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   Capítulo 118 Entonces, ¿puedo tener al bebé

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 5806

Updated: 2019-05-09 05:22


"Entonces, ¿puedo tener al bebé?", las cosas le estaban saliendo mejor de lo que pensaba. Ella estaba eufórica.

"Desde luego, si eso es lo que quieres, adelante", Edward lo dijo sarcásticamente y con indiferencia como si estuviera hablando del clima o de cualquier otra cosa sin importancia.

"Entonces, ¿te casarás conmigo?", ella se moría por hacer esa pregunta.

"¿Casarme contigo? Así que eso es lo que quieres, pero Paula, ¿cómo se te ocurre pensar que eres lo suficientemente buena para mí?", las crueles palabras saltaron de la boca de Edward mientras una mirada de arrogancia y disgusto se gesticulaba en su rostro.

No dejaría que alguien que no le gustara se hiciera ilusiones con él, ni siquiera le daría alas. La gente podría pensar que era cruel, pero a él nunca le importó lo que pensaran los demás.

"¿Pero no debería nuestro hijo tener padre y madre?", Paula entró en pánico. Si él no se casaba con ella, ¿cómo podría estar segura de que la apoyaría financieramente y cómo sobrellevaría su embarazo? No quería ser una madre soltera.

"Eso no me concierne", Edward la miró de reojo mientras hacía girar la pluma en su mano. Él se estaba burlando de ella, en su rostro se reflejaba el sarcasmo.

"Edward no puedes hacerme esto, tú sabes cuanto te amo. ¿Qué se supone que debo hacer sin ti? ¿Qué hay de tu hijo?", entonces Paula se abalanzó hacia él y lo agarró del brazo, sus lágrimas goteaban en la gran mano de Edward.

"Suéltame, cualquier cosa que sentía por ti se está desvaneciendo", Edward entrecerró sus ojos aguileños y miró fríamente las manos de ella. Su enfado se hacía cada vez más evidente.

"Yo...", entonces lo soltó, su corazón estaba hecho pedazos. ¿No podía dejarla quedarse a su lado ni po

os claros se llenaron de odio.

Entonces Edward cruzó la habitación rápidamente hasta llegar a ella, agarró su delicado cuello con las manos, y lo apretó más y más fuerte. Él la miró con maldad, aquella mirada enardecida la hizo temblar. Ella conocía su faceta amable, pero olvidó al demonio que estaba dentro, ahora estaba pagando caro el precio de su error, "Julio no es un bastardo, grábate eso en la cabeza".

"Yo...", Paula intentó quitar sus manos, pero sólo consiguió que él la apretara aún más. El pánico la abrumó. Si pudiera volver a comenzar, desearía nunca haberlo conocido, era un demonio, no podía amar a nadie más que a sí mismo.

"Sr. Edward...", dijo Ana, titubeante. Estaba bastante preocupada de verlo ahorcar a Paula, tenía que recordarle a su jefe lo que estaba sucediendo, para impedir que hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse.

"Paula, tienes suerte de estar embarazada o pagarías caro por lo que acabas de decir", todos sabían que Julio era su favorito, su hijo. Y Paula fue lo suficientemente estúpida como para llamarlo "bastardo", ese error podía haberle salido demasiado caro, lo hubiera pagado con su propia vida.

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