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   Capítulo 2 Casada

Afecto Absurdo Por Ti Por Flower Palabras: 7872

Actualizado: 2020-05-27 00:02


"¿Sabes siquiera lo que significa sinvergüenza, niña?". John se puso de pie de repente para arrojar el cigarrillo que sostenía al cenicero, y sin más, se acercó a Nina, quien se veía pequeñita en comparación con su alta figura. Este la rodeaba hasta un rincón, mientras la chica, de puños apretados, contuvo la respiración, sabiendo que ya no había vuelta atrás.

Entonces su cara se puso roja, y mirándolo furiosa, casi rugió: "¡No soy el tipo de persona que cree que soy!".

Cuando él se aproximó a ella, supo que algo andaba mal porque había algo en su fragancia que le hacía no querer alejársele.

Eso había roto todas sus defensas, haciéndolo cambiar su expresión por completo.

Debido al perfume, el cuerpo de Nina también se suavizó ante él. Era como si este los estuviera manipulando a ambos como marionetas.

"¡Es tu olor! ¡Me tendiste una trampa!". Evidentemente conteniendo su ira y sin pensarlo más, él la levantó porque no deseaba nada más que estar cerca de ella.

"¡No! Yo… Mm... ¡Suélteme! Yo... estoy...".

Ella estaba casada.

A pesar de que no sabía quién era su marido ni cómo lucía, ella había firmado el acta de matrimonio.

Sin embargo, John ya no quería escuchar ninguna de sus tonterías, así que solo la besó con todas las ganas que tenía. Tan pronto como lo hizo, su cuerpo se tensó, pues en efecto sus labios tenían un sabor increíblemente dulce.

"Suélteme...", pidió ella sollozando al tiempo que lo golpeaba en el pecho.

Nina era un poco fuerte, pero no más que la fragancia, la cual aumentaba enormemente sus deseos.

En un abrir y cerrar de ojos, ese hombre la estaba devorando por completo.

Por su parte, ella estaba tan asustada que palideció, pero las caricias de él le transmitían una especie de corriente eléctrica a través de todo el cuerpo, dejándola entregarse en silencio.

Un buen rato más tarde comenzó a amanecer.

Todo el cuerpo de la chica estaba adolorido. Parpadeó somnolienta mientras se daba la vuelta. Apenas vio al sujeto a su lado se alarmó.

¡No!

Ahogó un grito. ¡Aquello no podía ser!

Pensando en su estado civil, la mano de la joven tembló al tocar la mesita de noche. Todo lo que ella quería era investigar los casos de suicidio. ¿Cómo demonios iba a saber que entraría a la habitación del diablo?

El canto de los pájaros afuera la calmó en un segundo y la devolvió a la realidad.

Sabiendo que podía poner en peligro su propio matrimonio, se vistió a toda velocidad y se fue sin siquiera mirar al hombre que dormía profundamente a su lado.

Con suerte nunca se volverían a encontrar.

Una vez fuera del hotel pudo ver que no hubo ningún suicidio dada la falta de periodistas y personal corriendo, por lo que suspiró aliviada.

Aturdida, ella regresó a casa, donde pasó toda la mañana lavándose una y otra vez hasta que enrojeció toda su piel.

No era malo haber tenido una noche de pasión con un extraño; ¡el problema era que ella ya estaba casada!

Dos años atrás había firmado un certificado de matrimonio con un hombre que no conocía.

De hecho no sabía su nombre, altura, peso o edad ni nada.

Si no hubiera estado tan desesperada en ese momento, ¡no habría cavado su propia tumba así!

La ansiedad y la angustia la estaban invadiendo.

'¡Maldición!'. Un pensamiento repentino cruzó por su mente, con lo que corrió a sus cajones asustada y sacó un acuerdo.

Temblando de miedo, hojeó las páginas, recordando que había una cláusula relacionada con las infidelidades... Si tenía una aventura mientras el matrimonio aún era válido, ¿cuánto tenía que pagar?

Al encontrarla, se paralizó como si acabara de ser alcanzada por un rayo. "¡¿Veinte millones?!", chilló.

Nina se frotó los ojos para mirar de nuevo. Allí estaba escrito claramente que debía veinte millones de dólares, y para para colmo al final estaban su firma y huella digital.

