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   Capítulo 22 Mira lo que hiciste

Afecto Absurdo Por Ti Por Flower Palabras: 9669

Actualizado: 2020-06-11 00:03


Una vez que tuvo conocimiento de las circunstancias, John comenzó a sacar sus conclusiones.

La verdad era que Isabella sí había incriminado a Nina.

Después de que él le diera precipitadamente ese video a la familia Zhang, ellos debieron enviar gente para causarle problemas a esta última. Esa debía ser la razón por la que ella lo golpeó al CEO con tanta fuerza en la cabeza.

'Debe odiarme mucho.

¿Qué hago ahora?', se preguntó el hombre, perdido por completo. Cambiándose a una posición más cómoda en su asiento, él continuó con su lluvia de ideas sobre cómo compensar lo que había hecho.

En ese momento Henry tocó la puerta y entró silenciosamente, pero su jefe estaba demasiado absorto en estos pensamientos y no lo escuchó.

"Señor Shi". Ya para ese punto el chico estaba hablando en voz alta y el hombre seguía sin prestarle atención. Lucía tan deprimido que Henry podia suponer correctamente que su preocupación no era sobre negocios.

Lo cierto era que no había ninguna dificultad en la empresa que su jefe no pudiera resolver con confianza y facilidad. Solo había una persona que podía hacerlo comportarse de una forma anormal e inesperada, y esa no era otra que Nina.

El asistente aún tenía dudas sobre si debía decirle a su jefe que esa chica era su esposa legal.

Habiendo pensado por un rato, John volvió a sus sentidos para sorprenderse al ver a Henry parado frente a él. En un tono serio, le preguntó: "¿Resolviste el asunto?".

"Sí, pero el señor Glenn Zhang quiere verlo", respondió el chico de inmediato a pesar de haber sido tomado desprevenido por su interrogante.

Henry ya llevaba unas semanas trabajando para él y sentía que podía saber casi con exactitud lo que pensaba o quería.

"No es necesario. Dile que no lo recibiré", respondió el hombre con cinismo. "Se atrevió a ofender a mi familia, pero es obvio que no lo ha asimilado. Informa públicamente que de ahora en adelante nunca más cooperaremos con el Grupo Zhang".

"Sí, señor Shi". Asintiendo con respeto, el chico se sintió mal por esa familia, puesto que a partir de ese momento pocas personas se atreverían a hacer negocios con el Grupo Zhang de nuevo en vista de que los Shi no lo harían.

Este sería el comienzo de la inevitable bancarrota de la estimada familia Zhang.

Sin embargo, ahora el chico tenía una gran duda. ¿Con la familia a la que John se refirió como suya, hablaba de su sobrino o de Nina?

Si se trataba de la chica, ahora era el mejor momento para decirle la verdad a su jefe.

"Señor Shi, tengo algo importante que decirle, pero no estoy seguro de si debería hacerlo", comenzó el asistente.

"Si no estás seguro, mejor no digas nada", espetó el hombre con impaciencia. Siendo esa la respuesta exacta que esperaba el chico, decepcionado y abatido, abandonó la oficina al cabo de un rato.

Mientras tanto, en la mansión de la familia Zhang los fuertes gritos y las maldiciones lascivas de Isabella resonaron por toda la casa.

"¡Ay, duele mucho! ¡Sé gentil! Ya te dije varias veces que lo fueras. ¿Eres sorda o qué?", reprendió a la doctora sin tener en cuenta su edad y la echó con fuerza. "¡No eres más que una curandera! ¡Vete, no quiero verte!".

Aturdida, la señora cayó al suelo, produciéndole eso un dolor tan insoportable que apretó los dientes en agonía y sudaba frío.

'¡Qué mocosa tan arrogante! Si no fuera por la buena paga, no la toleraría ni aceptaría más este trabajo'.

"Señorita Zhang, sus moretones necesitan que le aplique directamente la medicina; de lo contrario le dolerán más y le será difícil dormir esta noche", explicó la doctora con calma, tropezando mientras se levantaba. Aunque estaba echando humo por dentro, no tuvo más remedio que soportar la mala actitud de la chica porque necesitaba el dinero.

Isabella iba a cubrir su fea hinchazón, pero detuvo su mano antes de llegar a su cara porque el dolor era tan insoportable que no se atrevía a tocarla.

Ella juró que si volvía a encontrarse a Nina se vengaría sin dudarlo por la humillación que le causó en la universidad.

Al ver lo enfurecida que estaba esta jovencita, la doctora tembló de miedo. ¿Acaso descargaría su ira reprimida con ella?

El juramento y deber de un médico era salvar vidas y curar a los heridos, pero en ese instante su profesión se había convertido en una de alto riesgo. De todos modos ellos siempre corrían el riesgo de ser lastimados por pacientes violentos e irracionales.

Con un suspiro de pesar, la mujer pensó que sin importar cuán alta fuera la tarifa médica, ella nunca volvería a poner un pie en esa casa. Exasperada, convenció a Isabella con cautela: "Señorita, apliquemos un poco de medicina, pues solo de esa forma podrá recuperarse por completo".

Mirándola con ferocidad e impaciencia, la chica amenazó violentamente a la médica: "Sé amable o h

aré que sientas el mismo dolor que yo".

