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   Capítulo 27 ¿Por qué no te gusta mi mamá

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 6463

Updated: 2018-11-16 11:22


"Está bien, pero tu voz suena extraña". Rocío arrugó su frente suavemente.

"¡Jaja! ¡Mamá, cómo lo has sabido! Grité mucho con mis amigos y por eso me duele un poco la garganta". Julio sabía que su madre era una persona observadora. No iba a poder escapar mintiendo tan fácilmente.

Edward y Daniel lo miraban sorprendidos. ¿Por qué no le dijo a su madre que estaba enfermo?

"¡Oh! Ten cuidado la próxima vez. E intenta no usar mucho tu voz hasta que se cure. Volveré en unos días. Desde entonces tienes que comportarte, ¿de acuerdo? En fin, ya es tarde, vete a dormir, ¿vale? Buenas noches. Te quiero cariño". Había una leve sonrisa en el rostro de Rocío. Ella nunca era tacaña con su paciencia y amor por su hijo. Pero ella nunca dio una pulgada a nadie excepto su hijo.

"¡Está bien! Mami, yo también te quiero. ¡Esperaré a que vuelvas! ¡Adiós!" Cuando Julio colgó el teléfono, su rostro se recuperó mucho, poniéndose de un color rosado.

"Julio, tu madre va a regresar". Daniel estaba emocionado. "¡Finalmente, puedo conocer a la misteriosa mujer de Edward!"

Edward se quedaba callado mientras se dedicaba a preparar la comida. Al parecer, a él no le importaba nada Rocío. Pero se estaba volviendo cada vez más curioso acerca de esa mujer en su interior.

"¡Sí!" La voz de Julio se quebró cuando su voz se elevaba. "Mamá regresará en unos días, tío Dani. Ella es muy hermosa. ¡La amarás!" Julio le dijo con orgullo. Pero no sabía que sus palabras avergonzaron a los dos hombres.

"Err pequeñajo, realmente no me importa si tu madre es atractiva o no, no me atrevo a enamorarme de ella ni de coña". Echó una mirada a Edward en secreto. Ella era la esposa de su jefe. Tendría una mala muerte si se atreviera a gustarle la mujer de su jefe.

Edward se relajó al escuchar las palabras de Daniel. Ella era su esposa. Él no necesitaba rival para sus afectos. ¿En qué estaba pensando Julio?

"¿Por qué no? Aunque mamá es una belleza fría, realmente tiene un corazón amable. No te preocupes. No te obligará a hacer flexiones". Julio miraba a Daniel inocentemente. La mandíbula de Daniel cayó enseguida al escuchar las palabras de Julio. La cara de Edward también mostraba preocupación. ¡Jesús! ¡Julio! ¡No puedes hablar de tu madre y otros hombres de esa manera! ¿No ves la expresión en los ojos de tu padre?

La conversación puso de relieve algunos sentimientos desconocidos. Edward sentía celos puros de la forma en que Julio hablaba de su madre. Especialmente las insinuaciones sexuales. Estaba totalmente sorprendido con la guardia baja.

"Julio" Daniel continuaba. "No hablemos de esto, ¿de acuerdo? Es más que un poco raro, y no quiero tener nada con tu madre". No quería hablar más del asunto, ya que notó que Edward lo estaba observando con una mirada amenazadora.

"Tito Daniel, ¿Por qué no te gusta mi mama?" Estas palabras hicieron que Daniel se sintiera impotente, se sentía super extraño.

"Está bien. Dime primero. ¿Por qué me tiene que gustar?" Daniel se entregó a este pequeño chico. Esperaba terminar con esto antes de que le metiera en problemas. Pero, ¿por qué Julio estaba insistiendo tanto?

"¡Porque a nadie le gusta mamá excepto a mí! A mucha gente le gusto. Pero a nadie le gust

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a mamá". Él repitió. Julio iba a llorar. Daniel levantó la cabeza y lanzó una mirada a Edward. Edward estaba asombrado y no podía decir una palabra. Simplemente se quedaba allí mirando lo que estaba pasando ahora.

Edward sentía un dolor en su corazón. ¿Era por lo que dijo Julio o por el hecho de que su hijo estaba llorando?

"Julio, ¿tienes hambre?" Edward abrió la boca al fin. "¡Vamos a comer!" Edward ignoró la expresión burlona de Daniel.

"Sí. Julio, necesitas comer algo. Me voy entonces. Vendré mañana para verte". Dijo Daniel. ¡Oh no! Daniel pensaba que tenía que salir de allí. ¿Quién sabía qué problemas le esperaban a continuación?

"¡De acuerdo! Adiós, tío Daniel. Piénsalo cuando vuelvas a casa, por favor". Daniel creía que haría una salida rápida, pero lo que Julio agregó casi lo hizo tropezar.

Edward miraba a Daniel. El hombre tenía la cara roja y estaba ansioso por alejarse de Julio y el tema sobre el que su hijo insistía en hablar. Daniel desapareció rápidamente. Sin embargo, Julio sonreía astutamente. ¡Ya no estaba nada triste!

"Papá, ¿crees que el tío Daniel es gracioso?" Julio dijo esas palabras deliberadamente. Mamá regresaría y quería ver si a Edward le gustaba o no su madre. Así que jugó con Daniel para poner a prueba a su padre. Solo tenía que agregarle algo de combustible al fuego. Entonces obtendría la respuesta.

"Julio, ¡es descortés burlarse de tu tío Daniel!" Se dio cuenta de que Julio solo estaba bromeando con Daniel. Pero estaba dudando de que si este chico hubiera dicho toda la verdad. Siempre sentía que el pequeño estaba tramando algo.

Rocío siempre estaba callada. En este momento, sentada tranquilamente y mirando a la distancia, ella jugueteaba con el teléfono allí. Su cara fría estaba llena de melancolía. Amar a aquel hombre era como agarrar una rosa con la mano. Las espinas podían causar dolor, pero la rosa, como el amor, todavía olía tan dulce como siempre. Estaba acostumbrada a extrañarlo, persiguiéndolo y esperándolo. A veces se sentía demasiado cansada para amar a alguien de este tipo, temiendo no poder evitar lanzarse a sus brazos, pero sabía que la persona en sus brazos nunca podría ser ella.

Ella lo extrañaba mucho, pero no podía verlo. Oh, él aparecía en periódicos y revistas. Él sonrió gentilmente a las hermosas damas que lo rodeaban. Pero esta ternura no le pertenecía. Ella era su esposa, pero él nunca se preocupaba por ella. No, él no lo sabía. ¡Él nunca entendía lo doloroso que era cuando ella lo extrañaba! Incluso se había olvidado de que había una mujer así en su vida.

Nunca sabría cuántas noches de insomnio pasaba mirando la cara de Julio en busca de su sombra, intentando distinguir todas las cosas en Julio que le recordaban a Edward. Él nunca sabría cuánto quería tirarse a sus brazos para pedir ayuda cada vez que Julio estaba enfermo. Ella era una militar, pero también era una mujer. Como cualquier otra, ella quería ser amada por su ser querido. Pero él siempre era un sueño inalcanzable para ella, y lo único que quedaba era el dolor infinito cada vez que pensaba en él.

¿Quién decía que el amor en secreto era hermoso y que era feliz? Ellos estaban equivocados. Ella nunca se sentía de esa manera.

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