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   Capítulo 5 Aire de realeza

La Esclava Más Odiada Del Rey Por Débora Peron Palabras: 9668

Actualizado: 2021-07-14 00:45


A la mañana siguiente, Danika recibió su uniforme de esclava: un vestido corto que terminaba justo después de las rodillas.

La joven se lo puso y se peinó. Aún era temprano cuando fue llevada a las minas de esclavos, lugar en el que hombres y mujeres que habían perdido su libertad trabajan día y noche, ayudando a extraer valiosos minerales del suelo.

Danika no vio a ninguno de los de su gente mientras caminaba, solo a la plebe de Salem. '¿Qué fue lo que hizo el rey con el pueblo de Mombana?', pensó para sus adentros.

Mientras emprendía su camino hacia las minas, todos los ojos estaban puestos en ella. Y es que, incluso vestida como una esclava, parecía de la realeza.

Un cierto orgullo y virtud soberana la rodeaban; su caminar era el de una dama, tal y como había sido entrenada, y toda su postura indicaba realeza.

Sin embargo, sus movimientos carecían de intención. La dignidad real estaba en su sangre... al igual que en la del rey, incluso cuando todavía era un esclavo.

Si no fuera por las prendas que llevaba encima, los esclavos se habrían inclinado ante ella al pasar, confundiéndola con una dama de alguna familia privilegiada. Pero, una vez que veían el uniforme de esclava, sentían odio hacia ella, intimidados por su presencia.

Aun sin saber que fue la princesa, Danika, la despreciaban.

Las cosas no mejoraron para ella cuando llegó a las minas, pues los esclavos que allí se enteraron de su verdadera identidad y la trataron muy mal... especialmente el entrenador de esclavos de nombre Karandy.

"¡Déjenla que cave el nuevo túnel sola!", dijo el hombre, dirigiéndose al resto de los esclavos. Luego, le dirigió a la joven una sonrisa llena de odio y continuó hablando, "No me cabe duda de que eres capaz de despejar un túnel por tu cuenta, ¡¿cierto, princesa?!".

Todos los presentes se rieron de ella; algunos incluso la llamaron puta.

Danika cerró los puños y se recordó a sí misma que tenía que sobrevivir a este lugar. Ella tenía que sobrevivir.

"Sí. Soy capaz de hacerlo". Ya antes se había escapado de su dormitorio para ver trabajar a los esclavos en un par de ocasiones.

Así mismo, su padre la había obligado a presenciar algunas sesiones de tortura en el pasado, argumentando que esa era su forma de hacerla lo suficientemente fuerte como para poder gobernar algún día.

Ella había visto muchas sesiones de tortura, incluida...

La joven cerró los ojos para desterrar el recuerdo. De repente, una bofetada aterrizó en su mejilla, abriéndole los ojos de golpe.

Su rostro se agrietó y el dolor se extendió por su cuerpo cuando Karandy se paró frente a ella y tiró de su cabello hasta hacerla gritar.

"Respóndeme como es debido la próxima vez o no te gustarán las consecuencias. ¿¡Quedó claro?!", gruñó el hombre mientras mantenía el fuerte agarre sobre su cabello.

"Sí... señor". Lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Danika, pero ella se forzó a parpadear y logró contenerlas. No había ninguna posibilidad de que fuera a darles la satisfacción de verla derrumbándose.

Los ojos del entrenador de esclavos recorrieron, hambrientos, los pechos de la joven, quien, notando esa mirada sobre su cuerpo, sintió que se le erizaba la piel.

"Bien...". Él se obligó a sí mismo a mirarla a la cara y continuó hablando, "¡Ahora, ponte a trabajar, puta!".

Dos horas más tarde, Danika se hallaba con el brazo bastante adolorido, puesto que había tenido que cavar por su cuenta; las instrucciones de Karandy habían sido claras, nadie podía ayudarla.

Los otros hombres tuvieron que trabajar en las antiguas minas y dejarla a ella a cargo de la nueva. Un trabajo de veinte esclavos, lo estaba haciendo sola, lo cual era demasiado para ella.

Mientras impactaba el martillo contra el duro suelo de la mina, las lágrimas volvieron a brotar rápidamente de sus ojos: echaba de menos a su doncella personal, Sally.

Su Sally, la esclava que fue su sirvienta desde que era una niña. Danika presenció su sesión de tortura cuando Sally tenía solo diez años y ella tenía doce.

Le suplicó a su padre que le permitiera tenerla como su sirvienta personal, pero él se negó en un principio. Su padre nunca la escuchaba. Nunca. Así como nunca escuchó a su madre cuando estaba viva.

Pasaron meses antes de que su padre finalmente accediera a su pedido, cuando vio que ella realmente necesitaba una sirvienta personal. Sally era la persona más cercana a ella, tan cercana como pudo serlo una sirvienta con una princesa.

"¿Cómo van las cosas por aquí?", se escuchó la voz de Karandy, que se adentraba una vez más en el túnel.

"Estoy trabajando... señor", respondió Danika con voz ronca.

"¡Llevas dos horas aquí y solo has hecho esto!", gruñó el hombre, mirando a su alrededor, "Eres una tonta incompetente".

