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   Clásico 5 No.5

Relatos escogidos II Por Edgar Allan Poe Palabras: 8138

Actualizado: 2018-11-14 00:04


Resulta un tanto difícil determinar lo que fue del director del Gad-Fly después de la publicación de mi crítica sobre el «Aceite de Bob». La conclusión más razonable es que lloró tanto que acabó por morirse. Sea como fuere, desapareció instantáneamente de la superficie terrestre y nadie ha vuelto a saber nada de él.

Cumplida satisfactoriamente esta tarea y aplacadas las furias, me convertí de golpe en el favorito de Mr. Crab. Me otorgó su confianza, me confirmó en mis funciones de Thomas Hawk del Lollipop, y como, por el momento, no podía pagarme sueldo, me permitió que usara a discreción de sus consejos.

-Querido Thingum -me dijo cierta noche después de cenar-. Respeto sus talentos y lo amo como a un hijo. Será usted mi heredero. Cuando muera, le dejaré el Lollipop.Entretanto, haré de usted un hombre… Lo prometo, siempre que siga mis consejos. La primera cosa que debe hacer es quitarse de encima al viejo cargoso.

-¿A quién? -pregunté.

-A su padre.

-¡Ah! Comprendo lo de cargoso, en efecto.

-Tiene usted que hacer fortuna, Thingum -continuó Mr. Crab-, y su padre es como una rueda de molino que lleva atada al cuello. Tenemos que cortarla inmediatamente.

Yo saqué el cuchillo.

-Debemos cortarla -agregó Mr. Crab- de una vez por todas y para siempre. Ese viejo es una molestia. Bien pensado, debería usted darle de puntapiés o de bastonazos, o algo por el estilo.

-¿Qué diría usted -sugerí modestamente- de darle primero los puntapiés, luego los bastonazos y terminar retorciéndole la nariz?

Mr. Crab me miró pensativamente unos instantes y luego contestó:

-Pienso, señor Bob, que lo que usted propone es precisamente lo que se requiere, y que está muy bien hasta cierto punto; pero los barberos son gentes difíciles de pelar, y por eso me parece que, después de cumplir con Thomas Bob las operaciones sugeridas, sería aconsejable que procediera a ponerle los ojos negros a puñetazos, de manera tan cuidadosa como completa, a fin de que no pueda volver a verlo a usted en los paseos de moda. Luego de esto, no creo que sea necesario nada más. De todos modos… bien podría revolearlo una o dos veces en el arroyo y confiarlo luego al cuidado de la policía. A la mañana siguiente bastará con que se presente a la comisaría y denuncie que se trata de un asalto.

Me sentí sumamente emocionado por los amables sentimientos hacia mi persona que se traslucían en el excelente consejo de Mr. Crab, y no dejé de llevarlo inmediatamente a la práctica. Como resultado del mismo, me libré del viejo cargoso y comencé a sentirme un tanto independiente y con aires de caballero. Lo malo era que la falta de dinero me afectó mucho las primeras semanas, pero después de haber aprendido a usar mis ojos descubrí cómo tenía que manejar la cosa. Nótese que digo «la cosa», pues estoy informado de que la palabra latina correspondiente es rem. Dicho sea de paso, y ya que hablamos de latín, ¿podría decirme alguien el significado dequocumque y el de modo?

Mi plan era extremadamente sencillo. Compré por menos de nada una decimosexta participación en la revista The Snapping-Turtle. Y eso fue todo. La cosa quedaba terminada así, y el dinero entraba en mi bolsillo. Cierto que hubo algunas cosillas insignificantes por hacer con posterioridad, pero no formaban parte del plan, sino que eran su consecuencia. Por ejemplo, compré pluma, tinta y papel y los puse en furiosa actividad. Habiendo completado un artículo en esta forma, lo titulé: FOL LOL, por el autor de «Aceite de Bob», y la remití al Goosetherumfoodle. Pero, como esta revista lo declarara «disparate» en sus «Respuestas mensuales a los colaboradores», cambié el título del artículo por el de: MANTANTIRULIRULÁ, por THINGUM BOB, Esq., autor de la Oda sobre el «Aceite de Bob» y director de «The Snapping-Turtle». Así enmendado, volví a enviarlo al Goosetherumfoodle, y mientras esperaba la respuesta publiqué diariamente enThe Snapping-Turtle seis columnas de lo que cabe calificar de investigación filosófica y analítica de los méritos literarios del Goosetherumfoodle, así

como de la persona de su director. Al final de la semana, el Goosetherumfoodle descubrió que, para su equivocación, había confundido un estúpido artículo titulado «Mantantirulirulá», compuesto por algún ignorante anónimo, con una gema de resplandeciente brillo que respondía al mismo título y que era obra de Thingum Bob, Esq., el celebrado autor del «Aceite de Bob». El Goosetherumfoodle lamentaba sinceramente «este muy natural accidente», y prometía que el verdadero «Mantantirulirulá» sería publicado en el número siguiente de la revista.

