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   Clásico 3 No.3

Relatos escogidos II Por Edgar Allan Poe Palabras: 8877

Actualizado: 2018-11-14 00:04


Habiendo hecho Mr. Crab una pausa en su discurso (cuya última parte me resultó imposible de comprender), me atreví a insinuar algo sobre la remuneración que creía merecer por mi poema, puesto que en la cubierta del Lollipop figuraba habitualmente una noticia según la cual la revista «insistía en que se le permitiera pagar precios exorbitantes por todas las colaboraciones aceptadas, gastando con frecuencia más dinero en un solo y breve poema que el costo anual combinado del Hum-Drum, elRowdy-Dow y elGoosetherumfoodle».

Apenas hube mencionado la palabra «remuneración», Mr. Crab abrió mucho los ojos, todavía más la boca, llegando a adquirir la apariencia de un pato viejo extremadamente agitado en el momento de graznar. Quedóse así, llevándose una que otra vez las manos a la frente, como si pasara por una crisis de terrible desconcierto y no cambió de actitud hasta que hube terminado lo que tenía que decir.

Instantáneamente se hundió hasta lo más hondo de su asiento, como si le faltaran las fuerzas, mientras los brazos le colgaban inertes y su boca continuaba invariablemente abierta a la manera del pato. Mientras lo contemplaba mudo de estupefacción por una conducta tan alarmante, Mr. Crab saltó de pronto del asiento y corrió hacia la campanilla, pero cuando aferraba el cordón pareció cambiar de idea, pues se sumergió debajo de la mesa y volvió a aparecer con un garrote. Levantábalo ya (con finalidades que no podría explicar), cuando repentinamente se difundió en su rostro una benigna sonrisa, y volvió a sentarse plácidamente a mi lado.

-Señor Bob -dijo (pues yo había presentado mi tarjeta antes de aparecer en persona)- , supongo que es usted un hombre joven… muy joven.

Asentí, añadiendo que todavía no había completado mi tercer lustro.

-¡Ah, perfectamente! -exclamó-. Ya veo, ya veo… ¡no diga usted más! Con respecto a ese asunto de la remuneración, lo que ha dicho es muy justo… casi diría que demasiado. Pero… ejem… la primera colaboración… repito, la primera… ninguna revista tiene por costumbre pagarla, ¿comprende usted? Para decirle la verdad, en ese caso los recipientes somos nosotros. (Mr. Crab sonrió con blandura al enfatizar la palabra.) En la mayoría de los casos se nos paga para que publiquemos una primera composición… sobre todo si es en verso. En segundo lugar, señor Bob, la revista tiene por norma no desembolsar jamás lo que en Francia se denomina argent comptant…Supongo que me entiende usted. Tres o seis meses después de la publicación del artículo… o un año o dos más tarde… no tenemos inconvenientes en librar un pagaré a nueve meses; siempre, claro está, que podamos disponer nuestros negocios de manera de estar seguros de liquidarlo en seis. Espero sinceramente, señor Bob, que considerará usted satisfactoria esta explicación.

Mr. Crab guardó silencio con lágrimas en los ojos.

Herido en lo más hondo del alma por haber sido, aunque inocentemente, causante de un dolor a una persona tan sensible, me apresuré a pedirle disculpas, asegurándole que coincidía en todo con su punto de vista y que apreciaba perfectamente lo delicado de su situación. Y luego de manifestar todo esto en un discurso claro y conciso, me despedí de Mr. Crab.

Poco tiempo más tarde, una hermosa mañana «me desperté y supe que era famoso». La extensión de mi renombre podrá apreciarse mejor a través de las opiniones de los editoriales del día. Como se verá, dichas opiniones hallábanse incluidas en las reseñas críticas del número de Lollipop, donde había aparecido mi poema, y eran tan satisfactorias y concluyentes como diáfanas, con la excepción quizá de las marcas jeroglíficas Sep. 15-1 t, agregadas a cada una de dichas reseñas.

El Owl, diario de profunda sagacidad, y bien conocido por lo grave y ponderado de sus decisiones literarias, hablaba como sigue:

«¡El Lollipop! El número de octubre de esta deliciosa revista supera a los anteriores, desafiando toda competencia. En la belleza de su tipografía y su papel, en el número y excelencia de sus grabados al acero, así como en el mérito literario de sus colaboraciones, el Lollipop está tan por encima de sus lerdos rivales como Hiperión de un sátiro. Cierto es que el Hum-Drum, el Rowdy-Dow y el Goosetherumfoodle descuellan en fanfarronería; pero, para todo el resto, ¡que nos den el Lollipop! No llegamos a comprender, en verdad, cómo esta revista consigue subvenir a sus enormes gastos. Sabemos, eso sí, que tiene

una circulación de 100.000 ejemplares, y que su lista de suscriptores ha aumentado en un cuarto a lo largo del mes pasado; pero, por otra parte, las sumas que desembolsa continuamente en pago de colaboraciones son inconcebibles. Se afirma que Mr. Slyass ha recibido no menos de treinta y siete centavos y medio por su inimitable artículo sobre "Cerdos". Con Mr. Crab en la dirección, y con colaboradores tales como Snob y Slyass, la palabra "fracaso" no existe para Lollipop. ¡Suscríbase usted!Sep. 15-1 t»

Debo confesar que me sentí muy contento con una reseña tan cordial proveniente de un periódico respetable como el Owl. Que mi nombre -es decir, mi nom de guerre-apareciera colocado antes que el del gran Slyass, me pareció un cumplido tan feliz como merecido.

De inmediato llamáronme la atención los siguientes párrafos del Toad, periódico altamente distinguido por su rectitud e independencia, y por prescindir de toda sicofancia y servilismo hacia los que ofrecen convites. Decía así:

«El Lollipop de octubre se pone a la cabeza de todos sus colegas, sobrepasándolos infinitamente por el esplendor de su presentación y la riqueza de su contenido. El Hum-Drum, el Rowdy-Dow y el Goosetherumfoodle se destacan, cabe reconocerlo, en la fanfarronería, pero en todo el resto que nos den el Lollipop. No llegamos a comprender, cómo esta revista consigue subvenir a sus enormes gastos. Es cierto que tiene una circulación de 200.000 ejemplares y que su lista de suscriptores ha aumentado en un tercio durante la última quincena; pero, por otra parte, las sumas que desembolsa mensualmente para el pago de colaboraciones son enormemente abultadas. Hemos oído decir que el señor Mumblethumb recibió no menos de cincuenta centavos por su reciente "Monodia en un charco de barro".

»Entre los colaboradores del presente número advertimos (aparte del eminente director Mr. Crab) a escritores como Snob, Slyass y Mumblethumb. Luego del editorial, lo más valioso nos parece una gema poética de Snob sobre el "Aceite de Bob"; pero nuestros lectores no deben suponer por el título de este incomparable bijou que tiene la menor similitud con ciertos garrapateos sobre el mismo tema, de los cuales es autor cierto despreciable individuo cuyo nombre no puede mencionarse ante personas delicadas.Este poema sobre el "Aceite de Bob" ha provocado general curiosidad sobre el verdadero nombre de aquel que se oculta bajo el seudónimo de "Snob". Afortunadamente, estamos en condiciones de satisfacer dicha ansiedad. "Snob" es el nom de plume del señor Thingum Bob, de esta ciudad, pariente del gran Mr. Thingum (de quien deriva su nombre), y vinculado con las más ilustres familias del Estado. Su padre, Thomas Bob, Esq., es un opulento comerciante de Smug. Sep. 15-1 t.»

Esta generosa aprobación me tocó en lo más hondo, especialmente por emanar de una fuente tan reconocida, tan proverbialmente pura como el Toad. Consideré que la palabra «garrapateo» aplicada al «Aceite de Bob» del Gad-fly, era notablemente apropiada y punzante. Sin embargo, las palabras «gema» y bijou referidas a mi composición me parecieron un tanto débiles. Me daban la impresión de carecer de la fuerza suficiente. No estaban lo bastante prononcés (como decimos en Francia).

Apenas había terminado de leer el Toad, cuando un amigo me puso en la mano un ejemplar del Mole, diario que gozaba de gran reputación por la agudeza de su percepción de las cosas en general y el estilo abierto, honesto y elevado de sus editoriales. El Mole hablaba del Lollipop como sigue:

«Acabamos de recibir el Lollipop de octubre y debemos decir que jamás la lectura de una revista nos proporcionó una felicidad tan suprema. Hablamos con conocimiento de causa. El Hum-Drum, el Rowdy-Dowy el Goosetherumfoodle deberían cuidar sus laureles. Estos periódicos, sin duda alguna, sobrepujan a cualquiera en la vocinglería de sus pretensiones, pero para todo el resto que nos den el Lollipop. No llegamos a comprender, en verdad, cómo esta revista consigue subvenir a sus enormes gastos. Es cierto que tiene una circulación de 300.000 ejemplares y que su lista de suscriptores ha aumentado al doble en la última semana; pero, por otra parte, las sumas que desembolsa mensualmente para el pago de colaboraciones son asombrosamente crecidas. De buena fuente sabemos que Mr. Fatquack recibió no menos de sesenta y dos centavos y medio por su última narración familiar "El paño de cocina".

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