¿Él no hacía más que quedarse mirando lo

que ella había logrado con tanto esfuerzo y, tras del hecho, la insultaba? Danika no dijo nada, como una esclava obediente, y continuó cavando incluso mientras sus músculos protestaban y pedían que se detuviera.

Una sensación de calor se apoderó de la espalda de la joven momentos antes de que el cuerpo de Karandy se le pegara desde atrás y su aliento le abanicara la oreja. Pasado un tiempo, el hombre levantó su mano, tomó el cabello de la chica y lo agrupó sobre uno de sus hombros, dejando ese lado de su cuello descubierto.

"¿Estás cansada de trabajar como esclava, princesa?", gimió el entrenador de esclavos lujuriosamente, acariciándole el cuello.

El cuerpo de Danika se puso rígido ante el tacto del hombre. "Déjame en paz... por favor", suplicó.

Karandy llevó sus manos a los pechos de la joven y los apretó con fuerza antes de responder, "Tú no me dices qué hacer, princesa".

Ella no podía gritar ni alterarse, pues eso solo le traería más sufrimiento. Él la tomó de sus pezones y los pellizcó con tanta fuerza que le sacudió el cuerpo.

Karandy reía; Danika gemía de dolor.

"Puedo hacer que tu tiempo aquí en las minas sea mucho más llevadero...", dijo el entrenador de esclavos mientras frotaba su miembro erecto contra el trasero de la joven, "Todo lo que tienes que hacer es darme tu coñito cada vez que así lo desee".

"Yo soy la esclava del rey. Tú y yo sabemos que solo puedo... s-servir a quien el rey desee y permita", respondió ella, haciendo un esfuerzo enorme por ocultar la repulsión que sentía.

Mientras tanto, el hombre continuaba apretándose contra su cuerpo y emitiendo gemidos guturales. "El rey no tiene por qué enterarse".

El agarre de Karandy sobre sus pechos se estaba volviendo demasiado doloroso para ella, y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Lo único que Danika podía hacer era morderse los labios con fuerza.

"¡¿Dónde está la esclava del rey?!", se escuchó la voz de Baski viniendo desde afuera.

La joven dejó escapar un suspiro de alivio cuando Karandy dejó de tocarla, como si de repente su piel lo quemara y tuviera que cortar todo contacto con ella.

"Piensa bien en mis palabras, princesa. Tu estadía aquí será difícil, personalmente me aseguraré de eso. Además, lo mejor sería que comenzaras a cooperar, porque, sin importar qué... vas a ser mía", dijo el entrenador de esclavos antes de darse la vuelta y salir del lugar.

Danika se secó las lágrimas. Ella sabía muy bien que aquel monstruo no le estaba dando ninguna opción, incluso cuando fingía que lo estaba haciendo.

"¿Dónde está la esclava del rey?", sonó una vez más la voz de la mujer.

"¿Te refieres a la antigua princesa?", respondió Karandy arrastrando las palabras.

"Sí".

Danika dejó caer el martillo, aliviada de poder tomarse un pequeño descanso así fuera por unos segundos.

"¡Estoy aquí!", contestó desde el interior del túnel.

"El rey espera tu presencia en sus aposentos. ¡No lo hagas esperar!", le ordenó Baski con brusquedad.

El alivió que ella había sentido fue desvaneciéndose con rapidez, y ahora se preguntaba si no estaría más a salvo en la cueva, entre los esclavos.

Danika entró en los aposentos del rey y allí lo encontró, completamente preparado y a punto de salir hacia la corte.

"Aquí estoy... Su Majestad", dijo ella.

Él la miró lleno de disgusto mientras detallaba sus prendas y manos sucias. Luego, detuvo su atención en la mejilla de la joven, y ella supo que probablemente estaba viendo la marca roja que le había dejado la bofetada de Karandy.

Pasado un tiempo, el rey le dio la espalda. "Déjennos", ordenó a los sirvientes, incluido Chad.

Todos ellos se inclinaron y abandonaron el lugar.

El rey continuó hablando, "Sal de aquí y arréglate, Danika, hoy iremos a la corte. No te tardes más de cinco minutos", fueron sus órdenes.

"¿La corte...?", musitó Danika, sintiendo que el miedo le devoraba las entrañas. Los esclavos solo asistían a la corte cuando algo andaba mal. Y la esclava del rey solo iba cuando...

"Hoy será tu introducción como esclava del rey", dijo aquel hombre, y con ello confirmaba los temores de la joven.

Danika sintió que el mundo se le venía abajo: las cosas acababan de empeorar significativamente para ella.

Hubiese querido suplicarle desesperadamente que no la "presentara", que le permitiera ahorrarse "La Introducción", pero ella sabía que solo estaría perdiendo el tiempo... y buscándose un castigo.

Danika corrió a su habitación con lágrimas en los ojos, preguntándose cuántas familias privilegiadas de todo el país asistirían, cuántos reyes vendrían a su "Introducción", cuántos de ellos iban a acostarse ese día con ella, cuánto sufrimiento debería soportar ese día.

De hecho, no quería imaginar la escena en absoluto.

No quería la supuesta ''Introducción''

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