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   Capítulo 4 ¿Cómo te atreves a engañarme

Afecto Absurdo Por Ti Por Flower Palabras: 7856

Actualizado: 2020-05-29 00:02


En cuanto a si su hijo lo firmaría o no, Sam no lo sabía.

Aunque al ser tan orgulloso y arrogante, podría pensar que ninguna mujer en el mundo lo merecía y probablemente lo haría, ¿no?

El detalle es que él aún no sabía que tenía una esposa tan hermosa.

"Señor, tengo algo que hacer. Debo irme ahora", dijo Nina como excusa y se fue corriendo.

No hace falta decir que le sorprendió que el anciano estuviera de acuerdo con tanta facilidad, pero el tan solo pensar que podría recuperar su soltería y no tendría que pagar veinte millones la llenó de alivio.

Además, una vez que se divorciara podría encontrar un novio que en realidad le gustara.

Cuando la chica se fue, Jake miró el documento en su mano y preguntó: "Señor, ¿realmente está de acuerdo con el divorcio?"

"¿Qué divorcio?". Para ser sincero, su suegro estaba molesto.

¡Había sido muy difícil para él conseguir una nuera! ¿Cómo podía dejarla ir?

"El acuerdo...". '¿Debería dárselo al señor John o no?', quiso preguntar Jake, pero se tragó las palabras.

Una mirada astuta pasó por los ojos del señor cuando miró el documento. "Encuentra un lugar donde puedas guardarlo. Soy demasiado mayor para recordar cosas".

En vista de que él ya era muy mayor, era normal que olvidara cosas.

"Sí, señor". Enseguida el otro comprendió que el anciano no quería darle el documento a su hijo.

Con un brillo en la mirada, Sam prometió en su corazón que reprocharía a su hijo menor apenas este llegara. Sin embargo, no esperaba que su juramento hiciera que este estornudara en el camino.

"Achú...".

El repentino estornudo confundió a John.

A través del espejo retrovisor, Henry lo miró. "Señor, ¿está bien? ¿Quiere que apague el aire acondicionado?".

En lugar de responderle, este soltó con frialdad: "Concéntrate en conducir".

"Sí, señor". A pesar de haber sido ignorado, el chico no hizo más que arquear un poco las cejas.

Después de que el auto dio la vuelta en una esquina, entraron en la calle SQ, y con la luz de giro encendida, el asistente tocó la bocina antes de girar para evitar cualquier accidente.

Tan pronto como entraron por completo en la calle, una figura apareció repentinamente frente a ellos.

Conmocionado, el joven al volante tocó la bocina de nuevo y pisó el freno lo más rápido que pudo.

El estruendo hizo que Nina, quien estaba inmersa en la felicidad de estar soltera, levantara la cabeza para darse cuenta de que un Maybach iba directo hacia ella y se paralizó.

De pronto sus pies parecían estar llenos de plomo.

"¡Detenga el auto!". Su corazón latía rápido y sus ojos estaban muy abiertos, pero no podía moverse.

Por suerte Henry logró frenar justo a tiempo.

La distancia entre el vehículo y la chica era tan pequeña que si ellos se hubiesen detenido medio segundo después, la habrían golpeado.

Debido al susto ella perdió el equilibrio y cayó al suelo, raspándose la mano.

Por su parte, los dos hombres en el auto se precipitaron hacia adelante con el frenazo.

Sujetado del volante, el asistente pudo estabilizarse rápido mientras que John no tuvo tanta suerte, ya que su camisa planchada quedó arrugada.

"¡Henry!", gritó enojado. Era evidente que estaba extremadamente furioso.

Ante esto, el chico sintió un escalofrío porque era su primer día de trabajo y ya había tenido varias fallas. ¿Qué había hecho mal esta vez?

Preparándose para ser regañado, el asistente apretó los dientes y explicó: "Una mujer se atravesó en el camino. ¡Lo siento, señor!".

Mirándolo, el CEO se acomodó la ropa y miró a la chica en el suelo frente al vehículo.

No se veía más que su largo cabello negro y la mitad de su rostro, pero se sintió mal.

De todos modos, siendo el hombre frío que era, John volteó la mirada. "Vámonos".

Henry estaba atónito. ¿No debería preguntar por la condición de la mujer?