"Lo sé", dijo la mujer al sentarse, temiendo por su seguridad. Acto seguido se inclinó y aplicó cuidadosamente la medicina con gran inquietud.

Cuando estaba a punto de terminar, Amelia llegó enojada.

"¿Dónde está mi hija? ¿Cómo está? Isabella...". Como ella aún no había visto la condición de su amada hija, la estaba buscando.

No bien entró en la habitación, le vio el rostro hinchado, cubierto ya de medicina. Los ojos enrojecidos de la chica por su llanto incesante rompieron el corazón de su madre en un millón de pedazos.

"Isabella, mi amor. ¿Qué pasó?".

"Mamá...", gritó aún más fuerte ella. Tan pronto como vio a su madre, volvió a llorar sin parar y se arrojó a sus brazos para que producirle lástima.

"Mamá, debes ayudarme esta vez. Nina me abofeteó varias veces seguidas y el dolor es insoportable...". A pesar de que fue ella misma quien se golpeó primero, mintió.

"¿Nina otra vez?". ¿Cómo podía esa chica ser tan rebelde? Amelia aún no se había vengado del último problema que esta había causado en el foro de la escuela, ¡y ahora se atrevía a golpear a su hija!

"Sí, mamá, ella sigue intimidándome", replicó al tiempo que asentía.

Poco a poco Amelia sacó a su hija de sus brazos y le secó las lágrimas con ternura. "No te preocupes, hijita. Así ella esté bajo la protección de la familia Song, no la dejaré salirse con la suya esta vez. Quiero que sienta nuestra ira y sufra las consecuencias de ofendernos".

"¿De verdad?", preguntó la chica en un mayor sollozo para alentar el odio de su madre, y solo cuando la vio asentir fue que sonrió.

'Nina, espera y verás. Una vez que mi madre decide darle una lección a alguien, esa persona termina teniendo un final miserable', se regocijó en silencio la jovencita.

De pronto Glenn entró enojado a la habitación, y al verlas hablando entre risas, se puso furioso.

Justo antes de cerrar el contrato con ellos, los Shi anunciaron de la nada que cancelarían el negocio, lo cual los hizo perder trescientos millones. ¡Todo porque Isabella había ofendido estúpidamente a alguien de la familia Shi!

¿Cómo podía ella estar tan feliz ahora?

"¿Papá? ¿Por qué volviste tan temprano?", preguntó la chica, quien lo vio y estuvo a punto de aullar de dolor otra vez. Sin notar su enfado, comenzó:

"Papá, he estado...".

¡Zas!

Otra fuerte bofetada aterrizó en el rojo e hinchado rostro de Isabella, haciéndola caer al suelo con un zumbido en su oído y quedando estupefacta por la repentina rabia del hombre.

"¡Mira lo que hiciste!".

"Glenn, ¿qué haces? ¿No ves que nuestra hija está herida?". Apenas Amelia recobró el sentido, su hija ya había caído aturdida y estaba demasiado asustada para siquiera llorar.

"Isabella querida, ¿estás bien? Déjame echarte un vistazo". Preocupada, la señora sostuvo el rostro de su hija antes de levantar la cabeza para darle a su esposo una severa reprimenda: "¿Te volviste loco? ¿Por qué le pegaste a nuestra hija?".

"¿Tienes el descaro de preguntarme eso?", gritó el señor, temblando de ira. Entonces señaló a la chica con frustración y exclamó: "¡Pregúntale tú misma qué hizo hoy!".

Angustiada, Isabella respondió inocentemente: "Papá, no hice nada malo".

"Bueno, ¿por qué no hablas con nosotras para aclararlo primero? ¿Por qué tuviste que lastimar a nuestra hija de repente sin ningún motivo? ¿No sabes que hoy la golpearon brutalmente? ¿Por qué te enojas tanto con ella?", replicó Amelia con indignación mientras sostenía a su temblorosa hija en sus brazos.

"¿Que por qué estoy enojado?". Glenn no tuvo palabras para expresar su disgusto y no pudo hacer más que poner una amarga mueca para enseguida señalar a Isabella y reprenderla: "Puedes meterte con quien quieras en esta ciudad, ¿pero por qué tuviste que ser tan imprudente y ofender a James Shi? ¡Gracias a ti ellos cancelaron el negocio en que estuve trabajado tan duro y perdí trescientos millones en un instante! Además, el señor John dejó claro en el círculo empresarial que nunca se aliará con nosotros en el futuro. Ahora dime, ¿no debí darte esa cachetada?".

Isabella no podía dejar de llorar y temblar incontrolablemente, mirando a su padre con pánico.

Ella no esperaba que el pequeño truco del mediodía hubiera ofendido a James de tal forma. Definitivamente había cometido un grave error.

"No, no es mi culpa", negó con vehemencia antes de echarle la culpa a Nina. "Fue Nina. Ella le mintió al señor James. Yo no tuve nada que ver con eso".

Ella alegaría que la raíz de toda su miseria yacía en Nina.

¿Por qué debería ser ella entonces la que reciba bofetadas una y otra vez?

Manteniéndose firme, explicó de mala gana: "Todo esto es obra de Nina. ¿Por qué no le das una paliza a ella? ¿Por qué tuviste que venir a casa y reprender a tu propia hija?".

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