Maldición.

Ahora no tenía escapatoria.

'Veinte millones'. Co

n sus manos temblorosas, se derrumbó en el suelo deseando que este se la tragara.

¿De dónde diablos iba a sacar el dinero?

¡No era como si ella hubiera querido engañar a su marido!

Al final tomó una decisión.

Se paró frente al espejo apretando los dientes y entrecerrando los ojos con frialdad, pensando que nunca volvería a ver a ese hombre, y si alguna vez lo hacía, entonces simplemente compraría su silencio.

En caso de que este se negara, ella lo amenazaría hasta más no poder.

Una vez que resolviera ese asunto, arreglaría sus papeles de divorcio porque ya no habría nada más que pudiera hacer.

Para ese entonces al fin obtendría lo que quería: libertad. Después de todo eso podría convertirse en una criminóloga calificada sin un esposo que la retuviera.

Al pensar en ello, la chica exhaló un suspiro de alivio.

A las diez de la mañana un hombre de traje y zapatos de cuero entró en la suite presidencial. Tenía unos veinticuatro años, llevaba lentes de montura dorada y un maletín en la mano.

El hombre era Henry Ye. No hace mucho, él había solicitado ser asistente del CEO del Grupo Time. Aunque consiguió el trabajo, en realidad era la primera vez que veía a su jefe, John Shi.

Este era el hijo menor de la familia Shi, de quien se decía que era muy poderoso e incluso increíblemente despiadado, tanto así que poseía la mitad de Ciudad Lexingport.

No bien su asistente abrió la puerta, vio a un hombre alto vestido con una toalla saliendo del baño. Este miró a Henry con indiferencia. "Ropa".

"Sí, señor John", dijo para enseguida llamar a alguien que le consiguiera un traje.

Mientras veía el sofá desordenado y la ropa desparramada, alcanzó a ver un zapato de mujer. Había finos rasguños rojos en la espalda de su jefe que lo hacían llegar a la conclusión de que este había disfrutado de una noche especial.

Con timidez, el chico se quitó los lentes, y unos segundos más tarde llegó la ropa solicitada.

John se paró frente al espejo con unos pantalones negros rectos hasta los tobillos y una camisa blanca con el cuello desabrochado que revelaba un poco de su piel.

Al subir la mirada, Henry pudo ver un rostro bien tallado y unos fríos ojos oscuros.

Apretando los labios con fuerza, el CEO comenzó a arreglar su cabello. Entonces sonrió satisfecho a su reflejo y procedió a ajustar los detalles pequeños de su ropa uno a la vez.

'Es un hombre increíblemente narcisista', pensó el asistente.

Al ver que su jefe estaba listo, el chico se enderezó. "Señor John, su padre pidió que fuera a casa esta noche".

"Arréglalo".

"De acuerdo. ¿Alguna otra cosa que pueda hacer por usted?", preguntó. 'Por ejemplo, ¿investigar a la mujer de anoche?'.

"Verifique los detalles sobre la mujer que vino anoche. Quiero saber todo sobre ella". John necesitaba descubrir la verdad.

La razón por la que James había enviado a esa chica era por su apariencia, pero recordó que ella mencionó haber recibido formación teórica únicamente.

Dado que él apenas acababa de regresar, necesitaba tener cuidado con esas cosas.

No mucho después Henry al fin había encontrado información sobre Nina, aunque no llenó más de media página.

Frunciendo el ceño, su jefe no podía creer que como un hacker, solo encontró tan poca información.

Cuando este le entregó el documento, tragó grueso con nerviosismo.

Él nunca había estado tan ansioso al averiguar información confidencial.

"Nina tiene 20 años. Es una estudiante de segundo año en el Departamento de Psicología de la Universidad L. No hay información sobre sus padres y parece que es hija única. Además, está casada", informó el asistente.

Si bien había algo en el nombre de la mujer que despertó la curiosidad de Henry, él no sabía qué era.

A John lo sorprendió lo de su estado civil, y pensando en la sangre en las sábanas, no pudo evitar sentirse confundido. '¿Es casada? ¿Acaso su marido es impotente?'.

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