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   Capítulo 209 ¿Crees que soy un imbécil

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 11271

Updated: 2019-05-29 09:35


"¿Te escuché bien? ¿Acabas de llamarme capitalista? Sólo para refrendarlo, estarás a cargo de todos los programas de desarrollo pendientes de ahora en adelante, y quiero los resultados en mi escritorio mañana por la mañana". Edward había aparecido de repente en la puerta, lo que hizo que Daniel temblara de miedo y pensara: '¿Es necesario ser tan cruel? ¿Todos los programas de desarrollo? ¿Sabe lo que está diciendo? ¿Y quiere los resultados mañana por la mañana? ¿Por qué no mejor me aplasta hasta matarme?'.

"Edward, ¿estás seguro de que te refieres a todos los programas de desarrollo? ¿Acaso no estás bromeando?", Daniel se secó el sudor de la frente a escondidas. Hubiera preferido ver la cara de Lucas de haber sabido que esto pasaría.

"¿Qué? ¿Estás poniendo en duda mis órdenes? Eres la persona con menos trabajo en la empresa, de modo que, ¿cómo podría considerarme un digno capitalista, de acuerdo a la definición de ese término, si no te doy suficiente trabajo?". No era de extrañar que la oficina de Daniel estuviera siempre vacía. Se debía a que se pasaba el tiempo descalificándolo frente a sus compañeros de trabajo, pensó Edward.

"¡Patrañas! ¿Quién dice que no tengo suficientes trabajos? Tengo montañas de archivos en mi escritorio listos para ser revisados". Ahora Daniel estaba experimentando en carne propia la frase "A cada acción corresponde una reacción con igual fuerza pero en sentido opuesto". En ese momento estaba siendo víctima de la peor parte de la reacción de Edward, De hecho, antes de comenzar a chismorrear, había dado un gran rodeo a propósito para alejarse de la oficina de Edward. ¡Aún no podía entender por qué no había logrado escapar de su mal humor!

"Todo el mundo está ocupado, menos tú. Peor aún, ¡estás impidiendo que los demás trabajen! ¡Dime si es necesario duplicarte el trabajo para recuperar lo que he invertido en ti!", dijo Edward con una sonrisa encantadora. Daniel, quien era tan encantador como Edward, no pudo resistir su deslumbrante sonrisa.

"Jefe, ¿no puedes ser tan cruel? No soy capaz de trabajar sin tomarme un descanso. No soy eficiente si no ceso de quemarme las pestañas revisando documentos. Necesito al menos levantarme de vez en cuando y caminar un poco", argumentó Daniel. No era tan estúpido como para asumir sin más el trabajo que Edward quería que hiciera, lo que definitivamente superaba los archivos que ya estaban en su escritorio.

"Hablas demasiado. Tengo que salir a hacerme cargo de un asunto, pero no olvides llevarte todos los archivos de mi escritorio cuando regreses a tu oficina. Y recuerda, quiero ver los resultados mañana por la mañana. Yo no perdería el tiempo si fuera tú". Esta vez no parecía estar negociando, sino que le estaba dando un ultimátum. Edward salió de su oficina sin siquiera voltear a verlo.

"Isaí, Edward no estaba hablando en serio, ¿verdad? Me pidió que me encargara de terminar todos los archivos del programa de desarrollo que están en su escritorio en dos días. ¡Eso es imposible!", Daniel estaba nervioso y se preguntaba si era necesario que Edward lo tratara de esa manera. Ya tenía suficiente trabajo. Creía que era preferible que su jefe lo matara de una buena vez antes que darle tanto trabajo. Al menos así no tendría que aplastarse sobre su trasero para quejarse de lo mísera que era su vida.

"¡Sí! Estoy seguro de que hablaba en serio. To

reparar, pero creo que lo que ella quiere es sólo a ti". Tranquilamente, Lucas hizo su análisis de lo que había visto en las últimas semanas. Todos sabían que Rocío estaba enamorada de Edward, que no había nadie más excepto él en su corazón.

"¿Cómo sabes lo que quiere? Es mejor no apostar contra el corazón de una mujer, porque cambia tan rápido que nadie puede conocer sus pensamientos de un minuto a otro".

Edward se puso de pie, se estiró sintiendo sus músculos, y luego caminó directamente hacia el baño, sin darse la vuelta ni esperar la respuesta de Lucas. Como su guardaespaldas, este último no podía hacer nada más que recoger la raqueta que había quedado atrás y trotar tras él, guardándose sus pensamientos para sí mismo.

'¿Los corazones de las mujeres son verdaderamente difíciles de adivinar?'. Personalmente, pensaba que Edward era mucho más impredecible que las mujeres. En un momento, se culpaba a sí mismo, pero al siguiente, comenzaba a quejarse de las mujeres. No tenía idea de su trama de pensamientos. Saltaba de un tema a otro rápidamente.

Después de sacudirse la depresión, Edward salió del gimnasio vistiendo un traje a la medida cuidadosamente planchado. Esto naturalmente atrajo la atención de la gente, algo a lo que ya estaba acostumbrado. Una simple sonrisa maliciosa en sus labios podía fácilmente ganarle los corazones de todas las mujeres a su alrededor, así que les regaló una de esas sonrisas a las conejitas del gimnasio antes de subir a su auto y alejarse.

Lucas movió sus labios con fuerza cuando vio su actitud. Su sentido del peligro le estaba provocando un hormigueo, y se preguntaba la razón. Se cuestionó a sí mismo: '¿Acaso el Sr. Mu va a volver a jugar a ser un casanova?'. Eso era algo que ya había visto antes. Edward se estaba dejando seducir por su mitad maliciosa. De lo contrario, ¿por qué había comenzado a actuar con tanta malicia? ¿Era porque la información en aquel archivo lo había traumatizado tan severamente que no podía manejarlo bien, y luego se había vuelto loco?

Este pensamiento cruzó su mente sólo por un minuto. Sabía que su misión era proteger a Edward, no cuidar su comportamiento, así que arrancó su auto y lo siguió, ignorando su cambio de personalidad repentino.

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