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   Capítulo 200 Sólo tuyo

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 6436

Updated: 2019-05-27 22:07


"Cariño, ¿recuerdas tu promesa?", Edward levantó la vista de su pecho, mirándola esperanzado. No estaba seguro de si eso contaba como amor, pero todo lo que quería en ese momento era la confianza de Rocío.

"Sí, por supuesto. ¿Por qué de pronto me lo preguntas?", dijo ella con curiosidad, rodeando con sus brazos el cuello de Edward.

"Por nada. Tenía miedo de que lo hubieras olvidado". Como no quería que ese asunto afectara sus deberes militares, Edward decidió mentir al respecto. Debido a que las cosas habían llegado demasiado lejos, su incertidumbre había aumentado. La confianza que mostraba Paula le provocaba pánico. Debía tener mucho cuidado de llegar al fondo de eso, de modo que pudiera desenmarañar ese lío.

Rocío le hizo una mueca. "¡Me estás tratando como a una niña de tres años! Relájate, tu coronel no es tan olvidadiza". Juguetónamente, ella le pellizcó la cara. Tuvo que pellizcar con más empeño porque su piel era muy lisa. ¿Cómo era posible que su piel fuera tan delicada?

"Ouch, ¿estás tratando de arruinar mi rostro?". Él tomó su mano, preguntándose si ella tenía algo en contra de su cara. ¿Por qué lo había pellizcado tan fuerte?

"¡Sí! Una vez que te haya desfigurado, sólo serás mío", dijo ella con una mirada seria y maliciosa. Siempre y cuando Edward no se viera tan deprimido como unos momentos antes, estaría feliz ella. Verlo así sólo la hacía entristecer.

"No te preocupes. No necesito que me desfigures para ser sólo tuyo". A él no le importaba si ella hablaba en serio o no. Estaba dispuesto a creer todo lo que le decía, incluso si sólo era para consolarlo. Estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa.

"¡Recuerda lo que acabas de decir! No coquetees con nadie a mi espalda, o acabaré contigo", Rocío se le había acercado para susurrarle esa amenaza al oído.

"Cariño, ¿por qué no acabas conmigo ahora mismo? Me encantaría que abusaras de mí", dijo él sonriendo maliciosamen

era sin siquiera detenerse a reflexionar en ello. No importaba lo cruel que fuera, era la única persona a la que amaba.

Pero ella no se lo hizo saber, prefería guardárselo hasta que estuviera segura de que él le pertenecía, pues esa era su última línea de defensa. Sin eso, su existencia no tendría sentido, y no podía permitirse perderlo nuevamente.

Edward trataba obsesivamente de despertar todo el deseo y la lujuria de Rocío, deseando que cada una de sus tentadoras expresiones se debieran a él. ¿Por qué tenía Paula que haber llegado en ese preciso momento para causarle problemas? ¿Se había tratado de un movimiento calculado, o era una simple coincidencia? Tenía que resolver ese asunto.

De modo que había entrado en pánico y estaba confundido. Todos esos comportamientos inusuales en él lo llevaron a enfrentar un hecho inevitable: Rocío ya no era solamente una obligación para él. Había muchas emociones involucradas que no lograba entender.

La noche avanzaba en tanto que esa mujer sensual y ese hombre intoxicante hacían el amor. La brillante luz de la luna se coló a través de las ventanas y de las capas de cortinas de seda hasta que la habitación se llenó de su cálida luz. El aire se hizo más pesado a medida que sus acciones se volvieron más frenéticas...

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