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   Capítulo 1739 No soy tu cajero automático (Tercera parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8539

Updated: 2020-01-17 03:24


"¿Crees que puedes amenazarme con eso? Si tanto deseas morir, te concederé tu deseo con gusto", se burló Sheena, levantando su mano nuevamente. Durante más de dos décadas, conservó la imagen de una madre amorosa para Tiana. Pero todo aquello estaba siendo destruido en una sola discusión reveladora, donde Sheena sacó a relucir sus garras. Esta vez, sin embargo, su intento de pegar a su hija fue detenido por alguien.

"Si quieres darle una lección a tu hija, por favor, hazlo en casa. Es hora de trabajar. No afectes la productividad de mi personal", dijo Daniel rotundamente. Por supuesto, era un asunto familiar. Así que sintió inapropiado para él, siendo un extraño, interferir en sus asuntos personales. Sin embargo, no podía aguantar otro minuto viendo a Tiana siendo intimidada por su madre.

"Daniel", Tiana pronunció el su nombre, luciendo desesperadamente triste. Consciente de su patética situación, bajó la mirada para ocultar su dolor a Daniel.

"¿Qué tiene que ver nuestro asunto familiar contigo, hijo de perra? ¿Qué? Ahora que eres el presidente de KD Group, ¿en serio crees que te has vuelto noble ahora? No olvides que, independientemente de tu cambio de puesto, nunca borrará el hecho de que seguirás siendo un bastardo". Sheena le dijo fríamente. Luego, con gran fuerza, retiró la mano. Si no hubiera sido porque él tomó el mando de KD Group, ella no se habría convertido en esa villana, gritando en público y humillando a su propia hija.

"¿Y qué? Al menos me he hecho cargo de KD Group por mis propios méritos, no vendiendo a mi hija por dinero, como cierta persona", dijo Daniel irónicamente. Mirando el rostro de Tiana, vio las marcas rojizas en sus mejillas. Debía estar sufriendo mucho en ese momento.

"¡Ja! ¿Dijiste por tus propios méritos? Claro. Si eso significa ser descarado y taimado, ¿quién mejor que tú?". Daniel reprimió su respuesta y la dejó continuar, "¿Creías que después de poner a mis hijos y nueras en otra sucursal, te estaría agradecida? Oh, todo lo contrario, siempre te maldeciré para que mueras como un perro". Sheena espetó, apretando los dientes. Ni siquiera intentó ocultar su odio por él.

"¡Lo que sea! Si las maldiciones realmente funcionaran, tal vez ya habrías muerto varias veces", respondió Daniel, mirando a la insensible mujer. Si ella pensaba que su resentimiento era más grande que el de él, tenía que pensarlo dos veces.

"Chiquilla estúpida, ¿escuchaste lo que dijo? Es un hombre que desea nuestra muerte, y eres lo suficientemente estúpida como para quedarte aquí y trabajar para él

¡Lo siento mucho!". Tiana dijo, percibiendo la ira de Daniel, que era causada por su madre cuando la regañaba, y tan naturalmente, sintió que le debía una disculpa.

"No me digas que lo sientes. ¡Pídele perdón a tus mejillas! ¡A mí no me debes nada! ¿Y por qué no me dijiste que tu familia pretendía casarte con el presidente de CM Company?". Daniel la cuestionó. Estaba casi seguro de que las personas en la familia Ke habían perdido la cabeza. De lo contrario, ¿por qué demonios dejarían que una joven tan bella se casara con un hombre mucho mayor que ella? ¿Esto significaba que en el fondo de sus corazones, el dinero les importaba más que la familia?

"Tenía miedo de que no me dejaras quedarme en la compañía, así que te lo oculté", dijo Tiana, mordiéndose los labios con nervios. Si le hubiera dicho la verdad desde un principio, temía que la rechazara para no meter en sus asuntos familiares. Después de todo, si su propia familia la trataba de esa manera, solo podía suponer que él haría lo mismo, pues siempre había considerado a los otros miembros de la familia Ke como sus enemigos.

"Realmente eres muy consciente de toda la situación", comentó Daniel, honestamente. Tan pronto como salieron del elevador, Daniel la llevó a la oficina de presidencia, levantando por un momento la curiosidad de la gente. Muy pronto, salió y ordenó despreocupadamente: "William, ve a buscarme un poco de hielo y algo de gasa", pues en ese momento pensaba: 'Si su rostro no es tratado de inmediato, se hincharía como una pelota'.

"Entendido, señor", dijo William rápidamente, "Ya se los traigo". Aunque William no sabía lo que sucedía, no se molestó en hacer preguntas y siguió las órdenes de su jefe.

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