La verdad es que pensé, realmente pensé, lo pensé en el momento, lo pensé entonces y no tengo razón para pensar de otro modo ahora, que el Goosetherumfoodle se había equivocado de veras. Con las mejores intenciones del mundo, jamás he conocido nada capaz de tantas equivocaciones como esa revista. A partir de ese día empecé a tomarle simpatía, y el resultado fue que no tardé en comprender la profundidad de sus méritos literarios, y no dejé de explayarme sobre ellos en The Snapping-Turtle, toda vez que se me presentaba oportunidad. Y cabe considerar como una coincidencia muy peculiar, como una de esas muy notables coincidencias que hacen pensar seriamente a un hombre, que esa total modificación de mis opiniones, que ese completo bouleversement (como decimos en francés), que ese absoluto trastocamiento (si se me permite emplear este término más bien enérgico de los choctaws) entre mis opiniones, por una parte, y las Goosetherumfoodle, por la otra, volviera a producirse, a breve intervalo y en condiciones similares, entre el Rowdy-Dow y yo y entre el Hum-Drum y yo.

Fue así como, por un golpe maestro de genio, consumé finalmente mis triunfos llenándome los bolsillos de dinero, y así también como principió, según cabe afirmarlo verdadera y noblemente, esa brillante y fecunda carrera que me hizo ilustre y que hoy me permite decir con Chateaubriand: «He hecho historia» (J'ai fait l'histoire).

Sí, he hecho historia. Desde aquella radiante época que acabo de consignar, mis acciones y mi trabajo son propiedad del género humano. El mundo entero los conoce. Inútil me parece, pues, detallar cómo, remontándome rápidamente, me convertí en heredero del Lollipop, cómo uní esta revista con el Hum-Drum y cómo adquirí luego elRowdy-Dow, combinando las tres publicaciones; cómo, finalmente, hice una oferta al único rival remanente y reuní toda la literatura de la región en una sola y magnífica revista, conocidas en todas partes con el nombre de

Rowdy-Dow, Lollipop, Hum-Drum

y

Goosetherumfoodle.

Sí. He hecho historia. Mi fama es universal. Se extiende hasta los más alejados confines de la tierra. No puede usted abrir un periódico sin encontrar en él alguna alusión al inmortal THINGUM BOB. Mr. Thingum Bob dijo esto, Mr. Thingum Bob escribió aquello y Mr. Thingum Bob hizo lo de más allá. Pero soy modesto y expiro con el corazón lleno de humildad. Después de todo, ¿qué es ese algo indescriptible que los hombres persisten en llamar «genio»? Coincido con Buffon y con Hogarth: no es más que asiduidad.

¡Contempladme! ¡Cuánto trabajé, cuánto bregué, cuánto escribí! ¡Oh dioses, lo que habré escrito! Siempre ignoré la palabra «facilidad». De día no me apartaba de mi mesa y de noche, pálido estudiante, veía consumirse la bujía. Deberíais haberme visto; sí, deberíais. Me inclinaba a la derecha. Me inclinaba a la izquierda. Me sentaba hacia adelante. Me sentaba hacia atrás. Me sentaba tête baissée (como dicen los kickapoos), acercando mi rostro a la página alabastrina. Y todo el tiempo escribía. A través de la alegría y del dolor, escribía. Con hambre y con sed, escribía. Fuera buena o mala mi reputación, escribía. Con luz del sol o luz de la luna, escribía. Inútil decir qué escribía. ¡El estilo… eso era todo! Lo tomé de Fatquack… ¡ejem, ejem!… y ahora mismo os estoy dando una muestra.

FIN

Bon Bon

Quand un bon vin meuble mon estomac

Je suis plus savant que Balzac,

Plus sage que Pibrac;

Mon seul bras faisant l'attaque

De la nation Cossaque

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