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   Capítulo 29 Mamá ha llorado

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8177

Updated: 2018-11-16 11:58


La enfermedad de Julio llegó desprevenidamente y también se fue pronto. Sólo tardó dos días en recuperarse totalmente, y ahora casi no se veía ningún aspecto enfermizo de antes.

"Señora Wu, ¿podemos comer pollo asado hoy?" Pensando en el pollo asado cocinado por la señora Wu, la boca de Julio ya empezó a hacerse agua. Aunque el plato cocinado por ella era diferente al de su madre, era más delicioso.

"Bueno, te lo haré si quieres comer, ¿vale?" A la señora Wu siempre le gustaba mucho este pequeño niño y mantenía mucho cariño hacia él, ya que era muy encantador y listo. Aunque a este pequeño siempre le gustaba molestar al señor Mu, la gente de esta familia siempre le quería mucho, porque Julio solo se burlaba de su padre mientras que trataba bien a los empleados domésticos.

"¡Sí! Señora Wu, sé que siempre me tratas con todo corazón." Julio sabía bien cómo complacer a los demás de una manera más adecuada.

"¿Señorito, solo la señora Wu te trata con todo corazón?" La otra niñera Gimena, quien estaba de pie al lado, le dio la pregunta a Julio con sonrisa.

"Jeje. ¡Por supuesto, Gimena también me tratas muy bien! Pero recuerdo que no sabes cocinar el pollo asado, ¿no? Entonces me gusta más la señora Wu." Vale, este niño era totalmente un glotón. Cualquier persona que le diera comidas ricas era amable en sus ojos. Gimena al pensarlo, se sentía muy graciosa.

"Gimena, lleva a Julio arriba para jugar un rato. Os llamaré cuando la comida esté lista". Aunque la cocina era muy grande, todavía se preocupaba por los posibles peligros para Julio, temiendo que sufriera algún daño aquí.

"Vamos. Julio, si sigues aquí diciendo las palabras dulces, el pollo asado perderá su aroma natural." Gimena tapaba su boca para ocultar la sonrisa.

"Gimena, ¿por qué se perderá su aroma original?" Si uno no entendía algo, tenía que preguntar con modestia para saberlo. Era una virtud que tenían casi todos los niños.

"Porque tirará a un sabor dulce. Ya que siempre estás diciendo las palabras de miel a la señora Wu."

"Bien, Gimena, ahora estás burlándote de mí. Ya no me gustas." Después de terminar las palabras, se echó para subir las escaleras. Mirando su figura pequeña y graciosa alejándose, la señora Wu y Gimena no podían menos que reírse, ya que este niño de verdad era bastante interesante.

Corriendo hacia su habitación, oyó que sonaba el teléfono. Entonces dio la vuelta alegremente para dirigirse a coger el teléfono, pasando por alto la burla de Gimena.

"¡Hola! Mami, ¿cuándo puedes regresar a casa? Julio quiere comer los platos cocinados por mamá." Hoy había pedido el plato a la señora Wu, precisamente era porque echaba de menos al sabor de los platos de su mamá.

"Bien. Eres realmente un amante de las comidas. Si no hay nada especial, mamá podrá volver mañana. Te cocinaré todo lo que quieres comer". Rocío se quedaba atontada leyendo el papel que tenía en la mano, en el que se ponía los resultados de este entrenamiento. Aunque había predicho este resultado, todavía se sentía un poco frustrada, por lo que quería buscar el consuelo de su persona querida.

"Mami, ¿estás descontenta? Me da la sensación de que estás llorando." Julio se dio cuenta de que la voz y el tono de Rocío era un poco anormal.

"No, solo es que te echo de menos muchísimo." Rocío le decía, sintiendo que algo estrangulaba su garganta. De hecho, ella tenía muchas ganas de echarse a llorar en voz alta, porque ahora casi se asfixiaba de la fatiga física y la presión mental. Pero sabía que no podía exponer su debilidad, entonces lo único que podía hacer era dominarse su tristeza y seguir su camino.

"Mami, yo también te echo muchísimo de menos. No estés triste por favor. Me comporto muy bien estos días, y te espero aquí. ¡Nos veamos muy pronto!" Los párpados de Julio estaban enrojecidos y húmedos, porque sabía que a su madre a lo mejor le pasaba algo malo. Pero no podía llorar ante ella, ya que él era el único apoyo de su madre. Si él echaba a llorar primero, se sentiría más indefensa su mamá.

