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   Capítulo 239 Lo siento cariño (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 7184

Updated: 2019-06-03 00:02


"Sí, me acabo de instalar aquí. ¿Estás bien? ¿Cómo te va?", Rocío le preguntó con duda, porque Marco dijo que no lo había visto muy bien, así que estaba preocupada por él...

"Oh, no te preocupes, estoy bien. No te preocupes por mí, o por Julio, sólo cuídate mucho. Estamos esperando a que regreses, ya te extrañamos...", dijo Edward. Entonces, de repente, sintió que había algo extraño entre ellos. No eran tan cercanos como solían ser. Eligió cada una de sus palabras con cuidado, porque temía que pudiera entristecerla.

"Bueno. Lo sé, pero... ¿realmente querías decir lo que dijiste en tus mensajes?", Rocío había querido preguntar esto desde el principio de su llamada telefónica. Este asunto la atormentaba, y ella sentía que si no lo resolvía ahora, no podría dormir por la noche.

"¿Qué parte?", preguntó Edward, atónito.

No podía discernir qué mensaje era porque había enviado demasiados, no sabía a cuál se refería.

"Bien, olvídalo. No es nada", contestó Rocío, con una mirada abatida en su rostro, estaba obviamente decepcionada, porque esperaba demasiado de él, reflexionó, 'Quizás estaba tratando de engañarme, y por eso no recuerda lo que me dijo en los mensajes. Parece que dijo que me amaba sólo para hacerme sentir bien y feliz. ¡Oh, soy tan estúpida por creer en él!'.

"Querida, por favor, escúchame bien ahora, porque sólo lo diré una vez. Cariño, te amo, y hasta el momento en que muera, ¡siempre te amaré!", Edward no dudó ni por un instante en decirle estas palabras, sabía que ella lo amaba, y también sabía que ella quería oírlo decir eso.

Cuando escuchó las palabras dulces y cariñosas, Rocío perdió de repente todos sus sentidos. Verlo era una cosa, pero escuchar ese tipo de palabras especiales viniendo de él era algo totalmente diferente. No podía creer que realmente estuviera sucediendo, y experimentó sentimientos mezclados de amargura, alegría y pánico. Temía que todo terminara y que en cualquier momento pudiera despertar de su dulce sueño. La gente siempre decía que todo lo bueno tenía un final.

"Edward, ¿puedes... decir eso otra vez?", preguntó Rocío, con los labios temblando. Tenía que volver

ar ahí para que yo te ame, si no, no sé cómo podría haber vivido día tras día estos últimos años. Eras un sueño para mí en aquellos días, y yo tenía algo que esperar y algo por lo que luchar. Tú has sido mi voluntad de vivir, y gracias por darme esperanza. Te amo, y te he amado durante mucho tiempo. Sólo diré esto una vez, así que recuérdalo", dijo Rocío, muy seriamente.

Ella se había dicho a sí misma en el pasado que un día le contaría esto: que lo había estado amando todo este tiempo. No importaba lo que haya ocurrido, nunca había pensado en renunciar a su amor por él, era el hombre que se había convertido en una parte inseparable de su vida, y si ella dejaba de amarlo algún día, ese sería el día en que su corazón dejaría de latir. Estaba segura de que él era el hombre que amaría y apreciaría durante toda su vida.

Con una voz seductora, Edward dijo: "Está bien, lo escuché, y también sé que sólo te tendré a ti en mi vida. Tienes que recordar que pase lo que pase, siempre seré tu esposo, el hombre en el que puedes creer y en el que puedes confiar por el resto de tu vida". Era raro que él dijera tantas palabras dulces, pero eran necesarias.

La noche estaba muy tranquila, y su silencio hizo que los amantes se volvieran más cariñosos. Nada era más hermoso que la luna, y sus misteriosos rayos de luz derretían sus corazones en la noche mientras ellos seguían ocupados con sus interminables susurros de amor.

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