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   Clásico 2 No.2

Relatos escogidos II Por Edgar Allan Poe Palabras: 9104

Actualizado: 2018-11-14 00:04


Esto era muy amargo, por cierto, para el pobre «Oppodeldoc», pero en este caso el peso de la sátira caía sobre el Hum-Drum, el Lollipop y el Goosetherumfoodle, a quienes se calificaba ácidamente de «periódicos» (y en itálicas, para colmo), cosa que debió de herirlos en pleno corazón.

Apenas menos salvaje se mostró el Lollipop, que se expresó en esta forma:

«Cierto individuo que se goza en hacerse llamar "Oppodeldoc" (¡a qué bajos usos se aplican a veces los nombres de los muertos ilustres!) nos ha hecho llegar cincuenta o sesenta versos que comienzan de esta manera:

La cólera de Aquiles, para Grecia calamitosa fuente

de innumerables males, etc., etc.

»Informamos respetuosamente a Oppodeldoc (sea quien sea) que no hay en nuestra casa un solo aprendiz que no componga cotidianamente mejoresversos. Los de Oppodeldoc no se pueden escandir. Oppodeldoc debería aprender a contar. Pero lo que va más allá de nuestra comprensión es cómo se le puede haber ocurrido la idea de que nosotros (¡nosotros, nada menos!) deshonraríamos nuestras páginas con sus inefables disparates. Semejantes garrapateos son apenas buenos para figurar en el Hum-Drum, elRowdy-Dow y el Goosetherumfoodle, que no vacilan en publicar, como si fueran grandes novedades, los versos que todos sabíamos de niños. Y "Oppodeldoc" (sea quien sea) tiene el coraje de pretender que le paguemos sus ñoñerías. ¿No sabe acaso que ninguna paga sería suficiente para que publicáramos sus engendros?»

Mientras leía todo esto me iba sintiendo cada vez más pequeño y, cuando llegué a la parte donde el director se burlaba del poema calificándolo de verso, apenas sobrepasaba del nivel del suelo. En cuanto a «Oppodeldoc», comencé a sentir compasión por el pobre diablo. Pero el Goosetherumfoodle mostró aún menos piedad que elLollipop, si ello era posible, al decir:

«Un lamentable poetastro que firma "Oppodeldoc" ha sido lo bastante tonto para imaginar que le publicaríamos y pagaríamos una rapsodia tan bombástica como incoherente que nos ha remitido, y que comienza con el siguiente verso más o menos inteligible:

¡Salve, santa luz! ¡Progenie del Cielo, primogénito!

»Decimos "más o menos inteligible"; pero Oppodeldoc (sea quien sea) tendrá la bondad de explicarnos cómo es posible que el granizo pueda ser una luz santa. Siempre lo consideramos lluvia solidificada. ¿Nos informará, además, cómo la lluvia solidificada puede ser al mismo tiempo luz santa (sea lo que sea) y progenie? Pues, si algo sabemos de inglés, progenie sólo se usa apropiadamente al referirse a niños de unas seis semanas de edad. Pero sería ridículo seguir comentando esta absurdidad, pese a que "Oppodeldoc" (sea quien sea) tiene el cinismo incomparable de suponer que no solamente publicaremos sus ignorantes delirios, sino que además… ¡se los pagaremos!

»Esto es verdaderamente admirable. Estaríamos tentados de castigar al joven escritorzuelo por su egotismo, publicando sus efusiones verbatim et literatim, tal como las ha escrito. Ningún castigo podría ser más severo, y bien se lo infligiríamos, si no quisiéramos evitar el hastío consiguiente para nuestros lectores.

»Que "Oppodeldoc" (sea quien sea) envíe sus futuras "composiciones" al Hum-Drum, al Lollipop o al Rowdy-Dow. Con toda seguridad se las publicarán. No hacen otra cosa en cada número que sacan. Sí, mejor es que se las envíe a ellos. NOSOTROS no nos dejamos insultar impunemente.»

Esto acabó conmigo, y en cuanto al Hum-Drum, el Rowdy-Dow y el Lollipop, jamás pude comprender cómo sobrevivieron. Mencionarlos con los caracteres más pequeños, con miñonas (y ahí estaba la ofensa, al insinuar su inferioridad, su bajeza), mientras NOSOTROS aparecía mirándolos desde lo alto de sus mayúsculas… ¡oh, era demasiado duro! ¡Era ajenjo, era hiel! Si yo hubiera pertenecido a uno de aquellos periódicos no hubiera escatimado esfuerzo para llevar a los tribunales alGoosetherumfoodle. Habría podido basarme para ello en la ley destinada a «prevenir la crueldad contra los animales». En cuanto a Oppodeldoc (fuere quien fuese) ya había perdido la paciencia con respecto a él, y no le guardaba ninguna simpatía. Era indudablemente un estúpido (fuere quien fuese), y merecía todos los puntapiés que acababa de recibir.