"Vale, estoy tranquila, porque siempre cuento

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con mi querido Julio." Se le cayeron por fin las lágrimas, porque la emocionaba mucho la prudencia y piedad de su hijo. Su cara delicada estaba bañada de lágrimas, pero no se atrevía a echar ni un llanto.

"Sí. Julio siempre es el ángel de guardia de mamá, entonces mami tienes que ser más valiente, porque mañana puedes ver a tu angelito de guardia." Julio trataba de ocultar el temblor de su voz, mordiendo sus labios rosados.

"Vale, hijo, así que nos vemos mañana." Después de decir esta frase, colgó el teléfono rápidamente. Las lágrimas brotaban aún más, y ella tampoco se entendía a sí misma. No sabía por qué hoy estaba tan sensible. A lo mejor, ¿era porque no se contaba entre la lista de ascenso de rango militar?

No, entendía que el problema no consistía en eso, pero sí era una mecha de pólvora. Ella aprovechaba eso para descargar sus emociones negativas.

Julio lentamente bajó su mano que sostenía el teléfono, y ahora ya no podía controlarse para llorar. La gente siempre decía que entre los familiares existía la telepatía, a lo mejor era por eso Julio podía sentir la tristeza de su mamá. Deseaba que ahora pudiera acompañarla a su madre y estuviera a su lado para protegerla y consolarla. Durante estos años, Julio comprendía perfectamente la fatiga y la pena de Rocío, entonces siempre se exigía a sí mismo para volverse maduro lo antes posible. No quería que su madre se preocupara por él demasiado ya que había tenido una vida muy dura. Julio hacía todo lo posible para evitar que su madre llorara por él. Aunque en su corazón tenía muchas ganas de ver a su propio papá, nunca había molestado a Rocío en este asunto. Ni tampoco se atrevía a mencionar la palabra "padre" ante su mamá, porque sabía que eso causaría la culpabilidad de ella.

Cuando Edward abrió la puerta, vio a Julio sollozando en silencio sentado sobre el suelo. Su cara estaba llena de pena, cogiendo el teléfono en su mano. La anormalidad de Julio asustó a Edward, entonces se precipitó para acercarse a su hijo y lo abrazó fuertemente.

"Hijo, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? ¡Qué mal lo habrás pasado!" Mientras le decía, le ayudaba a limpiar la cara bañada de lágrimas con toalla de papel.

"Uuuuuu... Papi, mamá ha llorado. Estará muy triste ahora, porque nunca la he visto llorar. Uuuuu..." Edward se detuvo por un momento, y de repente le dolía el corazón, como si estuviera mordido por las hormigas.

"¿De verdad tu madre ha llorado?" Edward no podía menos que pensar en por qué esta mujer fría lloraba ante su hijo y qué le podría haber pasado a ella para perder la calma.

"Sí. Lo he notado por el teléfono. Papi, ¿a mamá le ha pasado algo? Yo no estoy a su lado. ¿Qué puede hacer ella sola? Debe de sentirse muy indefensa." Considerando la posible situación de Rocío, Julio se ponía más dolido e incluso lloraba más tristemente.

"Cariño, deja de llorar. Creo que tu mamá estará bien, a lo mejor solo es que te echa de menos demasiado y por eso lloró". Edward sabía que esta razón inventada por él era muy inverosímil, pero tampoco era capaz de encontrar una razón mejor para consolar a su hijo Julio, ya que ahora él mismo también estaba nervioso.

"¿Verdad, papá?" Julio lo miraba a su papá con los ojos húmedos. En su cara se veían tanto la incertidumbre como la esperanza.

"Sí, te lo juro. Ahora vamos a limpiarte un poco, y luego bajamos para comer. ¿Vale?" Después de decirlo, llevó a Julio al cuarto de baño directamente. Pero también frunció el ceño, y sus ojos se volvían más oscuros. Edward estaba preocupado y curioso. "¿Esta mujer no está en el ejército? ¿A lo mejor está herida, por lo tanto se comportaba tan sensiblemente ante su propio hijo?" Pensando en eso, Edward se sentía más molesto, e inconscientemente frotaba con más fuerza la cara de Julio, lo que hizo que Julio estuviera curioso. El niño echó una mirada a su padre, y susurró: "Papi."

"¡Oh! Lo siento, estoy distraído." Edward estaba un poco angustiado. No entendía qué le pasaba a sí mismo, ya que recientemente cada vez que oía la noticia de esa mujer, perdería su calma habitual.

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