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   Capítulo 49 Acompáñame a la puerta

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 7366

Updated: 2018-11-20 17:39


"¿No vas a la empresa?" Rocío le dio una mirada con curiosidad. ¿No era él quien acababa de decir que tenía prisa para ir a la oficina?

"¿No vas a irte ya?" Edward le hizo esta pregunta no porque desconfiaba en ella, sino porque él no tenía mucha confianza en sí mismo. Ya que después de todo, en la noche de bodas, él había hecho daños a esta mujer con las palabras humillantes. No estaba seguro de si esta mujercita lo pudiera perdonar tan fácilmente.

"No te preocupes. No soy una persona que no cumple lo que dice. Ya que te lo he prometido, voy a cumplirlo sea como sea." Rocío apartó la mirada de la suya, y se sonrojó un poco.

"Bueno. Puedes hacer lo que quieras, pero recuerda bien que debes volver aquí. De lo contrario, te voy a encontrar sin importar revolver la base militar." Edward era tal tipo. Cuando se decidía a hacer algo, no iba a dejarlo hasta obtener los resultados. Aunque era un hombre indiferente, en el caso de enamorarse de alguien, nunca iba a mariposear más.

"Ya puedes salir. Voy a ver a Julio." Rocío no dudaba de su determinación de cumplir sus palabras, ya que según la expresión facial de Edward se veía que había tomado esta decisión con toda sinceridad. Llevaba tantos años sufriendo del amor no correspondiente, ahora ya no quería evadir la realidad. Ya que Edward estaba dispuesto a intentar enamorarse de ella, ¿cómo podría abandonar esta oportunidad preciosa ella?

"Acompáñame a la puerta." Edward la abrazaba cariñosamente por detrás, poniendo su barbilla encima de la cabeza de Rocío. Su voz encantadora llegó a los oídos de Rocío.

Rocío estaba un poco distraída, porque no podía creer que la felicidad viniera tan pronto.

Se dio la vuelta, y le ayudaba a ordenar la corbata del traje con sus manos un poco temblosas. Lo hacía tan cuidadosamente, ya que era una cosa que quería hacer para él desde hacía mucho tiempo. La felicidad de su sueño era así, ordenar la corbata de su ser querido y luego despedirse a la puerta antes de ir al trabajo.

"Vamos. Te acompaño hasta la puerta." Su voz fría tiraba a una ternura. Ella no se olvidaba de lo que acababa de decir, que iba a cumplir los deberes de una esposa.

Cuando Edward y Rocío salieron de

casualmente en el respaldo de la silla, se sentó con elegancia sin prestar atención a la reacción de Ana y empezó a ojear los documentos sobre la mesa.

"De acuerdo. Entonces voy a organizarlo. Además, después de diez minutos tiene una reunión. ¿Usted mismo va a dirigirla?" Ana mientras esperaba su respuesta, pasaba rápidamente la agenda en su mano.

"Yo voy a la reunión. ¿Está el señor Mu en la oficina? Llámalo venir aquí." Edward la ordenó sin levatar la cabeza, ocupando en firmar los papeles sobre la mesa.

"El señor Mu ha salido. Dice que hay algún problema en el proyecto que se encarga, y no va a volver a la empresa hoy." Ana frunció el ceño, porque estaba un poco enfadada con sí misma. Si Edward no la preguntó, casi se olvidaría de informar a su jefe esto. Tal fallo de profesionalidad la hizo sentirse fracasada.

"Ya lo sé. Pide al señor Domingez que prepare bien los materiales de la reunión. Y él va a dirigirla, yo solo estaré presente." No era una reunión de mucha importancia, entonces no hacía falta que él la dirigiera. Isai era un chico potencial, entonces Edward quería desarrollar su habilidad de manejar la empresa, lo que también podía disminuir las cargas de Edward.

Isai sentía mucha tristeza. Ya estaba bastante ocupado. ¿No veía la gran cantidad de documentos sobre la mesa de su oficina? "¡Madre mía! ¡Quiero abandonar este trabajo para buscar uno mejor! Nunca he visto a un jefe que sabe tan bien explotar a su personal."

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