El resultado de mi experimento con los viejos libros me convenció, en primer lugar, de que «la honestidad es la mejor política», y, en segundo, que si yo era incapaz de escribir mejor que Mr. Dante, los dos ciegos y el resto de la vieja camarilla, por lo menos me resultaría difícil escri

bir peor que ellos. Recobré el ánimo, pues, decidiéndome a lograr por fin algo «completamente original», como dicen en las cubiertas de las revistas, a costa de cualquier esfuerzo y estudio. Una vez más coloqué ante mis ojos como modelo las brillantes estrofas del «Aceite de Bob», escritas por el director del Gad-fly, y resolví fabricar una oda sobre el mismo sublime tema, rivalizando con la escrita.

Mi primer verso no me costó trabajo. Decía así:

Exaltar en una oda el «Aceite de Bob»…

Luego de revisar mi diccionario en procura de todas las rimas adecuadas para «Bob», me resultó imposible seguir adelante. Acudí entonces a la ayuda paterna y, después de varías horas de madura reflexión, mi padre y yo finalizamos el siguiente poema:

Exaltar en una oda el «Aceite de Bob»

Vale por todas las angustias de Job.

(Firmado) Snob

No hay duda de que esta composición no era muy extensa, pero aún «me queda por aprender», como dicen en el Edinburgh Review, que la mera extensión de una obra literaria tiene algo que ver con su mérito. En cuanto a las alabanzas que hace la Quarterly del «esfuerzo sostenido», me resulta imposible encontrarle el menor sentido. Por eso, todo bien considerado, quedé satisfecho con el éxito de mi virginal intento, y lo único que faltaba era decidir su destino. Mi padre sugirió que lo mandase al Gad-fly,pero dos razones me lo impedían: los celos del director y la seguridad de que no pagaba las colaboraciones. Por eso, luego de larga deliberación, remití mi poema a las más dignas columnas del Lollipop y esperé los resultados con ansiedad, pero con resignación.

En el número siguiente tuve el orgullo de ver mi poema impreso a dos columnas, como si fuera el editorial, precedido por las siguientes significativas palabras, en itálicas y entre corchetes:

[Señalamos a la atención de nuestros lectores las admirables estrofas que siguen acerca del «Aceite de Bob». No diremos nada de lo sublime de las mismas, ni de su pathos:imposible leerlas sin verter lágrimas. Aquellos que han padecido las tristes consecuencias de que la pluma de ganso del director del Gad-Fly osara profanar el mismo augusto tema, harán bien en comparar las dos composiciones.

P. S.- Nos consume la ansiedad por develar el misterio que envuelve el seudónimo «Snob» ¿Podemos esperar una entrevista personal?]

Todo esto era estrictamente justo, pero confieso que excedía lo que había esperado; lo reconozco, téngase bien en cuenta, para eterno deshonor de mi país y de la humanidad. De todas maneras no perdí tiempo en presentarme al director del Lollipop, y tuve la buena suerte de que dicho caballero se hallara en casa. Saludóme con aire de profundo respeto, ligeramente teñido de paternal y protectora admiración, ocasionada sin duda por mi aire extremadamente joven e inexperto. Rogándome que tomara asiento, púsose a hablar inmediatamente sobre mi poema… pero la modestia me veda repetir los mil cumplidos que derramó sobre mí. Los elogios de Mr. Crab (pues tal era el nombre del director) no fueron sin embargo indiscriminados. Analizó mi composición con gran libertad y conocimiento, sin vacilar en señalarme algunos defectos insignificantes, circunstancia esta última que lo elevó grandemente en mi estima. Como es natural, el Gad-fly fue puesto sobre el tapete, y espero no verme jamás sometido a una crítica tan escudriñadora ni a reproches tan humillantes como los que Mr. Crab dejó caer sobre aquella desdichada publicación. Habíame acostumbrado a considerar al director del Gad-fly como a un ser sobrehumano, pero Mr. Crab no tardó en quitarme esa idea. Tanto el aspecto literario como el personal de la Mosca -así calificaba satíricamente a su rival- fueron expuestos a su verdadera luz. La Mosca no valía nada. Había escrito cosas infames. Era un escritorzuelo de a un centavo la línea. Era un malvado. Había compuesto una tragedia que hizo morir de risa a todo el país, y una farsa que sumió el mundo en lágrimas. Fuera de esto, había tenido la imprudencia de publicar un panfleto contra él (Mr. Crab) y la temeridad de calificarlo de «asno». Si en cualquier momento deseaba yo expresar mi opinión sobre Mr. Mosca, las páginas del Lollipop quedaban ilimitadamente a mi disposición. En el ínterin, era seguro que el Gad-fly me atacaría por haberme animado a componer un poema rival sobre el «Aceite de Bob»; pero Mr. Crab tomaba a su cargo lo concerniente a mis intereses privados y personales. Y si yo no salía de todo aquello convertido en un hombre cabal, no sería culpa suya.

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