Ya sabía que la respuesta era no, puesto que su jefe siempre había s

ido un desalmado.

Como para él era más importante no perder su trabajo, giró el volante y estaba a punto de irse cuando Nina volvió a sus sentidos.

En el momento en que vio que el auto estaba a punto de partir, pensó en lo que le había pasado la noche anterior y ahora en su adolorida palma, y se enojó.

Soportando el dolor, se puso de pie y estiró los brazos para detener el vehículo, haciendo que el chico frenara de golpe una segunda vez.

Molesto, su jefe cerró los ojos para abrirlos iracundo. "Señor, ella detuvo el auto".

Sin arreglarse el pelo, Nina se acercó a la ventanilla y la tocó. Al ver que se abría, ella dijo de inmediato: "Me acaba de atropellar, ¿no se dio cuenta?".

Dado que estaba vestida de blanco y su cabello estaba despeinado, la joven parecía un fantasma que venía a acecharlos. La verdad es que era un poco aterradora para el conductor.

"Señorita, ¿está bien?", consultó él, tragando grueso.

¿Acaso se veía bien? Su pregunta era ridícula para ella.

Entonces se arregló el cabello detrás de las orejas, lo cual dejó al descubierto todo su rostro, y luego estiró sus manos que sangraban.

"Lléveme al hospital".

Resultaba una gran casualidad que aún no había tomado un taxi tras haber salido de casa de su suegro.

No bien vio su rostro completo, los ojos de Henry se abrieron de par en par.

'¿No es ella la esposa del jefe?'.

Inconscientemente giró la cabeza para mirar a John y se encontró con que él ya la estaba mirando.

Sus facciones sin maquillaje eran muy delicadas y sus pupilas color ámbar brillaban en sus ojos almendrados llenos de una seducción natural.

"¡Hola, pequeña!". Por extraño que pareciera, el CEO se puso de buen humor al ver a la chica que suplicaba su misericordia la noche anterior.

Era como si el destino los hiciera encontrarse por segunda vez, aunque no podía saber si era una coincidencia o un truco de ella.

La verdad es que lo que él más odiaba era ser engañado, así que al considerar esa posibilidad, su sonrisa desapareció poco a poco.

Una vez que la chica se dio cuenta de que era el hombre que le costaría veinte millones, sus labios se secaron mientras se enojaba más.

Después de humedecérselos con la lengua, preguntó: "Señor, ¿qué hace aquí?".

Ella lucía confundida.

Ya había tenido la mala suerte de conocerlo, pero pensó que nunca volvería a verlo, intentó olvidarlo todo. Entonces ¿por qué tenía que encontrárselo ahora?

Estuvo pasando con ella la noche anterior, ¿y ahora qué, quería molestarla otra vez?

El hecho de que ella se dirigiera a él así lo puso de mal humor en un instante. No obstante, él acababa de llamarla "pequeña". Él tenía treinta años, de modo que parecía normal que se refirieran a él como "señor".

"¿No te alegra verme?". Había una pizca de decepción en su voz, pues innumerables chicas estaban obsesionadas con él e incluso lo perseguían debido a su estatus, talento y apariencia, ¿pero por qué esta estaba tan ansiosa por evitarlo?

¿Acaso tenía miedo de que se la comiera viva?

Oh, ya lo había hecho.

Ella no quiso decir nada.

¿Por qué debería sentirse feliz?

¿Estaba loco?

Sí, era guapo, pero en su opinión, él lamentablemente era un sinvergüenza que se había escapado de un hospital psiquiátrico.

"Adiós". Apenas se enteró de que se trataba del mismo hombre de la noche anterior pensó que era mejor tomar un taxi.

"¡Detente!". Ella ya lo había abandonado el día anterior, ¡y ahora iba a hacer lo mismo!

Decepcionado y molesto, él abrió la puerta y la haló hasta que cayó sobre el asiento.

Debido a su alta figura, Nina tuvo una sensación de presión, especialmente en un auto tan estrecho.

"¿Qué quiere?". Su rostro frío la asustó un poco.

Con una leve sonrisa, John la sujetó por la mandíbula. "Dime, ¿cómo te atreviste a tenderme una trampa?".

Él se encargó de usar un tono que le despertara muchas emociones a la chica.

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