que lo hubo experimentado por sí mismo. Incluso había considerado trabajar en alguna construcción para mover ladrillos y cargar cemento, solo porque era el único trabajo que podía obtener donde no le pidieran una amplia formación académica.

Por lo tanto, era imposible que no estuviera emocionado ante la oportunidad qu

e Elaine le ofrecía. Sin duda, él habría elegido trabajar en seguridad antes que en construcción. El problema era que hasta los guardias de seguridad debían tener títulos universitarios, y eso, lamentablemente, descalificaba a Peter de inmediato.

"Perfecto, entonces", devolvió ella: "Vaya a buscarme a Personal Section en el décimo piso del edificio de Silverland Group, a las diez en punto. Dígale a la recepcionista que tiene una cita conmigo. Yo me encargaré de arreglar todo. No llegue tarde".

Elaine había temido que la rechazara de nuevo, igual que cuando lo invitó a comer. Sin embargo, como ahora el hombre había accedido, ella se aseguró de que no pudiera echarse atrás.

"Claro, llegaré a tiempo. ¡Gracias! ¡Muchas gracias!". Cuanto más pensaba en ello, Peter más se emocionaba. Sabía que era una gran oportunidad.

Aunque Peter había regresado a A City apenas una semana antes, ya había oído hablar de la reputación de Silverland Group.

Era una de las diez empresas más grandes de la ciudad. A su vez, se contaba entre los mejores empleadores: incluso los guardias de seguridad gozaban de buenos sueldos.

No obstante, era difícil conseguir aquel puesto ya que, además de un título universitario, también necesitaba una carta de recomendación expedida por la administración de alguna empresa. Sería un verdadero honor para él poder formar parte del personal de seguridad de Silverland Group.

Tras la comida, intercambiaron sus números de teléfono, antes de irse por caminos separados. "No llegue tarde, ¿de acuerdo?", le recordó Elaine. "¡No lo haré!", le prometió él.

Luego de despedirse, Peter decidió buscar un lugar con el fin de celebrar ese buen momento en su búsqueda laboral.

Eligió un bar llamado Sunny. La gente no paraba de entrar, y una multitud de jóvenes bailaba al ritmo de una canción de heavy metal que sonaba de fondo.

Las mujeres que estaban en el lugar llevaban prendas que dejaban ver piernas largas, grandes pechos, espaldas atractivas y cuerpos bien proporcionados. El ambiente estaba caliente, en más de un sentido.

Al establecimiento lo frecuentaban tanto estudiantes universitarios, como empleados de varias empresas.

Los desenfadados jóvenes, los sofisticados profesionales y las encantadoras mujeres hacían de Sunny una opción excelente para quienes buscaban un lugar para relajarse o para liberarse.

Con una cerveza en la mano y sentado en una esquina, Peter observaba a las atractivas chicas que estaban en la pista de baile. Se sentía bien. Esa era la primera vez que podía relajarse desde que había llegado a la ciudad.

"Oiga, ¿esta silla está ocupada?", le preguntó una voz fría. Peter se volteó para pedirle a esa persona que encontrara otro asiento, pero se quedó estático al ver que una hermosísima joven lo estaba mirando.

La chica tenía unos veintitrés o veinticuatro años. Aunque no parecía estar usando maquillaje, se veía muy guapa con sus cejas contorneadas y despejadas, sus labios carnosos y su bonita nariz.

Su vestido de encaje negro era modesto, en comparación con lo que usaban las otras chicas que se encontraban allí.

A pesar de que no revelaba mucha piel, dejaba ver su perfecta figura, su cintura fina y sus piernas largas.

Para Peter, Elaine ya era como una diosa. Si bien su belleza era por demás impresionante, él tenía la posibilidad de llamar su atención si se esforzaba lo suficiente. No obstante, esta chica era como un hada: completa y seguramente inalcanzable.

Él se preguntó qué hacía ella ahí, en aquel bar tan abarrotado.

La chica no esperó a que le respondiera. Se sentó en la silla libre que se encontraba al otro lado de la mesa, agarró la cerveza más cercana y comenzó a beber. Hizo caso omiso de la sorpresa que mostraba Peter.

Al hombre se le hacía difícil aceptar que la borracha frente a él no era la delicada hada que él había imaginado.

Además, ¡la cerveza salía a treinta y ocho dólares!

Se sintió bastante consternado.

Una botella...

Dos botellas...

Tres botellas...

Cuatro botellas... '¡¿Cuándo parará de beber?!', se preguntó Peter.

Como si lo hubiera escuchado, la joven dejó descuidadamente la última botella de alcohol. Puso los brazos sobre la mesa, dejó caer la cabeza sobre ellos y se echó a llorar. El hombre se quedó sentado allí, atónito.

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